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Lo virtual distópico o lo virtual como falsificación

3. De lo virtual utópico a lo virtual distópico

3.2. Lo virtual distópico o lo virtual como falsificación

Para un pensamiento distópico, la concepción de «un virtual como potencia» y como «utopía realizada» sólo traduce una típica atracción por lo hiperreal, la interpretación de un virtual como falsificación. Jean Baudrillard, Slavoj Žižek y Paul Virilio entre otros lamentan esta atracción por la imagen y esta pérdida del deseo por el original, en fin, esta «voluntad de virtualidad» que anuncia el triunfo definitivo del simulacro y de lo virtual. Para Baudrillard, el advenimiento de la era virtual constituye un crimen perfecto: la muerte de lo real, lo referencial y del otro.

Avec le virtuel, nous entrons non seulement dans l’ère de la liquidation du Réel et du Référentiel, mais dans celle de l’extermination de l’Autre. C’est l’équivalent d’une purification ethnique qui toucherait non seulement des populations singulières, mais s’acharnerait sur toutes les formes d’altérité. Celle de la mort- qu’on conjure par l’acharnement thérapeutique. Celle du visage et du corps qu’on traque par la chirurgie esthétique. Celle du monde, qu’on efface par la Réalité Virtuelle (Baudrillard, 1995 : 155).

Con Baudrillard, lo virtual en ausencia del Otro, ocupa ya el lugar de lo real y se convierte en hiperreal. La realidad ya no es más que una maniobra de

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simulación. En la hiperrealidad, el mundo se altera en un juego de seducción y de apariencia y pierde toda ilusión de verdad. Si antes los filósofos se preguntaban, diría Baudrillard, sobre: « ¿por qué existe algo en lugar de nada?», ahora tendrán que encontrar la respuesta a la pregunta, la auténtica, « ¿por qué no existe nada en lugar de algo?» (1995: 14). Ante esta ausencia simbólica, uno se sumerge en la ilusión de la proliferación de las pantallas y de las imágenes. Sin embargo, la imagen, en la reflexión de Baudrillard, ya no puede imaginar lo real, porque lo es; ni soñarlo, porque se convierte en realidad virtual:

C’est comme si les choses avaient avalé leur miroir, et étaient devenues transparentes à elles-mêmes, toutes entières présentes à elles-mêmes, en pleine lumière, en temps réel, dans une transcription impitoyable. Au lieu d’être absentes d’elles-mêmes dans l’illusion, elles sont forcées de s’inscrire sur les milliers d’écrans à l’horizon desquels non seulement le réel, mais l’image à disparu. La réalité a été chassée de la réalité. Seule la technologie relie peut-être encore les fragments épars du réel. Mais ou est posée la constellation du sens? (1995: 17).

En este mismo sentido, el autor de Le crime parfait insiste en la idea de que vivimos en un mundo donde la función del signo es aniquilar la realidad y disimular al mismo tiempo su aniquilación. Hoy en día, el arte y los medios de comunicación persiguen este mismo objetivo. El mundo sólo existe bajo un juego de ilusiones y de apariencias y constituye el lugar mismo de la desaparición de toda significación y de toda finalidad. El hombre está condenado así a vivir únicamente en medio de espectros de lo real y bajo la influencia de una voluntad de ilusión. Más radical aún, el mundo para Baudrillard no es más que superstición peligrosa de la que uno debe distanciarse mediante el pensamiento crítico. «Mucho sabría, diría Campoamor en los Cantares filosófico-morales, en verdad, si supiera la razón donde acaba la ilusión y empieza la realidad». Queda claro que la pretensión de dar con lo real, de producirlo hasta en sus mínimos contornos, a través de la simulación, el simulacro y la seducción lleva directamente a su desaparición y a la

