MANÍA Y MELANCOLÍA

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III. LOS ROSTROS DE LA LOCURA

2. MANÍA Y MELANCOLÍA

La noción de melancolía, en el siglo XVI, estaba formada por una cierta definición de los síntomas y un principio de explicación, oculto tras el mismo término con el cual se le designa. Desde el punto de vista de los síntomas, encontramos todas las ideas delirantes que un individuo puede formarse de sí mismo. "Algunos de entre ellos piensan que son bestias, cuya voz y actitudes imitan. Algunos piensan que son vasos de vidrio, y por esta razón evitan a los paseantes, pues tienen miedo de que los rompan; otros temen a la muerte, la cual, sin embargo, se dan a menudo a sí mismos. Otros imaginan que son culpables de algún crimen y por lo mismo tiemblan y tienen miedo desde el momento en que ven a alguien acercarse a ellos, pensando que desean cogerlos por el cuello y llevarlos prisioneros para hacerles morir en manos de la justicia." clv Son temas delirantes, que

permanecen aislados, sin comprometer la razón en conjunto. Sydenham hará la observación de que los melancólicos son "gentes que, fuera de eso, son muy inteligentes y sensatos, que poseen una penetración y una sagacidad extraordinarias. Aristóteles también observó con razón que los melancólicos tienen más discernimiento que los otros".clvi

Ahora bien, este conjunto sintomático tan claro y coherente, se halla designado por una palabra que implica todo un sistema causal: la melancolía. "Yo os suplico que observéis de cerca los pensamientos de los melancólicos, sus palabras, visiones y acciones, y os daréis cuenta de que todos sus sentidos están depravados por un humor melancólico desparramado en su cerebro."clvii El delirio parcial y la acción de la bilis

negra se yuxtaponen en la noción de melancolía, sin otras relaciones por el momento que una confrontación sin unidad, entre un conjunto de síntomas y una denominación significativa. Ahora bien, en el siglo XVIII se hallará la unidad, o más bien se realizará un cambio; la cualidad de este humor negro y frío habrá llegado a ser la coloración principal del delirio, y su significado

propio ante la manía, la demencia y el frenesí, es decir, el principio esencial de su cohesión. Y en tanto que Boerhaave define aún la melancolía como "un largo delirio, tenaz y sin fiebre, durante el cual el enfermo está siempre discurriendo sobre un solo y mismo pensamiento" clviii, Dufour, pocos años

más tarde, basa su definición sobre "el miedo y la tristeza", que explican actualmente el carácter parcial del delirio: "De allí viene que los melancólicos amen la soledad y huyan de la compañía; en ella se unen con más fuerza al objeto de su delirio o de su pasión dominante, cualquiera que ella sea, mientras parecen indiferentes a todo lo restante." clix La fijación del

concepto no se ha logrado por medio de una nueva observación rigurosa, ni por un descubrimiento en el dominio de las causas, sino por una transmisión cualitativa que va de una causa implicada en la definición a una significativa percepción en los efectos.

Durante mucho tiempo —hasta principios del siglo XVII—,la discusión sobre la melancolía permaneció dentro de la tradición de los cuatro humores y de sus cualidades esenciales: cualidades estables propias de una sustancia, la cual sólo puede ser considerada como causa. Para Fernel, el humor melancólico, emparentado con la Tierra y el otoño, es un jugo "espeso en consistencia, frío y seco en su temperamento".clx Pero en la primera mitad

del siglo, se origina toda una discusión a propósito del origen ele la melancolía: ¿es necesario tener un temperamento melancólico para ser víctima de la melancolía? clxi ¿El humor melancólico es siempre frío y seco;

no puede ser jamás caliente y húmedo? ¿Es más bien la sustancia la que actúa, o son sus cualidades las que se comunican? Se puede resumir de la manera siguiente lo que se logró en el curso de este largo debate:

1) La causalidad de las sustancias es remplazada cada vez más a menudo por un avance en el estudio de las cualidades que sin necesidad de ningún soporte se transmiten inmediatamente del cuerpo al alma, del humor a las ideas, de los órganos a la conducta. Así, la mejor prueba para el apologista de Duncan de que el jugo melancólico provoca la melancolía, consiste en el hecho de que en él se encuentran las cualidades mismas de la enfermedad: "El jugo melancólico posee más propiamente las condiciones necesarias para producir la melancolía que vuestras cóleras encendidas, puesto que por su frialdad, disminuye la cantidad de sus espíritus; por su sequedad, les hace capaces de conservar durante un largo tiempo una especie de fuerte y tenaz imaginación; y por su negrura, los priva de su claridad y de su sutileza natural." clxii

