«¿Debo escuchar al Prozac o hablar de mi temperamento con el
médico?»
EN este capítulo, vamos a hablar de cómo afecta su rasgo a la respuesta al cuidado médico en general; después, aprenderá algo acerca de algunos medicamentos concretos que quizás esté tomando o que es posible que le ofrezcan debido a su rasgo.
De qué modos influye su rasgo en la atención médica
• Usted es más sensible a las señales y a los síntomas corporales
• Si no lleva una vida adecuada a su rasgo, desarrollará más enfermedades relacionadas con el estrés y/o «psicosomáticas».
• Usted es más sensible a los medicamentos115. • Usted es más sensible al dolor.
• Se activará más (normalmente, se sobreactivará) ante entornos, procedimientos, exámenes y tratamientos médicos.
• En entornos de «atención sanitaria», su profunda intuición no puede ignorar la sombría presencia del sufrimiento y la muerte, de la condición humana.
• Dado todo lo anterior, además del hecho de que la mayoría de los profesionales médicos no son PAS, sus relaciones con ellos serán normalmente problemáticas.
La parte buena es que usted toma conciencia de los problemas antes de que vayan a más, y también que es usted consciente de lo que puede ayudarlo. Como ya dije en el capítulo 4, los niños altamente sensibles que no viven bajo estrés disfrutan de una buena salud poco habitual. En un estudio de largo alcance de adultos que habían sido concienzudos y escrupulosos en la infancia (algo que es cierto en la mayoría de las PAS) se descubrió que eran inusualmente sanos como adultos, pero éste no era el caso en adultos tímidos. Esto sugiere que las PAS son capaces de una salud excelente, aunque tienen que esforzarse en su vida social y calmar sus incomodidades sociales para llevar la vida reconfortante y libre de estrés que necesitan.
Pero vamos a hablar de los problemas implícitos en la lista del principio, pues son los que más le preocupan a usted. Ser especialmente consciente de las señales físicas sutiles significa que usted está condenado a tener muchas falsas alarmas. Esto no debería ser un problema; uno va al médico y pregunta. Si, con todo, no queda convencido, busque una segunda opinión.
Pero, a veces no es tan sencillo, ¿verdad? El médico puede estar muy ocupado y ser un tanto insensible a las personas durante unos días. Normalmente, usted entra en su consulta un poco nervioso o sobreactivado. Usted ha tomado conciencia de algo pequeño, pero le preocupa o, de lo contrario, no habría pedido hora. Sabe que es probable que resulte no ser nada y acaso que el médico piense que usted es demasiado puntilloso. Y usted sabe que resultan obvias tanto su sensibilidad ante lo sutil como su sobreactivación debida a la incomodidad social anticipada.
Al mismo tiempo, el médico participa del sesgo cultural que malinterpreta su rasgo como timidez e introversión y, de ahí, como no tan sano mentalmente. Por otra
parte, y en especial para algunos médicos, la sensibilidad es una pavorosa debilidad que se ven obligados a reprimir con el fin de que sobrevivan las facultades de medicina, de modo que proyectan esa parte de sí mismos (y la debilidad que le asocian) sobre los pacientes que muestren la mínima señal de sensibilidad.
En resumen, son muchas las razones para que el médico sospeche que ese débil síntoma está «en su cabeza» y, normalmente, más pronto o más tarde, le va a insinuar algo así. (Evidentemente, la mente y el cuerpo están tan estrechamente vinculados que el problema bien pudiera comenzar a partir de algún tipo de estrés psicológico, pero muchos médicos no están bien adiestrados para abordar estos enfoques.) Usted no quiere pasar por neurótico si protesta, pero se pregunta si se le va a escuchar, si se le va a examinar bien, si todo está realmente en su sitio. La situación le resulta embarazosa, y no quiere causar problemas, pero se va de allí preocupado, cosa que lo deja con la pregunta de si realmente estará neurótico. Y quizá la próxima vez decida ignorar sus síntomas, hasta que resulten tan obvios que sean visibles para cualquier médico.
La solución consiste en encontrar un médico que valore plenamente su rasgo, lo cual significa que deberá ser una persona que tome en serio su capacidad para detectar los aspectos sutiles de su salud y las reacciones al tratamiento. Cualquier médico debería de estar encantado con un sistema de alarma tan bueno y, al mismo tiempo, siendo conocedor de su sensibilidad, podría ser ese experto que lo calme y lo tranquilice cuando es probable que no haya nada malo después de todo. Pero la forma de tranquilizar debería ser respetuosa y no basarse en la sospecha de que algo no va bien en su componente psicológico.
Conviene que encuentre médicos así, y no le debería de resultar difícil si lleva este libro consigo para que lo lean ellos.
