V. LA INTERACCIÓN CON LAS DIVINIDADES
5.1 Sobre las Entidades Sagradas
5.1.7 Los Muertos
En algunas comunidades, los Muertos son considerados como “entidades sagradas”, puesto que tienen una activa participación dentro del ciclo agrícola, cumpliendo funciones específicas primordiales, tales como mandar la lluvia. Así pues, en este apartado, señalaremos únicamente la relación que tienen los Muertos con la función de los tiemperos, y el mundo meteorológico que éstos manipulan, aclarando que el campo de acción de estas entidades, no sólo es dentro de la agricultura sino también en otros ámbitos de la vida cotidiana.
Catharine Good (2004) señala que en comunidades del Alto Balsas, Guerrero, los muertos siguen estando presentes en los aspectos habituales y domésticos de la vida de los pobladores. Se denominan “almita”, y ante tal percepción, se conciben como “ligeras y veloces”, lo cual las hace movibles y que se encuentran en todas partes.
También se utiliza la palabra “tococolhuan” para llamarlos, que significa “nuestros abuelos y abuelitas”. Éstos “trabajan igual que las personas vivas, sólo que ellos ‘trabajan’ en dos lugares: aquí entre los vivos y también en el lugar ‘donde andan’” (Good, 2004: 156).
Ellos no “trabajan” solos, colaboran con otras entidades dentro del mundo de la naturaleza, tales como el viento, los manantiales, las nubes, los cerros, la tierra y la semilla. Asimismo se coordinan con los santos, influyendo en éstos para que otorguen el agua necesaria y para que las plantas crezcan, de tal forma que también desempeñan un papel de intermediarios. Como propiciadores, los Muertos traen directamente el viento y las nubes cargadas de agua (cfr. Good, 2004: 156-157).
“La comunidad acude a los muertos con ofrendas cuando escasea la lluvia y las milpas están en una etapa de crecimiento crítico para la cosecha. En Ameyaltepec
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El trabajo de Yleana Acevedo (2007), se aboca a la interpretación de algunos sueños de tiemperos ubicados en las faldas del Popocatépetl del lado de Morelos, sin embargo su investigación parte de la teoría de C. Jung, lo cual resulta delicado, por el tipo de propuesta teórica que se maneja, desligada de los procesos sociales y la historia, lineamientos que no ayudan a comprender las particularidades de la tradición cultural mesoamericana.
es el siguiente. Los cantores o rezanderos se reúnen cuando perciben que las milpas están en peligro y deciden entre ellos que es necesario pedir la ayuda de las almas, avisan a las autoridades del pueblo, la hermandad y los oficiales de la iglesia y sugieren qué comidas deberán preparase. (…) Las almas que recibieron ofrendas de su gente hablarán a las otras almas para reunirlas a todas y escuchar las peticiones de sus propios familiares y los cantores del pueblo. En las oraciones los vivos explican que no ha llovido y que sus milpas están sufriendo por falta de agua…” (Good, 2004: 160).
Sin embargo, como se trata de un trabajo colectivo, Good nos señala que los muertos dependen de los vivos, ya que “como carecen de cuerpos y no pueden cultivar ni preparar sus propios alimentos, para comer dependen de su ‘gente’” (Good, 2004: 159). Los Muertos reciben estos alimentos en las ofrendas, los cuales varían según la fecha, pero tienen la característica de que se trata, en su mayoría, de alimentos de la milpa: por ejemplo, las ofrendas dedicadas para pedir la lluvia (generalmente en mayo) llevan izquitl, se trata de un atole de maíz tostado en comal y molido en seco con piloncillo y canela. El día de San Miguel (29 de septiembre) las ofrendas consisten en los productos de la milpa: elotes, calabaza, chile, sandía, melón y cempasúchil. El 31 de octubre ó el 1 y 2 de noviembre, el alimento principal nuevamente es el izquitl, además de las gallinas preparadas en mole (cfr. Good, 2004a; 2004b). De todos los alimentos ofrendados, los Muertos se nutren de los olores y sabores de las comidas, sin embargo en las ofrendas llaman la atención las ollas y chiquihuites para que los muertos depositen ahí su comida y “se la puedan llevar” (Good, 2004b: 313).
Acertadamente, Catharine Good se hace el cuestionamiento del por qué los muertos tienen una relación tan estrecha con los humanos, la tierra y la agricultura. Sus testimonios apuntan a un pensamiento nahua de origen mesoamericano, sustentado en la idea de que “nosotros comemos la tierra y la tierra nos come a nosotros” aludiendo a la deuda que se tiene que pagar para con la tierra (Good, 2004: 166, cfr. 168-169). En el mismo tenor, Good documentó en la región, la importancia de los huesos viejos de los muertos, los cuales “tienen poder después de que la tierra consumió la carne del difunto. Estos huesos representan la permanencia de la persona ya ‘limpia’”, saldando el compromiso con la tierra.
Por su parte, Daniele Dehouve, nos explica que los muertos en la región tlapaneca de Guerrero, forman parte de las “Potencias”. Son denominados también “almas” ó
“animas”, y están presentes en todas partes, desde la iglesia hasta las cumbres de los cerros: “se considera que los muertos se desplazan erráticamente de un lugar a otro con el riesgo de provocar ventarrones, por tanto, es necesario apaciguarlos con ofrendas” (Dehouve, 2007: 49).
En el trabajo de David Lorente, la mayoría de los Ahuaques, están compuestos por seres muertos, de hecho “los ahuaques se concebían en primer lugar, como el conjunto de espíritus o espíritu de individuos muertos” (Lorente, 2006: 89). Entre la clasificación de los muertos se encuentran: 1) Los niños recién nacidos,137 sin bautizar, en donde su espíritu reside en los manantiales; 2) Personas que morían por una descarga, a los cuales era retirado el espíritu y eran trasladados al manantial; 3) Los que habían sido graniceros en vida y han muerto, ahora serán trabajadores desde “arriba” (Ídem). Todos ellos se encargarán de proveer el agua y el sustento alimenticio para las comunidades.
En este sentido, Pedro Carrasco nos señala acertadamente que los muertos son los servidores de los dioses, se trata de las almas de los hombres que mueren de una manera particular y esto los señala como trabajadores de la divinidad en cuestión. En las sociedad mexica, los muertos que fallecían ahogados, matados por un rayo, o por enfermedades de lepra, o la hidropesía, se creía que eran circunstancias ocasionadas por los dioses del agua y de la lluvia (1976: 239, 249).
Los Muertos, de acuerdo con el pensamiento religioso, con base a una concepción nahua mesoamericana, tienen una función específica dentro de la actividad agraria. Es por eso que la palabra “muertos” para designarlos, se trata de una concepción compleja, en donde “se vive” y “se trabaja” desde otra dimensión, vistos así como “entidades sagradas” en activa relación con los humanos, producto de una visión ancestral de origen mesoamericano, que se ha reelaborado con el paso del tiempo en las comunidades tradicionales.
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Los niños muertos que traen la lluvia, conforman un amplio tema dentro de las “entidades sagradas”, de tal forma que se considera necesario abordar en otro apartado (5.1.8) sus características especificas según las variantes locales y regionales.