2) Existe, además de esta mecánica de las cualidades, una dinámica que analiza en cada una de ellas la potencia que se encuentra guardada. Así, el frío y la sequedad pueden entrar en conflicto con el temperamento, y de esta oposición nacen los síntomas de la melancolía tanto más violentos puesto que hay lucha: la fuerza que triunfa arrastra tras de sí todas aquellas que se le resisten. Así, las mujeres, que por su naturaleza son poco accesibles a la melancolía, presentan síntomas más graves cuando son atacadas por ella. "Son tratadas con mayor crueldad y más violentamente trastornadas por ella, porque siendo la melancolía más opuesta a su temperamento, las aleja más de su constitución natural." clxiii

3) Pero en algunas ocasiones el conflicto nace en el interior de una misma cualidad. Una cualidad puede alterarse a sí misma durante su desarrollo, y

convertirse en su propio contrario. Así, cuando "las entrañas se calientan, cuando todo se fríe en el interior del cuerpo... cuando todos los jugos se queman", entonces todo este conjunto puede transformarse en fría melancolía, produciéndose "casi la misma cosa que hace una gran cantidad de cera sobre una antorcha volteada... Este enfriamiento del cuerpo es el efecto ordinario que sigue a los calores inmoderados, cuando éstos han arrojado y agotado su vigor".clxiv Hay una especie de dialéctica de la

cualidad que, libre de todo constreñimiento sustancial, de toda tarea originaria, avanza a pesar de tropiezos y contradicciones.

4) En fin, las cualidades pueden ser modificadas por los accidentes, las circunstancias y las condiciones de la vida, de tal manera que un ser que es seco y frío puede llegar a ser caliente y húmedo, si su manera de vivir lo conduce a ello; así les acontece a las mujeres: ''viven en la ociosidad, y siendo su cuerpo menos transpirador [que el de los hombres], permanecen dentro de él los calores, los espíritus y los humores".clxv

Liberadas del soporte sustancial dentro del cual habían permanecido prisioneras, las cualidades van a poder representar un papel de organizadoras e integradoras en la noción de melancolía. Por una parte, van a recortar, entre los síntomas y las manifestaciones, un cierto perfil de la tristeza, de la negrura, de la lentitud, de la inmovilidad. Por otra parte, van a dibujar un soporte causal que no será ya la fisiología de un humor, sino la patología de una idea, un miedo, un terror. La unidad morbosa no ha sido

definida a partir de los síntomas observados ni de las causas supuestas sino que, a mitad de los unos y las otras, ha sido percibida como una cierta coherencia cualitativa, que posee sus leyes de transmisión, de desarrollo y de transformación. La lógica secreta de esta cualidad es la que marca el desarrollo de la noción de melancolía, y no la teoría medicinal. Esto es realmente cierto desde los textos de Willis.

A primera vista, la coherencia de los análisis se encuentra allí asegurada al nivel de la reflexión especulativa. La explicación, en la obra de Willis, está tomada de la de los espíritus animales y de sus propiedades mecánicas. La melancolía es "una locura sin fiebre ni furor, acompañada de miedo y de tristeza". En la medida en que es delirio —es decir, ruptura esencial con la verdad—, su origen reside en un movimiento desordenado de los espíritus y en un estado defectuoso del cerebro; pero el miedo y la inquietud que vuelven tristes y meticulosos a los melancólicos, ¿pueden explicarse sólo por los movimientos? ¿Puede existir una mecánica del miedo y una circulación de los espíritus que sean propias de la tristeza? Para Descartes esto es evidente; no lo es ya para Willis. La melancolía no puede ser tratada como una parálisis, una apoplejía, un vértigo o una convulsión. En el fondo, ni siquiera se le puede analizar como a una simple demencia, aun cuando el delirio melancólico supone un desorden igual en el movimiento de los espíritus. Las dificultades de la mecánica explican bien el delirio —error común a toda locura, demencia o melancolía— pero no la cualidad propia del delirio, el color de tristeza y de miedo que hace de su paisaje algo singular. Es necesario penetrar en el secreto de las diátesis.clxvi A la larga,

son esas cualidades esenciales, escondidas en el grano mismo de la materia sutil, las que dan cuenta de los movimientos paradójicos de los espíritus. En la melancolía, los espíritus son transportados por una agitación, pero una agitación débil, sin poder ni violencia: una especie de tirón impotente, que

no sigue los caminos trazados ni las vías abiertas (aperta opercula), sino que atraviesa la materia cerebral, haciendo unos poros siempre nuevos; sin embargo, los espíritus no se apartan mucho de los caminos que ellos mismos han trazado; muy pronto su agitación languidece, su fuerza se agota y el movimiento se detiene: "non longe perveniunt".clxvii Así, una

