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A MANERA DE CONCLUSIÓN

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Tabla l Dos acepciones distintas del término competencias

5. A MANERA DE CONCLUSIÓN

La razón fundamental que justifica la educación como una necesidad humana es, precisamente, que aparece como un eje articulador de la existencia del hombre, o sea, que refleja una situación entre carencia y potencia: el conjunto de necesidades del hombre se expresa en la educación como un conjunto de potencialidades y capacidades a desarrollar para enfrentarlas. De ahí que el desarrollo educativo se fundamente en la relación que establecen las categorías existenciales y axiológicas del hombre, tomando en cuenta el nivel de contribución de la educación al despliegue humano para satisfacer sus necesidades fundamentales en términos mínimos y óptimos.

La argumentación a favor de las necesidades humanas se inserta más allá de una fundamentación ontológica. Asume, por lo tanto, una perspectiva social de desarrollo que lleva a discutir las necesidades humanas como necesidades sociales, lo cual equivale a plantear el vínculo entre individuo y sociedad desde el punto de vista de una estrategia conjunta que no sólo desea resolver los niveles de privación o carencia, sino que apunta hacia la construcción de ámbitos superiores de prosperidad. Éste es el objetivo de pensar el desarrollo social como un proceso continuo de articulación entre las condiciones básicas de existencia natural y social del hombre y las necesidades que exigen innovación y creación humanas permanentes.

En la brecha que se construye entre ambas necesidades aparece un proceso de transferencia histórica que da forma al basamento sobre el cual es posible valorar el desarrollo, en función de la magnitud y ritmo con que una innovación pueda transferirse al área de actividad vital de los hombres en términos individuales y sociales. El carácter de esta transferencia es de por sí un indicador de las opciones de desarrollo social, pero sobre todo cristaliza en un núcleo irreductible de necesidades satisfechas que refleja el nivel de avance logrado por la sociedad en atención a las necesidades de sus miembros; un núcleo irreductible se convierte en la base irrenunciable del desarrollo y el punto de partida para las nuevas generaciones en su esfuerzo por conformar las nuevas opciones de desarrollo. Por supuesto que esta base inexorable no obedece a un acto lineal y mecánico, sino que supone siempre un proceso contradictorio que involucra la reivindicación social, la lucha, la negociación y diferentes actos de inteligencia humana para lograrla.

Al concepto de competencias es aplicable el mismo modo de razonamiento y conceptualización. Existen competencias educativas fundamentales como saber leer y escribir, por ejemplo, que bien pueden situarse como parte del núcleo irreductible que la educación tiene que atender. Pero también la educación se desenvuelve en el plano proactivo, en el campo de la innovación y la creatividad. Así, por ejemplo, un nuevo conocimiento o un nuevo descubrimiento de la realidad natural y social puede transferirse al núcleo irreductible como parte del acervo necesario que todos los miembros de una sociedad deben mínimamente conocer como soporte ineludible de su formación. Esto es, en última instancia, lo que fundamenta el avance moral e intelectual del desarrollo educativo de la sociedad. Como puede fácilmente advertirse, no se trata de pura tecnología o solamente de nuevos valores o habilidades instrumentales. Aunque es aceptable la transferencia en cada uno de estos ámbitos, el propósito es casi siempre lograr un avance integral y articulado sin que esto suponga, necesariamente, una lógica acumulativa, sino que acepta también las transformaciones radicales o esquemas de reforma que replanteen estructuras, discursos y prácticas sociales y educativas.

Es importante tomaren consideración que las competencias no pueden ir solas en el proceso de cambio educativo. Es indispensable pensarlas desde un razonamiento articulado. Deseamos entender la educación como algo que se manifiesta centralmente en las capacidades de la gente, pero que éstas no pueden ser consideradas al margen de las condiciones en que se adquieren y de los resultados que con ellas se obtienen. De ahí la exigencia de asumir su mutuo condicionamiento en términos de una propuesta de racionalidad; no es posible pensar en las capacidades de la gente y sus competencias, como saber sumar o restar o manejar un determinado equipo mecánico o eléctrico, o bien saber trabajar en equipo o ser apto para participar en política si no se alude a las condiciones en que estos saberes se aprenden, ya sea con relación a una infraestructura material, a un ambiente cultural o a situaciones específicas de aprendizaje. En suma, pues, a la idea de competencias hay que agregarle el conjunto de oportunidades y el conjunto de realizaciones.