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construcción de un doble hiperreal. El mundo no hace sino disfrazarse bajo la profusión y orgía de imágenes e ilusiones. Asimismo, lo auténtico se ve cada vez más reemplazado por la copia y el simulacro, y lo real precedido por lo simulado. En Simulacres et simulation, Baudrillard expone su idea de la precesión de simulacros recordando la fábula de Borges que narra la historia de un mapa que unos cartógrafos dibujaron de un modo tan detallado que terminó cubriendo exactamente el territorio-un poco como el doble culmina confundiéndose con lo real- para afirmar que el territorio en la era posmoderna ha dejado de existir y que sólo ha quedado el mapa en el momento en que se ha borrado la diferencia que solía existir entre los conceptos mismos de mapa y territorio. El territorio ya no precede al mapa. Es el mapa que precede al territorio y lo engendra mediante la simulación que produce modelos de un real sin origen, sin realidad:

Aujourd’hui l’abstraction n’est plus celle de la carte, du double, du miroir ou du concept. La simulation n’est plus celle d’un territoire, d’un être référentiel, d’une substance. Elle est la génération par les modèles d’un réel sans origines ni réalité : hyperéel. Le territoire ne précède plus la carte, ni le lui servit. C’est désormais la carte qui précède le territoire-précession des simulacres-, c’est elle qui engendre le territoire et s’il fallait reprendre la fable, c’est aujourd’hui le territoire dont les lambeaux pourrissent lentement sur l’étendue de la carte. C’est le réel, et non la carte, dont des vestiges subsistent ça et là, dans les déserts qui ne sont plus ceux de l’empire, mais le nôtre. Le désert du réel lui-même (1981: 10).

Según Baudrillard, la simulación consiste en la aniquilación de cualquier referencia, peor aún, en su resurrección artificial en los sistemas de signos: «il ne s’agit plus d’imitation, ni de redoublement, ni même de parodie. Il s’agit d’une substitution au réel des signes du réel, c’est-à-dire d’une opération de dissuasion de tout processus réel par son doublé opératoire, machine signalétique métastable, programmatique, impeccable, qui offre tous les signes du réel et en court-circuite toutes les péripéties» (1981 : 11). Ante una conciencia incapaz de distinguir entre realidad e imaginario, sólo cabe una salida: acceder

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al mundo de lo hiperreal que supone ilusoriamente una mejora de la realidad. Esta hiperrealidad sólo opta por simulaciones artificiales, generaciones simuladas de diferencias y reproducciones de apariencias vacías: « Hyperéel désormais à l’abri de l’imaginaire, et de toute distinction du réel et de l’imaginaire, ne laissant place qu’à la récurrence orbitale des modèles et à la génération simulée des différences» (1981 :11-12). El hombre de la era posmoderna parece encontrar mejor la felicidad, l’épanouissment en la simulación y en el simulacro de la realidad más que en la confrontación a una realidad «real». Asimismo, Baudrillard hace la distinción entre la representación y la simulación. Según él, la representación se basa en el principio de equivalencia del signo y de lo real, mientras que la simulación se basa en la negación radical del signo como valor y en la muerte de toda referencia. «Alors que la représentation-añade Baudrillard-tente d’absorber la simulation en l’interprétant comme fausse représentation, la simulation enveloppe tout l’édifice de la représentation lui-même comme simulacre » (1981 : 16).

En el orden de la apariencia, la imagen refleja, desnaturaliza, enmascara (especialmente «la ausencia») una realidad profunda, mientras que en el orden de la simulación, la imagen es ya su propio simulacro sin referencia. Uno de los modelos perfectos de simulacros que apunta el análisis de Baudrillard es Disneylandia. Según el autor de L’illusion de la fin ou la grève des évènements, Disneyland es ante todo un juego bien compuesto de ilusiones y fantasías: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etc. Disneyland se presenta como un sitio imaginario para hacer creer que el resto es real y así salvar el principio de realidad:

L’imaginaire de Disneyland n’est ni vrai ni faux, c’est une machine de dissuasion mise en scène pour régénérer en contre-champ la fiction du réel. D’où la débilité de cet imaginaire, sa dégénérescence infantile. Ce monde se veut enfantin pour faire croire que les adultes sont ailleurs,

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dans le monde « réel », et pour cacher que la véritable infantilité est partout, et c’est celle des adultes eux-mêmes qui viennent jouer ici à l’enfant pour faire illusion sur leur infantilité réelle (1981 : 26).

