2.2 Bases teóricas
2.2.4. El liderazgo, un proceso más cultural y moral que técnico
Como se ha indicado, a medida que ha ido evolucionando la reflexión teórica sobre
el liderazgo y en paralelo con la propia evolución de las concepciones teóricas sobre la
escuela como organización, se ha cuestionado fuertemente el énfasis exclusivo en los
aspectos técnicos y ahora se indica más bien que el liderazgo educativo, también tiene una
dimensión ética y valorativa importante, la misma que actualmente está alcanzando niveles
significativos de aceptación, especialmente en el ámbito de la educación en general.
Esta nueva corriente o perspectiva del liderazgo aplicada al campo de la educación
y especialmente de su gestión, se genera a partir de reflexiones sobre lo obsoleto de una
concepción, que ha sido preeminente, según la cual el liderazgo reside sólo en ciertas
posiciones formales, particularmente en la del director de la institución educativa.
Respecto a esta nueva forma de concebir o entender el liderazgo aplicado a la gestión
de la educación, Gonzáles (2004) planteó lo siguiente:
La reflexión teórica sobre el liderazgo se enriquece enormemente al
reconocer la importancia clave que en los procesos de liderazgo tienen las
facetas morales, simbólicas y culturales; al asumir que no sólo importa qué
que orientan su actuación en el centro escolar, los compromisos que trata de
cultivar en relación con la tarea educativa, los valores, concepciones y
creencias que cultiva en el centro en orden a posibilitar la construcción de una
determinada cultura organizativa, las implicaciones morales que tienen los
cientos de decisiones diarias tomadas o asumidas por el líder. (p.4).
Para esta nueva corriente o enfoque del liderazgo, resulta importante, el progresivo
reconocimiento de las facetas simbólicas, éticas, morales y culturales del liderazgo y su
necesaria focalización o énfasis en la vida educativa de las instituciones educativas y
particularmente en el proceso de desarrollo de aspectos vitales en la educación, tales como
el currículum, la enseñanza y el aprendizaje de los estudiantes.
Sergiovanni (2001) al respecto afirmó que “a la fonética del liderazgo (qué hace el
líder y con qué estilo) ha de añadirse la semántica (qué significa para los demás esa
conducta y qué acontecimientos se derivan de ella”. (Citado por Gonzáles, 2004, p.5.).
“Las teorías de liderazgo son demasiado racionales y demasiado reducidas como para
ajustarse al mundo confuso en que funciona hoy la escuela […] Enfrentarse con las
complejidades de este mundo requiere que los profesores y administradores practiquen un
liderazgo basado cada vez menos en sus personalidades, cada vez menos en sus puestos,
cada vez menos en mandatos, y cada vez más en ideas”. (Sergiovanni, citado por
Gonzales, 2003, p. 5).
El tipo de liderazgo que debe tener mayor vigencia en la actualidad
basado en personalidades y reglas. Tiene mucho más que ver con propósitos, valores y
actitudes que tienen alta incidencia moral y actitudinal, que con necesidades que nos tocan
psicológicamente o con cosas burocráticas que nos empujan organizativamente.
En función a las reflexiones precitadas y teniendo en cuenta la evolución de los
enfoques de gestión aplicados en la educación y del desarrollo de los enfoques
pedagógicos relacionados con la enseñanza y el aprendizaje, en este grupo o bloque
correspondiente al enfoque o perspectiva del liderazgo, que más bien enfatiza los
principios, valores y actitudes y da preeminencia a los aspectos pedagógicos o académicos,
existen las siguientes perspectivas específicas, que en esta ocasión, se resumen también
brevemente.
Antes, es importante resaltar que este nuevo enfoque o perspectiva teórica del
liderazgo aplicado al ámbito de la educación, constituye el sustento teórico asumido para
Figura 3: Enfoques del Liderazgo como Proceso más Cultural y Moral que Técnico. Clasificación tomada de Gonzáles, 2004,pp.4-6.
2.2.4.1 El liderazgo instructivo o pedagógico
Respecto a este tipo de liderazgo, Gonzáles (2004), que es una investigadora que ha
enfatizado bastante sobre aspectos específicamente concernientes al liderazgo aplicado al
ámbito de la educación, planteó que:
La importancia de atender con mayor énfasis el aspecto educativo, se refleja
inicialmente en la noción de liderazgo instructivo, el mismo que es resultado
de un proceso de evolución y que se remonta a finales de los 70 y en los 80, y
con una marcada influencia de la investigación sobre escuelas eficaces. En este
proceso, se insistió en que los esfuerzos para mejorar la calidad de la
considerados como líderes instructivos. Su cometido básico sería el de animar
el trabajo de los profesores en las aulas, apoyarlo, supervisarlo, así como ser
portavoz, incluso formador, de los profesores en ciertas prácticas y métodos de
enseñanzaque la investigación documenta como eficaces (p.6).
Esta perspectiva específica del liderazgo en su proceso de desarrollo, se ha ido
perfilando en varias direcciones. En un caso, enfatiza los procesos de enseñanza antes que
los del aprendizaje y luego apunta más bien su énfasis hacia el aprendizaje.
Es importante remarcar, ateniéndonos a lo planteado por Murphi (1990), que el
sustento esencial de esta propuesta de liderazgo, incide en que la raíz del liderazgo
educativo,no está en la gestión sino en la educación y por ello, ofrece una imagen más
amplia del liderazgo que acentúa su carácter educativo y señala que éste, se articula
básicamente en torno a cuatro pilares:
• Definir la misión y establecer metas escolares que enfaticen el logro de los aprendizajes de los alumnos.
• Gestionar la función de producción educativa, entendiendo por tal coordinar el currículo, promover enseñanza de calidad, llevar a cabo supervisión educativa y
evaluación/valoración de los docentes, ajustar materiales de enseñanza con metas
curriculares, distribuir y proteger el tiempo escolar, y controlar el progreso de los
alumnos.
• Promover un clima de aprendizaje académico estableciendo expectativas y estándares positivos elevados de conducta y rendimiento académico del alumno,
mantener alta visibilidad y proporcionar incentivos a alumnos y estudiantes, así
como promover desarrollo profesional no aislado de la práctica instructiva.
• Desarrollar una cultura fuerteen la escuela caracterizada por un ambiente seguro y ordenado, oportunidades para la implicación significativa de alumnos, colaboración
y cohesión fuerte, lazos más fuertes entre las familias y la escuela. (Citado por
Gonzáles, 2004, p.6).