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LOS CRÍMENES

In document Escoria – Irvine Welsh.pdf (página 40-89)

Intento deshacerme del mal sabor de boca provocado por la resaca y la presencia de un tal Mr. Toal a

primera hora de la mañana. Sí, aún se puede salvar, pero eso exige irse a tomar por culo de Jefatura durante un rato. Ray Lennox piensa algo por el estilo. Toalie se está poniendo cachondo con su moreno finiquitado así que lo mejor será quitarse de en medio. En estos momentos tengo trabajo más que suficiente, voy de

culo con el papeleo y eso hay que arreglarlo antes de cogerme mi semana de vacaciones de invierno. Oficialmente Lennox está de servicio con la Brigada Antidroga, pero sabe que hoy resultar altamente visible no es una buena opción. Significa que es probable que Toal le reclute para el equipo de investigación del

asesinato.

De modo que Ray y yo vamos por ahí en mi Volvo a investigar lo que nos parezca. Hay un poco de

escarcha y el aire es desapacible y cortante. El invierno empieza a

notarse, ya lo creo, y va a ser de los malos. La calefacción del coche nos calienta agradablemente cuando en la radio sale un tarado de control

solicitando nuestra ubicación. Ray le dice que avanzamos en dirección oeste hacia Craigleith. Entonces control nos informa de que alguna vieja arpía de Ravelston Dykes ha denunciado un robo con

allanamiento.

«¿Te apetece ir a comprobarlo?», le pregunto.

«Sí, así nos mantendremos alejados de Toalie un rato más.»

Ray conoce el percal. «Así se hace, Ray, acuérdate de lo que te dije de ese cabrón. Tiene la capacidad de concentración de un pececillo de colores, así que si consigues permanecer fuera de su vista un ratito…»

«… ¡el cabrón se olvida de ti por completo!», sonríe Ray. Ray Lennox es un joven legal. Alrededor de un metro ochenta, cabello marrón con raya al medio, un bigote un pelín demasiado largo y desaliñado que le hace parecer un poco bobo, y una gran nariz aguileña con ojos furtivos.

Buen policía, y empieza a

desempeñar un papel más activo en la hermandad.

En realidad se trataba de una tarea normal y corriente para tarados uniformados, pero nosotros

estábamos en el área y servía para perder el tiempo. Uno de mis lemas acerca de este trabajo es: más vale que tú le hagas perder el tiempo a algún capullo, antes de que algún capullo te lo haga perder a ti.

«Llamando a Foxtrot, adelante, Foxtrot, aquí Z Víctor dos BR, cambio.»

«Foxtrot…», cacarea la radio. «Nos aproximamos a la dirección de Ravelston Dykes. Los sargentos Robertson y Lennox, cambio.» «De acuerdo BR. Cambio.» Aparcamos a la entrada de una casa grande. En la calle está

aparcado un viejo Escort. Parece un poco destartalado para Rawy Dykes.

Una vieja vacaburra con la mirada perdida nos hace pasar. Me llega de ella cierto olorcillo. La edad hace que uno huela, sea un rico hijo de puta o un arrabalero, da lo mismo.

Me da un escalofrío en el pasillo: no es que haga mucho calor aquí. Esta casa es grande para calentarla y percibo el rastro del dinero rancio. El sitio está abarrotado de cacharros; aquí hay por lo menos toda una vida de recuerdos. Montones de

fotografías en marcos de plata, alineadas sobre las mesas, los aparadores y la repisa de la chimenea como un ejército de

soldaditos de plomo. Excesivo. Eso me dice que montones de pajaritos han volado del nido y que se han marchado bastante lejos. Todo tipo

de casas, coches y trapos en esas fotos; sugieren muy claramente el fulgor del nuevo mundo. La vieja bruja debería venderlo todo, vender sus bienes y gandulear

tranquilamente el resto de sus días al abrigo de una urbanización pija con calefacción central y un servicio de asistencia de veinticuatro horas. Pero no; otra vez ese orgullo retorcido. Lo único que trae consigo es un trayecto más veloz y más accidentado hasta la tumba, pero a algunos hi-joputas es imposible decírselo.

parece cómoda. El carbón está

colocado dentro de un bonito cubo de latón. ¿Uno o dos terrones,1 o veinte mil cayendo a tu alrededor? El sucio y cochino carbón y los cabrones apestosos que lo extraen. ¿Te mola, nena? ¿Te mola ese carbón,

hermano?2

Ni me mola extraerlo ni me molan los cochinos cabrones que lo extraen.

