OBJETIVOS Y METODOLOGÍA
1. Julián Gorkin, agente intelectual y funcionario de la revolución.
1.4. Llegada a Estados Unidos y presencia activa en Workers Age
A mediados de marzo de 1940, con Europa desangrándose ya por el conflicto, Julián Gorkin llegó a Nueva York. Era la primera estación de un exilio que al cabo de pocas semanas le llevaría a México donde viviría 8 años. Es probable que Gorkin recalase en la ciudad gracias a las gestiones realizadas por el círculo de Lovestone7. La International Relief Association, cuya sección americana había sido creada por el mismo Lovestone, había impulsado la Comisión Internacional para la Ayuda a los Refugiados Españoles que, en parte, trató de paliar la discriminación de trato que recibían exiliados de la izquierda no comunista. Entre sus patrocinadores aparecen nombres que han aparecido y aparecerán en este capítulo: Lovestone y Wolfe, también Pivert, pero también André Breton, Ignazio Silone o Frida Kahlo, que, estando en París invitada por Breton, se comprometió activamente en la suerte de los exiliados como prueba los telegramas que se cruzó con su marido Diego Rivera. Lo seguro, en cualquier caso, es que a las 8 de la tarde del 23 de marzo hubo una recepción en honor de Gorkin. El precio de la entrada
7 Hubo múltiples casos porque, de hecho, en 1942, Edward Hoover recabó información sobre las
gestiones que ese grupo estaba llevando a cabo para lograr “the entrance of persons into this country
whose activities are possibly inimical to the national defense”. La petición de información se hizo en abril de 1942 y en ese documento, centrado en las actividades de Bertram Wolfe, se indicaba que el grupo contaba con una lista de posibles refugiados europeos que les habrías sido facilitado por Pivert cuando
sería de un dólar, el moderador sería Bertram Wolfe e intervendrían, además de Gorkin, Lovestone, Louise Nelson, Norman Thomas, Lovestone, Chas. Z. Zimmerman y Carlo Tresca. El acto se celebró en el Rivera Murals Hall, en I3I West con 33rd Street.
Gorkin no debió pasar más de uno o dos meses en Estados Unidos. A principios de abril estuvo en Washington donde fue escuchado en distintos foros. Habló para los ejecutivos del New Deal y para el The North American Committee, rompiendo algunos tópicos difundidos por la propaganda estaliniana. El 7 de abril intervino en la convención del Partido Socialista8 y sus palabras fueron reproducidas en Works Age. Sostuvo que la derrota de la revolución española era la última de las vividas por la revolución proletaria. Y que, en las circunstancias presentes, la clase trabajadora, más que decantarse por uno de los dos bandos que se enfrentaban, era “fight for a socialist
peace”. Sólo así podría proseguirse en el único camino de la esperanza: “We must unite
our proletarian action on both the national and international scale. Against war! For the Socialist United States of the World!” (W.A., 27 de abril de 1940). Y en Estados Unidos dejó un largo artículo sobre la situación española para la revista de Lovestone. Se tituló “Franco Regime Faces Desperate Crisis Due to Unsolvable Contradictions” (W.A., 20 de abril de 1940).
8 Sobre la participación de Gorkin en la convención socialista de Washington el trotskista español Munis
informó a la Conferencia de urgencia de la IV Internacional a través de un informe presentado el 27 de abril. Esta era su evaluación: “La presencia de Gorkin en el congreso del Partido Socialista Americano, acentúa más su tendencia hacia el imperialismo democrático.”
El texto comienza, otra vez, rememorando el capítulo que legitimaba su autoridad: la persecución del POUM durante la guerra por parte del estalinismo. Igual que había hecho en Moscú con referentes de la Revolución de 1917, en Barcelona Stalin había montado aquel proceso contra los referentes de la Revolución de 1936: la dirección del POUM. Lo había visto durante sus 18 meses de encarcelamiento. Stalin había acabado con los mejores luchadores por la libertad del proletariado. “We witnessed at close hand the horrible strangulation of a revolution which we dared to assert was writing one of the most glorious pages in the history of the international proletariat”. Pero esa historia no había sido estrangulada del todo porque durante su cautiverio habían sabido del apoyo de grupos de todo el mundo y era esa red revolucionaria –la que se articulaba entorno al Centro Marxista- la que aún trabajaba por la victoria.
El grueso de aquel artículo era la descripción y análisis de la situación en España. Gorkin, optimista, creía que las contradicciones internas e internacionales de la dictadura franquista creaban las condiciones objetivas para su caída. Se refería a la represión, a la persecución de la catalanidad y a la crisis dentro de Falange toda vez que el nuevo estado era, en realidad, una rehabilitación de la España Negra del antiguo régimen con el agravante de la miseria. Ni las masas –la clase obrera y campesina- ni la pequeña burguesía podrían aguantar esa situación. “Not only the masses of peasants and workers, but even the bourgeoisie is alienated and in sharp conflict with the Franco
dictatorship.” Y esa la principal esperanza para la causa de la libertad. “This absolutist
reactionary regime possesses one virtue and that virtue is that it creates an abyss
between itself on the one hand and the masses of workers and peasants, on the other”.
Esa idea del abismo sería esencial para Gorkin y es un símbolo recurrente en La muerte
en las manos. A esa contradicción interna debía sumarse la falta de apoyos
internacionales sólidos, que impedían la reconstrucción de un país en ruinas. Ante esta situación, argumentaba un Gorkin cegado de esperanza infundada, la clase trabajadora podría reaccionar. “Without any false optimism, basing myself on the most realistic and careful analysis, I venture to announce to you that the Spanish working class will soon again give battle and will soon again, together with the workers of other lands, write
glorious pages in the annals of revolutionary socialism.” Era cuestión de tiempo. Pronto
se iniciaría un movimiento revolucionario como el de octubre del 34 o como el de julio del 36. Como ejemplo del optimismo de la voluntad, aquel corolario era modélico.