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Parte I. Estructuras socioeconómicas

Mapa 2.2 La parroquia de San Sebastián en

2.4 Los libros de cuentas del Colegio de Santa Isabel

2.4.1 Fuente y método

El análisis de los estándares de vida madrileños que se presenta en esta sección se basa en los libros de cuentas del Colegio de Santa Isabel185. Esta institución caritativa se encontraba situada en la parroquia de San Sebastián y tenía como propósito el proporcionar albergue a niños huérfanos. En un memorial escrito por Cristóbal Pérez de Herrera, Protomédico del Rey, se explica que el colegio fue fundado por Felipe II hacia 1595 y fue inicialmente diseñado como taller con máquinas de tejer (siete en total) cuyos beneficios se destinaban a la manutención de los huérfanos186

Esta documentación constituye sin duda una fuente extraordinaria para explorar la evolución de los costes de vida, tema que require una profunda revisión en la historiografía moderna. Por ‘coste de vida’ se

. El estudio de los libros de cuentas informa además de que, en contra de lo que se suele creer, esta institución también se encargaba de mujeres pobres y enfermos. En los años bajo observación en este capítulo (1597-1630) el número de individuos atendidos varió considerablemente. Hasta aproximadamente 1610 en torno a 100 niños y 50 niñas eran acogidos regularmente en el colegio, mientras que a partir de 1618 no eran más de 5 niños y 100 niñas. Respecto a las mujeres pobres y los enfermos, éstos no solían sobrepasar la docena.

Los libros producidos por los contadores de Santa Isabel a lo largo de más de dos siglos se custodian en el Archivo General de Palacio de Madrid. Cada día se registraban los gastos incurridos en el mantenimiento de la personas acogidas en el colegio, especificando el número total de las mismas, los panes empleados para su sustento y las cantidades y precios de los alimentos servidos (para una ilustración, ver Apéndice C).

185 AGP, Patronatos (Santa Isabel), lib. 1-14.

entiende el coste de mantener un cierto nivel de vida, lo cual incluye una enorme variedad de artículos y servicios, pero que a efectos de investigación se suele reducir a una cesta compuesta por alimentos, ropa, vivienda y combustibe. La pregunta que se pretende contestar cuando se estudian los costes de vida es ‘¿cómo varía el coste de una misma cesta a lo largo del tiempo?’ Con el objeto de hallar una respuesta satisfactoria son necesarios los siguientes datos: 1) los artículos y servicios que han de ser incluidos dentro de la cesta para garantizar un nivel de vida aceptable; 2) las cantidades que una persona media necesita; y 3) el valor de los artículos y servicios. Cada uno de estos datos debe estar disponible para cada uno de los años bajo observación. Además, debe contarse con evidencia empírica acerca de cómo algunos artículos y servicios se sustituyen gradualmente por otros según avanza el tiempo, como resultado de circunstancias cambiantes (por ejemplo, una coyuntura inflacionista) o bien de variaciones en las preferencias del consumidor. Finalmente, para comprender los costes de vida en todas sus dimensiones se requieren datos sobre ingresos. Así, interesa en último término estimar los salarios reales, esto es, el resultado que se obtiene tras dividir salarios nominales por costes de vida (inflación). Los salarios reales son generalmente considerados como la mejor aproximación a los estándares de vida187

No obstante, huelga decir que la definición y técnicas de análisis para el estudio de los costes de vida han de ser adaptados cuando se cultiva nuestra disciplina. Evidencia histórica seriada sobre la composición y valor (cantidad y precio) de los artículos y servicios incluidos en la cesta (alimento, ropa, vivienda y combustible) se encuentra disponible sólo en cierta medida. En realidad, únicamente los precios de la comida suelen encontrarse con suficiente detalle en las fuentes, mientras que se hacen necesarias asunciones para el resto de artículos. Además, no es fácil distinguir en la documentación entre precios al por mayor y al por menor,

.