Dejo a Ray con la vieja arpía con objeto de husmear un poco mejor por ahí. Hay aquí un bonito y anticuado mobiliario de caoba. Algún pequeño

tarado oportunista es el que ha forzado una puerta-ventana en la parte de atrás para entrar, lo cual es un desperdicio total. Un equipo organizado con una furgona grande podría haber sacado un pastón con un vendedor de antigüedades corrupto. La abuelita se marcha a hacer algo de té y cuando vuelve se nos rebota.

«¡Mi pisapapeles!», dice

señalando un aparador con el dedo. «Ha desaparecido…, estaba aquí hace un minuto.»

Ni que fuera asunto mío, joder. Sólo hemos venido aquí a perder un

poco de tiempo. La vacaburra imbécil, con la cara apergaminada embobada por el shock. Esa

expresión atolondrada, el puto gran público británico; hace que me den ganas de partirle los dientes con una porra al que la pone. Eso sí, a esta vieja capulla no le quedan

demasiados dientes que partir. Hay que ver el vandalismo que el tiempo perpetra sobre el cuerpo humano. ¡Que me jodan, ahora parezco el gilipollas de Toal!

«Lo siento, no acabo de entenderla», dice Ray.

Puta vieja tarada. Pero hay que descubrirse ante Ray; en si

1. En inglés, tanto los trozos de azúcar como los de carbón se

denominan lumps («terrones»). (NT. del T.)

2. Juego de palabras intraducibie. To dig es excavar o extraer, pero coloquial-mente, y en el argot hip norteamericano, significa «gustar». (NT. del T.)

tuaciones como ésta se muestra frío como el hielo; una cabeza vieja sobre unos hombros jóvenes.

aquí!», sostiene ella. Ravelston Dykes. El dinero habla. Tic toe tic toe. Acostumbrados a salirse con la suya. Ese tono que conozco tan bien. Pero soy un servidor del Estado. Me dedico al negocio del mantenimiento de la ley. Las reglas a aplicar son las mismas.

Respiro hondo y la miro a los ojos. Es endeble, y está asustada y aislada a pesar de su riqueza. La foto dominante del marido sobre la

chimenea de mármol. El soldadito de plata número uno. Un poco oxidada de todas formas, cosa que el

esplendor del marco realza todavía más. Se puede leer cáncer en todos sus rasgos. Una foto reciente. Ella sigue conmocionada, sigue estando en situación vulnerable. «Quiero que comprenda del todo lo que me está usted diciendo, Mrs. Doman.»

Tiene el aspecto de una vaca entrando en el matadero. Justo en el momento en que saben que algo pasa y que no son buenas noticias. Ten-ti- ten-ten… ten-ti-ten-ten-ten…

«Me está usted diciendo que el pisapapeles seguía aquí después del allanamiento denunciado, pero que a

continuación parece haber

desaparecido coincidiendo con la aparición de los agentes encargados de la investigación, a saber,

nosotros. Quiero que sea usted clara como el agua al respecto.»

«Pues… sí…, quiero decir…» Me acerco a la ventana y me asomo al jardín. Me fijo en que el Escort que he visto antes sigue allí. El que parece semia-bandonado. ¿Semiabandonado? En nombre del puto Jesús todopoderoso de los huevos, ¿eso qué coño quiere decir? Aquí hay algún cabrón Jackie

Trent,A eso está bien claro. Me aclaro la garganta y me vuelvo hacia la vacaburra antediluviana. «Quiero que se concentre, Mrs. Doman.