Asimismo, Baudrillard establece tres tipos de simulacros: en primer lugar, los simulacros naturales y naturalistas que se fundan en la imagen y la imitación y tienen por objetivo la institución ideal de una naturaleza a la imagen de Dios (los simulacros que corresponden al imaginario de la utopía); en segundo lugar, los simulacros productivos y productivistas que tienen como base la energía y la fuerza y cuya materialización la encontramos en todo el sistema de producción (los simulacros que corresponden a la ciencia ficción) y; por último, los simulacros de simulación que parten de la información, el modelo, el juego cibernético y suponen la muerte de la ciencia ficción. Estos simulacros de simulación presentan unos modelos que ya no constituyen una trascendencia, una proyección o un imaginario, sino más bien la anticipación de lo real en un mundo donde lo real no puede superar el modelo, siendo sólo su coartada:

L’imaginaire était l’alibi du réel, dans un monde dominé par le principe de réalité. Aujourd’hui, c’est le réel qui est devenu l’alibi du modèle, dans un univers régi par le principe de simulation. Et c’est paradoxalement le réel qui est devenu notre véritable utopie-mais une utopie qui n’est plus de l’ordre du possible, celle dont on ne peut plus que rêver comme d’un objet perdu (1981 : 179).

En Welcome to the Desert of the Real (bienvenidos al desierto de lo real), el filósofo y sociólogo esloveno Slavoj Žižek afirma que «la pasión por lo real» culmina paradójicamente en su opuesto aparente, en un espectáculo teatral. Es decir que, si la pasión por lo real termina en la pura apariencia de un espectáculo efecto de lo real, la pasión posmoderna por la apariencia acaba de un modo inverso en un retorno violento a la pasión por lo real. Atrapado en un mundo de cómodas apariencias, el hombre posmoderno piensa que todo acontecimiento o shock inesperado es una intrusión de lo real que altera su

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esfera ilusoria, mientras que en realidad se trata de todo lo contrario: la intrusión de una apariencia e imagen que altera el orden de la realidad. Las explosiones del World Trade Center que comenta Žižek es un perfecto ejemplo. Las imágenes de las torres derrumbándose habían sido corrompidas ya por las escenas espectaculares de catástrofes de Hollywood. Por eso, estas imágenes no hicieron sino «romper en pedazos la experiencia simbólica de nuestra realidad»:

Deberíamos por lo tanto, invertir la lectura habitual según la cual las explosiones del World Trade Center fueron la intrusión de lo real que altera nuestra esfera ilusoria: al contrario, era antes del hundimiento del World Trade Center cuando vivíamos en nuestra realidad, percibiendo los horrores del Tercer Mundo como algo que no formaba parte de nuestra realidad social, como algo que existía (para nosotros) en una aparición (espectral) en televisión. Y lo que sucedió el 11 de septiembre fue que esa aparición fantasmática entró en nuestra realidad. No se trata de que la realidad entrara en nuestra imagen: la imagen entró y rompió en pedazos nuestra realidad (es decir, las coordinadas simbólicas que determinan nuestra experiencia de la realidad) (Žižek, 2002: 79).

Esta forma paradójica de atravesamiento e identificación con la fantasía en el sentido lacaniano desempeña el papel de proporcionar una situación imaginaria tranquilizadora que ayuda a afrontar el abismo del deseo del Otro y otra perturbadora inamisible en la realidad. El caso del grupo de rock Top Lista Nadrealista que satirizaba la condición de los habitantes de Sarajevo durante la guerra de Bosnia refleja claramente la dimensión ideológico-política del concepto de atravesar la fantasía.

