ACONSEJAMOS a los estudiosos que aprendan bien lo que hemos escrito respecto a los tratamientos con la fuerza del pensamiento, con la sugestión, con los tratamientos metafísicos, etc., a fin de formarse una idea general bien clara de lo que el terapeuta debe tener presente cuando aplica sus curas. El podrá atenerse a los métodos que más le agradan, dejando a los otros los restantes. La intuición debe decidir en cada uno de vosotros y en cada caso; fiaos pues de ella en vuestro propio interés.
Aplicando las curas mentales, la mente del operador debe saber forjarse una imagen de las condiciones que desea obtener en el enfermo es decir, verlo mentalmente sano, con los órganos, los tejidos y las células en condiciones normales de funcionamiento. El tera-
peuta verá pronto que el éxito de la cura mental está en relación con su capacidad de ver mentalmente las condiciones normales. Eliminad de vuestra mente pues cualquier duda y acostumbradla a ver las condiciones deseadas, como si el paciente estuviera de- lante de vosotros, bajo la influencia de vues- tra mirada física. Acostumbraos día por día a esta práctica y quedaréis sorprendidos al ver cuan rápidamente adelantáis en este poder, hasta obtener una verdadera eficien- cia curativa.
La transmisión del pensamiento no requiere grandes esfuerzos por parte del terapeuta; la dificultad principal consiste en la habilidad de formar la imagen mental ya descrita. Formada dicha imagen, la transmisión se obtiene fácilmente.
Todo eso resultará extraño a los que han aprendido y creen que para proyectar el pensamiento se necesitan mucho esfuerzo y mucha concentración. Sin embargo, esa creencia no es correcta, porque la concentración sólo es necesaria para producir una imagen mental bien nítida y fácilmente visible; pero, una vez obtenida, la transmisión o proyección es un simple acto de deseo o de vo-
luntad. Dicho de otro modo, bastará pensar como si hubiese sucedido. Algunos maestros en la transmisión del pensamiento han hallado muy útil imaginar que podían ver su pensamiento como si realmente saliera de su cerebro, como si
realmente atravesara el espacio y como si realmente fuese recibido por la mente del enfermo. Claro está que ese método ayuda a la mente para mantener firme la imagen mental hasta que ella haya realizado su efecto.
Cuando se cura a un enfermo que está presente, ante todo conviene ponerlo en un estado de calma y de quietud, de manera que él mismo guarde el mayor silencio po- sible. Entiéndase que con eso no queremos decir que debe dormir o entrar en una es- pecie de somnolencia, sino que debe calmar su mente y abandonar todo pensamiento que se refiera a la vida exterior, hasta donde sea posible. Con el fin de facilitar ese propósito, tratad de tener a vuestra disposi- ción un cuarto donde no lleguen ruidos, evitando también la luz excesiva.
Establecidas estas favorables condiciones, sentaos cómoda y tranquilamente, hasta sentir vuestro estado mental listo para el tratamiento, y que vuestras vibraciones hayan
alcanzado un grado conveniente de elevación (en esa tarea vuestros mismos sentimientos os serán de gran ayuda). Formaos una ima- gen mental de vuestro paciente como si su salud se hubiese restablecido; formaos una idea mental de las condiciones sanas y normales del mismo y después pensad trans- mitir el concepto de esas sanas condiciones a su mente; algo así como una transmisión de fotografía mental. Podéis usar palabras ade- cuadas para ayudaros a formar la imagen de las condiciones que deseáis, pero, se entiende que sin pronunciarlas. Repetimos que lo más importante es formar la imagen mental de las condiciones ideales que deseáis restable- cer. Acordaos de esto, siempre. Probad en ver mentalmente a vuestro enfermo reinte- grado en su perfecta salud y esforzaos para tener constantemente esa imagen delante de vosotros mientras dure el tratamiento.
Convendrá agregar a éste buenos conse- jos, algunas palabras para animar y algu- nas enseñanzas acerca del poder de la mente misma del enfermo, a fin de que coopere al trabajo de vuestro pensamiento.
En el «tratamiento a distancia, , , el tera-
como si el enfermo estuviera presente. Debe imaginarse ver al paciente en su mismo cuarto y delante de sí y entonces dirigirle el tratamiento como si se lo aplicara directa- mente a la persona. Es necesario «ver» men- talmente a los pensamientos salir de vuestro cerebro, atravesar el espacio y alcanzar al enfermo. Muchos terapeutas, cuando apli- can el tratamiento a los ausentes, hablan con ellos mentalmente, como si estuviesen en su presencia y pudiesen oirlos. Este «hablar a distancias puede consistir en sim- ples sugestiones de salud, de fuerza, de vi- talidad recuperada, y también de «afirma- ciones', de verdad y de existencia, como usan los terapeutas metafísicos. Es inútil agregar que el pensamiento curativo de Amor es el más poderoso restaurador de la salud. Tratad que vuestro pensamiento de amor rodee la mente del enfermo, expulsando de la misma a los pensamientos adversos y negativos que en ella han fijado su morada.
El tratamiento a distancia se realiza con más facilidad y eficacia si el paciente, en una hora convenida, se coloca en actitud mental receptora, pero esta condición no es indispensable y, en efecto, muchos terapeu-
tas no curan a sus enfermos distantes en horas determinadas sino cuando las circunstancias les parecen propicias.
Dar:ahora mayores indicaciones e instruc- ciones más detalladas sobre la manera de aplicar dicho tratamiento sería inútil. En pocas líneas, os hemos dado la clave y la verdadera esencia de la doctrina. Si fijáis bien en vuestra mente estas instrucciones, lo mismo que las que os hemos dado en los capítulos del Tratamiento sugestivo, de la Fuerza-pensamiento y del Tratamiento pránico a distancia, estaréis en condiciones de aplicar los más eficaces y poderosos tratamientos mentales. Podríamos llenar todo el libro con este solo aspecto de la cuestión. Pero eso sería inútil y casi extraño al objeto de esta obra, que desea ser una simple, llana y concisa enseñanza de los métodos de cura por medio de la mente en sus diversas formas
Este libro debe ser leído, estudiado y consi- derado en conjunto, porque las instrucciones dadas en un método están en estrecha rela- ción con las dadas en los otros. Debéis pues familiarizaros con todos los métodos indica- dos a fin de obtener el mayor beneficio de las instrucciones que os hemos dado.
CURA METAFÍSICA
Mucho se, ha abusado del término que encabeza este capítulo. Con frecuencia se ha usado para designar casi todas las formas de cura de las que hemos hablado en este libro.
A decir verdad, quien emplea esta forma de cura psíquica, adquiere cierto derecho para llamarla «metafísica., porque esta palabra significa «más allá de lo físico., pero su significado especial, generalmente aceptado, es el de «Ciencia del Sér». El verdadero significado del término