Quiero que esté absolutamente segura de lo que está diciendo y de lo que implica. Acaba usted de sufrir una conmoción muy grande», la

sermoneo. «Un intruso en su casa: no es algo muy agradable. Quiero que esté segura de lo que quiere decir antes de que

1. Argot rimado. Jackie Trent por bent («corrupto»), (NT. del T.)

supondría iniciar una segunda ronda de investigaciones, al implicar a los agentes que han venido aquí a

investigar el allanamiento.» Señalo con la cabeza a Ray y después me echo un vistazo al pecho. «En todos y cada uno de los casos las reglas son las mismas. Lo que le estoy diciendo es: ¿está usted segura de que el pisapapeles no ha sido sustraído durante el robo original?»

En ese momento Ray se acerca para darme un poco de apoyo. «Me parece que estamos saltándonos un poco los semáforos, sargento

Robertson.»

«Bien, sargento Lennox, la señora parece algo preocupada por ese pisapapeles y quizá un poco confundida en torno a lo que

realmente ha desaparecido durante el robo.»

«Sí…, quiero decir…», balbucea ella.

«Diríase que piensa que ha desaparecido durante nuestra investigación», digo con expresión ligeramente triste. Ray sigue

haciéndose el inexpresivo.

vieja vacaburra. «Creo que lo mejor sería que nos vaciáramos los

bolsillos, sargento Robertson», dice Ray, riéndose con cierta

impaciencia.

«¡No! No he querido decir que… No pienso que lo hayan cogido

ustedes, ni por un minuto…», gimotea, completamente

avergonzada. Ahí está el error, vieja tonta del culo.

Ray sacude la cabeza de forma estudiada y fatigada. «Lo que me gustaría sugerir…»

ha mosqueado. Quiero diversión. «No creo que haya entendido usted del todo lo que dice la señora, agente Lennox. Sostiene que el pisapapeles ha desaparecido tras la llegada de los agentes encargados de la

investigación», digo señalándome a mí mismo y después a él. «Lo que se infiere de ello es que los agentes encargados de la investigación han expropiado ese bien.»

Maldigo para mis adentros, ha sido un error utilizar el término expropiado. Robado hubiera estado mejor, por motivos obvios.

«No he querido decir que…», se disculpa la muy boba. Se está

doblando, encogiéndose como una bolsa de patatas fritas arrojada a la lumbre de un pub, contrayéndose antes de consumirse. Pronto empezará a ofrecernos

compensaciones pecuniarias por habernos alterado. Sigue reculando, vieja tarada. Estoy disfrutando.

«Si me permite continuar con mi sugerencia», dice Ray en tono

práctico, «creo que deberíamos repasar el inventario de nuevo. Apuntarlo todo y asegurarnos de que

no dejamos nada fuera.»

Suena mi busca. Es control. Que me jodan, Toal quiere hablar

conmigo. «Disculpe», sonrío. Señalo el teléfono. «¿Me permite?» Marco línea directa. Sólo le escucho a medias, estoy medio sintonizado con la actuación de Ray, con la que estoy

Toal se está volviendo intratable. El muy hijo de puta siempre se ha resentido de mi ascendente sobre los muchachos; de mi estatus como representante de la Federación, pero también del hecho de que desempeño un papel más importante en la

hermandad de lo que él hará nunca. Eso es lo que convence a los

muchachos de la cantina, no tu puto nombre, rango y número de serie. La cuestión fundamental es que a mí nadie me dice lo que tengo que hacer. Estoy escuchando a Toal soltando el rollo sobre el negro que se han cargado y pienso: ¡Cojonudo! Otro que muerde el polvo y después pienso en mi próxima semana de vacaciones en Amsterdam y mis hoors d'oeuvres1 favoritas y pienso

1. Juego de palabras entre el francés hors d'oeuvres

(«aperitivos») y el Scots hoors («putas»). (N. del T.)

en dos vibradores, uno metido en el culo y otro metido en el coño. La tecnología del amor, desplegada a una escala masiva. Voy medio empalmao: ¡voy medio empalmao y estoy hablando

con Toal! «Lo último que necesitamos ahora es un fiambre», lloriquea Toal.