lo cual constituye un dato crucial para calibrar la representatividad de los resultados188. Adicionalmente, el estimar los cambios en la dieta a lo largo del tiempo supone una tarea para la que la disponibilidad de información es prácticamente nula y, por ende, modelos estáticos, basados en muchas ocasiones sobre información actual, han de ser aplicados. No menos importante es el hecho de que la representatividad de los salarios nominales a nuestra disposición es escasa. En la mayoría de los casos se refieren a grupos concretos, como el de los albañiles, y no pueden ser generalizados con facilidad189

En el caso específico del Colegio de Santa Isabel la documentación conservada cuenta con una serie de limitaciones que han de hacerse aquí explícitas. En primer lugar, la compra de alimentos se realizaba al por mayor, lo cual despierta interrogantes acerca de la representatividad de los precios para el conjunto de la población madrileña. Se puede asumir que el disfrute de ofertas especiales por parte de los administradores de Santa Isabel distorsionó los datos de manera homogénea a lo largo del tiempo y, por tanto, los resultados adquiren mayor sentido en términos relativos (descripción de la evolución temporal) que absolutos (nivel real de los precios). En segundo lugar, contrariamente a lo que pueda parecer a primera vista, los libros de cuentas que se están presentando no pueden ser utilizados para inferir las cantidades de alimentos consumidas por las personas asistidas en el colegio, pues hay indicios de que las sobras de los días previos eran utilizadas en una medida imposible de cuantificar. En tercer lugar, se hace preciso establecer que los precios estaban expresados en moneda de cuenta, es decir, maravedís. De

.

188 R. Allen, ‘The great divergence in European wages from the Middle Ages to the First World War’,

Explorations in Economic History 38 (2001), p. 418. Los datos en que se basa este trabajo se pueden encontrar en http://www.nuff.ox.ac.uk/General/Members/homepage.aspx?nuffid=ALLERC00

189 E. H. Phelps Brown y S. V. Hopkins, ‘Wage-rates and prices: Evidence for population pressure in

the sixteenth century’, Economica (New Series) 24:96 (1957); y J. Boulton, ‘Wage labour in seventeenth-century London’, The Economic History Review (New Series) 49:2 (1996), p. 271. Otra limitación más en este ámbito de investigación está constituida por las diferencias entre moneda de cuenta y moneda real. Ver F. Braudel y F. Spooner, ‘Prices in Europe from 1450 to 1750’, en M. Postan y H. J. Habakkuk, eds., The Cambridge Economic History, vol. IV (Cambridge, 1967).

acuerdo a los historiadores económicos, las devaluaciones de la moneda corriente castellana durante la primera mitad del siglo XVII no repercutieron en el valor del maravedí, esto es, en su equivalencia en gramos de plata. De esto se deduce que los precios en maravedís de Santa Isabel deben ser tomados como fiel reflejo del valor de los productos190

• Si el precio y/o cantidad de dos productos se presenta de manera combinada, por ejemplo, ‘una libra de carnero y una granada, 23 mrs’, los datos no se incluyen en la base.

. Finalmente, aunque la calidad y serialidad de la fuente es extraordinaria, la informatización de los datos requirió el establecimiento de una serie de reglas que garantizaron la homogeneidad de los resultados. Tras testar la entrada de datos con una muestra aleatoria de asientos, se adoptaron las siguientes decisiones:

• En los casos en que dos precios distintos son especificados para un mismo producto en un mismo día, sin clarificar el motivo, la media de los dos precios se incluye en la base.

• En los casos en que dos precios distintos son especificados para un mismo producto en un mismo día, clarificando que el motivo es una diferencia en la calidad, el precio más bajo es incluido en la base. Por ejemplo, se solía comprar huevos frescos para las monjas y enfermos que podían llegar a costar el doble que los huevos normales.

