Anomalías en las secciones 23-
CAPÍTULO 4. EL ESPACIO ANÓMALO
4.5 Los espacios marginales
Son espacios de confín ligados a los límites y márgenes, que quedan deshabitados debido a la cercanía de dos naturalezas distintas que, por diversos factores, no se pueden encontrar.
Generalmente una de estas naturalezas tiene una fuerza tal que produce una discontinuidad en el medio que atraviesa, generando los espacios marginales como zonas intermedias de adaptación al medio.
Es fácil de ilustrar a través de las líneas de ferrocarril o las autopistas, donde los arcenes o las franjas de retranqueo necesarias marcan toda una línea de confín, un área de transición entre la
infraestructura en sí y su entorno. Pero, ¿se pueden considerar como parte del entorno estas áreas? El tren, los coches a gran velocidad, imponen una separación necesaria para la seguridad; un vacío fácilmente identificable y pocas veces considerado. Frente a los altos requerimientos de diseño que necesitan las grandes infraestructuras, los estudios de su impacto parecen ignorar aquellas áreas más cercanas a las mismas, dejándolas como áreas de desecho que no pertenecen ni a una naturaleza, la de la infraestructura, ni a la otra, la de su entorno.
En la infraestructura del muro de Berlín, los espacios marginales corren paralelos a los muros. En el lado Este, toda una franja vacía y perfectamente señalizada, impedía a los ciudadanos acercarse al muro Hinterland. Estos espacios pertenecían a las instalaciones fronterizas pero quedan señaladas siempre como elementos externos al muro, y de hecho quedan físicamente fuera de él. Es un espacio intermedio, un glacis en la muralla. De la parte Oeste sucede algo parecido: el muro externo estaba siempre retranqueado varios metros de la línea fronteriza estricta, lo que permitía la manutención del muro por esta cara. Estos espacios que quedaban fuera de la franja de la muerte, muchas veces sufrían ataques por parte de los habitantes del Oeste y eran estos quienes lo disfrutaban visualmente. Sin embargo, fue probablemente el sector occidental quien plantó las hileras de árboles que en muchas zonas intentaban camuflar el muro, aunque no se ha encontrado literatura a este respecto, parece una posible deducción.
Cuando quedan en el sector occidental son fácilmente reconocibles al quedar limitados por el muro, aunque no queda claro nunca donde queda el límite occidental. El muro fronterizo se retranqueaba siempre varios metros de la frontera estatal, dejando una banda de espacio marginal de terreno oriental en el sector occidental, que servía para la manutención del muro. Así hemos detectado varias situaciones como las anomalías As10 en la sección 14, la As21 en la sección 17 o la As39 en la sección 22. Dos casos más particulares lo conforman la As47 en la sección 24 y la As 51 en la sección 25, donde dichas franjas marginales quedan directamente en el sector oriental entre el muro interior y las edificaciones. En la sección 13 sin embargo, encontramos la Ae1 donde dicha banda marginal queda perfectamente delimitada por las zapatas del muro exterior que en este sector que colocaron anómalamente mirando hacia occidente (las zapatas siempre quedaban dentro del propio sector oriental, pero se supone que debido a las lápidas tuvo que cambiar aquí su posición canónica)
En otros casos estas bandas marginales son perfectamente reconocibles al quedar limitadas por dos estructuras, como en el caso de la As9 en la sección 14, donde el muro interior corre paralelo al cerramiento del cementerio de St. Hedwigs, delimitando claramente este espacio de
aproximadamente 6m de ancho. La As2 en la sección 13, encierra la banda marginal entre el muro interior y las propias medidas auxiliares de defensa (en este caso también determinadas por la presencia de otro cementerio, el de Elisabethfriedhof)
Estas dos franjas amortiguadoras de gran importancia funcional y visual, acompañan al muro y a las infraestructuras en general en su recorrido, adquiriendo identidad propia, siendo los espacios que atraviesan las mismas variaciones del entorno que las propias infraestructuras pero manteniéndose reconocible. Así mismo, son las características de la infraestructura que las ha generado las que las condiciona en su independencia de las mismas, lo que queda patente en las zonas opuestas del muro: mientras que la franja arbolada occidental se podría decir que “pertenece” más a este sector que al propio muro o incluso al propio sector oriental, la franja oriental era tan impermeable, las características de las infraestructuras fronterizas están aquí tan presentes, que parece formar parte de las mismas.
Son espacios que presentan límites anómalos, con un límite neto, conciso contra la infraestructura (el arcén que limita con la carretera, la línea marcada por el muro interno) mientras que el otro límite se difumina contra la naturaleza adyacente, buscando ese cambio de naturaleza que no siempre queda claramente determinado (¿Dónde terminan las barreras auxiliares que señalan la zona infranqueable? ¿Qué sucedía si alguien era sorprendido tras sobrepasar las primeras barreras pero no había llegado todavía al muro interior? ¿Dónde termina exactamente el área de influencia de un tren que circula en un medio agrícola?). Cuando nuestras infraestructuras no van fuertemente delimitadas o canalizadas, se crea un límite poroso con el medio que es difícil de acotar.
Se podría decir entonces, que los espacios marginales presentan una anomalía en sus límites. En la naturaleza encontramos un símil en las playas. Haciendo una reducción para ilustrar el ejemplo, podríamos decir que se componen del agua del mar y de la arena que conforma propiamente la playa. Pero, ¿Qué sucede con ese estado intermedio donde la arena está mojada pero no es
estrictamente la masa de agua? Mientras en español no existe una denominación concreta para esta área indefinible, en italiano encontramos la palabra battigia que denomina el espacio de la playa bañado por las olas y lo extiende a esa área fluctuante de arena mojada. El nombrarlo no hace más fácil su delimitación, pero si ayuda a entender su naturaleza.