ofuscación semejante, común a todos los delirios, no puede producir en la superficie del cuerpo esos movimientos violentos, ni esos gritos que se producen en la manía y en el frenesí; la melancolía no llega jamás al furor; es la locura en los límites de su impotencia. Esta paradoja se debe a las alteraciones secretas de los espíritus. Ordinariamente, tienen la rapidez casi inmediata y la transparencia absoluta de los rayos luminosos; pero en la melancolía, se convierten en seres nocturnos; se hacen "oscuros, opacos, y tenebrosos"; y las imágenes de las cosas que ellos conducen al cerebro y al espíritu están veladas por "la sombra y las tinieblas".clxviii Más pesados,

parecen más próximos a un oscuro vapor químico que a la luz pura. Vapor químico que sería de naturaleza acida, antes que sulfurosa o alcohólica, ya que en los vapores ácidos las partículas son móviles, y aun incapaces de reposo; pero esta actividad es débil, sin trascendencia; cuando se les destila, no queda en el alambique sino una flema insípida. ¿No tienen los vapores ácidos las mismas propiedades que la melancolía? Mientras que los vapores alcohólicos, siempre predispuestos a inflamarse, nos inducen a pensar más bien en el frenesí, y los vapores sulfurosos en la manía, ya que poseen un movimiento continuo y violento. Si esto es así, sería preciso buscar "la razón formal y las causas" de la melancolía, en los vapores que suben por medio de la sangre al cerebro y que han degenerado en un vapor ácido y corrosivo.clxix En apariencia, es toda una melancolía de los espíritus y

toda una química de los humores lo que guía el análisis de Willis; pero en realidad, el hilo director está sobre todo en las cualidades inmediatas del mal melancólico: un desorden impotente, y después esa sombra sobre el espíritu, con esa aspereza acida que corroe el corazón y el pensamiento. La química de los ácidos no es la explicación de los síntomas; es una opción cualitativa: toda una fenomenología de la experiencia melancólica.

Unos setenta años más tarde, los espíritus animales han perdido su prestigio científico. El secreto de las enfermedades estriba en los elementos sólidos y líquidos del cuerpo. El Diccionario Universal de Medicina, publicado por James en Inglaterra, propone en el artículo "Manía" una etiología comparada de esta enfermedad y de la melancolía. "Es evidente que el cerebro es el sitio donde residen todas las enfermedades de esta especie. .. Es allí donde el Creador ha fijado, aunque de una manera inconcebible, la residencia del alma, del espíritu, del genio, de la imaginación, de la memoria y de todas las sensaciones... Todas estas nobles funciones serán modificadas, depravadas, disminuidas y totalmente destruidas, si la sangre y los humores llegan a faltar en calidad y en cantidad, y no son ya conducidos al cerebro de una manera uniforme y temperada, si circulan allí con violencia e impetuosidad, o si se mueven lenta, difícil o lánguidamente."clxx Ese curso lánguido, esos vasos repletos, esa sangre

pesada e impura que el corazón difícilmente puede repartir en el organismo, y que tiene dificultades para penetrar en las pequeñas y estrechas arterias del cerebro, donde la circulación debe ser bastante rápida para alimentar al pensamiento, constituyen el conjunto de impedimentos que explican a la melancolía. Pesadez, lentitud, embarazo, constituyen las cualidades

primitivas que guían el análisis. La explicación se efectúa como una transferencia al organismo de las cualidades observadas en el porte, la conducta y las pláticas del enfermo. Se va de la aprehensión cualitativa a la explicación supuesta; pero es la aprehensión la que prevalece y triunfa sobre la coherencia teórica. En la obra de Lorry, las dos grandes explicaciones médicas —por los sólidos y por los fluidos— se yuxtaponen y acaban por mezclarse, permitiendo la distinción de dos clases de melancolía. Aquella cuyo origen está en los sólidos es la melancolía nerviosa: una sensación particularmente fuerte conmueve las fibras que la reciben; para rechazarla, la tensión aumenta en las otras fibras, que son a la vez más rígidas y susceptibles de vibrar más. Pero si la sensación se hace más fuerte, la tensión llega a ser tal en las otras fibras que éstas pierden la capacidad de vibrar; es tal el estado de rigidez que la circulación de la sangre se detiene en esta zona y los espíritus animales quedan inmovilizados. Entonces aparece la melancolía. En la otra forma de la enfermedad, la "forma líquida", los humores se encuentran impregnados de atrabilis; se vuelven más espesos; cargada con estos humores, la sangre se vuelve pesada, y se estanca en las meninges hasta el punto de comprimir los órganos principales del sistema nervioso.

