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Los estudios sobre el español de Argentina

En nuestro país, en cambio, el carácter de los trabajos dialectales más bien parece estar caracterizado por una superación progresiva de los estudios sucesivos y la continuidad de ciertas ideas, sin que se haya entablado polémica entre los distintos autores.

El español de la Argentina, de la dialectóloga, folklorista, escritora y docente argentina

Berta Vidal de Battini (publicado en 1954; revisado y reeditado en 1964) ha sido la principal obra de referencia para quienes abordan el tema de las regiones lingüísticas en el país. Es conveniente repasar sus aportes, para valorar las adhesiones y rechazos que con posterioridad contó, considerando que la crítica más generalizada se centra en la heterogeneidad del material recogido debida al perfil de los entrevistadores: el hecho

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Americanismo podría ser empleado como equivalente a la voz, aunque la RAE diferencia significados

en esta polisemia: ‘vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico que pertenece a alguna lengua indígena de América o proviene de ella’. También ‘vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico peculiar o procedente del español hablado en algún país de América’. En este trabajo se empleará el término en la primera acepción citada. Las principales lenguas aborígenes que cedieron léxico al español fueron el náhuatl y el taíno en la primera época de la expansión hispana sobre América Central; más tarde lo hizo el quichua y posteriormente el guaraní:

“… sobre la tela de las lenguas vernáculas se dibuja la expansión incásica con preponderancia del quechua y, de manera escasa, el aymara (…) la lengua y la cultura del incario se ha proyectado más allá de los territorios que él mismo dominara, en angarillas del propio español, que se sirvió del quechua como ‘lengua general’ para su relación con las etnias minoritarias, cuyas lenguas finalmente sucumbieron…” (Quiroga Salcedo, 2004).

57 de que las encuestas fueron aplicadas mayoritariamente por docentes condicionaba casi con seguridad la objetividad del trabajo y sus prejuicios pudieron privilegiar ciertos aspectos, olvidando otros que tal vez eran relevantes. Además, y pese a que se aplicó un único cuestionario, las observaciones recogidas resultaron desiguales e incompletas. El gran valor del trabajo de Vidal de Battini, no obstante, radicaba en la magnitud de la empresa acometida que no contaba con precedentes abarcadores en la materia.

La investigación fue el resultado de una intensa tarea de campo que se realizó en todo el país. Si esta era una fortaleza, también aquí se contenía una debilidad, ya que la autora puntana consideró que los informantes que llenaron las fichas entregadas en todas las escuelas primarias no estaban al tanto de los mecanismos de una investigación ni probablemente de sus objetivos: “Como no fue posible instruir previamente a los colectores, el valor de estos cuestionarios es muy desigual” (Vidal, 1954: 7). Se refería al Cuestionario lingüístico hispanoamericano [ver nota 10], formulado por Tomás Navarro Tomás (1943). En su aplicación, se observa el seguimiento de su metodología aunque hay algunas divergencias con lo propuesto por el lingüista. La muestra fue amplia (14.050 cuestionarios fueron remitidos al Ministerio de Educación de la Nación); los informantes no tuvieron entrenamiento en la labor; no se emplearon signos fonéticos sino descripciones de sonidos; se relevaron usos de todos los niveles diastráticos del español en Argentina.

Sin embargo, es posible aceptar que los objetivos fueron otros: no se intentaba recuperar las particularidades de la lengua como pretendía Navarro43 sino que, en pos de objetivos estratégicos, se buscaba borrar las particularidades para “restaurar las formas más castizas y nobles de nuestra lengua y desterrar sus rasgos dialectales” (Vidal, 1954: 4). La autora se explayó en el relato de la acción escolarizadora que, de la mano del maestro “de primeras letras”, “modela” en el alumnado “la lengua nacional”. En esto manifestaba su admiración por la obra de Andrés Bello en Chile quien logró, de la mano de la misma institución, corregir “la mayoría de las impropiedades y defectos” desterrando por ejemplo, el ‘arcaico vos por el tú’”. En este sentido, amplió su idea del valor de la escuela que “ha civilizado” las regiones más inaccesibles, penetrando

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“… cada año que pasa se borra y desaparece alguna porción del importante y poco explorado caudal de las hablas populares […] hay […] personas que dedicarían con gusto buena parte de su tiempo a salvar del olvido los restos que aún pueden recogerse de esta amenazada tradición…” (Florez, 1945: 388).

58 “los núcleos de poblaciones de habla no castellana […] y por ella no tenemos en el país hombres que no hablen nuestra lengua. Más que el libro, el periodismo, el teatro y la radio, la escuela ejerce presión en la lengua del pueblo; la escuela contuvo […] el vulgarismo que se desató en el siglo XIX […] y ha contribuido en buena parte para arrinconar el lunfardo” (Vidal, 1954: 5).

Es evidente que la realidad es muy distinta en el XXI. Pero en esto no estriban los cuestionamientos a los resultados del trabajo: hay descripción fonética sin análisis fonológico y podría agregarse escasez en el análisis morfosintáctico.

Como rasgo destacado, merece señalarse la separación entre regiones físicas y lingüísticas, según la cual San Luis presenta particularidades que no son compartidas por Mendoza ni San Juan, aun cuando las tres integran la zona Cuyo: se observan rasgos, a veces propios, a veces comunes, pero se intenta forzarlas en la inclusión en una misma variedad dialectal.

Los aspectos relevados se organizaron de la siguiente forma: 1) Fonética

1.1. Entonación. La autora aceptaba que

“… el origen de la entonación regional es indígena. Proviene, sin duda, de la entonación con que el hombre de la tierra modulaba su lengua y que dio también a la lengua nueva que le impuso el conquistador -es sabido que el hombre que cambia su lengua, difícilmente cambia de entonación…” (Vidal, 55).

1.2. Acento. Se reconocía como único fenómeno el desplazamiento acentual aunque no se realizara de manera generalizada; para ello citó casos aislados que no son compartidos por todas las regiones.

1.3. Vocales. Se asumía la uniformidad que las lenguas regionales mantienen con el español general. En este aspecto señaló la influencia quechua al cierre de las vocales finales átonas (-e > -i ; -o > -u).

1.4. Diptongos. Se asociaron las particularidades con la lengua rústica reconociendo una tendencia antihiática que produce diptongos al servicio de la economía de la lengua.

1.5. Consonantes a) Fricativas

a.1. Pronunciación de s, c y z. Según Vidal, estos sonidos se realizan de cinco maneras diferentes: s bien mantenida, s aspirada, pérdida de s, s tensa y silbante y ceceo.

59 b) Laterales y vibrantes

b.1. Pronunciación de rr. Observó dos realizaciones “perfectamente diferenciadas por todos”: la rr vibrante, “castiza, de Buenos Aires y su zona de influencia, y la rr asibilada, dialectal, del interior; la rr de los porteños y la rr de los provincianos”.

c) Palatales

c.1. Pronunciación de ll y y con distinción de dos zonas geográficas: una diferenciadora y otra igualadora de sonidos.

2) Morfología y sintaxis

2.1. Voseo. Consideró que “es general en el español de la Argentina”; la reconstrucción de su historia le permitió concluir: “La reacción culta de la Argentina que debe desalojarlo tarda en llegar, a pesar de las violentas protestas como la de Capdevila y la de Américo Castro” (Vidal, 76).

2.2. Uso de no más.

2.3. Uso de recién.