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Localización de las 26 localidades de la muestra�

LA POBLACIÓN, DE 1540 A 1865:� CENSOS, NATALIDAD Y NUPCIALIDAD�

Mapa 2.2. Localización de las 26 localidades de la muestra�

Fuentes: Ministerio de Agricultura, 1978. Elaboración propia

Leyenda: Estas localidades son; Arlanza: Nebreda, 1; Pinilla-Trasmonte, 2; y Zael, 3;­

Arlanzón: Arlanzón, 4; Hormaza, 5; Quintanapalla, 6; Rabé de las Calzadas, 7;­ Bureba-Ebro: Abajas, 8; Castil de Carrias. 9; Orón, 10; Salas de Bureba, 11; y Santa­ María del Ribarredonda, 12; La Demanda: Huerta del Rey, 13; Las Merindades:­ Arroyuelo, 14; Berberana, 15; Castrobarto, 16; Cornejo, 17; Manzanedo, 18; Quintana de­ Valdivieso, 19; y Salazar de Villarcayo, 20; Los Páramos: Huérmeces, 21; Pisuerga-

Odra: Pedrosa del Páramo, 22; Salazar de Amaya, 23 y Villaveta, 24; y, La Ribera: Cuzcurrita de Aranda, 25; y Sotillo de la Ribera, 26.

Debo recalcar que esta es una tesis doctoral realizada por una aspirante a historiadora económica, no la de alguien que pretende especializarse en demográfica histórica. Pese a ello, considero que una aproximación a la nupcialidad y a la fecundidad puede arrojar alguna luz: 1) la serie agregada de matrimonios nos acerca a las distintas tendencias demográficas de la provincia; 2) las variaciones en la fecundidad, medida a través de la ratio bautizados/velados, y en la nupcialidad constituyen buenos indicadores en el medio y largo plazo del movimiento demográfico176; 3) las series de velados permiten estudiar las

crisis de nupcialidad, que constituyen uno de los elementos que definen los reveses demográficos en el muy corto plazo177; 4) la evolución anual

del número de nupcias facilita el análisis de la capacidad de reacción de la sociedad tras cada crisis demográfica178; 5) la volatilidad de los

desposorios constituye un buen indicador del grado de inestabilidad económica. La nupcialidad no es una variable biológica, a diferencia de la natalidad y la mortalidad, está intrínsecamente unida a los usos sociales y familiares en la Edad Moderna179.

176 La nupcialidad repercute en los niveles de fecundidad general, especialmente en sociedades como la rural castellana en la que los nacimientos fuera del matrimonio eran muy limitados, al menos públicamente, Lanza García (1991), pp. 297-299. En el caso burgalés, he tenido la oportunidad de observar que en muy pocas ocasiones aparecen anotados, en los libros de bautizados, crismados ilegítimos. Y cuando surgen, en numerosos ocasiones este bautismo fue legitimado mediante un matrimonio posterior; el párroco correspondiente se encargaba de anotarlo al margen de la partida, sin modificar el estado civil de la madre en el momento del parto. También aparecen hijos de padres desconocidos, en el siglo XVII se les señala como hijos de la Piedra o hijos de la Iglesia, en el siglo XVIII y XIX el párroco además de indicar que es hijo de padres desconocidos normalmente les ponía el apellido de Santa María.

177 Sobre las consecuencias en el corto plazo en la estructura familiar y en las estrategias familiares de una crisis demográfica en dos localidades italianas, véase Corsini (2009), pp. 17-19.

178 Livi-Bacci (2001), p. 99; y, Livi-Bacci (2015), pp. 23-24.

179 Chacón Jiménez (1990), pp. 48-49; Lanza García (1991), pp. 310 y 344-346; y, Lanza García (1992), pp. 151-160. Para un somero estudio acerca de las implicaciones económicas que conllevaba una unión matrimonial, véase, Pérez Moreda (1999), p. 31- 33. Sobre las implicaciones en la estructura demográfica y social de los distintos modelos matrimoniales en el seno de la sociedad rural leonesa durante la Edad Moderna véase Pérez y Rubio (2014). Este trabajo defiende la importancia que tuvo la

Además de examinar la serie agregada de bodas, calcularé la tasa media de nupcialidad en el entorno de las fechas en las que se confeccionaron los recuentos de población de 1752, 1787 y 1857 –a partir del número de velaciones y de las cifras de habitantes proporcionadas por estos últimos- y me aproximaré a la fecundidad a través de la ratio bautizados/nupcias. Esta manera de acercamiento a dicha cuestión obedece a dos razones: 1) sólo dispongo para tal menester de las series de desposorios y bautizados; y, 2) algunos demógrafos consideran que tal cociente constituye una forma heterodoxa, pero razonable, de medir las variaciones en el medio y largo plazo de la fecundidad180, sobre todo

cuando la información disponible se circunscribe al número de desposorios y bautizados.

