Pensando en cómo ampliar el concepto de CA-I de Noske, quisiera considerar brevemente tres usos comunes de la palabra “complejo”, ya que creo que pueden, en general, ser heurísticos. Primero, “complejo” significa “difícil de comprender”, complicado, oculto e impenetrable. Segundo, supone un conglomerado, una red, una estructura, un sistema, una asociación. Tercero, “tener un complejo” implica padecer “un problema psicológico”, experimentar emociones tales como ansiedad, miedo, disgusto y obsesión, así como abusar irreflexivamente de procesos psicológicos sociales como el estereotipo, la negación y la proyección. No resulta dificultoso
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ver cómo estos tres significados pueden interrelacionarse en el contexto del CA-I.
La característica complicada y parcialmente oculta del CA-I está ligada al proceso de negación que puede ser enmarcado en los términos del sociólogo Norbert Elias (1978), quien argumentara que la sociedad occidental experimentó lo que él denominara un “proceso de civilización” entre los siglos XVI y XIX. El mismo supuso la aparición de todo un conjunto de disposiciones corporales y afectivas (Elias se enfocó específicamente en los modales) que puede ser leída como la construcción social de un nuevo “humano”, definido relacionalmente en oposición a las concepciones construidas tanto sobre la animalidad como al Otro humano. Él ilustra cómo una multitud de prácticas corporales, como los hábitos alimentarios, se transforman en actos emocionalmente cargados de vergüenza y pudor. Una abundante literatura del mencionado período define la manera apropiada de actuar en términos de etiqueta y de modales, utilizando como ejemplos de comportamientos inapropiados a los animales y a los humanos de clases sociales inferiores (campesinos). Elias (1978) escribe: “el uso del sentido del olfato, la tendencia a oler la comida u otras cosas, queda restringido a un comportamiento animal” (p. 203). Los significados atribuidos a diversas prácticas corporales en el siglo XVI han cambiado y se han “domesticado” hacia el siglo XIX. Los umbrales de vergüenza y pudor se han modificado. En cierto sentido, este
proceso se orientó a ocultar el “animal” presente en el “humano”, lidiando con el “bochorno” de nuestra conexión con lo material.14 Esta teoría habla de lo que he mencionado anteriormente como el modelo del ser humano “internamente desgarrado”, construido en torno a la idea del binarismo humano/animal, al cual también se apela repetidamente para establecer diferencias entre humanos (véase Twine 2010a, p. 10). Podemos advertir aquí una negación del “animal” dentro del humano pero también, en parte, un rechazo de la violencia humana hacia otros animales. De manera significativa, este “proceso de civilización” también implicó el ocultamiento parcial de la violencia en la vida cotidiana y puede interpretarse como el eje impulsor detrás de la desaparición social de la matanza de animales. Si esto formaba parte de un cambio general frente a la abierta manifestación de la violencia como una medida contraria a las normas sociales emergentes y no a algo más específico de las relaciones hombre/animal, también tuvo el efecto de sofocar la potencial fuerza disruptiva de esta violencia para poner en tela de juicio la naturalización de la jerarquía humano/animal. Por lo tanto, esto significa que es
14 Por supuesto que la aparición del vegetarianismo y del veganismo también puede
leerse en términos de “proceso de civilización”. Sin embargo, si tales prácticas fueran interpretadas como un rechazo de la “animalidad” del “humano”, esta visión se basaría en una falsa combinación de lo animal con las prácticas carnívoras. La teoría del proceso civilizador de Elias no está totalmente separada de las teorías de Foucault en torno a la transición desde soberanía a biopoder y a cómo ellas se relacionan con la visibilización de la violencia (véase, por ejemplo: Foucault, 1976, 1977).
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inexacto argumentar que la ocultación de la matanza puede reducirse a una decisión consciente de esconder la violencia con fines político-económicos pero sí estaba, de hecho, inserta en una tendencia socio-histórica más amplia. No obstante, este nuevo “humano” occidental consolidó su poder sobre y en contra del “animal” y fue capaz, en cierta medida, de mantener su barbarismo fuera de la vista y de la constitución de sí mismo. Desde la perspectiva de los ECA, estos puntos enfatizan una contradicción mayor en las reivindicaciones de civilidad occidental y resuenan en concordancia con la descripción de Bauman (1989) de la modernidad hipócrita.15 Sin embargo, son precisamente los procesos afectivos de negación y proyección los que pueden ayudar a explicar tanto la posibilidad como la precariedad de tal formación social del “humano”, inseparable de su historia de clase, género, “raza” y dominación de especies. En lo que ahora es un argumento muy familiar de los ECA y, anteriormente, de la escritura ecofeminista (por
15 [N. de la T.]: En el original en inglés: Janus-faced, referente a Jano, dios de la
mitología romana que es representado con dos caras. Debido a esta última característica, la expresión puede traducirse como: hipócrita, fraudulenta, falsa, embustera.