«¿Ya se han enterado los del Evening Newsh›

Por todo el puto culo. «De momento no.»

«¿Entonces por qué tanto follón? Sólo es un negra-ta. No es que

escaseen precisamente, ¿verdad?», bromeo.

«Escucha, no quiero vaciles de cantina con este caso. Quiero que Lennox te informe perfectamente», salta. Sabido es que Toal carece totalmente de sentido del humor. Está yendo demasiado lejos con la mierda esta de la igualdad de oportunidades.

«¿Y qué tal si se encarga Lennox?», cuchicheo. «Fue el primero en llegar al lugar del crimen.»

«Comprendo lo terrible que resulta esto, Mrs. Doman. Sobre todo tratándose de algo de tanto valor sentimental para usted.»

«Sin embargo, estaba segura de que estaba ahí. ¡Lo ha-bríajurado!»

«Eso es lo que me encuentro siempre, Mrs. Doman. A veces, cuando la cosa que más deseas ya no está, uno no puede creerlo, así que realmente lo llegamos a

visualizar en la imaginación. Una reacción traumática clásica. El robo con allanamiento puede

buena idea llamar a su médico de cabecera. ¿Quiere que lo haga ahora mismo?»

«Uy, no, lo siento, estoy armando tanto alboroto…»

«Haga el inventario, Mrs. Doman. Creo que ésa sería la,

«No puedo sacar a Ray de «Sí…, eso haré…, no sabe la Brigada Antidroga. Está cuánto lo siento, agente…, a punto de empapelar a eh…» unos suministradores de la Sunrise Community. Además, no tiene la experiencia en homicidios que tienes tú.»

Al otro lado de la línea se produce un breve silencio. El

corazón me da un vuelco. Me siento como si escuchara por vez primera.

«Todos los permisos del personal de Delitos Graves están suspendidos, hoy saldrá la circular», dice Toal.

Todos los permisos están suspendidos.

No consigo pensar con claridad. ¿Qué es lo que ha dicho?

«Mira, Robbo», prosigue Toal, ahora soy «Robbo», «aún no hemos identificado definitivamente a la

víctima, pero parece que estaba bien relacionada. El Jefe Superior me tiene cogido por los huevos. Estamos a la máxima capacidad y el

presupuesto está casi agotado.

Hemos reducido las horas extra todo lo que hemos podido. Tú eres el primero en quejarte cuando hay limitación de las horas extra…»

Guardo silencio.

«… esta estúpida reorganización del departamento…, de todas formas, los de Personal van a distribuir una circular. Aquí estamos, en una situación difícil y va y tiene lugar

este asesinato…, es mal momento para todo el mundo, Robbo. Todos tenemos que hacer sacrificios y desplegar todos nuestros recursos.»

«Tengo permiso dentro de nueve días, hermano Toal», le digo.

«Mira, Bruce», ah, conque ahora soy Bruce, ¿no?, «… no seas tozudo, joder… Niddrie lleva mis pelotas en bandolera» y su voz pasa a ser un chirrido pedante como para subrayar lo que dice. «¡Dame un respiro!»

«Mi permiso ya está anotado, hermano Toal», reitero, colgando el auricular.

Ray ha puesto a la vacaburra bobalicona a hacer un inventario. Acaricio el pisapapeles que llevo en el bolsillo. El señala la puerta con la cabeza y nos dirigimos hacia ella.

Mientras salimos, la vieja bota chilla lastimeramente. «No es que el pisapapeles fuera valioso. Parece caro pero el oro es de muy pocos quilates. Es el valor sentimental. Jim me lo trajo de Italia después de la guerra. Entonces éramos pobres como las ratas.»

¡Vieja y asquerosa puta

nada!

«Haremos todo lo que podamos por recuperar los bienes, Mrs. Doman», dice Ray sacudiendo sinceramente la cabeza mientras yo doy la espalda al viejo saco de basura fétida en descomposición para que no me pille bufando de exasperación. Puta vieja tarada.

Besa mi culo de poli con sabor a beicon, hija de puta.

