CAPITULO VII. Recapitulando : La función de los capitales humano, económico,
2. Estado de la cuestión
2.1 La literatura sobre sobre hijos de inmigrantes en los Estados Unidos
Las diferentes líneas de estudio sobre la materia que denominaremos en este apartado “hijos de inmigrantes”6
encuentran sus primeros pasos en la teoría de la asimilación, la cual se basa en los trabajos realizados en los Estados Unidos y que tuvieron como objetivo fundamental explorar los procesos de integración y adaptación de los descendientes de migrantes nacidos en la migración y de los hijos de migrantes llegados junto a sus padres a la minoría de edad. Las investigaciones precursoras dentro de esta corriente son sin duda los trabajos de Portes y de este mismo autor en colaboración con otros autores (Portes, 1994; Portes y Rumbaut, 2001, 2010; Portes y Zhou, 1992, 1993, entre otras).Otros autores que merece la pena destacar son Slack y Jensen (2007), Farley y Alba, (2002); Gans, (1992); Oropesa y Landale (1997); Perlman y Waldinger (1997), Borjas (1993).
Dentro de esta línea de estudio, Borjas, G. (1993) será uno de los primeros autores que compare generaciones y realice un analisis de la llamada movilidad social intra e intergeneracional de la población inmigrante, estableciendo que son las condiciones sociales desde el país de origen las que determinan fuertemente las posiblidades de movilidad social en el entorno de asentamiento de las familias, otorgando a la vez a la política migratoria gran parte de la responsabilidad sobre el devenir de las primeras y segundas generaciones en el mercado de trabajo amerciano.
Waters et al. (2010) por su parte, ponen de manifiesto como los primeros estudios sobre asimilación fueron desarrollados a principios del siglo pasado de la mano de los fundadores de la Escuela de Chicago. Esta autora se refiere a la obra de Park y Burgess (1925); quienes centran su trabajo en el estudio de los hijos de inmigrantes europeos en los Estados Unidos. Para estos autores los descendientes de migrantes tendrían acceso a una movilidad social ascendente, siendo integrados a las capas medias locales y en la cultura dominante o “mainstream”. El elemento más importante que resulta de estos
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Existe una gran diversidad terminológica con la cual los investigadores hacen frente a la problemática de los hijos de inmigrantes. Esta complejidad será abordada en el capítulo II, en el marco del cual analizaremos los diferentes términos y nos posicionaremos al respecto. El objetivo de este capítulo es llevar a cabo un estado a un término u otro según sean utilizados por cada uno de los autores citados, dejando para el capítulo II nuestra delimitación personal. A modo de avance de este debate terminológico, cabe especificar las diferentes posturas sobre las diversas nociones y definiciones que rodean la cuestión de los hijos de inmigrantes, llegados solos, acompañados, migrantes y no migrantes. Estas nociones son más o menos tenidas en cuenta por los diferentes autores, siendo muy común que se englobe a los jóvenes llegados antes de la adolescencia dentro de la categoría conocida como “generaciones 1,5”, término que
definiremos más en detalle en el capítulo a continuación. En España, esta generación es conocida como “generación intermedia” y hace referencia a los descendientes que han efectivamente migrado junto a sus
padres y que se diferencian de aquellos que nacieron en el país de emigración de uno o ambos progenitores, siendo conocida desde la literatura científica como “segundas generaciones de facto”. No
obstante, son muchas las críticas que ha recibido este término, debido a limitaciones que conlleva, debate en el cual entraremos más en detalle en el próximo capítulo metodológico donde se intentará definir el objeto de estudio de esta tesis doctoral.
estudios radica en que los resultados no terminan de mostrar grandes distinciones según origen étnico.