Se vuelve a presentar entonces la rigidez en la fibra; pero en este caso se trata solamente de una consecuencia de un fenómeno humoral. Lorry distingue dos melancolías; en realidad es el mismo conjunto de cualidades el que asegura a la melancolía su unidad real; pero esa división le permite al autor exponer sucesivamente la melancolía en dos sistemas explicativos. Solamente el edificio teórico se ha desdoblado. El fondo cualitativo de la experiencia es el mismo.

La melancolía es una unidad simbólica formada por la languidez de los fluidos, por el oscurecimiento de los espíritus animales y por la sombra crepuscular que éstos extienden sobre las imágenes de las cosas, por la viscosidad de la sangre que se arrastra difícilmente por los vasos, por el espesor de los vapores que se han vuelto negruzcos, deletéreos y acres, por funciones viscerales que se han hecho más lentas, como si los órganos se viesen cubiertos por una viscosidad; esta unidad, más bien sensible que conceptual o teórica, da a la melancolía el signo que le es propio.

Este trabajo, mucho más que una observación fiel, es el que reorganiza el conjunto de los síntomas y el modo de aparición de la melancolía. El tema del delirio parcial desaparece cada vez más frecuentemente como el síntoma principal de los melancólicos, para ser sustituido por los datos cualitativos como la tristeza, la amargura, el gusto de la soledad, la inmovilidad. A finales del siglo XVIII, se clasificarán fácilmente como melancolías las locuras sin delirio, caracterizadas por la inercia, por la desesperación y por una especie de estupor sombrío.clxxi En el Diccionario de

James se habla ya de una melancolía apoplética, sin idea delirante, en la cual los enfermos "no quieren abandonar su cama... cuando están de pie no caminan sino cuando son obligados por sus amigos o por aquellos que los sirven; no evitan a los hombres; pero parece que no ponen ninguna atención a aquello que se les dice, y nunca responden".clxxii Si en ese caso la

inmovilidad y el silencio son considerados los elementos más importantes y los que determinan el diagnóstico de la melancolía, también hay sujetos en los que no se observa sino amargura, languidez, y deseo de soledad; su

misma agitación no debe engañar ni autorizar un juicio apresurado de que nos hallamos en presencia de una manía; se trata indudablemente de una melancolía, ya que los pacientes "evitan la compañía, les gustan los lugares solitarios, y deambulan sin saber a dónde van; tienen el color amarillento, la lengua seca como si estuvieran muy sedientos, los ojos secos, hundidos, jamás humedecidos por las lágrimas; el cuerpo seco y ardiente, y el rostro sombrío, cubierto de horror y tristeza".clxxiii

Los análisis de la manía y su evolución en el curso de la época clásica obedecen a un mismo principio de coherencia.

Willis considera a la manía y a la melancolía como dos términos opuestos. El espíritu del melancólico está completamente ocupado por la reflexión, de tal manera que la imaginación permanece en ociosidad y reposo; en el maniaco, al contrario, la fantasía y la imaginación están ocupadas por un flujo perpetuo de pensamientos impetuosos. Mientras que el espíritu del melancólico se fija sobre un solo objeto, único, y al que atribuye unas proporciones irrazonables, la manía deforma conceptos y nociones; o bien los objetos pierden su congruencia, o bien los caracteres de su representación están falseados; de todas maneras, el conjunto pensante está dañado en sus relaciones esenciales con la verdad. La melancolía, finalmente, se presenta siempre acompañada por la tristeza y el miedo; en el maniaco, al contrario, se observan la audacia y el furor. La causa del mal se encuentra siempre en el movimiento de los espíritus animales, ya se trate de manía o de melancolía. Pero en la manía, ese movimiento es peculiar: continuo, violento, con capacidad permanente para hacer nuevos poros en la materia cerebral, y constituye una especie de soporte material de los pensamientos incoherentes, de las actitudes explosivas, de las palabras ininterrumpidas que denuncian la manía. Toda esta perniciosa movilidad es semejante a la del agua infernal, hecha de licor sulfuroso, a la de aquellas aquae stygiae, ex nitro, vitriolo, antimonio, arsénico, et similibus exstillatae: las partículas están allí en movimiento perpetuo; son capaces de horadar nuevos poros y canales en cualquier material y tienen fuerza suficiente para propagarse a distancia, así como los espíritus maniacos que son capaces de agitar todas las partes del cuerpo. El agua infernal refleja en el secreto de sus movimientos todas las imágenes en las

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