Su sensibilidad a los medicamentos es real, y puede que se incremente con la sobreactivación que le provoca su preocupación por los efectos secundarios (y la mayoría de los fármacos los tienen, de manera que usted no está siendo neurótico en modo alguno). También puede suceder que sea otra cosa la que le provoque la sobreactivación en el momento en que toma la primera dosis. En ese caso, espere y vea qué tal le va la medicación después de calmarse.
Si está seguro de que está reaccionando mal a un medicamento, créaselo. Existen grandes variaciones de sensibilidad a los fármacos. Espere que los profesionales médicos trabajen con usted en este asunto de un modo respetuoso. Si no lo hacen, no olvide que es usted un cliente, y busque otro médico.
En cuanto a la sobreactivación debida a otros tratamientos y procedimientos, dese cuenta de que se está enfrentando a algo nuevo, a sensaciones intensas y, muy a menudo, a amenazadoras invasiones de su organismo. La solución aquí consiste, en primer lugar, en explicar a quien quiera que esté llevando a cabo el procedimiento que usted es una persona altamente sensible. Si su explicación es respetuosa consigo mismo, normalmente se le respetará. De hecho, su sinceridad será apreciada. La persona que esté llevando a cabo el procedimiento podrá tomar entonces medidas extraordinarias para hacérselo todo más fácil.
Ciertamente, usted debería saber lo que mejor le va a la hora de reducir su activación. Algunos nos sentimos mejor cuando lo explicamos todo a medida que el
sanitario va realizando su trabajo; otros prefieren el silencio. Unos prefieren ir acompañados de un amigo o amiga; otros optan por ir solos. A unos se les da bien la medicación que reduce el dolor o la ansiedad; a otros les resulta aún más estresante la pérdida del control cuando son medicados. Además, es probable que usted pueda hacer bastante de por sí; puede familiarizarse de antemano todo lo posible con respecto a la situación; puede calmarse, centrarse y tranquilizarse de cualquiera de las formas que ahora ya conoce; y puede consolarse por sí solo comprendiéndose y aceptándose si ha tenido alguna reacción intensa.
La sensibilidad al dolor también varía enormemente. Por ejemplo, hay mujeres que no sienten casi dolor durante el parto, y las investigaciones con estas mujeres han demostrado que rara vez sienten dolor en su vida cotidiana116.Sin duda, también es cierto lo contrario, que hay personas que sienten mucho dolor durante la vida. En mis investigaciones, he descubierto que las PAS experimentan normalmente más dolor.
El estado mental también afecta hasta cierto punto a la percepción del dolor, de modo que le vendrá bien ser un padre amable, cariñoso, comprensivo y tranquilizador para su bebé/cuerpo cuando llegue el dolor. También es esencial que haga conocer a aquellos que le puedan ayudar su sensibilidad suplementaria al dolor. Si están bien informados sobre el tema, tomarán su reacción como una variación fisiológica normal y la tratarán de forma adecuada. (Pero, recuerde, también puede ser usted más sensible a los medicamentos que alivian el dolor.)
La conclusión obvia es que usted suele activarse más que el paciente medio y, aun suponiendo que su médico sea lo suficientemente avispado como para no tratar su activación como un fastidio o una señal de trastorno, las cosas no dejarán de ser más difíciles para usted. Por ejemplo, disminuye su capacidad para comunicar lo que piensa.
Para esto, hay varias soluciones. Puede acudir con una lista de preguntas y puede tomar nota. Puede ir acompañado por alguien que escuche y haga las preguntas que no se le ocurran a usted. (Así, también, habrá alguien con quien comprobar luego lo que se ha dicho.) Y usted puede explicar sus dificultades. Deje que el profesional lo calme con un poco de charla informal o con cualquier método que él o ella prefiera. Usted también puede compensar su activación pidiéndole que repita las instrucciones y que esté disponible si lo llama por teléfono para responder a las preguntas que no se le hayan ocurrido durante la visita.
Recuerde también que es habitual sentir cierto apego por cualquier persona que haya estado con usted durante una experiencia activadora, especialmente si se trató de un calvario verdaderamente doloroso o emocionalmente importante. En el campo de la medicina, oirá hablar de este tipo de sentimientos cuando las personas hablan de su cirujano o las mujeres hablan de la persona que le entregó a su hijo durante el parto. Todo eso es perfectamente normal. La solución consiste, simplemente, en saber por qué sucede y en compensarlo adecuadamente.