Portes y Zhou (1993) y Portes y Rumbaut (2001) revisan esta corriente teórica y plantean la teoría de la asimilación segmentada, mediante la cual han demostrado que la situación de los hijos de inmigrantes a lo largo de las dos últimas décadas no es la misma que la de aquella segunda generación de principios de siglo, que había rápidamente ascendido socialmente invirtiendo en capital humano y logrando situarse sin mayores obstáculos en la clase norteamericana. Por el contrario, estas segundas generaciones de finales de siglo XX revelan otras dificultades en sus trayectorias socio- económicas, que lejos de ser homogéneas, se presentan de forma bien variada: en algunos casos llegando a una movilidad social y en otros produciéndose una localización en lo que el autor califica de infra-clase. La situación de las segundas generaciones, según estos autores, podría dividirse entre asimilación ascendente (aculturación consonante), asimilación descendente (aculturación disonante) o asimilación ascendente combinada con bi-culturalismo (aculturación selectiva).El primero de los casos hace referencia a cuando el proceso de asimilación se produce de forma pareja tanto para padres como para hijos, encontrando los unos apoyo en los otros. El segundo, cuando los hijos van por delante de los padres y no reciben de éstos el acompañamiento necesario para hacer frente a la discriminación y aislamiento en el paso hacia el “mainstream” o cultura dominante. El tercero hace referencia a una aculturación a medias, cuando tanto padres como hijos se encuentran en un proceso de aculturación pero también siguen insertados en la comunidad de origen aprovechando el apoyo de ésta y de asimilarse a la clase media. Los procesos que definen en realidad este “apoyo” generacional serían la ausencia o presencia de conflictos generacionales y el bilingüismo compartido. La comunidad étnica, en este sentido, juega un rol decisivo en el proceso de aculturación.
De esta forma, Portes y Zhou (1993) identifican los factores que influyen en las trayectorias socio-económicas de los migrantes de segunda generación, siendo éstos: la estructura familiar, el capital humano y social de los padres, la ubicación en el espacio urbano y sub-urbano, el color de la piel y la capacidad protectora de la comunidad étnica. La importancia de la consideración del capital humano y social en el proceso de asimilación predice que cuanto más fuertes sean ambos capitales, más posibilidades existen de una aculturación ascendente. Por su parte, el “modo de incorporación” a la sociedad de destino hace referencia a la influencia de otros elementos como el marco legislativo y las políticas públicas, ala discriminación ya la percepción social del inmigrante, por otro lado, que han servido particularmente para “sistematizar cómo la variación de las reacciones políticas y culturales sobre los grupos inmigrantes pueden modificar sus experiencias”7
(Waters et al., 2010:1170).
Waters, en su estudio sobre las segundas generaciones en Nueva York, resalta, sin embargo, que la aculturación disonante es una excepción a la regla y no una norma. Por otro lado, según este estudio, los tipos de aculturación no parecen guardar una relación
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directa con los resultados de la integración socio-económica de los sujetos. Los resultados contrastan además la teoría de Portes y Zhou sobre la relevancia del capital social comunitario mostrando que no existe una relación directa entre la participación de los padres en un ambiente “étnicamente embebido” (laboralmente, socialmente) y los resultados del proceso de incorporación a la sociedad de destino de los hijos (Waters et al., 2010). En un trabajo anterior, Waters, Mollenkopf y Kasinitz (1999) se basan en las siguientes premisas:
1. los hijos de familias con padres con mayor nivel educativo consiguen una mejor posición económica y redes sociales más fuertes.
2. los diferentes niveles de capital humano, social y cultural así como el contexto de residencial afectarán de manera diferente la experiencia escolar de las segundas generaciones.
3. la participación de los padres en enclaves étnicos frena de alguna forma los aspectos negativos de la asimilación y conlleva ventajas para las segundas generaciones.
4. las clasificaciones étnicas, según la categorización y discriminación que recaen sobre ciertos grupos, influirá también de manera decisiva en las trayectorias tanto educativas, laborales como culturales de las segundas generaciones.
