El movimiento feminista y las organizaciones de mujeres han avanzado enormemente en posicio- narse como tal ante la sociedad civil, así como también en cuanto a la plataforma y reivindica- ción de sus derechos, el movimiento está creciendo diversa y pluralmente, mujeres de todas las edades se van adhiriendo o van construyendo sus espacios afines de lucha, no importa si éstas no están en la concertación de forma activa, presencial o sistemática, lo importante es que se están organizando, haciendo eco de todo el esfuerzo realizado y ocupando esos espacios ganados para coincidir, organizarse y movilizarse.
La población en general también está involucrada en esta evolución, ya sea compartiendo visio- nes o divergiendo de ésta, lo importante es que está explorando el tema y en la medida en que profundice podrán encontrar por sí mismas lo razonable y necesario de cambiar los términos de las relaciones entre hombres y mujeres.
Institucionalmente hay toda una corriente de abordaje, en diferentes niveles; pero muchos con la conciencia de la necesidad indispensable de comenzar procesos que replanteen las relaciones de género, con ello, la búsqueda de la igualdad y la superación de inequidades históricas que han puesto en clara desventaja a las mujeres.
Importante también es que las organizaciones que apoyan el trabajo infantil están permeando las estructuras de educación formal, con una clara visión de que el enfoque de género hay que tra- bajarlo desde la primera infancia, involucrando a la estructura educativa y a la familia que debe- rán ser los principales garantes del éxito de estos procesos.
Gracias a la Concertación Feminista Prudencia Ayala (CFPA) se han incluido en la agenda nacio- nal los derechos de las mujeres: sociales, económicos, políticos, culturales y sexuales. Hay una pla- taforma de reivindicaciones que incluye el cumplimiento de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y la ratificación de su Protocolo Facultativo; una serie de demandas como las cuotas de participación en partidos políticos y en cargos públicos; presupuesto público con enfoque de género; y mayor inversión en la salud de las mujeres y transparencia, tal es el caso del Hospital Nacional de Maternidad, único especializado en la atención reproductiva de las mujeres, el cual ni tiene las condiciones ni es suficiente para dar cobertura a un poco más de 1,5 millones de mujeres en edad reproductiva.
El tema de los derechos sexuales y reproductivos ha tenido para las salvadoreñas un camino cues- ta arriba, desde hace 6 años, primero por el retroceso con la eliminación del aborto terapéutico y luego la penalización del mismo, situación legal que no sólo atenta contra la decisión y autono- mía del cuerpo de las mujeres que se encuentran en riesgo de su vida por un embarazo, sino que además las convierte en criminales. De hecho, hay varias mujeres en la cárcel de mujeres proce- sadas por la práctica de aborto.
Recientemente, en el contexto de la conferencia mundial de VIH/SIDA, en el mes de agosto de 2008, finalmente el gobierno salvadoreño informó de la aprobación del manual sobre salud sexual
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y salud reproductiva, la misma será impartida curricularmente en los niveles de educación media. Esta decisión pese a la resistencia y dura crítica de la iglesia, principalmente la católica que tiene mucha injerencia en las decisiones del gobierno salvadoreño, pudo sucederse luego de una revi- sión exhaustiva y eliminadora de muchos aspectos que sobre la sexualidad estas instituciones y la sociedad se niega a aceptar, tal es el caso de que las prácticas sexuales se están sucediendo desde los 11–12 años, y que el incremento del embarazo adolescente está ocurriendo con mayor inci- dencia en niñas menores de 14 años.
Aunque la violencia de género continúa siendo uno de los principales problemas de la familia sal- vadoreña, hay avances significativos en la denuncia y en la conciencia de mujeres y hombres para buscar relaciones menos agresivas y más negociadoras.
Los esfuerzos encaminados a fortalecer a las mujeres en términos económicos también han per- mitido a muchas de éstas dejar los ambientes de violencia intrafamiliar y recuperar su libertad a través de su autosuficiencia económica y la restauración emocional mejorando visiblemente su autoestima.
En la perspectiva de la sostenibilidad de todo este trabajo de las feministas, de las defensoras de los derechos de las mujeres, organizadas o no, es la estimulación e interés del estudio y análisis de la teoría y del enfoque de género, desde diversas especialidades, en el ámbito académico, profe- sional, técnico, político y del sector público, de forma permanente puede conocerse de un diplo- mado de género enfocado en cierta especialidad, actualmente hay en marcha al menos 4 diplomados de género, en políticas públicas, en desarrollo local, en niñez y adolescencia, en con- traloría ciudadana y otros más que se escapan a mi registro.
Otro esfuerzo notable y sostenible es el avance de género a nivel local, donde diferentes organi- zaciones –principalmente Las Mélidas– han logrado institucionalizar políticas públicas por la equidad e igualdad de género, llegando a compromisos incluso de asignación de recursos y de pro- cesos en marcha para la construcción de presupuestos públicos con enfoque de género. Probablemente alcanzar inversiones concretas para las mujeres puede ser uno de los mayores aportes para redistribuir equitativamente los recursos del Estado.
La incidencia ha tenido alcances a todos los niveles, y en el presente este esfuerzo de las organi- zaciones de mujeres pioneras cuenta con una gama de aliadas diversas y un movimiento mascu- lino, aún incipiente, pero que está asumiendo fuerte y solidariamente la dura tarea de compartir el reto de la transformación de esta sociedad, donde también nosotras estamos todos los días cambiando.