Aunque es evidente que las miniaturas alfonsíes, con uso profuso del color, pertenecen también al deseo de transmitir mejor los contenidos textuales, aquí voy a fijarme más bien en otro tipo de elementos coloreados: todos aquellos en que se utilicen caracteres alfanuméricos.
4 Libro de las cruzes: f. 2r. (cf. The Electronic Texts of the Prose Works of Alfonso X, el Sabio (edición de Ll. Kasten, J.
Nitti y W. Jonxis-Henkemans), Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1997 (CD-ROM). También en Alfonso el Sabio, Libro de las cruzes (edición de Ll. A. Kasten / L. B. Kiddle), Madrid-Madison, CSIC, 1961).
5 General estoria 1: f. 121v. (cf. General estoria, Primera parte, en: The Electronic Texts of the Prose Works of Alfonso X,
el Sabio (edición de Ll. Kasten, J. Nitti y W. Jonxis-Henkemans), Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies,
1997 (CD-ROM). También en: Alfonso X el Sabio, General estoria. Primera parte (edición de P. Sánchez-Prieto Borja), Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 2 vol., 2001, 2009).
6 Libro del consejo: 23 (cf. Maestre Pedro, Libro del consejo y los consejeros (edición de Agapito Rey), Zaragoza,
42
3.1.
En primer lugar, hay que decir que los colores predominantes al servicio de la articulación textual son el rojo y el azul, con predominio del rojo sobre el azul: ello es palpable en que el rojo y el azul aparecen a veces combinados, mientras que, si no se combinan, sólo se emplea el rojo. Esto es, hay una escala implicativa entre los dos colores, de forma que el azul presupone el empleo del rojo, pero no al revés.
Como muestra de ello, véanse, por ejemplo, los Libros del saber de astrología, aunque también podríamos mencionar otros códices. En el Libro de las estrellas fixas que son en el ochavo cielo, vemos cómo las iniciales de capítulo alternan rojo y azul, del mismo modo alternan rojo y azul las cabeceras que señalan el libro al que pertenecen los capítulos. Pero es interesante señalar que, en ausencia de alternancia, el único color usado es el rojo, como sucede en los títulos de los capítulos y en los calderones, solo en rojo, y en algunas mayúsculas, destacadas también en rojo (imagen 1). Lo mismo sucede en el Libro de la esfera (imagen 3).
Las ruedas que en el Libro de la estrellas que son en la ochava esfera describen cada una de las constelaciones también nos muestran ese predominio del rojo. En ellas el rojo se emplea para destacar los números dentro del texto y para dar la naturaleza de cada estrella, por ejemplo, «e la su natura es fría e seca» (imagen 2).
Idéntica preferencia por el rojo aparece en las tablas, en que el rojo aparece sin empleo del azul: por ejemplo, las tablas incluidas en los Libros del astrolabio en las que el negro y el rojo alternan en cada columna con una función demarcativa.
El azul, por tanto, si aparece, está limitado a las cabeceras, los calderones, la C de capítulo en los índices, y la numeración de libros y capítulos. En todos los casos, alterna con el rojo.
3.2.
Establecido el principio del predominio jerarquizado del rojo sobre el azul para funciones textuales demarcativas, véamos cuáles son los aspectos del texto que necesitan ser rubricados para facilitar la localización textual. Procediendo de más a menos, podemos distinguir tres niveles jerarquizados de división textual. El primer nivel o de los libros se señala con las cabeceras, prólogo, tabla de capítulo y capital de mayor tamaño o rueda intitulatoria inicial en algunos códices. El segundo nivel o de los capítulos se señala mediante los títulos, las iniciales decoradas con orla lateral –o bien iniciales miniadas- y, a veces, la numeración al margen. El tercer nivel de división, interior al capítulo, reserva los colores, como procedimiento de destacar diversas partes textuales, para los calderones, algunas mayúsculas, las letras con valor numérico o geométrico, las citas latinas, los estribillos y la introducción de ilustraciones.
43
Primer nivel de división textual: los libros
Este nivel es destacado por las cabeceras, que siempre se leen a doble página enfrentada y siempre alternan el rojo y el azul. Véase la imagen 4, en que se muestra solo “exo” de la cabecera completa “exodo”
Otra forma de marcar este nivel de división textual son los prólogos y las tablas de capítulos que encabezan los libros, normalmente con una capital de mayor tamaño. Por ejemplo, véase el arranque del Libro de la esfera (imagen 3).
En otros casos, el inicio de una sección mayor desde el punto de vista textual se marca recurriendo sólo a las capitales, sin tabla de capítulos, como, sucede, por ejemplo, en los comienzos del Libro de los dados y del Libro de las tablas en el Libro de los juegos.
