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2. MARCO EXPERIMENTAL

3.7. LIMITACIONES Y LÍNEAS DE FUTURO

Nuestra investigación presentó algunas limitaciones reseñables. En primer lugar, la selección de la muestra no fue aleatoria. La mayoría de los participantes en T1 eran estu- diante universitarios, los cuales mediante “bola de nieve” facilitaron la inclusión de partici- pantes externos a la universidad. En futuras investigaciones sería recomendable realizar las recogidas de muestra en otros contextos que facilitaran las evaluaciones de adultos jóvenes representativos de la población general. Ello permitiría que además se pudieran realizar comparaciones entre grupos con distinto nivel socioeconómico, nivel de estudios, etc., varia- bles que se han asociado previamente con el abuso de alcohol (OMS, 2010b).

En segundo lugar, la retención del número de participantes se situó en torno al 71%. Estudios longitudinales similares presentan una supervivencia de la muestra de entorno al 80- 90% (Chassin et al., 2004; Elkins et al., 2006; Krueger et al., 2000; Littlefield et al., 2010a; Schuckit y Smith, 2006), no obstante, aunque no es lo más deseable (Faden et al., 2004) en la literatura se encuentran índices de supervivencia muestral similares al del presente trabajo (Kubicka et al., 2001). Así, en futuros estudios sería recomendable revisar las estrategias uti-

lizadas para contactar con los participantes con el objetivo de disminuir el porcentaje de muerte muestral.

En tercer lugar, dado que el modelo hipotetizado fue modificado post-hoc, sería ne- cesario replicar nuestros hallazgos en futuros trabajos.

En cuarto lugar, como hemos ido comentando a lo largo del texto, en estudios longi- tudinales resulta imprescindible que la variable dependiente no esté presente en T1. Es decir, en nuestro caso, hubiera sido deseable que los participantes no consumieran alcohol en T1. No obstante, este control no se pudo realizar, ya que, la eliminación de los participantes no consumidores en T1 hubiera supuesto la eliminación del 92,5% de la muestra. Otro aspecto importante a estudiar hubiera sido como influyen las variables predictoras en el incremento o disminución de la variable objeto de estudio. No obstante, no todas las variables se incluye- ron en los dos tiempos de evaluación y, además, para realizar este tipo de análisis serían necesarias entre una o dos evaluación más (Byrne, 2006). Por ello, procedimos a estudiar el consumo en T2 controlando por el consumo en T1, eliminando así la varianza compartida del consumo de T1 con el consumo de T2. Sin embargo, tan sólo pudimos controlar la cantidad de alcohol consumida entresemana y en fin de semana, pero no otras variables por distintos motivos, como por ejemplo la diferencia en las medidas de frecuencia entre T1 y T2, la no evaluación de los motivos de consumo en T1, o la no inclusión de medidas de consumo por atracón y problemas derivados del consumo en T1. Por todo ello, en futuras investigaciones sería recomendable incrementar el número de evaluaciones, así como evaluar las mismas variables en los distintos momentos temporales.

En quinto lugar, como ya se ha mencionado, la escala del CTQ-SF de negligencia física presentaba un alfa de Cronbach muy baja, aunque de forma similar a los resultados obtenidos con jóvenes universitarios de otros países (Gerdner y Allgulander, 2009). Ello ex- plicaría por qué las correlaciones en esta escala entre T1 y T2 eran también muy bajas, indi- cando todo ello que esta escala presenta una fiabilidad insuficiente. Esta fue una de las ra- zones que nos llevó a agrupar esta escala, junto con el abuso físico, en una escala más ge- neral de maltrato físico, la cual presentaba una mayor estabilidad temporal al cabo de cinco años y, por tanto, ofrecía más garantías respecto a su fiabilidad. Por tanto, en futuros estu- dios resultaría aconsejable modificar, en cierta medida, esta escala para así poder evaluar la negligencia física de forma más fiable. Además, otra posible mejora que nos parece impor- tante tener en cuenta en futuras revisiones del instrumento, sería la evaluación de determina- dos aspectos que han mostrado tener un papel relevante a la hora de desarrollar psicopato- logía, como la edad en la que se sufrió maltrato, o el origen y relación con el perpetrador de malos tratos (Herman, Perry y Van Der Kolk, 1989).