Bauman se refiere aquí a las relaciones entre las formas de racionalidad y el holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Así, guerra y colonialismo son también dimensiones mayores de la modernidad hipócrita. Podemos advertir un manejo comparable de la violencia en las operaciones del complejo militar-industrial. Mientras que la mayoría de los medios de comunicación informan de la violencia de la guerra, muy pocos muestran sus detalles gráficos y potencialmente perturbadores. En este sentido, también se encuentra oculta.
ejemplo: Plumwood, 1993), se ha negado el significado moral de dañar a los que se consideran inferiores proyectando en “ellos” un conjunto interconectado de significados discursivos donde, por ejemplo, la “animalidad” de los “animales” simplemente se da por sentada y la “animalidad” de ciertos “humanos” es (también) producida culturalmente. La negación aquí también se aplica al trabajo material y a la agencia activa de los inferiorizados (Plumwood, 1993) y la forma en que esa negación se expresa materialmente en el diseño de tecnologías y edificios que, en el caso de los animales, ayudan a asegurar la relativa invisibilidad de la violencia perpetrada contra sus cuerpos. Así, los significados primero y tercero de la palabra “complejo” describen adecuadamente las inseparables dimensiones materiales y semióticas del CA-I.16
El segundo significado del vocablo —red, conglomerado o sistema— resulta igualmente útil para pensar cómo el CA-I alcanza y sostiene lo que podemos denominar hegemonía “material y semiótica”. ¿Qué redes están en juego? ¿Cómo se interconectan? ¿Cómo se naturalizan, transmiten y circulan normas especistas particulares? ¿Por qué tales normas tienen tanto éxito al sumar adherentes? En relación con esto, el segundo significado de “complejo” es también de utilidad para abordar nuestro tema de interés en alcance y escala. Aquí
16En otro texto me focalizaré con mayor detalle en este tercer significado de
“complejo”: las dimensiones afectivas y socio-psicológicas del complejo animal- industrial.
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resulta pertinente preguntar qué papel desempeñan los medios masivos en línea y fuera de línea en la consolidación del dominio simbólico del CA-I (véase Cole & Morgan, 2011) y analizar cómo esto es resistido. Indagar hasta qué punto se han extendido culturalmente las suposiciones (y prácticas) dominantes en torno al binarismo humano/animal y cómo se podrían expresar las resistencias locales constituyen preguntas de investigación relevantes.
Esta exploración de los tres significados de la palabra “complejo” intenta contribuir a la tarea de delimitar el CA-I, si bien este debería ser un trabajo colectivo y en proceso de toda la comunidad de los ECA. Ofrezco una definición básica y sucinta del CA-I, como un conjunto parcialmente opaco y
múltiple de redes y relaciones entre el sector empresarial (agrícola), los gobiernos y la ciencia pública y privada. Con dimensiones económicas, culturales, sociales y afectivas, abarca una amplia gama de prácticas, tecnologías, imágenes, identidades y mercados. Ubico la palabra “agrícola” entre
paréntesis sólo para destacar mi interés personal en el presente texto. Como señalé anteriormente, una definición operativa del CA-I no debería limitarse a este dominio. No obstante, desde el punto de vista empírico, resulta tanto útil como esencial restringir el análisis y focalizar en estudios de caso dentro de cada sector de explotación animal, tratando de establecer, al mismo tiempo, conexiones más amplias. Veo esto como el establecimiento de una de las agendas de
investigación más importantes para los ECA. Si bien esta es, obviamente, una tarea gigantesca, vale la pena reiterar que algunas investigaciones llevadas a cabo dentro y fuera de los ECA son de innegable relevancia. También añadiría que la comunidad de los ECA debe pasar a un modelo de investigación que sea más colaborativo e internacional, no muy diferente al que se encuentra más típicamente en las ciencias naturales, con el fin de aunar esfuerzos y comprender mejor las cuestiones de escala antes mencionadas en la trayectoria globalizada del CA-I.
El surgimiento de los ECA es, por supuesto, parte de una tensión, una política enmarcada en el amplio campo académico interdisciplinario de los estudios de la relación humano-animal. El trabajo en este campo que no pertenece a los ECA sigue siendo muy útil pero, más allá de esto, hay mucho material académico que los ECA deberían parasitar alegremente o influenciar.17 Por ejemplo, al pensar acerca del CA-I en términos de agricultura, sociólogos, académicos de los estudios de la ciencia y la tecnología, geógrafos y economistas políticos críticos resultan, todos, relevantes. Como mencioné previamente, estas disciplinas han establecido tradiciones, aproximaciones teóricas y metodológicas para sistematizar el sistema alimentario global. Discutiré brevemente algunas de
17 No intento sugerir que los académicos o las investigaciones que no pertenecen a
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estas cuestiones a modo de apuntes para futuras investigaciones.
