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De los no lugares a los suburbios, contradicciones inherentes a la transformación espacial

Tanto en su forma discusiva y su argumentación epistemológica, como en su realización y

materialización práctica, la producción del espacio, bajo este sistema de producción,

reproduce una lógica unidimensional «Su universo del discurso está poblado de hipótesis

que se auto validan y que, repetidas incesante y monopolísticamente, se tornan en

definiciones hipnóticas o dictados.» (Marcuse 1972, 44). Se genera un desarrollo

unidireccional en el que espacio, y por ende la ciudad y sus territorios, se presentan como

la proyección social sobre el terreno (Lefebvre, 1975) estableciéndose relaciones que

reproducen el consumo de bienes y servicios, el consumo del lugar y el consumo sobre el

lugar. Es esta la forma en la que Marc Augé describe los no lugares, sitios de la

“sobremodernidad” en donde el encuentro, en el sentido heideggeriano, el encuentro con

el otro a través del lugar32, es fácticamente imposible. Los lugares se han vuelto No lugares,

32 Lugar que se determina así mismo por permitir el encuentro, el encuentro entre personas que comparten

32 espacios en donde las relaciones humanas son solo mediadas por la producción y circulación

de mercancías y su relación directa con el trabajo alienado, tanto del progreso y la

técnica(Marcuse) como del mismo sistema de producción(Marx 1985)33, expone Augé que “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacionable e histórico, un espacio

que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico,

definirá un no lugar. La hipótesis aquí definida es que la sobremodernidad es productora

de no lugares, es decir de espacios que no son en sí lugares” (Augé 2000, 83).Estos no

lugares se materializan en el auge de la “vanguardia” urbanística; las nuevas edificaciones

promovidas por la arquitectura del espectáculo, los centros comerciales, los aeropuertos

equipados con la última tecnología o la re urbanización en zonas centrales, producto de los

intereses del sector inmobiliario, todas estas intervenciones infraestructurales están

directamente ligadas con las creación de no lugares.

La ciudad como espacio de encuentro, conocimiento y reconocimiento(Jacobs 1967) se

difumina bajo la constante velocidad de la ciudad de consumo, las relaciones sociales

quedan supeditadas al no encuentro con él y la otra, a la anomia y al extrañamiento de la

vida misma, característica casi intrínseca al sujeto de la “hipermodernidad”34 como consecuencia del constante movimiento de la sociedad liquida “Una sociedad que

'interpela' a sus miembros fundamentalmente en calidad de consumidores, y que (los) juzga

33 Tanto Marx como Marcuse describen el concepto de alienación. Para Marx esta alienación o enajenación

se centra en el proceso mismo de producción. Marcuse centra su concepto de alienación en lo que se denominaría la “súper estructura”, de este modo el consumo, la técnica, el concepto de progreso y la publicidad son centrales en el concepto de alienación expuesto por Marcuse.

34 Ambas palabras cumplen el mismo significado en ambos autores, su relación cambia en el uso de la palabra

33 y evalúa, sobre todo, por sus capacidades y su conducta con relación al consumo” (Bauman,

2000: 44 ; 2006: 112) (Bauman: 2000). Emerge en este espacio un sujeto económico (homo-

economicus) inserto en la sociedad de consumo, en cuanto “consumidor” se presenta como

un “componente funcional” del mercado (Cuadra 2011), como ciudadano-consumidor se

enfrenta al necesidad de competir por tener acceso a todo tipo de bienes y servicios,

paradójicamente quienes no logran competir eficazmente en una sociedad, en donde según

los valores liberales existe la posibilidad de elegir, aquellas y aquellos que quedan relegados

en la escala social, son privados del acceso a esos bienes que el mercado, en consecuencia

,debe suplir. La idea de la ciudadanía cosmopolita, de la ciudadanía inserta en la “sociedad

liquida” se encuentra con una seria dicotomía: Por un lado pretende que el ciudadano, en

calidad de consumidor, supla todas sus necesidades materiales a través de la libre

competencia en el mercado, pero por el otro lado, la configuración en la escala social,

producto del sistema de concentración y distribución de la riqueza, genera enormes

desigualdades sociales. Esta dicotomía también se proyecta en el espacio, es así como las

grandes renovaciones urbanas, las grandes transformaciones infraestructurales o los más

modernos edificios, símbolos de la arquitectura de vanguardia, contrastan con la

concentración de millones de personas en suburbios periféricos carentes de muchos de los

equipamientos sociales necesarios para la vida digna. Se genera un doble movimiento de

concentración material de la riqueza y dispersión de la pobreza, mientras se transforma la

ciudad en unos puntos estratégicos para el capital, como es el caso de la recuperación de

las zonas centrales que generan altas tasas de rentabilidad al sector financiero e

34 costear una vida cerca de los centros de consumo y decisión “Los centros de decisión, de

riqueza, de poder, de información, de conocimiento, que rechazan hacia los espacios

periféricos a todos aquellos que no tienen participación en los privilegios

políticos”(Lefebvre, 1976) . Se promueve, de manera contradictoria, el crecimiento vertical

de las ciudades en favor de evitar la expansión desmesurada hacia las periferias, pero se

genera una peri-urbanización35 gigantesca, conglomerando grandes cantidades de habitantes en nuevos proyectos urbanísticos en las periferias urbanas o a las afueras de la

ciudad36

4.3 El espacio y el tiempo. Relación del tiempo de trabajo y tiempo libre o tiempo de ocio