En sexto lugar, evaluamos el consumo por atracón mediante uno de los ítems del AUDIT, el cual preguntaba con qué frecuencia se consumían seis o más bebidas alcohólicas en una sola ocasión de consumo. No obstante, el criterio sobre las unidades de bebida que definirían el consumo por atracón ha ido variando a lo largo de los años y de los diversos estudios. En la actualidad, la OMS considera “binge drinking” al consumo de cinco o más consumiciones en un periodo de dos horas en el caso de los varones y de cuatro en el caso de las mujeres (Cranford, McCabe y Boyd, 2006). Por ello sería recomendable incluir esta variable en futuras investigaciones con el objetivo de poder realizar comparaciones entre los estudios.

En séptimo lugar, todas las variables incluidas en el modelo han sido evaluadas me- diante autoinformes, con los problemas de veracidad que ello podría conllevar, especialmen- te para el caso del consumo de alcohol y el maltrato. No obstante, y con relación al consu- mo de alcohol, diferentes estudios apuntan a una adecuada validez de las pruebas de au- toinforme (Brown y Zimmerman, 2004; Johnson y Mott, 2001). Por otra parte, y por lo que se refiere al maltrato autoinformado, se han propuesto diversos factores que podrían incidir en la validez de los mismos, como la influencia de barreras emocionales, la disociación o la creación de falsas memorias creadas por las víctimas (Allen, 1995; Bernstein et al., 1994; Rogers, 1995). Sin embargo, la investigación sugiere que, en general, el conjunto de histo- rias de abuso autoinformadas resultan ser fiables y válidas, especialmente cuando las histo- rias se obtienen con un instrumento estandarizado y construido cuidadosamente como el CTQ (Bernstein, 2000), o los eventos traumáticos son inusuales, inesperados o con conse- cuencias (Brewin, Andrews y Gotlib, 1993). Con todo, la inclusión de otros métodos de eva- luación más “objetivos” hubiera permitido una evaluación más precisa de los constructos, y habría aportado datos acerca de la validez de las medidas de autoinforme. Finalmente, la inclusión de otros procedimientos de evaluación, como la entrevista clínica, nos habría permi- tido no sólo evaluar la sintomatología de forma dimensional, sino además diferenciar entre participantes con criterios de abuso y dependencia del alcohol o pacientes subclínicos.

En octavo lugar, hemos incluido algunas de las variables psicosociales que han de- mostrado previamente influir en la conducta de consumo de alcohol. No obstante, y como es obvio, no son las únicas. Como vimos, los modelos integradores contemplan además, varia- bles biológicas como factores de vulnerabilidad para el desarrollo del uso y abuso de alco- hol. Cabe señalar que, aunque no se incluyeron variables genéticas en el modelo, se extraje- ron muestras genéticas en T1, las cuales están en proceso de análisis y cuya interacción con el maltrato en la infancia, personalidad, motivos de consumo y consumo de alcohol podrá ser estudiada con posterioridad. Tanto en T1 como en T2 se evaluaron, además, otras varia-

bles relevantes, como los estilos educativos de los padres, edad del primer consumo de alco- hol, consumo de los amigos y familiares, expectativas sobre los efectos del alcohol, entre otras. No obstante, el tamaño muestral, y la complejidad de las interacciones entre las va- riables, limitó la inclusión de un mayor número de variables en el modelo.

En noveno lugar, tanto la personalidad adulta como el maltrato durante la infancia se evaluaron en T1. No obstante, la naturaleza retrospectiva del cuestionario CTQ-SF hizo que situáramos el maltrato como variante independiente y la personalidad en la edad adulta como variable dependiente. Sin embargo, es posible que la personalidad de los propios ni- ños durante la infancia evocara en los padres el uso de ciertos tipos de maltrato en los hijos y, por tanto, la personalidad no fuera consecuencia (en parte) de las conductas de maltrato, sino que fuera (en parte) causa de las mismas. Esta misma argumentación sería aplicable a las variables evaluadas en T2, la motivación y el consumo de alcohol. Aunque se ha hipote- tizado que son los motivos los que anteceden al propio consumo, no excluimos la posibilidad de que fuera el consumo el que influyera en los motivos o, lo más probable, que ambos pro- cesos coexistan de forma recíproca.