• No se han encontrado resultados

LEOPOLDO LOPEZ ÁLVAREZ Y LA IMPRENTA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO

PARTE II: FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

2 CONTEXTO HISTÓRICO

2.5 LEOPOLDO LOPEZ ÁLVAREZ Y LA IMPRENTA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO

Tras una generación de precursores del pensamiento intelectual en la región, entre las décadas de finales del siglo XIX y las primeras del siglo XX surgen en Pasto nuevas ge- neraciones de intelectuales con ideales que buscan transmitir una visión favorable de la región. Estos personajes, que promueven el progreso y la modernización intelectual, política, cultural, social y económica: “convirtieron la escritura en un ejercicio decisivo

69

Boletín No 47. Pasto, mayo 12 (1932)

de las prácticas civilizatorias y en el medio por excelencia para trasmitir las ideas que querían difundir” (Álvarez, 2007:325).

Dentro de este grupo se encuentra Leopoldo López Álvarez, quien nació en Pasto el 6 de mayo de 1891 y se distinguió por ser un pastuso experimentado en diferentes áreas del conoci- miento: realizó sus estudios secundarios con los Jesuitas, “aprendió el latín y con profesores particulares estudió griego, ya que esta asignatura no figuraba en el pensum del bachillera- to para seglares” (Álvarez, 2007: 416). Para 1918 se recibe co- mo abogado de la Universidad de Nariño, actividad que ejercía con la “idea de que la ley no radicaba en la frialdad de las fórmu- las, sino en el espíritu de los principios que guardan la estructura jurídica del Estado” (Álvarez, 2007: 418). Además, ocupó exitosamente varios cargos: juez promiscuo mu- nicipal, juez del circuito, magistrado del Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Nariño. Su trabajo y su habilidad para los negocios le dieron una gran solvencia económica que utilizó para conformar, en su casa de habitación (Cra 22 No 17-31), un museo que se componía de más de 200 cuadros, una extensa colección de cerámica, una colección de armas de fuego de la colonia, una colección de numismática, docu- mentos manuscritos del siglo XVI y textos de los siglos XVII y XVIII. Complementaba esta exhibición con los manuscritos originales de sus traducciones y la imprenta que utilizó para imprimirlos (Pérez: 1970: 80).

Los temas de estudio de López Álvarez abarcaban la historia, geografía, lenguas vivas y muertas, literatura, crítica y poesía; asuntos sobre los que escribió y publicó en el Boletín de Estudios Históricos. Esta revista, que fundó con Sergio Elías Ortiz en 1927, se creó con el propósito de ser usada como medio de difusión cultural y para dar la oportunidad a sus conciudadanos de publicar proyectos de estudio y ser leídos tanto por personas con intereses investigativos, como por quienes buscaban una agradable lectura:

70

Portada del libro impreso por Leopoldo López en la Tipografía Atenas. (1938)

En esta labor, que es de todos y para todos, estamos seguros que nos acompa- ñarán no sólo los de espíritus cultivados y sedientos de investigación, sino tam- bién los que, ajenos a las disciplinas científicas, se interesan por conocer el mo- vimiento cultural de la Patria y lo apoyan en la esfera de sus actividades. Para todos quedan abiertas de par en par las páginas de esta revista, que se desarro- llará y prosperará con el común esfuerzo de todos. [...] Huelga advertir que se trata de una revista exclusivamente científica, que respirará la atmósfera serena del pasado para exhumar las enseñanzas que harán medrar al porvenir; y que en su marco cabrán únicamente las investigaciones históricas, respaldadas con el documento auténtico o la tradición expurgada de la leyenda (López, 1927: propósitos Boletín No1).

El interés académico, histórico e intelectual de López y su método de recolección y organización de la información, le dieron a sus escritos una estructura precisa que se intercalaba con los documentos que probaban la veracidad de los hechos. Entre los varios escritos que López publicó en vida, existen estudios sobre la lengua quechua en Nariño, el levantamiento contra los Clavijos en Túquerres, obras históricas como La ba- talla de Cuaspúd, La Prisión del General Nariño en Pasto, La Campaña del Sur y el levantamiento del ejército patriota entre muchas otras. Además de su trabajo investigativo también tra- dujo obras clásicas como La Eneida, Las Églogas y Geórgicas de

Virgilio, La Ilíada, La Odisea y Los Himnos de Homero, y las siete Tragedias de Esquilo, obras que imprimió entre 1937 y 1939, en la Tipografía Atenas; tipografía de su pro- piedad, que contaba con la imprenta de tipos griegos que para este fin importó desde Quito. En la Tipografía Atenas se desempeñaban como tipógrafos Alonso Estrella y Samuel Torres B; según Álvarez, es Alonso Estrella a quién López enseña “a levantar los caracteres griegos, hacerlo armador, cajista y encuadernador” y Samuel Torres, a quien instruye para “encargarlo como distribuidor”; sin embargo, en varias obras los dos aparecen como tipógrafos: existe la posibilidad de que uno haya construido el tex- to en griego y el otro en español. Gracias a este trabajo en particular, López recibió a nivel local la Medalla Cívica del Municipio de Pasto y a nivel regional la Medalla de Oro

71

de la Gobernación de Nariño, además del reconocimiento de muchos intelectuales de la época que compararon su obra con la Miguel A. Caro:

La traducción del señor López Álvarez, es más ceñida a la original que la del pro- pio Caro […] en la traducción de López Álvarez, hay versos de una perfecta no- bleza, cuyo acento resuena muy gratamente en nuestros oídos […] Traducir a Virgilio es ya por si solo un título de nobleza. El señor Álvarez le presta con esta obra un alto decoro a las letras nacionales (Pérez, 1970: 83).