A ésta lo que le pasa es que lleva demasiado tiempo sin que le metan una buena polla, joder. Eso siempre le distorsiona la perspectiva a una

mujer. Los servicios sociales deberían pagar una asignación a algunos de esos jóvenes sementales en paro que tanto se aburren para que fueran por ahí dándoles a estas viejas cabronas unas buenas atenciones, joder. Así no malgastarían tantos recursos con sus achaques de pega. Cada vez que voy a ver a mi médico por lo del sarpullido y los ataques de ansiedad, siempre hay mogollón de viejas capullas haciéndome esperar con sus estúpidas dolencias.

Una vez en el coche saco el

una baratija total.»

«Vieja roñosa», se burla despectivamente Ray, cogiendo el volante, y gritándole a continuación a un tío que sale delante de nosotros: «¡Puto tarado!»

«Ahora hay cada capullo por la carretera…», reflexiono sin dejar de mirar el inútil pisapapeles de esa chiflada carabota.

«Debería seguir a ese cabrón…, anotar su puto número, y hacer que lo miren de arriba abajo…», escupe Ray, y de pronto se ríe y dice: «Que le den por culo. ¿Estás preparado

para la Dam?1 Dijiste que habías hecho reservas.»

«Ya lo creo que sí. Yo y mi colega Bladesey. ¿Conoces a Bladesey? Un tipo pequeño de la hermandad. Funcionario. La Oficina del Registro General para Escocia. Me apiadé del pobre cabrito porque no tiene colegas.»

«Creo que sí. ¿Un elementillo con gafas? ¿Con unos cristales supergordos?»

«Ese es.»

«Una vez estuve un buen rato bromeando con ese tipo. No era mal

tío… para ser inglés.»

«Sí, tenemos hechas las reservas: y ahora Toalie se pone a jugar a sacomierda. Está cagado con el negro ese al que se han follado. Intentando suspender todos los permisos. Los de Personal van a repartir una circular hoy.»

«Putos tarados.»

«¿Quedarme yo sin vacaciones por un negrata tieso? Sí, ya. En eso estaba yo pensando. Como si me importara una mierda. Todo dios sabe que paso tres semanas de verano en Thailandia y una de

invierno en la Dam. Tradición. Costumbre y puta práctica. Ningún cabrón chupatintas va a impedirlo. No, señor, cuando llegue el día diez de este mes estaré follando por Escocia que te cagas.»

Voy a poner una cinta de Deep Purple in Rock en el cásete, pero decido no hacerlo porque eso precipitaría una discusión con Lennox sobre si Coverdale es mejor vocalista que Gillan, cuando, como cualquier tarado sabe, no hay

discusión posible. Quiero decir, ¿quién podría comparar la

producción del Coverdale de Purple o Whitesnake con la formación original de Deep Purple que Gillan honró con su presencia junto a Black

1. Apodo formado por la contracción de Amsterdam, que significa también presa. (N. del T.)

more, Lord, Glover y Paice? Sólo un idiota lo intentaría. Por añadidura, Gillan, con Glory Roady Future Shock, produjo dos clásicos y exitosos elepés en solitario. ¿Qué hizo jamás Coverda-le como artista en solitario? Pero no voy a entrar en esto con Lennox, así que pongo el

Ultímate Sin de Ozzy Osborne. Lennox asiente meditabundo mientras Oz muestra lo que vale. «Te diré una cosa, Robbo, tienes una mujer muy comprensiva. Si Mhari hubiera descubierto que me iba a Amster-dam con un colega…»

La periquita de Ray. De todas formas, le dejó plantado.

Probablemente no le daba lo

suficiente. Claro está que Ray jamás podría darle lo suficiente a ninguna. En el gran almacén que constituye Ray Lennox, la planta de pico y la planta de paquetería están totalmente

desincronizadas, y no es broma. «Es cuestión de valores, Ray. Toma y daca. Mantiene el picante dentro de una relación», le cuento.

Ray levanta las cejas. «De todos modos, yo que tú tendría cuidado con Toal, Robbo. Ve poco a poco y te

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