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LOS TIEMPOS

In document El olvido esta lleno de memoria (página 31-34)

Los encontré al azar, rebuscando entre montañas de cosas. Estaban en el closet del cuarto de mi abue- lo, en una pequeña bolsa. Apenas los saqué y ví de que se trataban, fue inevitable la conexión que sentí. Al ponerlos contra la luz identiicaba solo fantasmas, rostros difusos. Poco a poco fui descu- briendo un archivo grandísimo de sujetos y lugares desconocidos para mí. Sentí el deseo de darle vida a esas personas ahí retratadas, quería saber cómo eran esos fantasmas en positivo(ya que en negativo la realidad de las cosas cambia), en qué lugares se encontraban en el momento de esa fotografía?, quié- nes eran?. Las imágenes no estaban muy deinidas; El polvo, la humedad y la mala condición en la que es- taban no ayudaban mucho. No sabía quieres eran, no lograba identiicar rostros concretos ni los lugares llegaban a serme familiares, algo muy adentro de mí quería recuperar la memoria de estos fantasmas y de alguna manera reconstruir su historia desde mi ex- periencia.

Acaso es importante que en esas imágenes estuviesen mis abuelos? Con amigos que ya ni a lo mejor recono- cen? Habrá un vecino del que no me acuerdo? Podrían ser personajes olvidados en el tiempo y encontrados por mí para así escribir una nueva historia en lu- gares inventados por mí?

“Cada uno de nosotros era varios, en total éramos muchos”12.

Por aquí empezó todo, creo que la identidad es múl- tiple y fragmentada, contrario a lo que muchas veces

se nos ha dicho y enseñado. Me vi en muchos de esos fantasmas, me metí en ese momento y me transpor- té y me imaginé que yo también hacía parte de esos fantasmas. Como si una parte mía estuviese en cada espectro. Podían ser desconocidos, como también po- día que fuesen familiares, los identiico como pre- sencias que hacen parte de la historia que estoy escribiendo. A lo mejor todo este intento de querer verme en el otro es un intento de querer saber quién soy y de donde vengo. Debo aclarar que no se mucho de mi historia familiar materna, desconozco muchos detalles e historias acerca de mis antepasados a pesar de que pasaba gran parte de mi tiempo con mis abuelos y mis tíos.

Lo anterior tiene mucho que ver con un ejercicio que hago constantemente cuando voy caminando por la calle, sentada en un bus, caminando en un almacén o en una sala de espera, veo los rostros de la gente y me imagino quiénes son, de donde vienen, si son felices o a qué se dedican. Me pregunto cuál es su historia y otra cantidad de interrogantes que po- drían ser inaportantes pero es mi forma de analizar y ver el mundo. Son extraños pero por un segundo lo- gro verme en ellos, siendo que hago parte de ellos. Esto me recuerda a los inicios de Christian Boltans- ki hacia 1968 (ig 18) donde empieza a reconstruir una infancia inventada llegando incluso a organizar ciertos álbumes familiares habitados por imágenes de personas distintas, cada una con diferentes ca- racterísticas físicas, ninguna de ellas, (salvo la última) es Boltanski. Sugieren serlo en diferentes etapas de su infancia. Todas las fotografías fue-

ron tomadas el mismo día. Esas imágenes nos indican que Christian Boltanski como individuo es solo una realidad colectiva, el no existiría entonces como individuo?

Lo que hizo Boltanski en esa obra es lo que constan- temente hago, me imagino que soy muchas/os a la vez cuando miro a los demás, me imagino cómo sería de aquel, o de este otro. De una manera puede decirse que constantemente sueño despierta? o que imagino?. Un sueño “despierto” o lapso imaginativo me puede transformar, darme la clave de una decisión, mos- trarme aquello que me asusta o hacerme buscar lo que amo.

