• No se han encontrado resultados

LAS ASIMETRÍAS EN EL NIVEL DE INDUSTRIALIZACIÓN E I+D ENTRE LOS SOCIOS DEL TLCAN

3.1. Las capacidades de la industria farmacéutica mexicana y norteamericana Las capacidades productivas y tecnológicas son el resultado del

3.1.1. Los alcances de la naciente industria mexicana

El desarrollo industrial en México tiene características similares de los procesos llevados a cabo en América Latina. Inició con el modelo agroexportador

que concentraba el 90% de sus actividades productivas, hasta le descubrimiento de las mayores reservas de petróleo en la historia mexicana en 1970 (Puyana, 2009). Transitó del proceso de industrialización por sustitución de importaciones a la apertura comercial, adoptando las medidas de ajuste económico contenidas en el Consenso de Washington. A partir de la firma del TLCAN en 1994 y el ingreso a la OMC en 1995, México consolidó su nueva orientación económica y política que inició en el período de ex-presidente Carlos Salinas en 1991. Sin embargo, las medidas fueron parcialmente exitosas. Por un lado, los cambios impulsaron el crecimiento del sector externo de la economía. Se consolidaron algunas industrias básicas como la agrícola y ganadera, poco intensivas en investigación y desarrollo, con productos de bajo valor agregado (Guerrero, 2011). Mientras tanto se perjudicó a las nuevas industrias intermedias y avanzadas. Por ejemplo, la industria química y farmacéutica, intensivas en capital, mano de obra especializada y tecnología que no pudieron absorber los beneficios de la apertura comercial. Por lo tanto, esto limitó la transformación industrial que México esperaba obtener con la firma del tratado, e incluso se produjo un efecto contrario sobre la innovación en el país. A continuación se presentaran las características de la industria farmacéutica mexicana entre el 2004 y 2006, y las condiciones internas y externas que limitaron el desarrollo de las nuevas empresas farmacéuticas nacionales.

Para entender las características de la industria farmacéutica mexicana entre el 2004 y 2006, es necesario señalar que desde los años 30 se registró un crecimiento continuo y acelerado de la industria extranjera en territorio nacional. Empresas como Abbot, Bayer, Johnson & Johnson, Ritcher, etc se instalaron en el país para comercializar sus productos elaborados en el extranjero. (Molina, 1990). Más tarde, las empresas transnacionales comenzaron a fabricar sus productos dentro del país, e incluso preferían adquirir o fusionar sus actividades con empresas nacionales para aumentar su producción (Molina, 1990). Paralelo a este proceso transnacional, en 1980 México empezó a desarrollar una industria en base a la imitación. Con el tiempo, esto se convirtió en una práctica recurrente, orientada a la producción de medicamentos genéricos a bajo costo, con el fin de mantenerse vigentes en la industria. La imitación se convirtió en una práctica común de las industrias jóvenes, para ingresar a un mercado especializado y altamente concentrado. Por varios años esta fue la única opción para concretar el ingreso de las empresas nacionales en un mercado asimétrico, dominado por las empresas transnacionales y con fuertes barreras de entrada. Sin embargo,

la industria nacional no ha logrado dar el salto de la imitación a la innovación. Entre el gráfico 14 se observa el número de solicitud de patentes nacionales y extranjeras en México, como indicador de la actividad inventiva en el país. Entre el 2004 y 2006, las solicitudes mexicanas se mantuvieron en el mismo nivel que hace 10 años, por debajo de su contraparte extranjera. Mientras que las solicitudes extranjeras crecieron a un ritmo acelerado. Es decir, entre estos años México no generó suficiente innovación y nuevo conocimiento para igualar el nivel de las empresas extranjeras.