El reconocimiento nacional llegó con la Cruz de Boyacá en Enero de 1939 y un home- naje póstumo que realizó el Congreso de la República cuando instauró la Ley 96 de 1940, en la cual la Cámara de Representantes aprobaba el proyecto de Ley que autori- zaba al gobierno para adquirir la propiedad literaria de las traducciones realizadas por López Álvarez. A continuación, se transcribe un fragmento del concepto de Anto- nio Gómez Restrepo, Secretario perpetuo de la Academia Colombiana de la Lengua, que sirvió como apoyo de la propuesta de Ley:

El que haya en Colombia una imprenta capaz de editar el texto griego de las obras de Homero, es una gloria para nuestra República y ella se debe a la inicia- tiva particular del Doctor Leopoldo López Álvarez, quién de esta manera figura como traductor e introductor en Colombia de una gran mejora tipográfica que en este ramo pone a nuestra patria a la cabeza de los demás países hispanoameri- canos (Álvarez, 2007: 423).

Leopoldo López fue un hombre brillante en su época, pero lo cierto es que en esta época el periodismo y la imprenta tuvieron un gran auge entre los intelectuales pastu- sos. Ortiz comenta que en este tiempo se dio una gran producción periodística e inte- lectual, labor que se realizó por hombres de gran talento, historiadores, literatos y políticos que comprometían su tranquilidad y su fortuna en esta empresa sin ánimo de lucro:

…no hubo año entre los comprendidos entre 1900 y 1938 en que la ciudad no tuviese un vocero, bien o mal escrito, de sus intereses y de sus anhelos. En algu- nas épocas contó la ciudad hasta cinco periódicos que peleaban airados por con- quistarse la opinión pública y por desempeñar con exclusividad, el papel de

72

Publicidad del taller de foto- grabado, en Boletín de Estudios

Históricos. Serie 1 No 9 (1928)

orientador del momento político. No menos de setenta periódicos distintos hubo en el espacio de sesenta y dos años lo que dice bastante de la preocupación ciu- dadana porque existiese siempre un despertador de la conciencia del pueblo, que fuese al mismo tiempo guía del pensamiento colectivo (Ortiz, 1973: 431). La información sobre las imprentas en el siglo XX es escasa, sin embargo se sabe que para este siglo doblaron en número a las del siglo XIX. Ortiz menciona que para el año de 1899, Pasto contaba con media docena de imprentas bien dotadas y Puertas escri- be que para 1927 ya había doce imprentas en la ciudad; tanto la impresión como las publicaciones habían mejorado notablemente:

…se pide para la gobernación un buen taller de foto-grabado; los periódicos me- joran sus ediciones; se imprimen con más nitidez (…) las revistas aumentan su tiraje y se exhiben bien encuadernadas, con elegante presentación y llamativas carátulas; los hebdomadarios se convierten en semanarios, estos en interdiarios y por último en diarios (Puertas, 1973: 445).

El trabajo de impresión se detiene durante la guerra de los mil días y resurge en 1903. Retoman su trabajo: la Impren- ta Ramírez de Gómez hermanos, La Imprenta La Verdad y la Imprenta de Martínez F.; y entre los años de 1905 y 1935 se crean imprentas nuevas como la Imprenta Departamen- tal (la que reporta la mayor cantidad de publicaciones y

quizás la que tiene los mejores equipos de la ciudad), La Tipografía López, La Imprenta Imperial, La Tipografía el Centenario, y la Tipografía Atenas. Al lado de éstas, Puertas menciona dos más (no especifica sus nombres) que fueron trasladadas a Pasto, una desde el Ecuador y otra desde la Cruz de Mayo:

Un grupo de audaces barbiponientes que responden a los nombres de José Elías del Hierro, Rogerio Córdoba, Aurelio Caviedes, Efrén Osejo Peña, Carlos López, Fernando Ortiz, Carlos Moncayo Quiñonez, Luis Erazo Sarasty y Jesús Absalón Martínez, aúnan esfuerzos para introducir una imprenta del Ecuador y fundan el semanario conservador “El Derecho” que sale el 3 de julio de 1927 […] En 1935,

73

se edita en una nueva imprenta traída de la Cruz de Mayo el semanario político y de variedades “Libertad y Orden” dirigido y redactado por los señores Federico Puertas y Gonzalo Torres Arellano; “El Comercio” de Alberto Montoya e “Ideal Femenino” revista de difusión cultural que dirige … la inteligente señorita Cecilia Guerrero Obregozo (Puertas, 1973: 346).

En el siglo XX, la imprenta seguía siendo un elemento representativo de las élites inte- lectuales en Pasto; sin embargo, con la introducción de otras máquinas y posterior- mente nuevas tecnologías, los escritores e historiadores poco a poco dejaron de rese- ñar a editores y tipógrafos y se centraron en el oficio del periodismo. Este oficio si- guió floreciendo a la par de la variedad de textos y documentos que se escribían a dia- rio. El legado que dejan los primeros empresarios de la imprenta consiste en una tra- dición de historiadores nariñenses, una gran producción periodística y literaria, y una imprenta F.M. Weiler con los tipos griegos que seguramente López pidió fabricar (aunque estos formaban parte de los catálogos, solo se hacían para pedidos especiales con su respectivo cajetín); elementos que hoy se conservan en el Museo de la Casona de Taminango y son parte del orgullo del pueblo pastuso.