Conviene señalar también que el pan, el pollo, la gallina y los huevos se compraban por unidades, y no al peso. El hecho de que un pan alimentaba siempre a dos niños sugiere que un aumento en el precio no se debía a tamaños mayores, sino a subidas reales de precios. Este no es

190 E. García Guerra, ‘Las decisiones monetarias de la Monarquía castellana del siglo XVII y su

incidencia en el funcionamiento del crédito privado’, en A. M. Bernal, ed., Dinero, moneda y crédito en la Monarquía Hispánica (Madrid, 2000), p. 576. Ver también C. Vera García y M. García Martínez, ‘Las modificaciones del vellón y su influencia en el precio de la plata en Castilla (siglos XVI y XVII)’, en Actas IX Congreso Nacional de Numismática (Elche, 1994), p. 370.

necesariamente el caso en los demás productos, si bien no se ofrece ningún tipo de orientación en los libros acerca de los pesos correspondientes a las unidades. Además, y si bien la evidencia para este comentario es escasa, sospechamos que el personal encargado de comprar los productos estaba limitado por un presupuesto diario. Así, productos básicos como el pan, el aceite, el pescado o la carne parecían comprarse independientemente del precio, sin embargo, la adquisición de otros productos más fáciles de sustituir, como la fruta o los frutos secos, se adaptaba a las circunstancias. Por ejemplo, en la década de 1610 solía comprarse el tipo de fruta que costaba 16 mrs por libra. Todo parece indicar que, si el precio de las manzanas, pongamos por caso, superaba ese límite, entonces se compraba otra fruta, como puedieran ser peras. La consecuencia de este procedimiento es que probablemente la inflación de algunos productos cuya demanda era elástica no aparecerá reflejada de manera fiel en los resultados que se presentan a continuación.

*

La serie de precios producida para esta Tesis Doctoral fue el resultado de dos técnicas de análisis. Para el período de 1596-1630 los datos derivaron directamente de los libros de cuentas191

191 Los libros para 1601, 1602 y 1606 no se conservan.

. Los precios especificados en un día de cada dieciséis (muestra quincenal, por tanto) fueron introducidos en una base de datos, de manera que el día de la semana cambiaba en cada observación, evitándose así que los ciclos de suministros y organización de mercados introdujeran sesgos en la muestra. Como resultado de esta selección, la base de datos recogió los precios pagados en 731 días entre 1596 y 1630, proporcionando de este modo evidencia acerca de 77 productos, si bien la serialidad de la información fue considerada de suficiente calidad sólo en 16 de ellos (ver

Tabla 2.16). La calidad de los datos sobre pan, ternera, carnero y tocino fue excepcionalmente buena192

En mayor detalle, los datos de Hamilton fueron empleados con los ajustes realizados recientemente por R. Allen

.

La inevitable necesidad de acotar el trabajo inherente a una Tesis Doctoral hizo que para la época de 1631-1700 se utilizara una segunda técnica de análisis cuyo objeto fue extrapolar los datos del periodo de 1596-1630. Para ello se procedió a realizar una regresión de estos últimos datos sobre la conocida serie de Hamilton para el mismo período. El resultado de la regresión demostró la existencia de una correlación estadísticamente significativa entre ambas fuentes, lo cual prestó apoyo a la idea de extrapolar los datos de 1596-1630 tomando los de Hamilton como base.

193

192 Se hizo una regresión entre los precios para los 16 artículos y los precios del cordero, el artículo

cuyos datos están mejor representados, y se obtuvo una ecuación con la que se pudieron extrapolar los datos y rellenar los vacíos en la serie.

193 Allen, ‘The Great’

. Los números índice de Hamilton/Allen fueron calculados de nuevo utilizando como referencia la media de los años 1622-1624, los cuales fueron identificados como los más estables en la serie de Santa Isabel. Debido a la falta de continuidad para algunos de los productos en la serie de Hamilton/Allen la regresión sólo tomó como referencia el índice medio de cinco artículos (trigo, centeno, huevos, carnero y aceite de oliva), obteniéndose la siguiente ecuación:

Índice de coste de vida de Santa Isabel = 38,66 + 0,64*índice proporcional de Hamilton/Allen

(0,017) (0,001)

Los valores de las probabilidades estadísticas (en paréntesis en la ecuación) demuestran que ambas series están correlacionadas a un nivel de significación del 5 por ciento. La extrapolación de los precios para el período 1631-1700 se realizó aplicando la ecuación arriba señalada.