En lugar de lamentarse del destino trágico de los bosnios, movilizaban todos los clichés sobre los «estúpidos bosnios» que eran tópicos en Yugoslavia, identificándose plenamente con ellos. Lo interesante del caso es la forma en la que la verdadera solidaridad pasa por el enfrentamiento directo con las fantasías racistas obscenas que circulaban en espacio simbólico de Bosnia, a través de la identificación lúdica con ellas y no de la negación de estas obscenidades porque no representan al pueblo «como es en realidad» (Žižek, 2002: 20).

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No cabe la menor duda de que la experiencia que uno vive en un mundo artificial, ilusorio o virtual hace cada vez más urgente el «retorno a lo real», a «la realidad real», en fin, al «desierto de lo real». Sin embargo, hay que subrayar que lo real que retorna tiene el estatus de otra apariencia: « precisamente porque es real, es decir, a causa de su carácter traumática/excesivo, somos incapaces de integrarlo en (lo que experimentamos como) nuestra realidad y, por lo tanto, nos vemos obligados a experimentarlo como una aparición de pesadilla. Ésta es la naturaleza de la imagen atractiva del derrumbe del World Trade Center: una imagen, una apariencia, un “efecto”, que al mismo tiempo nos entregaba la “cosa misma”» (Žižek, 2002: 20). Según el autor de The plague of

fantasies, esta pasión por lo real y su falsa y despiadada búsqueda que se esconde tras las apariencias no es sino la última estratagema para impedir un enfrentamiento con lo real.

Asimismo, Žižek llama la atención a la necesidad de abandonar las habituales metáforas que tildan lo real como la Cosa Real más aterradora a la que es imposible enfrentarse cara a cara. « Esta Cosa Real, concluye Žižek, es un espectro fantasmático6 cuya presencia garantiza la consistencia de nuestro edificio simbólico, permitiéndose así evitar la confrontación con su inconsistencia constitutiva (antagonismo)» (2002: 29).

Este pensamiento distópico va aún más allá considerando la era digital como una gran amenaza, una bomba, cuyo estallido se hará sentir en nuestro interior, en el fondo de nuestra subjetividad, y cuyos escombros se plasmarán en la regresión gradual y embotamiento continuo de las facultades humanas de pensar y actuar frente a lo real. Esta regresión que Paul Virilio considera como colectiva y emocional no hará más que sembrar el pánico y favorecer un miedo generalizado e incontrolable. En L’administration de la peur, Paul Virilio afirma

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Concepto utilizado en psicología para designar una representación mental imaginaria provocada por el deseo o el temor.

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que la regresión colectiva y la desrealización generada por la aceleración del progreso virtual y por el éxito de la propaganda frívola en torno a la realidad aumentada conducen a una perfecta ceguera. Para Virilio, la concepción de un virtual utópico no es más que un «juego de ingenuos» y un «verdadero glaucoma televisual». Y a esta ceguera generalizada se suma la superficialidad de la mayoría de los intercambios digitales, especialmente en las redes sociales, así como la tentación de lo artificial, de lo falso, generada por un virtual cada vez más adicto al consumo y a la información.

A modo de conclusión, se puede afirmar que la realidad virtual nunca llegará al objetivo de proporcionar un perfecto duplicado que absorbe la realidad debido a sus limitaciones tecnológicas. Adoptar una actitud menos radical y menos distópica respecto a lo virtual sin ceder claro a la utópica euforia tecnolátrica se presenta como la alternativa más segura si se reconoce la idea de que lo absolutamente real no ha desaparecido, sino que es, como afirma Žižek, «el excedente, el núcleo duro que resiste a cualquier proceso de modelado, simulación o metaforización» (cit. en Ryan, 2004: 44). Construir realidades, hacer mundos, crear significados sólo traduce una única actividad: pensar.