La sobreactivación es dura. Lo único que se le pide es que no le dé vueltas. Pero, en situaciones clínicas, con el dolor, 1a vejez y la muerte delante de sus ojos, se hace
aún más dura. Sin embargo, vivir la vida siendo consciente de la muerte tiene mucho sentido para mí, porque hace que valores más los instantes. Cuando la conciencia es demasiado intensa, siempre puedes disfrutar de ese práctico mecanismo de defensa universal que llamamos negación. Y deje que sus amigos y familiares acudan en su ayuda. Muchos de ellos habrán afrontado o se tendrán que enfrentar a estas preguntas algún día. No es éste el momento para sentirse una cosa rara o una carga. Vamos todos en el mismo barco.
Reescribir el historial médico
Éste puede ser un buen momento para reestructurar un poco sus experiencias médicas a la luz de su rasgo.
Recuerde entre una y tres experiencias significativas de enfermedad y de atenciones médicas, especialmente experiencias de hospitalización o de infancia. Después, siga los tres pasos que ya conoce. Primero, piense en cómo entendió siempre esas experiencias, probablemente desde la perspectiva de las actitudes de la profesión médica (que es usted «demasiado sensible», que es un paciente difícil, que se imagina su dolor, que está neurótico, etc.).
Luego, considere estas experiencias a la luz de lo que ahora sabe acerca de su rasgo.
Y por último, piense si hay algo que hacer al respecto debido a su nueva visión de las cosas, como buscarse otro médico o dejarle este libro al que lo atiende ahora.
Por otra parte, si ha sido éste un aspecto problemático de su vida, échele un vistazo a «Una vía práctica en el trato con los profesionales de la medicina».
Una vía práctica en el trato con los profesionales de la medicina
1. Piense en una situación módica que sea sobreactivadora, soda/mente incómoda o, de un modo u otro, problemática para usted. Quizás sea su respuesta ante el hecho de estar completamente desnudo o desnuda, con la única excepción de la bata hospitalaria; o su respuesta a determinado tipo de examen o a que le extraigan sangre, a que le taladren un diente, o a recibir un diagnóstico o informe que se venía retrasando o no estaba claro.
2. Piense en esta situación a la luz de su rasgo, incluyendo el papel positivo potencial del rasgo. Por ejemplo, tomará conciencia antes que nadie de si existe un problema y será más meticuloso siguiendo las indicaciones que se le den. Pero, por encima de todo, piense en lo que necesita (y tiene derecho a tener) para hacer que la situación sea menos activadora. Recuerde, todos deberían esforzarse para impedir que su organismo se inunde de cortisol, dado que los resultados clínicos también serán mejores si usted mantiene la calma.
3. Imagine cómo va a conseguir lo que necesita. Quizá sea algo que puede hacer por sí mismo, pero es probable que suponga al menos un poquito de comunicación, para informar de su sensibilidad a los profesionales médicos. Así pues, hágase un guión. Asegúrese de transmitir el respeto que siente por sí mismo y generará respeto en los demás sin tener que ser rudo ni arrogante. Que vea su guión alguien en cuya opinión confía. Sería ideal una persona que también trabaje en el campo de la salud. Después, haga un juego de roles* con ella y pídale que le diga cómo se sintió mientras
usted hablaba.
4. Piense en cómo puede aplicar lo que ha practicado la próxima vez que reciba atención médica. En ese momento, quizá le venga bien volver sobre estos puntos y ejercitarse más con el fin de convertir en realidad lo que ha imaginado.
Una advertencia acerca de las etiquetas médicas de su rasgo
Como sabe, los médicos no tardan en darse cuenta de hasta qué punto nuestras actitudes mentales influyen en el sistema inmunológico y en la enfermedad. También son conscientes de que unas personas más que otras tienen pensamientos y sentimientos que pueden contribuir a la enfermedad. Pero, debido a que se centran en la enfermedad, suelen pasar por alto los aspectos positivos de un tipo de personalidad que parece acompañar a ciertas enfermedades. Y digo «parece» porque también suelen soslayar los prejuicios culturales hacia algunos tipos de personalidad que bien pueden ser los causantes del daño. De hecho, pueden estar perpetuando inconscientemente el prejuicio al proclamar, desde la altura de su autoridad profesional, que determinado tipo de personalidad o rasgo es malsano o negativo.
Las señales del prejuicio contra la sensibilidad son bastante fáciles de descubrir en el momento en que se aprende a leer entre líneas, a detectar las descripciones de sensibilidad como de un «síndrome» o que tales personas están «desequilibradas», «pierden frecuentemente el control» o «reaccionan excesivamente» o bien «son incapaces de percibir con precisión» debido a que sus organismos tienen «exceso» de esto o son «anormales» en aquello. Recuerde que se trata de valoraciones médicas desde la perspectiva del rey-guerrero de lo que es o está pasado, perdido, por encima de, exacto, excesivo y anormal.