5. las relaciones cambiantes entre los géneros en ciertas comunidades favorecerán a las hijas frente a los hijos varones en la tarea de la asimilación y de poder mantener las relaciones étnicas.
6. sobre el contexto residencial a entornos de pobreza, más condicionará las trayectorias de los hijos de inmigrantes.
El trabajo de Waters y colaboradores demuestra que la teoría de la asimilación segmentada de Portes y Zhou presenta serias fallas al no haber estudios que aborden una comparación con la población nativa. Los resultados del estudio iniciado por Waters, Mollenkopf y Kasinitz en 1999 muestran que tal teoría es demasiado pesimista y que, en realidad, las segundas generaciones de inmigrantes comparten muchos parámetros con las autóctonas (Kasinitz et al., 2008).
Por su parte, Slack y Jensen (2007) han profundizado en cómo se insertan los hijos de inmigrantes en el mercado de trabajo, definiendo el término “adecuación de la empleabilidad”8
como el grado de adaptación al que se someten los migrantes al ser insertados en puestos de trabajo pagados por encima del nivel de pobreza. Las conclusiones de dicho estudio revelan que existe una importante diferencia respecto de la persistencia del desempleo entre las primeras y segundas generaciones, pues estas últimas perecen ser mucho menos sensibles. Así, el origen de los padres no es el que determina absolutamente la inserción de las segundas generaciones, siendo el acceso a la ciudadanía el que interfiere de manera más directa sobre ellos ya partir de la cual se da a lugar una fuerte brecha respecto de aquellos nacidos y no nacidos en el país de
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residencia. En términos generales, con independencia del origen, los resultados hablan de una asimilación positiva para las segundas generaciones en los Estados Unidos. Richard Alba (2005) ha desarrollado una conceptualización muy valiosa para comprender ciertos aspectos del capital étnico y su funcionamiento en los procesos de incorporación de las segundas generaciones, o hijos de inmigrantes, a la sociedad de instalación. En su teoría, el autor distingue entre vínculos “bright” o claros y “blurred” o borrosos. Las oportunidades de los migrantes en los procesos de incorporación estarán condicionadas por la naturaleza de estos vínculos y su ubicación dentro de estas dos categorizaciones. Más adelante, en el apartado sobre capital étnico, desarrollaremos en detalle el punto de vista del autor. Las conclusiones de su trabajo nos llevan a poner el acento sobre la capacidad del capital étnico en restringir o inadvertir la activación de potencialidades en las segundas generaciones de migrantes. El estudio que desarrolla el autor con población magrebí en Francia, revela que tales potencialidades parecen pasar inadvertidas ante la fuerza segregadora de la pertenencia étnica dentro del mercado de trabajo. Mientras el origen étnico no parece incidir en las trayectorias educativas y en la obtención de un capital humano muy superior al de las primeras generaciones, sí lo hace en la búsqueda de un puesto de trabajo. Este fenómeno se ve reflejado en las altas tasas de sub- y des – empleo en la población magrebí de segunda generación, como resultado de una incapacidad para vencer las barreras dentro del ámbito laboral, es decir, los hijos de inmigrantes son “incapaces de alcanzar los resultados profesionales esperados según su continuación dentro del sistema educativo” (Alba, 2005: 41).
En un estudio anterior, el mismo Alba, junto a Farley (Farley y Alba, 2002), realizó un análisis comparado sobre la integración al mercado de trabajo, también en los Estados Unidos, y tomando en consideración a los hijos de inmigrantes de diferentes orígenes. Su trabajo revela, una vez más, la importante influencia del origen étnico en los procesos de integración social, particularmente en las trayectorias laborales de las segundas generaciones. Si bien éstas suelen sobrepasar ampliamente el nivel educativo de sus padres, e incluso el de terceras generaciones de comunidades migrantes mucho anteriores (como aquellas de origen europeo), su inserción al mercado de trabajo se ve fuertemente determinada por el origen étnico y la nacionalidad de origen de sus padres. El interés de este estudio radica en que refuta la hipótesis de una amovilidad social en las segundas generaciones, pero denota la necesidad de poner el acento en el origen étnico como variable de especial relevancia para comprender los procesos de movilidad social intergeneracional.
