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MANDAMIENTOS PARA UN BUEN DIÁLOGO

Q V IDA JUSTA

MANDAMIENTOS PARA UN BUEN DIÁLOGO

1. 1. Saber escuchar y aceptar la existencia de opiniones contrarias.No preparar mi intervención mientras el otro explica la suya.

2. 2. El diálogo supone mantener una actitud crítica ante situaciones concretas. 3. 3. No querer “ganar” al otro intercambiar ideas y proyectos y enriquecernos

mutuamente .

4. 4. Saber llegar a los consensos en lo posible, sin vencedores ni vencidos. 5. 5. Exponer los criterios pero no imponerlos.

6. 6. Facilitar la comprensión y la obtención de resultados. 7. 7. El diálogo necesita tiempo.

8. 8. No apasionarse en el tema.

9. 9. No improvisar, el diálogo es fruto del esfuerzo y la reflexión sosegada de ambas partes.

10. 10. Creer en la propia opinión, sin miedo a mantenerla claramente , y reconocer e su tiempo si hemos cambiado de opinión como consecuencia del diálogo o las circustancias.

11. 11. Reconocer que en el diálogo todos tenemos algo que aportar. 12. 12. Encontrar la verdad en la diversidad y la pluralidad.

13. 13. Tener en cuenta el contexto: espacio, circunstancia, quién convoca y participa,etc.

14. 14. Crear un ambiente propicio que facilite el intercambio sereno. 15. 15. Conocer claramente los objetivos,tema,finalidad.

16. 16. Seguir la secuencia del diálogo: Cada parte propone temas Ambas partes acuerdan el tema Cada parte prepara su participación Sesiones del diálogo en sí

Acuerdos, resultados, propuestas para nuevas sesiones Evaluación

17.Usar un lenguaje asequible, respetuoso, a nivel de los participantes. 18.No deformar las opiniones contrarias.No interpretar manipulando . 19.Se puede consentir o disentir, lo importante es dialogar.

20.Bases del diálogo: Libertad, responsabilidad y verdad.Debe buscar más el bien común que el bien de las partes.

21.Tener argumentos sólidos.

22.Ajustarse al tema .Evitar desviaciones.

23.No ir predispuesto ni juzgar sobre intenciones.Diferenciar perjuicios de experiencias.

24.Reconocer equivocaciones o cambios de ideas.

25.Saber abandonar el diálogo cuando pierde sus objetivos o no se respeta lo acordado.

26.No cuestionar a las personas sino las ideas o propuestas. 27.No ser excluyente ni de temas ni de personas en cada etapa. 28.El diálogo debe ser gradual y progresivo.

29.La discrección es la garantía para la continuidad del diálogo.

30.El diálogo es siempre posible como actitud como método o como resultado.

Para hacer

1. Estas reglas para un buen diálogo, publicadas en la revista cubana Vitral (nº 28, nov-dic, 1998) son fruto de un Seminario del «CFCR» y fueron confeccionadas entre todos los participantes. Elegir las tres que cada uno cree que ejerce mejor y las tres que más necesitaría cultivar.

2. Ir hablando de cada una de ellas y señalar las dificultades para llevarlas a cabo. Concretar después todas las formas posibles de superar esas dificultades y poner en práctica cada mandamiento.

3. Realizar algún ejercicio en el que los miembros del grupo intentan tener en cuenta tres reglas.

¿¿¿SENSIBILIDAD DOMESTICADA???(DOMUND) LA OPORTUNIDAD DEL DÓMUND

Estos sencillos materiales persiguen un doble objetivo: por un lado y al hilo del DÓMUND, revisar nuestra sensibilidad —particularmente ante el sufrimiento y la injusticia que puebla la vida de los seres humanos—; por otro, resituar el significado del mismo Dómund —más en dirección de la lucha por la justicia que una simple referencia «misiones y misioneros»—. Dos narraciones, cuyos autores son José Real (El invento

del siglo) y Esteban Díaz Merchán (La nube domesticada), constituyen el núcleo para

alcanzar ambos objetivos.

1. «He venido a sanar...»

Jesús no se queda de manos cruzadas ante la injusticia y el sufrimiento humano. Su Buena Noticia del Reino no se queda en palabras sino que se manifiesta también en los hechos. Ha venido a salvar al hombre de todo lo que le atormenta. Es la compasión la que le mueve a actuar. Pero para ser salvados, hace falta ser conscientes tanto del propio dolor y enfermedad como del dolor, la injusticia, la pobreza... que rodea la vida de los demás seres humanos, sobre todo de cuantos habitan en los países más pobres —«tierras de misión», decimos, la mayoría de ellos; aunque seamos nosotros los que debamos convertirnos y ellos quienes nos convertiran si nos dejamos afectar por el sufrimiento que padecen—.

q El invento del siglo

«Un médico, intentando mejorar la máquina de Rayos «X», descubrió por casualidad un nuevo tipo de rayos, los Rayos «Y». Lo sorprendente de estos rayos era que, en lugar de ver en la radiografía los huesos, los pulmones, los riñones o el hígado, lo que se veía era la bondad o maldad que había en la cabeza, el amor o el egoísmo que tenía el corazón, la sinceridad de la lengua, la paz que se respiraba en los pulmones, la generosidad que contagiaban las manos, la solidaridad de la sangre, el rencor del estómago, etc.

Acababa de descubrir el invento del siglo. Algo revolucionario. Si con los Rayos «X» se podía detectar y curar las enfermedades físicas, ahora, con los Rayos «Y», se podría detectar y curar la maldad que había en el interior de las personas. Cuando dio a conocer al mundo entero su invento, todos quedaron asombrados ante tal descubrimiento. Fueron muchos los premios que se le otorgaron.

Pero cuando instaló la máquina de Rayos «Y» en el primer hospital, nadie quiso acudir allí para hacerse una revisión. Pasó el tiempo y sólo unos pocos fueron a curarse. Casi nadie se reconocía enfermo de maldad, de egoísmo, de mentira, de odio, etc. Todos pensaban que eran los demás los que estaban enfermos. El médico se sorprendió de que fueran tan pocos los que se sintieran enfermos y necesitados de ser curados. Quizá fuera porque este tipo de enfermedades no causaban dolor ni molestias en uno mismo sino que eran los demás los que sufrían las consecuencias.

Este invento tuvo poco éxito. No era fácil encontrar pacientes que quisieran ser curados. Al final, el médico no tuvo más remedio que inventar una nueva máquina: la máquina de Rayos «Z». Con ella podría curar el profundo dolor que causaban continuamente en las personas, aquellos que no se reconocían enfermos de egoísmo y de maldad. Curiosamente esta máquina tuvo un gran éxito. Nunca se le acabaron los pacientes. Siempre había largas colas de personas esperando ser curadas».