Por último, pertenecen también a este nivel de división textual las ruedas, que no aparecen en todos los códices alfonsíes: sólo en los historiográficos. De nuevo, las ruedas están trazadas en rojo, a veces también con algo de azul, y contienen los títulos en rojo de cada sección mayor. Aparecen al frente de cada señorío en la Estoria de España o de cada uno de los libros en que se dividen las partes primera y cuarta de la General estoria (véase imagen 4).
Tanto si hay rueda como si no, el comienzo de las secciones mayores suele estar marcado por capitales que incluyen tonos azules enmarcadas en rojo. Esto es, no suele suceder que una sección mayor comience por capital exclusivamente roja.
Segundo nivel de división textual: los capítulos
Este nivel de división textual es, sin duda, en el que la factura de los textos alfonsíes resulta más novedosa. Todos ellos introducen secciones textuales capitulares, que no están heredadas de las fuentes. Esa estructura capitular es quizá la más destacada en cualquier códice alfonsí a través de procedimientos formales. En primer lugar, los títulos en rojo que, a simple vista, proporcionan un panorama de la estructura del texto. Los títulos se acompañan de las iniciales, alternas en rojo y azul y, con frecuencia, con adornos laterales del color contrario, si inicial roja, rasgueos azules y viceversa. Esa decoración de filigrana a pluma se desplaza por el margen izquierdo de la columna en la que se inicia el capítulo, dejando las otras columnas sin orla ninguna si en ellas no hay capítulo. Por último, algunos códices, como los de la Estoria de España y la General estoria, acompañan la demarcación capitular con numeración exterior a la columna, también alterna en rojo y azul (véase imagen 8).
Por ejemplo, en los Libros del saber de astrología, según las secciones, podemos ver puestas en práctica técnicas levemente distintas: así, en el Libro de las estrellas fixas que son el el ochavo cielo, los títulos parecen añadidos tardíamente y vemos un adorno lateral que son apenas unos leves rasgueos a pluma (véase imagen 1). En cambio, en el Libro de la esfera se ha previsto el espacio para los títulos, que son más largos, y vemos el sistema de orla lateral alterna en colores junto a la aparición de uno nuevo, en que el adorno se prolonga por todo el margen de la columna, sin que importe la “colisión” del color de las dos iniciales, ya que el rasgueo no se hace del color contrario a la inicial, sino que se mezclan el rojo y el azul y el adorno combina simultáneamente los dos colores (imagen 5).
44
Esa técnica, que parece un desarrollo ulterior de lo que originalmente eran unos adornos a pluma de la inicial, aparece aún más extendida en el códice de la primera parte de la General estoria, donde vemos que la cenefa roja y azul ya no sólo aparece en el margen izquierdo de la columna en que figura la inicial rubricada, sino que se ha extendido por los márgenes superior e inferior, además de hacerse sólida, coloreada y no presentar una apariencia afiligranada (imágenes 4 y 8).
En el códice alfonsí de la Estoria de España encontramos otros procedimientos: en los primeros folios: en lugar de las habituales iniciales alternas en rojo y azul, tenemos iniciales miniadas, sin adorno lateral. Con este tipo de iniciales que son verdaderas miniaturas en ocasiones, los títulos en rojo pierden mucha importancia demarcativa: se privilegia la imagen sobre el texto. Esta tendencia se ve llevada al extremo en uno de los códices más singulares del scriptorium de Alfonso el Sabio: el del Lapidario. Con la excepción de los códices de las Cantigas y del Libro de los juegos, el Lapidario es el manuscrito más iluminado de los producidos por Alfonso el Sabio. En él alcanzan una gran importancia las iniciales decoradas, que representan en cada caso la piedra de la que habla el capítulo, mientras que el título pierde relevancia en volumen y color, apenas visible en comparación. Lo más interesante es que las iniciales miniadas se acompañan de los trazos laterales por el margen izquierdo de la columna, con iluminación muy rica, al modo de los rasgueos a pluma de códices menos iluminados. E incluso esa orla miniada puede llegar a encajar completamente el texto (imagen 6).
Por último, resulta interesante destacar que el rojo también puede utilizarse para estructurar con títulos la división de una tabla, del mismo modo que los títulos de los capítulos estructuran un texto. Así, en el Libro complido de los judizios de las estrellas, el más temprano de los códices alfonsíes conservado, puede notarse cómo la tabla de capítulos está dividida en epígrafes en rojo que organizan los capítulos por secciones «estos son los capítulos de la segunda / tercera / cuarta parte de este primero libro».