2.4.2 Precios absolutos (1596-1630)

Los precios de los productos básicos en la Europa moderna constituyen un tema de estudio que cuenta con una rancia tradición en la historiografía, particularmente en la española. No es este el lugar para entrar en una detallada discusión sobre las diferentes posturas que existen en torno al mismo, mas sí conviene presentar brevemente las principales teorías acerca de la inflación que los precios experimentaron durante la primera parte de la época moderna. Quisiéramos destacar tres de las propuestas que han supuesto una contribución significativa para la comprensión del problema194

La teoría cuantitativa del dinero, en primer lugar, fue promulgada por Martín de Azpilicueta y Jean Bodin y parte de la premisa de que a mayor dinero en circulación, mayores precios

.

195. Basándose en evidencia quantitativa para el caso español, Hamilton prestó apoyo a esta teoría y demostró una correlación entre el volumen de importaciones de metales preciosos y el aumento del precio de los productos básicos196. Sin embargo, los ejemplos de inflación aguda en ausencia de inyecciones de metales preciosos son numerosos197

194 Seguimos aquí principalmente el estado de la cuestión contenido en J. Nadal Oller, ‘La revolución

de los precios españoles en el siglo XVI. Estado actual de la cuestión’, Hispania 19 (1959); D. O. Flynn, ‘A new perspective on the Spanish price revolution: The monetary approach to the balance of payments’, Explorations in Economic History 15 (1978); y P. Martín Aceña, ‘Los precios en Europa durante los siglos XVI y XVII: Estudio comparativo’, Revista de Historia Económica X:3 (1992). Ver también I. Hammarström, ‘The price revolution of the sixteenth century: Some Swedish evidence’, Scandinavian Economic History Review 5 (1957).

195 M. de Azpilicueta Navarro, Comentario resolutorio de usuras (Salamanca, 1556); J. Bodin, La

response de Maistre Jean Bodin... au paradoxe de Monsieur de Malestroit touchant l’encherissement de toutes choses et le moyen d’y remedier (Paris, 1568); y E. J. Hamilton, American treasure and the price revolution in Spain, 1501-1650 (Cambridge, 1934).

196 Hamilton, American, p. 341.

197 Flynn, ‘A new perspective’, p. 390. Para una discusión sobre la producción minera europea, ver H.

A. Miskimin, The economy of the later Reinassance Europe, 1460-1600 (Cambridge, 1977). Ver también P. Vilar, Oro y moneda en la historia, 1450-1920 (Barcelona, 1974), p. 103.

. Críticas de corte keynesiano matizan que la clave para entender la inflación realmente reside en el ritmo con que se pone el dinero en circulación. Si este rimo es más rápido que el de la disponibilidad de bienes y servicios en el mercado, entonces los precios

tienden a subir198. Por tanto, la correlación directa entre moneda en circulación e inflación ha sido puesta en entredicho con frecuencia, pero lo cierto es que estudios recientes han renovado su valía aportando nueva evidencia empírica199

En segundo lugar, la tesis de la población mantiene que el incremento demográfico experimentado en el siglo XVI excedió las posibilidades de una economía, como la de la época, que se basaba en el sector agrícola, cuya productividad era limitada y, por tanto, generaba una oferta inelástica que terminó traduciéndose en un incremento de los precios

.

200. En contraposición, se ha argumentado que el crecimiento de la población en un contexto de grandes volúmenes de moneda en circulación tiende, en realidad, a dar como resultado una bajada de los precios201

Por último, la teoría de la balanza de pagos se centra en el estudio de la demanda tanto como de la oferta de moneda. Desde este punto de vista, el factor clave es el volumen de dinero acumulado, más que la nueva inyección de metales preciosos. Además, esta perspectiva sostiene que la inflación venía determinada por los circuitos internacionales, de modo que la influencia de las cecas nacionales era limitada. Éstas influían más en la composición del dinero en circulación que en el volumen real del dinero acumulado. Así, se ha propuesto la hipótesis de que el desequilibrio de pagos entre Europa occidental y las regiones del Báltico y Extremo Oriente, que recibían la mayor parte del oro acumulado, se encontraba detrás de la inflación experimentada en la Europa moderna

.

