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Capítulo 2 Definición física del ambiente

3.2 Los sentidos humanos

Los receptores humanos son los sentidos, que tienen las siguientes características funcionales: a) Especificidad: Cada receptor es estimulable por una energía especifica. Sólo en casos

excepcionales, un receptor puede ser estimulado por un estímulo inadecuado (ver las estrellas por un golpe en el ojo), pero siempre con un consumo de energía muy superior que en el caso del estímulo adecuado, en el cual el consumo siempre es mínimo.

b) Limitación: Todos los receptores trabajan dentro de unos límites, fuera de los cuales un

estímulo, aunque sea el adecuado, no resulta suficiente.

c) Adaptación: Si un estímulo se repite, el receptor puede perder sensibilidad a este estímulo.

d) Excitabilidad: Los receptores distinguen estímulos ligeramente distintos en cantidad de

energía, pero las fibras transmisoras de los impulsos no lo hacen, por ello existen cambios mínimos necesarios para que la sensación se note distinta.

Los receptores o sentidos humanos se pueden clasificar en:

Endoperceptivos, que perciben el mundo interno, y pueden ser:

Cenestésicos. Informan del estado visceral y tienen influencia indirecta sobre la percepción. Cinestésicos. Informan de la posición de nuestro cuerpo e influyen en la estabilidad del

movimiento (sentido del equilibrio).

Extraperceptivos, que perciben el mundo exterior, y son:

Vista. El más abstracto y cerebral de los receptores, con capacidad para percibir el detalle y

con un campo de percepción muy direccional.

Oído. Sentido más instantáneo y pluridireccional.

Olfato y gusto. Sentidos muy interrelacionados, con un campo de percepción genérico pero

poco controlado, el primero, y sin extensión espacial, el segundo.

Tacto. Es el menos abstracto de los sentidos, con un campo limitado a donde llega el cuerpo

humano y que da el máximo de seguridad en el dominio del entorno.

Sentido álgico. El que produce sensación de dolor y protege de la agresividad del entorno. Su campo es similar al del tacto, con sensibilidad variable según el lugar en el cuerpo.

Sentido criostésico. Sentido térmico que ayuda a regular la temperatura del cuerpo, y tiene el alcance teórico del tacto. Puede apreciar algunas características del espacio arquitectónico por los efectos de la radiación y de los movimientos del aire.

Fig. 3.2 Funcionamiento biológico de los sentidos

Funcionamiento biológico de los principales sentidos

Desde el punto de vista del ambiente arquitectónico, podemos considerar que unos sentidos son más críticos que otros, tanto en la percepción del espacio como desde el punto de vista del confort. Por ello es interesante conocer, con una cierta aproximación, el funcionamiento biológico de los principales sentidos, para entender mejor las respuestas humanas a los cambios ambientales.

La vista tiene la pupila, que regula la cantidad de luz que penetra mediante su abertura (variable de 1 a 16 veces en superficie); teniendo en cuenta que se obtiene más profundidad de campo cuando más cerrada está. El cristalino es una lente que regula el enfoque con su deformación. La retina es una película que reviste el fondo del ojo, sensible a la cantidad de luz por medio de unas células llamadas "bastoncillos", y sensible a la cantidad de luz y al color por medio de otras células llamadas "conos". El sistema visual tiene capacidad, tanto para detectar la cantidad de energía que incide, como para reconocer el espectro de estas ondas a las que es sensible. Por otra parte también tiene capacidad para regular diversos efectos, como es la cantidad de luz o el enfoque de las imágenes.

El oído tiene el tímpano, que es una membrana que recibe la presión sonora, entra en vibración y la transmite a la cadena de huesecillos del oído interno. Esta vibración se prolonga en el caracol, donde existen unos órganos sensibles, con células especializadas a la frecuencia. Desde aquí el sonido, convertido en impulsos nerviosos, se transmite hacia el cerebro por el nervio auditivo.

Con este sistema se capta la cantidad de energía según la amplitud de la señal que reciben los sensores y también su frecuencia, según la localización de las presiones en el caracol.

El olfato funciona mediante una cavidad olfativa que está situada en derivación de la corriente respiratoria, de tal manera que entre un 2-4% del total del aire que circula puede llegar por la nariz (olor ambiente) o por la faringe (olor alimentos). Esta cavidad está tapizada con una mucosa que selecciona las moléculas y unos filamentos con tres o cuatro pestañas vibrátiles, compuestas por células sensibles químicamente a determinadas moléculas del aire.

El sistema tiene capacidad para detectar cantidades muy pequeñas de determinadas sustancias, según la afinidad química particular de los puntos receptores de la superficie de estas pestañas.

El sentido criostésico detecta la entrada o salida de calor en cada área de la piel, mediante dos tipos de sistemas sensibles repartidos irregularmente por toda la superficie del cuerpo. Los corpúsculos de

Krauss, con una densidad media de 15 por cm² de piel, a una profundidad aproximada de 0,17 mm,

detectan el frío (salida de calor). Los corpúsculos de Ruffini,con una densidad media de uno por cm² de piel y una profundidad mayor (0,3 mm); detectan la entrada de calor.

En realidad, las sensaciones locales de temperatura, que no debemos confundir con las de sensación de frío y calor del conjunto del organismo (que dependen de otros parámetros), se producen por la combinación de las señales que los dos tipos de corpúsculos transmiten al cerebro.