Alba y Nee (1997) realizan una importante crítica a la teoría de la asimilación de Gordon (1964) reconociendo el carácter etno-céntrico y paternalista de su interpretación de los procesos de incorporación de las minorías étnicas a la cultura principal. Las principales deficiencias de tal enfoque radican en su focalización en el ámbito micro- social, en su percepción evolutiva y unidireccional acerca de la integración. Asimismo, se basan en su carácter estático y homogeneizante (donde toda incorporación o integración tiende a la aculturación) y en las limitaciones que presenta el concepto de
“melting pot”9
a una conceptualización de la integración europea en los Estados Unidos pero que no tiene en cuenta minorías étnicas de otros orígenes (Alba y Nee, 1997: 829- 832).Quizás, para hablar de estos conceptos debemos antes remontarnos hasta su definición. Park y Burgess (1969:735) definieron la “asimilación” como: el proceso de interpretación y de fusión en el cual las personas y los grupos adquieren memorias, sentimientos y actitudes de otras personas y grupos y a partir de compartir experiencias y una historia, son incorporados a ellos en una vida cultural común”. Alba la define como ‘the decline of an ethnic distinction and its corollary cultural and social differences’ (Alba, 2005:23). Por su parte, la “aculturación” según Gordon haría referencia a la adopción de los patrones culturales de la sociedad de acogida por parte del grupo minoritario.
Massey (1985), Massey y Denton (1987), por su parte, han desarrollado la teoría de la asimilación residencial, estableciendo que la movilidad residencial es anterior a la asimilación estructural y que se presenta como paso previo, siendo el resultado de la combinación del capital humano y del proceso de integración del sujeto o grupo que viene aparejado a la movilidad de tipo social.
El trabajo de Gans (1992) sobre las migraciones post-1965 en los Estados Unidos también ofrece un análisis sobre la inserción delas segundas generaciones al mercado de trabajo. Dicho autor pone de manifiesto que los hijos e hijas de aquellos que no habían podido escapar a la pobreza serían reticentes a trabajar en las condiciones que lo habían hecho sus padres, pero que, a la vez, carecerían de oportunidades, competencias y de las conexiones necesarias para avanzar más que aquellos dentro de la escala social. Gans pone de relieve, ya no tanto el carácter étnico, como la capacidad del capital social y humano para vencer las barreras de la movilidad. Gans otorga a la educación un papel fundamental en las estrategias de movilidad social inter-generacionales, afirmando que en el largo plazo el recurso educativo y la especialización en la carrera profesional serían los baluartes para la inserción, siendo las redes de contactos (o capital social extra-familiar) cada vez más relegadas a un segundo plano (Gans, 1992:177). Más allá de esto, Gans reconoce tres situaciones para la movilidad social ascendente. En primer lugar, una movilidad ascendente, tanto en términos educativos como socio-económicos, a partir del acceso a mejores puestos de trabajo que las primeras generaciones. En segundo lugar, una movilidad en términos de sucesión étnica, a partir de la obtención de mejores puestos en algunos sectores claves que abren el espacio al perfil de estas nuevas generaciones –aunque a menores salarios que a la cultura dominante. Y una tercera vía de movilidad social a partir de la evolución y desarrollo de los nichos de empleo desarrollados por las primeras generaciones. Por el contrario, una movilidad descendente se producirá en el caso del fracaso escolar, el estancamiento de la sucesión étnica y la contracción de los nuevos nichos de empleo. Uno de los puntos más
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Noción acuñada por Israel Zangwill (2006) conocida también como “crisol de razas” en español y que hace referencia a la analogía usada para representar la forma en que las sociedades heterogéneas gradualmente se convierten en sociedades homogéneas, en las cuales los ingredientes mezclados en el "crisol" (las gentes de diferentes culturas, razas y religiones) se combinan para formar una sociedad multiétnica.
interesante de la teoría de Gans supone la idea que aporta a la teoría clásica de la asimilación sobre la gradualidad de los cambios generacionales en el proceso de integración. A diferencia de Gordon, Gans (1992) establece la necesidad de un análisis inter-generacional de los procesos de incorporación a la sociedad de acogida.