Sabemos que existe «otro» real y a menudo nos topamos con ello, pero no habitamos en su interior, excepto quizá durante algunos breves momentos, completamente privados, que están próximos a la experiencia mística, porque la mente humana es una fábrica infatigable de significado, y el significado no es sino un simulacro mental de las cosas. Despojar al otro de su alteridad mediante la representación y construir «realidades» que constituyan mundos que poder habitar es en realidad exactamente lo mismo. Se llama, simplemente, pensar (Ryan, 2001: 54).

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Conclusiones

Esta primera parte ha pretendido estudiar la virtualidad desde sus profundas raíces etimológicas hasta sus contradictorios usos ontológicos, pasando por su vertiente cosmológica y enmarañada arquitectura, y llegando a su estilo ora utópico ora distópico. A nivel etimológico, hemos constatado que la definición más ambiciosa parece incapaz de desprender este término de su nebulosa ambigüedad. Un término que suele relacionarse popularmente con la informática y la tecnología digital, atribuirse retóricamente a la experiencia del «ciberespacio» y describirse académicamente como potencialidad. Esta confusión no sólo se registra en el discurso profano de un público fascinado por tal concepto sino también en los diccionarios y definiciones que proponen filósofos y especialistas. Asimismo, hemos comprobado que en la mayoría de estas definiciones no se ha tomado en cuenta más que la segunda etimología,

virtualis, concepción inventada en la edad media para designar lo que existe en

potencia y no en acto, en clara oposición a lo actual. Lo aún problemático es que incluso esta concepción heredada de la escolástica parece incompatible con algunos usos científicos y técnicos modernos (Realidad virtual). Es por estas razones que nos hemos propuesto realizar un análisis y aproximación etimológica que abarca tanto la primera etimología que remonta al latín virtus

(fuerza, virilidad, virtud) como la escolástica, virtualis, análisis que nos ha permitido relacionar los diferentes sentidos de este término, entender su reserva de sentido y demostrar que «historicidad» y «relatividad» no sólo caracterizan «lo virtual» sino también y muchas veces «lo real». La aproximación ontológica ha demostrado a su vez que el concepto de «lo virtual» nunca puede pensarse de manera exclusiva en oposición a los conceptos modales de realidad, posibilidad y actualidad, sino como complementario a ellos. Basta recordar la distinción que propone Gilles Deleuze entre lo posible y lo virtual que afirma que lo posible es un real espectral,

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latente, estático y constituido ya, mientras que lo virtual es como el complejo problemático y el nudo de tendencias y fuerzas que tienden a resolverse y a actualizarse; la de un Denis Berthier que reivindica una oposición entre lo virtual y lo real; o la aún más paradójica de un Philippe Quéau que postula la existencia de un virtual a la vez real y actual, para entender que esta maraña de contradicciones emana en parte de este afán tentador de diferenciar «modos de ser». Desde una perspectiva cosmológica, hemos llegado a la conclusión de que los mundos virtuales pueden traducirse como «mundos posibles». Ser transportado a la realidad virtual de un texto de orden literario o fílmico no es sino abrirse, trasladarse y vivir en mundo o mundos posibles. En este contexto, hemos intentado remontar a los orígenes del concepto de «mundos posibles» acuñado por Leibniz para poder entender sus múltiples interpretaciones y aplicaciones posteriores. Así pues, hemos concluido que este concepto no sólo es indispensable para una aproximación de lo real, sino que es además fundamental para resaltar la infinitud de lo «pensable». Asimismo, hemos visto que una aproximación a la noción de «mundos posibles» debe ser polifacética, es decir que tiene que tomar en consideración sus múltiples concepciones, a saber: la cosmológica, la literaria y, en fin, la epistemológica. Sin embargo, existe un punto común entre todas estas concepciones que reside en la idea de que este concepto expresa «una intuición», «nuestra intuición» de que «las cosas podrían ser diferentes/ la vida podría haber sido otra» (Ryan y Pavel 2006). La