Sin embargo, recuerde que algunas veces usted sienta realmente que ha perdido el equilibrio, que está descontrolado y que está reaccionando en exceso. Las PAS que viven en un mundo altamente estimulante están condenadas a esto, en especial aquellas que han tenido una infancia o una historia personal turbulenta. En tales circunstancias, por favor, deje que los profesionales de la salud le echen una mano con la medicación, aunque lo hagan al modo del rey-guerrero. (Simplemente, asegúrese de insistir en que se comience con dosis bajas.) Pero recuerde que no tiene que culpar de ello a su rasgo, sino al mundo en el que usted nació, un mundo que está desafiándolo constantemente para que se adapte a él o cambie.
¿Para que tomar Prozac y otros fármacos?
Le he sugerido varias veces que le hable de su rasgo a los profesionales de la salud que lo atienden. Sin embargo, si lo hace, más pronto o más tarde le van a ofrecer medicamentos «psicoactivos» como solución permanente (probablemente un antidepresivo, como el Prozac, o un ansiolítico, como el Valium). De hecho, es muy probable que muchos de ustedes ya hayan probado estos fármacos. Pueden ser muy útiles, si se encuentra en plena crisis o necesita un remedio temporal para controlar la
sobreactivación y sus efectos, como el insomnio o la falta de apetito. Pero la verdadera cuestión estriba en si uno debe tomar algo más o menos permanente para «curarse» de su rasgo. Muchos médicos piensan que sí, que hay que hacerlo. Por ejemplo, cuando le hablé a mi médico de cabecera de este libro, se mostró entusiasmado. «Este problema está ciertamente dejado de la mano por parte de la medicina —dijo—. Es vergonzoso. Pero, gracias a Dios, se cura fácilmente, como la diabetes.»
Y me extendió su receta.
Sé que lo único que pretendía era ayudar. Pero le dije, no sin cierto sarcasmo, me temo, que intentaría resistir un poco más sin su ayuda.
Sin embargo, puede que usted sienta que los inconvenientes de su rasgo superan a sus ventajas, o quizá desee ver si la medicación cambia la expresión de su rasgo. Si es así, puede que desee probar con la medicación a largo plazo, con el objetivo de generar un cambio en el modo básico según el cual funciona su cerebro, pero yo creo que las PAS deberían estar bien informadas antes de tomar semejante decisión.
Probablemente tenga ya claro que el resto de este capítulo no le va a decir qué hacer; intentará más bien informarlo y ayudarlo a reflexionar sobre todos estos asuntos.
Los medicamentos en una crisis
Hay una diferencia importante entre tomar medicamentos psicoactivos en una crisis y hacer uso de ellos para conseguir un cambio de personalidad a largo plazo. A veces, la medicación es la forma más fácil, o incluso la única forma, de salir de un círculo vicioso de sobreactivación y carencia de un funcionamiento adecuado durante el día y de un sueño normal por la noche. En estas situaciones, no le resultará difícil encontrar a un médico, como mi médico de cabecera, que estará casi anhelando extenderle una receta. O puede que se encuentre con el otro extremo, con un médico que piensa que los estados mentales dolorosos hay que sufrirlos, especialmente si la causa es «externa», como el duelo por un pérdida o la ansiedad ante la expectativa del propio rendimiento. Lo mejor que puede hacer es decidir de antemano qué haría usted en una crisis. Después, puede buscar un médico cuya filosofía en lo relativo a medicamentos se adapte a la suya. Si espera a encontrarse en medio de una crisis, puede que tanto usted como los que lo rodean piensen que no se encuentra en el mejor estado para tomar decisiones, y así terminará haciendo lo que diga el médico que encuentre más a mano.
Medicamentos instantáneos para detener la activación
Existen innumerables fármacos psicoactivos, pero son dos los que se les suelen dar a las PAS. El primer tipo es el de los fármacos «ansiolíticos» de rápida acción, como el Librium, el Valium y el Xanex (normalmente, le dan sueño, lo cual a veces es una ventaja y a veces no, salvo el Xanex). Todos detienen la activación, sin dejar rastro de ella, en unos pocos minutos. (Como ahora ya sabe, la activación no tiene por qué ser ansiedad, de modo que no acepte que lo etiqueten como «propenso a la
ansiedad». La activación puede ser, simplemente, sobreestimulación.)
Muchas personas confían plenamente en estos medicamentos para poder dormir, cuando tienen que rendir en una situación comprometida o en momentos de estrés. Sin embargo, aunque los efectos son efímeros, estos fármacos crean dependencia si se toman durante mucho tiempo. Cada vez que aparece un nuevo medicamento contra la