Tercer nivel de división textual: el texto
En el interior del capítulo (o de cantiga), el color se reserva para demarcaciones textuales de vario tipo, aunque no todos los códices tienen el mismo comportamiento. Los elementos coloreados son los calderones, algunas mayúsculas, las letras con valor numérico o geométrico, las citas latinas, la introducción de ilustraciones o del cierre de secciones y los estribillos.
El empleo general son los calderones, que, como es sabido, señalan el equivalente a un párrafo moderno. Pueden ser solamente rojos, como es el caso de la mayor parte de las secciones del Libro del saber de astrología, por ejemplo (véase imágenes 1 y 3), o bien alternan rojo y azul, como suele ser la norma (imágenes 4, 5 y 8). No deja de ser notable que haya textos, como el Lapidario, en que apenas hay calderones.
Los calderones también sirven al propósito de destacar enumeraciones, bien sea insertas en el texto a línea tirada, bien en líneas independientes, con punto y aparte, como es frecuente en las enumeraciones de los reyes en la General estoria, primera y cuarta partes, o en los tablas de capítulos.
45 Por lo general, las mayúsculas del interior del texto alfonsí están trazadas en negro. Pero, algunas pocas veces, se destacan con color, que rellena el trazo externo de la letra. Esa práctica se limita al rojo, como es los Libros del saber de astrología, por ejemplo, en el Libro de las estrellas que son en el ochavo cielo o en el Libro de la esfera, se han destacado las mayúsculas internas al texto con rojo (imágenes 1 y 3). Caso totalmente excepcional es el del prólogo intitulatorio de uno de los manuscritos escurialenses de las Cantigas, en que las mayúsculas aparecen alternativamente destacadas en rojo y azul en el interior del pasaje, además de emplearse iniciales decoradas para los principios de cada estrofa (imagen 7).
Algo parecido a los comienzos de las estrofas en las Cantigas sucede en algunas enumeraciones de reyes en la General Estoria, primera parte, en que, junto a (o en lugar de) los calderones alternos en rojo y azul, se emplean mayúsculas en colores alternos. Está en rojo la E de «El rey de...» (imagen 8).
Si pasamos a la siguiente categoría de elementos textuales destacados en color en el interior del texto debo referirme a las letras con valor numérico y geométrico. Estas letras no se suelen señalar en rojo en los textos historiográficos, por ejemplo, cuando se habla del número de años que reinó un rey, pero, en cambio, aparecen regularmente en rojo en los distintos libros del saber de astrología. A modo de ejemplo, véase esta imagen del Libro primero del astrolabio llano, en que para explicar el manejo del instrumento astronómico los puntos geométricos señalados en la ilustración se ven referidos por letras escritas en rojo (imagen 9).
Lo mismo sucede con las letras de valor numérico en las tablas, que alternan rojo y negro por columnas con valor demarcativo.
Por último, el rojo se emplea también dentro del texto continuo de un capítulo en los siguientes casos: primero, cuando se quiere anunciar el fin de una sección. En este caso, el final de una sección funciona de la misma manera que el título de la siguiente. Veamos como ejemplo el final del Libro del astrolabio redondo y el inicio del Libro del astrolabio llano. Al final del primero se dice «Aquí se acaba el libro del astrolabio redondo e de cuémo se faz de nuevo e de cuémo deben obrar con él» escrito en rojo, de la misma manera que se anuncia en rojo, al final de la columna y tras un espacio de guarda en blanco: «Aquí se comiença el libro del astrolabio llano».
En segundo lugar, se emplea a veces el rojo para dar paso a una ilustración: por ejemplo, en los Libros del saber de astrología se escribe siempre en rojo la frase “e esta es la su figura” que introduce una ilustración inmediatamente siguiente (véase imagen 9).
Este valor del rojo para introducir ilustraciones, lo reencontramos en las Cantigas, pero aquí, dada la riqueza del códice escurialense E o códice Rico, con una novedad: el empleo alterno del rojo y el azul para explicar el contenido de cada una de las 6 miniaturas que representan lo sucedido en la Cantiga correspondiente.
En tercer lugar, el color, normalmente el rojo, puede emplearse dentro de un texto seguido con otros valores demarcativos. Por ejemplo, para el estribillo en las Cantigas. Todas las cantigas introducen el estribillo en rojo y, al final de cada estrofa, copian el primer verso del estribillo, que aparece en rojo, mientras que el texto se encabeza también por una inicial decorada.
46
Ese mismo valor separador tiene el rojo en el códice de la primera parte de la General Estoria, en que a veces se copian las citas latinas de Ovidio en rojo, antes de proceder a su traducción. Después de anunciar «e los uiessos son estos por sos latines», se transcribe a continuación en rojo el texto latino, luego seguido de su glosa en negro. La práctica procede del sistema de glosa medieval.