Cuando las competencias se piensan en esta perspectiva, es necesario considerar los compromisos del Estado, por supuesto -yen primerísimo lugar-, pero también en la corresponsabilidad social.

Si bien es cierto que la educación involucra la acción institucional educativa, puesto que ésta expresa el área por excelencia a través de la cual la sociedad canaliza y moviliza sus recursos fundamentales para la formación de las capacidades de la gente, no es menos irrefutable el hecho de que los propios individuos en el ámbito de sus propias redes sociales y de otras expresiones institucionales, como la familia y los grupos endogámicos y culturales, realizan un sinfín de actividades que repercuten directamente en su desarrollo educativo. Este ámbito social debe merecer una atención especial considerando el entramado cultural e institucional que establece con las acciones estatales con el fin de valorar el grado de cornplementariedad entre las mismas y, con ello, avanzar en el análisis acerca de las potencialidades que la propia sociedad tiene para desplegar su desarrollo educativo.

El reto mayor para darle viabilidad al enfoque basado en competencias está muy cercano a lo que Michael Fullan ha planteado, al asumir que e! cambio educativo supone tres componentes básicos: nuevas competencias, que se traducen en conocimiento, habilidades y actitudes que se requieren; nuevos recursos, no sólo dinero o tecnología, sino ideas y experiencia; y nuevas motivaciones, las energías que los actores puedan desplegar y comprometer para enfrentar los retos de equidad y calidad educativa (Fullan, 2007). Quizá, el concepto de competencias pueda ser pensado como un dispositivo estratégico para incorporar el componente de la acción humana para hacer efectivo el resto de los componentes del bienestar y el desarrollo: los recursos y las oportunidades. Me parece que este argumento coloca adecuadamente el reto futuro que tenemos en el complejo, pero al mismo tiempo apasionante, tema de la educación basada en competencias.

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VISIONES COMPETENTES SOBRE.... COMPETENCIAS (APROXIMACIONES PEDAGÓGICAS)

Tomás Miklos Ilkovics

INTRODUCCIÓN

El futuro comienza ahora y las decisiones sobre él deben tomarse hoy; las acciones deben iniciarse inmediatamente después porque los resultados son para mañana mismo.

Esto, que suena fácil en los hechos, no lo ha sido en la realidad; en materia de competencias menos aún. De hecho, si fuera fácil ya lo hubiéramos hecho.

Mucho hemos argumentado a favor y en contra sobre competencias. El término ya forma parte de nuestro lenguaje. Ya es tiempo de que lo integremos a nuestro quehacer cotidiano y de que conquistemos de manera inmediata sus beneficios, puesto que ya forma parte de nuestra vida diaria. Llegó el momento de que también se integre a nuestro quehacer educativo. Para lograr lo que deseamos, es nuestro papel hacerlo bien; no es suficiente pensarlo, hay que hacerlo, pero, además hay que hacerlo bien y alcanzar los mejores resultados posibles.

Es cierto que la irrupción de las denominadas competencias en nuestro vocabulario, su génesis conceptual y operativa provocaron

el natural rechazo de muchos teóricos y críticos de las ciencias sociales. Su origen empresarial y laboral gestó descrédito e inconformidad de quienes exigían, y con sobrada razón, un cierto rigor científico y epistemológico como requisito indispensable para incorporarlo en la filosofía, en la pedagogía y en las ciencias del comportamiento humano.

"Y, sin embargo, se mueve" diría Galileo. "Y, sin embargo, nos mueve" ... pudiéramos agregar nosotros. Ahí están y llegaron para quedarse. Aprendamos a "sacarle jugo", a aprovechar sus beneficios y a eliminar, o al menos reducir, los daños potenciales que pudieran implicar. Es necesario opinar racional y pro activamente en esta materia. Esto es particularmente cierto -y serio- cuando de materia educativa se trata, dado su potencial sinérgico, multireferencial y pluricausal, para bien o para mal.

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