El estudio científico-social de la alimentación se ha convertido en un área de notable crecimiento a lo largo de los últimos veinte años, contextualizada en el incrementado interés sobre la cuestión ambiental, las intersecciones entre inequidad social y alimentación y los temas asociados a la salud pública. Un aspecto bien conocido de la investigación se basa en el análisis de la cadena de productos básicos.18 En lugar de centrarse en un sector particular de la industria alimentaria, este enfoque sigue a la materia prima mientras pasa por diferentes etapas de producción y consumo, con la intención de entender lo que se conoce como “historial de materias primas” y captar mejor los momentos de comercialización y las complejas relaciones entre “personas, lugares y mercancías” (véase Hughes & Reimer, 2004, p. 1). No resulta una sorpresa que este tipo de trabajo se superponga con un interés del CA-I, incluso si no se utiliza tal concepto. Por ejemplo, el conocido geógrafo y economista político Michael Watts (2004) ha escrito en esta tradición, centrándose específicamente en la industria estadounidense del cerdo y los pollos parrilleros. Este autor indaga hasta qué punto la industria del cerdo ha seguido ciertos aspectos, y diferido en otros, la trayectoria de la
18 Para una valoración crítica del enfoque de la cadena de productos básicos y sus
variaciones, véase Jackson et al (2006).
industria de pollos parrilleros en términos de mecanización, agricultura por contrato e impacto en la biología de los propios animales, entre otros. Aunque el tono es, en gran medida, (políticamente) humanista, estudios como éste son inmensamente útiles para los esfuerzos de los ECA al explicar el CA-I. Los análisis centrados en las cadenas de productos básicos representan un enfoque de la economía política marxista ampliamente interpretado.
La aparición de la teoría del actor-red [en adelante, TAR] durante los años noventa ofreció un enfoque conceptual y metodológico alternativo al estudio de los fenómenos sociales que ha influido en los científicos sociales interesados en la alimentación y la agricultura. Algunos de los puntos de tensión entre la economía política y la TAR giran en torno a cómo conceptualizar la globalización, cómo entender la escala y cómo entender la agencia. Se ha intentado argumentar que la TAR ofrece un enfoque más convincente a la agenda de investigación científica social sobre alimentos y globalización (por ejemplo, Whatmore & Thorne, 1997), así como perspectivas conciliadoras y de mayor reciprocidad entre ambos enfoques (por ejemplo, Busch & Juska, 1997; Castree, 2002). Aunque no resulta novedoso reconocer que la TAR es de uso potencial para el estudio de las relaciones hombre-animal (Whatmore & Thorne, 2000), en gran parte debido a su
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insistencia en la agencia de actores no humanos19 dentro de una red dada, algunas de sus otras premisas son también de interés para la forma en que los académicos de los ECA podrían acercarse a y pensar el CA-I. Además de ser críticos hacia los enfoques de economía política que asumen una naturaleza pasiva, Busch y Juska (1997) plantean que tales perspectivas tienden a reificar los actores corporativos por lo cual se empieza a hablar de compañías específicas que actúan de tal o cual manera, lo que, de alguna forma, desestima el hecho que personas particulares participan en acciones y en la toma de decisiones. Señalan que no se trata de un repliegue hacia una asociológica focalización en los individuos, sino un llamamiento metodológico a que los análisis se centren en cómo los diferentes actores alcanzan poder dentro del contexto de redes específicas, “una exhortación a comenzar a pensar en la globalización de la agricultura en términos de la extensión de las redes de actores” (p. 692). Por supuesto que esto no significa que ya no analizaremos a las corporaciones, sino que pensamos más específicamente acerca de qué personas particulares dentro de una corporación están
19 Por supuesto, en la TAR existe el peligro de que, al otorgar agencia a los animales,
se los confunda con objetos no sensibles o queden homogeneizados como “animales” en contraste con lo “humano”. Aunque la TAR está ciertamente interesada en el poshumanismo ontológico se encuentra, como la economía política marxista, lejos del poshumanismo político demandado por los ECA. Para una breve lista de los primeros trabajos de la TAR que abordan a los animales, ver http://wp.lancs.ac.uk/sciencestudies/the-actor-network-resource-thematic-list/#ani. Para una revisión de algunas críticas a la TAR ver Murdoch, 2001.
actuando, a la vez que cómo la corporación toda está vinculada a otras redes. Del mismo modo, la TAR utiliza la idea de la red de actores para deconstruir la distinción tradicional de las ciencias sociales entre micro y macro. La globalización se entiende aquí como una extensión de las redes de actores que se hace posible a través de la inscripción estratégica de tecnologías particulares que permiten que se produzca el poder de la “acción a distancia” (p. 694). Una vez más, la investigación se enfoca en el modo en que las redes se unen y perduran, en la medida en que pueden abrirse al escrutinio, en las tecnologías facilitadoras y en cómo pueden localizarse los puntos débiles. Aunque esto sólo proporciona un esbozo, está claro que creo que la confluencia de la economía política y la TAR en el abordaje de la alimentación y la agricultura es exactamente el tipo de trabajo de ciencias sociales con los cuales los ECA deberían conectarse. Al tratar de comprender mejor el CA-I, esto puede reducir la repetición de posibles errores metodológicos y conceptuales, proporcionar una gama de enfoques útiles y, en última instancia, otorgar a los ECA una presencia dentro de estos campos.