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BUENOS AIRES

POBLACION REGISTRADA SEGUN OCUPACION

3. EL VIAJERO MIGRANTE ESTUDIANTIL

3.2. Llegada El explorador

La subjetividad del viajero migrante como perspectiva da un gran giro como es de esperar del momento álgido que funda el viaje como realidad: la llegada. Sí

„antes de partir‟ la atención está centrada en una visión a futuro, en la

planeación de un proyecto de vida, la llegada pone el acento fuertemente en el afuera, aunque desde una relación muy íntima con el adentro. Anteriormente se estaba dentro de un contexto cotidiano, estable, para muchos rutinario, en la

llegada el „cambio‟ de ciudad se convierte en la condición protagónica. Es un momento muy especial, quizás por el mismo hecho de que, como menciona en la entrevista Diego estudiantes de una maestría en ciencias sociales: “sobre eso no tengo ningún discurso armado para echarle”.

Desde la antropología sabemos que los primeros contactos, las primeras impresiones son el punto de inicio de un largo camino para responder preguntas en torno a los significados y sentidos desde el punto de vista del nativo, y en esa medida, son valoradas como parte del proceso del trabajo de campo, siendo

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localizados como referentes aún lejanos del que será el objeto de estudio. Es en el afán por llegar a lo objetivo que al parecer la percepción no como herramienta sino como objeto de estudio es olvidada y marginada, y es en la llegada más que en ningún otro momento cuando los sentidos de los viajeros se agudizan y la sensibilidad corporal tiende a una posición de apertura.

Me gustaba mucho los puesticos de verduras, yo era feliz andando por la calle mirando y me compro una manzana, una pera, el sabor de las frutas de acuerdo a la estación,

Para Juanita es uno de los principales recuerdos de su primera semana en

Buenos Aires. En este sentido, en las primeras semanas „el viaje como conocimiento‟ a qué tipo de conocimiento responde, claramente no al racional,

ni a los que responden a procesos cognitivos dentro de instituciones académicas, ni a los pre-guiones propios de los proyectos de vida. Es un conocimiento acentuado en las percepciones, en los sentidos, es el que se ubica

con mayor fuerza y potencia en este viaje en el presente, en el „estar ahí‟. Esta

exaltación de la sensibilidad respondería en términos antropológicos al

„características y condiciones que definen la subjetividad del viajero migrante como „explorador‟. Su devenir se vuelca hacia el afuera, hacia la ciudad, en un

constante proceso de descubrimiento de lo que concibe como diferente, sorprendente, curioso, raro e impactante. Desde una voz plural:

el cielo era distinto, yo notaba que el cielo era más celeste claro y que las formaciones de las nubes era como más delgadas; me impacto la belleza de la ciudad, con esos edificios grandes; me sorprendió que los primeros días yo no vi ni un negro; en el primer, segundo día ya se te hace así espectacular ver tantos chinos y todas las tiendas son de chinos; fue para mí una sorpresa encontrarme con las estaciones; Me sorprendió que la gente fuera tan amable;

Estos son algunos de los mil y un recuerdos citados. La capacidad del asombro está muy lejos de haberse desvanecido. El cambio de una ciudad a otra ciudad dentro del territorio de Sur América ha sido concebido como un cambio fuerte delatando las mil y un fracturas y diferencias que a veces se olvidan en el dibujo de geopolíticas dominantes. En términos abstractos se pueden señalar algunas similitudes macro entre Bogotá y Buenos Aires como la pertenencia a Sur América, Latinoamérica, ser ambas ciudades, ciudades capitales y

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los viajeros migrantes no deja una y otra vez que recordarnos que las diferencias y las similitudes, que la capacidad de asombro, está sujeta a una cuestión de perspectiva. Desde lo micro, desde el olvidado horizonte de la percepción, desde el momento de llegada, lo urbano es re-descubierto lleno de particularidades, de heterogeneidades, como un territorio socio-cultural sorprendente.

Caminaba un montón

Dicho devenir como explorador se da igualmente desde una de las prácticas más íntimas desde las cuales se puede entablar una relación con la ciudad: el caminar. En esta práctica se encuentran los doce viajeros migrantes, en ella se pone el cuerpo, los sentidos, y se da paso al des-encuentro y diálogo, en este caso, con el territorio cultural a descubrir. Desde una vos plural:

al comienzo caminaba un montón; esa primera semana recuerdo que con mi compañera nos pegábamos unas caminadas impresionantes; gozaba mucho andando por la calle; fue lo que más me gusto de Buenos Aires que yo podía caminar por la calle; me he dedicado más a caminar, conocer el barrio, las calles y las rutas de y hasta la Universidad.

Es el caminar con pausas para la contemplación desde el que se encuentran nuevamente con la ciudad de la multitud, del anonimato, del movimiento, de la velocidad, pero con una ciudad en este caso cargada de novedad, de incertidumbre, y de multitud de particularidades. Pero es importante aclarar, existen muchas formas de caminar, muchas formas que van adquiriendo sus propios matices acorde a la relación que se establece entre el caminante y la ciudad, entre la dimensión interna y la externa. El caminar de estos exploradores es un caminar tranquilo y al mismo tiempo excitado, de gozo, es un caminar dado para la exploración con tiempo bajo el influjo de la novedad, la curiosidad y el disfrute. No es la ciudad espectáculo recorrida con prisa por el turista que tiene los días contados, ni es la ciudad indiferente transitada con paso rutinario del que va al trabajo, y tampoco es la ciudad llena de miedo del que la enfrenta con angustia y ansiedad de no saber a dónde ir, a dónde llegar.

El viajero migrante „estudiantil‟ sabe que dispone de tiempo, que no hay prisa,

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primer momento es un lapsus, es único, es un corto periodo antes de adentrarse a la cotidianidad que lo espera, sabe que la novedad es transitoria, y bajo esa condición se dedica prioritariamente a devorar la ciudad. Andrés aprovecha el

primer mes libre antes de entrar al trabajo y la universidad: “yo no hice nada sino que simplemente me dedique a caminar, a conocer, a beber, a hablar con la gente a pasarla rico”. Gustavo escribe en un email a un amigo: “El plan era madrugar y salir a conocer lo cual representaba caminatas infinitas, cervezas ilimitadas y comida en cantidad”. Y Paula escribe en un email en la segunda semana de llegada a Buenos Aires:

..Ya camino un poco más segura por la ciudad, que me sigue pareciendo hermosa. Espero que esa sensación no cambie mucho con el tiempo. En verdad quisiera no acostumbrarme nunca, que no se acabe el encanto… que no sea cenicienta… no lo creo, es plateada…

A este momento de llegada sumémosle que las preocupaciones para el viajero migrante estudiantil giran alrededor de la realización de los trámites de legalización, universitarios, el cambio de moneda, localizarse en la ciudad, aprender a movilizarse, para algunos la búsqueda de vivienda, y para la gran mayoría quehaceres propios del día a día como qué conocer, a dónde ir, los nuevos compañeros de vivienda y/o universidad, en dónde se comerá rico, cuáles serán los precios, el clima, etc. Al recorrer los diferentes relatos en la mayoría la contemplación y el disfrute son las actitudes desde las cuales empieza a ser y a adquirir sentido la ciudad.