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EL LUGAR NO LUGAR DEL PRACTICANTE Y MAESTRO DE CIENCIAS SOCIALES

In document Alicia Graciela FUNES (Coordinadora) (página 71-75)

LAS SIGNIFICACIONES DE ENSEÑAR CIENCIAS

EL LUGAR NO LUGAR DEL PRACTICANTE Y MAESTRO DE CIENCIAS SOCIALES

A través del análisis del trabajo de campo, aparece fuertemente la necesidad de inscribirse y de inscribir a los sujetos en un lugar - simbólico- producto y productor de identidades.

"Un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico; un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar". (Augè, 1993: 83).

Tal como lo explicitáramos en las consideraciones teóricas, el lugar se constituye entonces como principio de definición de la identidad del sujeto. Es decir, lo que identifica socialmente a un sujeto es su competencia para la acción, en cuanto "probabilidad de hacer" dentro de un sistema de relaciones. (Costa, 2001) Ahora bien ¿cómo viven nuestros sujetos este proceso de identificación?

Por un lado, en sus propias representaciones aparece la tensión entre "el lugar y el no lugar" a lo largo del proceso que va desde la residencia hasta el primer año laboral.

En la residencia, esta tensión se agudiza debido a la complejidad del momento particular en que se encuentran. En este sentido, es una instancia de transición, que contiene al mismo tiempo el fin de la etapa de formación de grado y el comienzo de la socialización laboral. A esto se agrega la multiplicidad y simultaneidad de dimensiones que operan en la práctica, la superposición de diferentes demandas de las instituciones formadoras y la conflictividad propia de "poner en acto" las propuestas de enseñanza, teniendo que demostrar su competencia para dicha tarea.

La residencia,puede entenderse como un período de transición, fase intermedia entre ser estudiante y ser maestro, y en nuestro caso específico "maestro de sociales". Este proceso estaría signado por la transición que tiene que hacer el estudiante desde: la institución formadora a la escuela; de alumno a maestro y de la teoría a la práctica (Contreras Domingo,1987).

Este “particular” período formativo estaría dando cuenta que se está frente a un cambio de lugar, un cambio de rol, y un cambio en el modo de utilizar el conocimiento y las destrezas que hay que manifestar, así como una postura asumida frente al conocimiento social a enseñar. Es decir, se estaría frente a un proceso de construcción social del ser docente, sobre la base de una compleja trama de lugares adjudicados, y no adjudicados, de creencias e incertidumbres, de deseos propios y de “otros”, de rupturas y escisiones. Su identidad se estaría construyendo en la tensión entre lo que él quiere y cree ser, y lo que quieren los otros que sea y creen que debe ser.

Según Augé "estos lugares tienen por lo menos tres rasgos comunes. Se consideran (o los consideran) identificatorios, relacionales e históricos"(1993:58).

Michel de Certeau ve en el lugar, cualquiera que sea, el orden "según el cual los elementos son distribuidos en sus relaciones de coexistencia" y si bien descarta que dos cosas ocupen el mismo "lugar", sí admite que cada elemento del lugar esté al lado de los otros, en un "sitio" propio. Define el "lugar" como una "configuración instantánea de posiciones"(Ibidem:173), lo que equivale a decir que en un mismo lugar pueden coexistir

elementos distintos y singulares, ciertamente, pero de los cuales nada impide pensar ni las relaciones ni la identidad compartida que les confiere la ocupación del lugar común.

Sin duda, esta situación hace que el practicante ocupe en la escuela un lugar “ambiguo” quizás también “un no lugar”: no es completamente maestro pues le falta culminar su rito de iniciación, pero tampoco es completamente alumno; ejerce todas las tareas docentes pero no tiene aún la autoridad y legitimidad del maestro de grado (Edelstein, 1995). Esto queda claramente planteado en las entrevistas:

“...nosotras, cuando fuimos a una reunión de padres preguntamos, le preguntamos en un papelito a la directora como para presentarnos, para ver si alguien me registraba, para decir: yo soy la practicante que está enseñándole a tu hijo...nadie, o sea, yo le pregunté a la directora y me dijo que no, que no importaba". (E.P.1 y E.P.2).

