• No se han encontrado resultados

“…Perón está curando viejas y dolorosas heridas del pueblo” (Eva Perón en La Razón de mi Vida, 1951)

22 La relación entre lo denominado “capital militante” y la asistencia en organizaciones sociales resulta un tópico de

183 El Movimiento como otras organizaciones identificadas con el gobierno en el período indicado, desplegó una política en varios frentes (sindical, territorial, etc.), tal como se describió anteriormente. En dicha política se visualiza una lógica que se va a conceptualizar como de “reparación”, tomando palabras de los entrevistados:

“…venimos a acompañar la reparación de los daños que se le hicieron durante años al pueblo”, (referente barrial, 31 años) “Lo que hacemos es solo reparar algo del sufrimiento”

(militante territorial, 28 años)

“El movimiento solo acompaña la reparación que el Estado tiene que hacer con el pueblo” (referente local, 40 años)

Se visualiza en forma recurrente la idea de la necesidad de una “reparación”, de

asumir la “…deuda que el Estado tiene con los pobres”. Tal concepción que rememora o resignifica algunos de los postulados de Evita, siendo paradigmática en este sentido la consigna del Movimiento “somos lo que falta”, también da cuenta de la idea de que “al

pueblo todavía le faltan cosas que le corresponden, que se le han negado”. Se puede

pensar una suerte de reparación que actuaría como “reivindicación” o “restitución” por parte del Estado con los sectores más “desprotegidos” que son aquellos que el Movimiento se plantea representar.

Al respecto, autores como Schuttenberg (2014), entienden que el pueblo en tanto

“sujeto fragmentado por la dinámica neoliberal”, logra restituirse y expresar en

diciembre de 2001 su necesidad de cambio. Es decir, el Movimiento entiende que desde el gobierno se absorbieron demandas circulantes en el entramado social, y que esta circunstancia se relaciona con los niveles altos de “consenso alcanzado” por el kirchnerismo. Para Muñoz y Retamozo (2008) esta cuestión concierne a varios procesos entre los que mencionan una dinámica económica positiva, medidas que respondían a demandas fundamentales y una retórica ligada a la recuperación de signos nacionales y populares relacionados con lo que denominan la “constelación discursiva del

184

dañado” y la idea de que el Estado “repararía” el perjuicio mediante políticas de

inclusión social.

A su vez, otros autores como Novaro (2011) ponen el énfasis en lo que

denominan la “invención de un relato” no en tanto discurso, sino en el sentido de una utilización instrumental de las históricas banderas del peronismo como partido “del pueblo”. Sin embargo, el aspecto que no puede soslayarse, lo constituye la idea de que el discurso del gobierno kirchnerista generó la renovación del debate acerca del pueblo, lo popular y del populismo como concepto explicativo de estas identidades políticas.

En esta “re-significación” de los postulados de Eva Perón resulta también

interesante pensar en una suerte de reivindicación del “hacer política con y para el

pueblo” que sostiene el Movimiento, alejándose de las críticas que relacionan estas

acciones con el “clientelismo”, lo “populista”, etc. En palabras de un entrevistado:

“…estamos junto al pueblo y con el pueblo, en los barrios todos los días intentando acercar las políticas que cumplen derechos….si eso es populismo o no , no lo sé … lo único que sé, es que la gente está un poco mejor ”

En este punto se considera de interés específicamente retomar la cuestión del

populismo trabajada en el Capítulo I, como lógica de constitución de las identidades políticas (y no para retomar la discusión histórica que se ha generado sobre su irrupción a lo largo del siglo XX). Esta vertiente de análisis, como se ha planteado con anterioridad, se nutre de los trabajos de Laclau - especialmente de su obra La razón populista23-. En

el mencionado capítulo de este trabajo, se ha señalado que resulta recurrente encontrar en el debate académico, pero también en el debate político, social y en los medios masivos de comunicación, el término “populismo” asociado a un tipo de Estado. Es decir, un Estado caracterizado para autores como Mackinnon y Petrone como, “…interventor y

asistencialista que controla los servicios públicos, es dueño de las empresas, alienta el

23 El mismo ha recibido críticas y aportes de importancia como por ejemplo los trabajos de Ipola y Portantiero (1994)

185

proceso de industrialización a través de regulaciones, subsidios y protección aduanera, y usa el gasto público con fines políticos”. (Mackinnon y Petrone; 1999:12).

En definitiva, se relaciona el concepto de populismo con la negación de los valores esenciales de la democracia representativa al enfatizar la cuestiones tales como el liderazgo demagógico, la manipulación del pueblo o el clientelismo político.

En conclusión, la cuestión ineludible en todos estos temas remite a la participación política de las clases populares. Para Vilas (2011), esa “participación” puede ser como

“actor protagónico o como masa de maniobra”, puede expresarse como cuerpo electoral

o como clientela de programas de contención social. Pero no puede ser ignorada, y las modalidades que en definitiva ella asume, sus alcances y contenidos, gravitan en el diseño institucional del Estado, en la configuración de los escenarios políticos y en los modos de desenvolvimiento de las relaciones de poder.

Las cuestiones sobre quiénes son los sujetos de la gramática, o sobre qué contenido real adquieren en su especificación histórica concreta los trabajadores, los pobres y el pueblo, resultan de interesante abordaje para la disciplina del Trabajo Social, ya que interpelan un núcleo central de la práctica profesional -la concepción de aquel/los sujeto/s con los cuales la disciplina construye su intervención-. En este camino se puede reflexionar acerca de la siguiente cuestión: si el peronismo articuló una gramática de integración alrededor de la figura del trabajador, ¿qué sucedió durante el kirchnerismo?. Este interrogante intentaremos abordarlo en el siguiente apartado.