Al igual que la imaginación y los sueños, la fo- tografía también ija una parte de lo inasequible

y me llevó a una ilusión de presencia en ello, de acompañamiento, Esa ilusión de lo próximo y lo le- jano, hace que la fotografía sea una especie de ob- jeto perdido, un objeto melancólico, evocador, un acompañante. Podría decirse que la fotografía se encuentra entre la inmortalización y la asimilación del mundo real.

No puedo explicar a donde me transporta la foto- grafía, cada imágen, cada detalle es un universo en el que me pierdo. Esas imágenes yo las catalogaría como imágenes fantasmas, presencias anónimas, don- de hay lugares y personas recurrentes. Es un juego donde yo los miro, trato de insertarme y de des- cifrar su historia; y ellos se dejan mirar, lo que Armando Silva en su libro “Álbum de familia” (1998) llamaría el punto de vista fotográico.

Las imágenes fotográicas captan un instante para el recuerdo, como si cada escenario de una foto fuese hecho para el olvido como consecuencia del paso del tiempo.

13. | SILVA. Armando. “Álbum de familia”. Primera Edición. Santafé de Bogotá, Colombia: Editorial Norma S.A 1998, pág. 25-26

(Fig 18)

“10 portraits photograpiques de Christian Bol- tanski 1946 - 1964”. 1972. Fotografía

“El triángulo de la visión fotográica se puede presentar, entonces, de

modo gramatical de la siguiente manera: Yo te miraré [futuro simple

indicativo] + cuando Tú me mires [futuro potencial subjuntivo] = punto de vista fotográico [presente indicativo]. Así el punto de vista fotográico

reemplaza y cubre el sentido de la enunciación. El punto de vista es una operación de interacción y mediación.”13.

Es así entonces como concibo este conjunto de ob- jetos, como diamantes en bruto que necesitan ser sacados a la luz, ser pulidos para así ver las gemas de memoria que son. Formalmente iguales pero singularmente cada uno diferente. Opacos pero bri- llantes a la vez, oscuros pero completamente llenos de luz al invertir la imagen. Mudos, pero llenos de historias también. Son un mundo en el que me perdí, donde no existe el tiempo, ni el espacio ni la vida o la muerte.

EL RECUERDO

Un ritual

A lo largo de la historia, el ser humano ha teni- do que confeccionar sus prendas. Desde la apari- ción del tejido fueron muchas las posibilidades de confección de prendas de vestir. El vestirnos, es tener ibras entretejidas encima, como una segunda piel. Hago referencia a esto porque desde que tengo memoria mi papá trabajó con textiles, y es por de- cirlo de alguna manera un “catador de telas”.

Desde niña estuve relacionada con ellas, en mi casa siempre había muestras de telas, libros o catálo- gos. Siempre vi en las telas historias. El hecho de imaginarme cómo habían sido construidas era un ejercicio que hacía a menudo. Palpaba diferentes telas imaginándome si era tela que venía de ibras de animales o eran simplemente la unión de miles de hilos hechos por una máquina.

Rebuscando entre todas las cosas olvidadas en el tiempo que habían en la casa, encontré ropa, algu- nas prendas de mi abuelo. Podrían ser a simple vista trapos, o ropa para regalarle a alguien. Pero para mí era la ropa de mi abuelo, quien habitó esta casa con el anhelo de morir aquí.

Como anteriormente mencionaba, los lugares constru- yen a las personas, la ropa también lo hace. Ver la ropa de una persona y ver el lugar donde ésta habita se puede crear una imagen de cómo es esta persona.

En la cuadra teníamos varios amigos con mi hermano, jugaba- mos futbol, o simplemente yo me quedaba viendolos jugar desde el jardín. Un día llegó una señora habitante de la calle, le decíamos ''la loca'', gritando muy fuerte, con una rama de un árbol insutan- do y con el deseo de pegarnos, ha sido de los días en los que he corrido más rápido y en los que me he sentido más asustada.

LA ESPERA

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