Ó bien esta otra apreciación:

“Yo el miedo que tenía era que no me atendieran, que no les interesara lo que yo diera en la clase, por eso, la diferencia sin querer que hace la maestra de que vos no sos realmente su maestra, entonces ellos no tienen la obligación...” “Ellos sabían que nosotras éramos alumnas. Graciela (la maestra) siempre nos dijo Seño. Lo que pasa es que en algunas cuestiones como que nosotros los dejábamos ir al baño y ella les preguntaba a dónde iban y eso te saca un poco de autoridad...” (E.P.3 y E.P.4: 12).

"El lugar y el no lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación"(Augè, 1993:84)

El lugar considerado como espacio antropológico puede concebirse como espacio existencial, "lugar de experiencias", de relaciones con el mundo de un ser esencialmente situado en relación con un medio. "El espacio sería al lugar lo que se vuelve la palabra cuando es hablada, es decir cuando está atrapada en la ambigüedad de una ejecución, mudada en un término que implica múltiples convenciones, presentada como el acto de un presente

(o de un tiempo) y modificada por las transformaciones debidas a vecindades sucesivas..."(Merleau Ponty: 173)

En este sentido “rara vez una institución o un docente decide compartir con quienes son extraños a su historia el ejercicio de la regulación escolar, el espacio en que se anudan el sentido de la identidad y la permanencia temporal que supone el trabajo cotidiano, la proyección de las decisiones que se toman y cierto sentido de la posesión, que se desprende de enunciados tales como “mis alumnos”, “mi curso”, propios de los docentes que se desempeñan en esa institución"(Edelstein,1995:36). Esta situación podría explicarse en parte por el temor del docente a perder el aula como espacio de autonomía, ya que “sólo desde la autonomía puede transmitir algo como verdad y situarse en el lugar del que ya es, del que está completo...” (Remedi, 1995:52).

"Si se llama "espacio" la práctica de los lugares que define específicamente el viaje, es necesario agregar también que hay espacios donde el individuo se siente como espectador sin que la naturaleza del espectáculo le importe verdaderamente" (Augè, 1993:91)

En el lugar antropológico se incluyen la posibilidad de los recorridos que en él se efectúan, los discursos que allí se sostienen y el lenguaje que lo caracteriza.

Se puede sentir la tentación de oponer el espacio simbolizado del lugar, al espacio no simbolizado del no lugar, pero eso sería

atenernos a una definición negativa de los no-lugares. El pasajero de los no lugares sólo encuentra su identidad en el

control aduanero, en el peaje o en la caja registradora. El espacio del no lugar no crea ni identidad singular ni relación sino soledad y similitud."(Augè, 1993:107)

"No hay análisis social que pueda prescindir de los individuos, ni análisis de los individuos que pueda ignorar los espacios por donde ellos transitan"(Ibidem: 122)

Resulta importante destacar el proceso que van realizando los estudiantes; esta trayectoria genera capacidades de relación en los sujetos sociales quienes simultáneamente por su acción, van produciendo, construyendo la misma.

No solo se actúa desde la posición de residente que, dentro del sistema es un aspirante a acceder a nuevos conocimientos que otros controlan y administran, sino que también se vive la experiencia de la relación como estudiante. Esto genera

aprendizajes, experiencias que se acumulan y redefinen en el tiempo, acerca de lo posible, lo pensable, lo valioso, lo permitido según el lugar en el sistema de las relaciones. Estos aprendizajes incorporados definen orientaciones en el uso de la capacidad de relación, y de las posibilidades de éxito según lo que le inculcaron y /o de las propias experiencias y que serán volcadas en el momento de dar las clases de Ciencias Sociales.

A partir del trabajo de campo realizado, se vislumbra una superposición de lugares: por un lado, el de residente-alumno con las características anteriormente mencionadas, y por otro, el imaginario del docente “ideal” o real que se constituirá una vez que tenga a cargo el área de sociales y que irá conformando de manera no lineal pero continua a lo largo del tiempo.

In document Alicia Graciela FUNES (Coordinadora) (página 71-75)