En el gráfico 2.11 he reflejado el número anual de nupcias y la media móvil centrada de 9 años en veintiséis localidades burgalesas entre 1650- 1865.

diversidad espacial provincial en la estructura y comportamientos sociales: la edad al matrimonio, el núcleo familiar, el reparto del patrimonio familiar o el acceso a los bienes comunales, etc.

180 Autores extranjeros y españoles han empleado esta ratio. Véase por ejemplo, Henry (1953); Goubert (1960), T.I., p. 37; Perrenoud (1979), t. 1º, pp. 25-26; Pérez Moreda (1986), p. 67; Melón Jiménez (1989), pp. 47-50; Rodríguez Grajera (1990), p. 46; y, Lanza García (1991), p. 304.

En el muy largo plazo, coincidiendo con la evolución de los bautismos, el número de nupcias tendió a aumentar suavemente entre medidos del siglo XVII y comienzos de la tercera década del XIX: de 1650- 1658 a 1814-1822, el número de desposorios creció en la provincia de Burgos a una tasa media anual acumulativa del 0,40 por ciento. En ese mismo lapso, los bautismos crecieron en dicho territorio al 0,24 por ciento. Las nupcias descendieron abruptamente entre 1814-1822 y 1830- 1838, un 27,6 por ciento; luego se recuperaron, pero no volvieron a recobrar el máximo absoluto de la serie que se produjo finalizada la Guerra de la Independencia entre 1814 y 1822. De 1820 a 1865, el comportamiento de bautismos y bodas difirió: entre 1814-1822 y 1857- 1865, los primeros crecieron al 0,31 por ciento y las segundas disminuyeron al 0,39. No es extraño, que la tasa de nupcialidad fuese hacia 1857 relativamente baja: ascendió al 10,6 por mil en 1748-1756, al 10,9 por mil en 1783-1791 y al 8,4 por mil en 1853-1861. La caída de esta tasa vital superó el 20 por ciento. No estoy en condiciones de explicar dicho movimiento, pero el retroceso de la mortalidad adulta, como tendremos ocasión de confirmar en el capítulo siguiente, pudo tener un efecto contractivo sobre las segundas nupcias y la probable intensificación del flujo migratorio neto hacia el exterior, tal vez desde 1840 cuando se aceleró el crecimiento de Madrid y Bilbao, también debió de contribuir a reducir la ratio bodas/habitantes en el territorio burgalés181.

En el conjunto de España, la tasa de nupcialidad en 1858-1862 fue del 7,8 por mil, algo inferior a la de Burgos por estas mismas fechas182. En

la segunda mitad del siglo XVII y en el siglo XVIII, la tasa de natalidad en el territorio burgalés, al igual que en las restantes áreas de la Castilla interior, fue, muy probablemente, bastante superior a la de la España periférica, especialmente a la de las regiones septentrionales en las que la tasa de celibato alcanzaba valores elevados183.

En el Cuadro 2.17 he plasmado el número, la frecuencia y la intensidad media de las crisis de nupcialidad en periodos de cincuenta

181 Livi Bacci y Reher sostienen que el periodo 1830-1845 presenta las mayores cotas de fecundidad matrimonial de los tres siglos precedentes en una amplia región de Castilla­ la Nueva, Livi Bacci y Reher (1991), p. 102.­

182 Nicolau (1989), pp. 69-70.

183 Arizcun Cela (1988a), pp. 168-170; Lanza García (1991), pp. 314-319; y, Mikelarena y­ Erdozaín (2002), p. 149.­

años en una muestra de veintiséis localidades burgaleses -los primeros quince años del siglo XIX, por su carácter excepcional, los consideraré al margen de los intervalos habituales de media centuria-.

Cuadro 2.17. Número, frecuencia e intensidad media de las crisis de nupcialidad en periodos de cincuenta años en una muestra

de 26 localidades burgalesas