Oropesa y Landale (1997, 2009), Oropesa et al. (1998) se centraron particularmente en el análisis de las trayectorias educativas de los hijos de inmigrantes, estableciendo como conclusión principal la necesidad de considerar y diferenciar a las “segundas generaciones de facto” de aquellas generaciones “1” o decimales. Sus estudios son de tipo cuantitativos e intentan descubrir el patrón de integración a partir del modelo de asimilación más clásico, o bien, en base al modelo aportado por Portes y Zhou de la “asimilación segmentada”. La acepción de Gans (1992) y de Portes y Zhou(1996) sobre las razones del declive de la “segunda generación” hacen referencia a una economía americana segmentada y polarizada, donde no hay lugar para las viejas formas de movilidad representada en la idea de Gans del “reloj de arena”. Esta parábola refiere a una falta de acceso a puestos bien pagados, pues los migrantes se sitúan en puestos mal pagados muy alejados de las ocupaciones desempeñadas por la población local, existiendo pocos puestos de trabajo entre medio de ambos polos.
Perlman y Waldinger (1997) rebaten esta actitud pesimista sobre el futuro de los hijos de inmigrantes en los Estados Unidos. En su argumento, los autores refutan la idea de un futuro desesperanzador a partir de la comparación de las segundas generaciones de migrantes de finales del siglo XX con las generaciones protagonistas del gran sueño americano de principios de siglo. Así, el trabajo de estos autores revela que en realidad, las nuevas migraciones de la segunda mitad de siglo se han posicionado mucho más cerca de la cultura dominante que las anteriores, a lo cual hay que añadirle la mayor receptividad de la sociedad americana gracias a una diversidad más notoria en comparación con aquella época de gloria.
El análisis realizado por Alba y Nee (1997) nos permite llegar hasta la obra de Shibutani y Kwan (1965), que si bien es anterior, aporta un enfoque diferente y muy interesante sobre la movilidad social ligada a las relaciones inter-étnicas. El trabajo de estos últimos autores añade un matiz pesimista a la teoría de la asimilación de Park, argumentando que las posibilidades de movilidad social de los individuos se fraguan en el seno de las relaciones inter-étnicas. De esta forma, en el caso de las comunidades migrantes, un actor puede experimentar una movilidad ascendente pero llegará un momento en el que toque un techo sobre sus posibilidades de ascenso, limite determinado por las relaciones de subordinación entre unas comunidades y otras y por la categorización étnica establecida e institucionalizada en una sociedad dada. Otro aporte destacado para este estudio es la idea de que existen comunidades que se adaptan mejor que otras a un contexto concreto, dependiendo su potencialidad para explotar los recursos del medio de su capacidad de adaptación. De esta forma, la categorización étnica definida en las relaciones inter-étnicas dentro de una sociedad, establecerá los parámetros de ventajas y desventajas en el acceso a los recursos. En los casos excepcionales, incluso, cuando un sujeto se desvincula de su grupo étnico y consigue un ascenso rotundo, su situación queda desmembrada en tanto deja de pertenecer al grupo de origen, pero tampoco
pertenece al grupo dominante. La institucionalización de tal categorización y estructura de dominación, por otro lado, consigue que los mismos sujetos crean en tales jerarquías étnicas y acepten el lugar que se les asigna dentro de la estructura social. El origen