202

198 Nadal Oller, ‘La revolución’, pp. 516-517; y P. Lindert, ‘English population, wages and prices,

1541-1913’, Journal of Interdisciplinary History 4 (1985).

199 D. O. Fisher, ‘The price revolution: A monetary interpretation’, The Journal of Economic History

49:4 (1989).

200 Hammarström, ‘The price’; J. D. Gould, ‘The price revolution reconsidered’, Economic History

Review 17 (1964); y P. Ramsey, The price revolution in sixteenth-century England (Londres, 1971). Ver también Phelps Brown y Hopkins, ‘Wage-rates’, p. 296.

201 D. N. McCloskey, ‘Review of The price revolution in sixteenth-century England’, Journal of Political

Economy 80 (1972). Más detalles sobre las dinámicas de la población y su impacto en la economía y las políticas intervencionistas de los estados modernos pueden hallarse en T. R. Malthus, An essay on the principle of population (Londres, 1970); y E. Boserup, The conditions of agricultural growth: the economics of agrarian change under population pressure (New Brunswick, 2005).

202 Martín Aceña, ‘Los precios’, p. 372. Ver también Fisher, ‘The price’, pp. 888-889.

Como es bien conocido, en el caso español la evidencia empírica de la que disponemos para verificar estas y otras hipótesis referidas a las dinámicas de los precios modernos proviene fundamentalmente del trabajo llevado a cabo por Hamilton hace ya más de sesenta años. También al estudiar la economía madrileña, en concreto, se emplea esta fuente, pues hasta el momento no existe otra alternativa, si bien sus limitaciones son notables. Entre otros motivos, los datos no fueron combinados dentro de una cesta de la compra con distintos pesos y la documentación empleada se refería al conjunto de Castilla, incluyendo zonas rurales, más que específicamente a Madrid203. Revisiones recientes, sin embargo, han revitalizado el valor de las estimaciones de Hamilton para Castilla y, así, todo parece indicar que, tal y como él señaló, los años 20, finales de los 30 y tempranos 40, y finales de los 40 y tempranos 50 del siglo XVII registraron en Castilla un crecimiento notable de los precios, mientras que a principios de los 80 se produjo un relativo estancamiento204

El producto al que suele recurrirse en primer lugar para evaluar los costes de vida en cualquier sociedad moderna es el pan. Los libros de cuentas de Santa Isabel, en el período entre 1596 y 1630, revelan un modelo cíclico para el precio del pan en el que se presencian episodios inflacionistas en 1598-1599, 1605-1606, 1614-1615 y a finales de 1620 (Figura 2.3). Como es sabido, los ciclos Juglar se suceden con una periodicidad de 9-11 años, mas en el caso madrileño los precios del pan

. Corresponde ahora saber si este modelo general es realmente aplicable al caso madrileño, a juzgar por los libros de cuentas del Colegio de Santa Isabel.

*

203 Hamilton, American treasure, p. 217; y ― War and prices in Spain 1651-1800 (New York, 1947),

pp. 121-136. Para Valladolid, ver A. Gutiérrez Alonso, Estudio sobre la decadencia de Castilla. La ciudad de Valladolid en el siglo XVII (Valladolid, 1989), pp. 165-191. Para Cataluña, ver G. Feliú, Precios y salarios en la Cataluña moderna (Madrid, 1991).

204 D. S. Reher y E. Ballesteros, ‘Precios y salarios en Castilla la Nueva: La construcción de un índice

parecen ajustarse más bien a una periodicidad de 7 años205

El análisis de los precios del pan y del carnero en términos logarítmicos confirma los resultados anteriores. Desde esta perspectiva, la . Los precios de la vaca, el carnero y el tocino se comportaron de una manera menos regular. Sin obviar los cambios mensuales, la tendencia de estos tres productos fue predominantemente plana 1622-1623, cuando comenzaron a crecer de manera gradual (Figura 2.4, Figura 2.5 y Figura 2.6).

Figura 2.7 y la Figura 2.8 nos informan de la diferencia entre los precios

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