Gráfico 14

Solicitudes de patentes por nacionalidad presentadas en México 1994-2006

Fuente/Elaborado por: IMPI, 2010

Esto ocurrió por varias razones. Entre el 2004 y 2006, la industria mexicana tuvo que enfrentar los efectos del rezago tecnológico que venía acarreando de hacía varios años. Esto se convirtió en un problema coyuntural en el país, y estaba relacionado con la falta de interés por desarrollar nuevo conocimiento. Los sectores que deberían invertir en actividades de investigación y desarrollo no lo hacían y preferían continuar elaborando sus productos en base a la imitación. Pero además, las personas preferían invertir en otro tipo de emprendimiento, que comprometa menos recursos, tiempo y esfuerzo para generar dinero. Por lo tanto, la imitación se convirtió en una práctica generalizada y preferida por los productores nacionales, ya que los costos y el tiempo que tomaba elaborar “copias” de productos resultaba menor (Guzmán & Brown, 2004). Sin embargo, esto contribuyó a la desaceleración científica en el país ya que la imitación no asegura un proceso de asimilación tecnológica o generación

de nuevo conocimiento en el largo plazo. Por lo tanto, la industria farmacéutica mexicana se debilitó y se limitó su capacidad para innovar.

Además, no se logró coordinar los esfuerzos públicos y privados en el campo de la ciencia y esto se convirtió en una oportunidad aprovechada por las compañías extranjeras para financiar las actividades de I&D en el país. Según las estadísticas del Banco Mundial (2015), entre el 2004 y 2006, el gasto en I&D incrementó 16%. Sin embargo dichos avances fueron exclusivos de las empresas transnacionales que concentraban más del 70% de la actividad farmacéutica en el país, y desplazaron paulatinamente los esfuerzos nacionales por innovar. En esta época, el número de subsidiarias transnacionales pasó de 260 a 336, mientras que las empresas nacionales se mantuvieron en número y tamaño (KPMG, 2006). Por lo tanto, los alcances de la industria nacional se mermaron con la presencia transnacional y el sector farmacéutico pasó a depender de las empresas extranjeras que aportaban con empleo y estabilidad financiera al sector. Además, gran parte de la actividad industrial en el país fue sustituida por la transferencia de las nuevas tecnologías y know-how, desde la matriz en el extranjero a la subsidiara nacional. No obstante, dicha transferencia no cumplía con el interés social y el efecto “spillover”25, a favor de la difusión

tecnológica y conocimiento científico. Al contrario, estos pasaron a formar parte de los activos intangibles de las empresas, protegidos por patentes industriales. Por lo tanto, se dificultó la difusión del conocimiento en el sector que contribuyó al aislamiento científico, coartando el proceso de innovación de las empresas nacionales.

Todas estas condiciones contribuyeron al desplazamiento paulatino de la industria nacional. Sin embargo, para completar el panorama adverso de la industria farmacéutica nacional, en el 2004 se venció el plazo señalado por el TLCAN para reemplazar el suministro de medicamentos genéricos por patentados, o aquellos genéricos con pruebas de intercambiabilidad. Es decir, se esperaba que en el mercado solo circulen aquellos fármacos certificados como originales, o demostrar ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios “la seguridad y la eficiencia de cada uno de sus productos con estudios de bioequivalencia […] que cuestan entre 60,000 y 120,000 dólares” (López, 2011). Por otro

lado, entre el 2004 y 2006, México no logró colocar nuevos productos (originales)       

25 El efecto “spillover” ocurre cuando el conocimiento creado por un agente puede ser usado por otro de manera gratuita,

en el mercado, al mismo nivel que sus competidores extranjeros. Sus ventas continuaron dependiendo del sector público y las empresas nacionales se mostraron más vulnerables a las regulaciones sobre la venta de medicamentos genéricos. Además, las posibilidades de la industria nacional se redujeron en espera del vencimiento de las patentes originales para empezar la producción de genéricos, restándole estabilidad al sector. Por lo tanto, los alcances de la industria se vieron condicionados por este tipo de factores que no lograron ser revertidos en el corto plazo.

Outline

Documento similar