• No se han encontrado resultados

7 Algunas consideraciones importantes del psicólogo clínico

7.2 Manera de escuchar al paciente

El trabajo psicoterapéutico requiere del despliegue de una serie de habilidades, por parte del psicólogo clínico. Al describir algunas de las habilidades efectivas del psicólogo clínico, independientemente de su postura teórica, según Brammmer (1979, cit. en Liemann, 2010) éstas corresponden a las capacidades de entender, escuchar, guiar, reflejar, confrontar, interpretar, informar y resumir.

Es importante enfatizar dentro de éstas capacidades, el papel que tiene el escuchar en el proceso terapéutico, ya que, cuando la persona acude a consulta,

no sólo busca “ayuda”, sino que además, busca un espacio donde pueda descargar su malestar, dolor o preocupación; es decir, busca ser “escuchado”. Sin embargo, tal como indica Pérez (2011) saber escuchar, es una actividad extremadamente compleja, ya que no es una posición pasiva; escuchar es comprometerse con la persona a quien se escucha, por una parte el psicólogo clínico se compromete a asumir un marco de referencia que no es el suyo y que tampoco conoce, de igual forma tendrá que irlo descubriendo y construyendo. La palabra escuchar proviene del latín ascultāre y significa prestar atención a lo que se oye, a diferencia del oír el cual como lo explica Echeverría (2005, cit. En Liemann, 2010) es un fenómeno biológico. Se le asocia a la capacidad de distinguir sonidos en las interacciones con un medio. Por lo tanto se está hablando de dos fenómenos diferentes.

Por lo tanto, el acto de escuchar siempre implica comprensión y, por lo tanto, interpretación. Cuando se presta atención a lo que se escucha, implica no solo tomar en cuenta lo que se dice, sino además lo que no se dice, como podría ser los silencios y los movimientos del cuerpo. Por lo tanto cuando se escucha se realiza un proceso activo y complejo que va más allá de recibir información, procesarla y emitir una respuesta. Lo que realmente se busca es comprender el significado de lo que para esa persona representa lo que está relatando (Liemann, 2010).

Muchas veces dentro de la terapia, el sentido del escuchar se pierde porque se está más atento a la respuesta que se deba “dar” para aliviar al consultante o porque sólo se busca obtener la información que el profesional considera necesaria para la comprensión del malestar que aqueja a la persona. Cuando el psicólogo clínico no escucha, el paciente puede sentirse desmotivado para la auto- exploración (Liemann, 2011).

que surjan cuestionamientos frente a lo que el otro expresa para poder entender el significado de sus acciones.

La escucha incluye tres procesos: recibir el mensaje, procesar el mensaje y enviar un mensaje (Cormier y Cormier, 2000).

Cada mensaje verbal o no verbal del paciente es un estímulo que debe ser recibido y procesado por el psicólogo clínico. Cuando el paciente envía un mensaje, el psicólogo lo recibe. La recepción de un mensaje es un proceso encubierto, es decir, no podemos ver cómo o que recibe el psicólogo clínico. Si el psicólogo clínico deja de atender puede no recibir ninguna fracción del mensaje. Una vez que se haya recibido el mensaje, este debe ser procesado de algún modo. Procesar como recibir, se realiza de forma encubierta por que se ejecuta en la mente del psicólogo clínico y no es visible en el resto de las personas, exceptuando, las señales no verbales que emite el psicólogo clínico. El procesamiento implica pensar en el mensaje y ponderar su significado. El

Verbal y no verbal

procesamiento es importante porque las cogniciones, el auto discurso y la preparación mental (encubierta) del psicólogo clínico constituye la base de la respuesta abierta (Richardson & Stone, 1981, cit. En Cormier y Cormier, 2000). Con frecuencia se originan errores en el procesamiento exacto del mensaje cuando los sesgos o puntos ciegos del psicólogo clínico le impiden apreciar ciertas partes del mensaje o le impiden interpretar el mensaje sin distorsiones. El psicólogo clínico puede oír lo que desea escuchar en lugar del mensaje emitido. En algunas ocasiones el psicólogo clínico puede recibir y procesar con precisión un mensaje pero tiene dificultades para emitir una respuesta por que le faltan las habilidades precisa (Cormier y Cormier, 2000).

Tal como lo indica Cormier y Cormier (2000), las respuestas de escucha son los cimientos del proceso terapéutico en su totalidad. Una de las dificultades relacionadas con la escucha consiste en lograr un equilibrio razonable entre la escasez y el exceso de escucha. Cuando la escucha es el único instrumento utilizado en la terapia, probablemente faltará dirección en las sesiones, si el psicólogo clínico no escucha suficientemente, las sesiones puede estar sobre- estructuradas a expensas del paciente.

El psicólogo clínico hábil en la escucha, generará preguntas que le permitan conocer sobre el otro y relacionar los diferentes aspectos expresados por el que es escuchado. Las preguntas que realiza no sólo tienen el sentido de “completar” su información sino que el sentido de éstas va encaminado a que el otro pueda también cuestionarse a sí mismo, frente a la experiencia de vida que está presente en ese momento (Cormier y Cormier, 2000).

Existen estrategias como el clarificar, las paráfrasis, el reflejo de sentimientos o la síntesis (Cormier & Cormier, 1994) que son respuestas de escucha que facilitan que el psicólogo compruebe el mensaje del consultante y a su vez son herramientas mediante las cuales éste percibe la comprensión que se tiene de su

Estas respuestas a su vez se deben acompañar también de una sincronía corporal que evidencie sin palabras el valor de lo escuchado (Cormier & Cormier, 1994). La escucha como elemento esencial en la terapia implica algo más que una habilidad comunicativa del psicólogo clínico, es una disposición personal de éste para querer entender la vivencia del otro (Cormier & Cormier, 1994).

Como indica Paul (1973), la comprensión solo surge cuando se escucha, el acto de escuchar es un sinónimo del acto de aprehender y comprender. El oyente atento facilita el desarrollo de la narración mediante su participación activa, que lo lleva a prever su curso, debe abstenerse de acelerar en forma imprudente la culminación del proceso, por lo cual ha de armarse de paciencia y frenar su necesidad de ver confirmada o rechazar sus predicciones. La profesión del psicólogo lo convierte en un oyente interesado y atento. Interesado por que desea aprehender la estructura del relato de su paciente; atento, porque su atención activa le permitirá lograr la deseada comprensión.

Cuando Freud (cit. En Paul, 1973) aconsejo prestar una atención “difusa”, flotante, estaba abogando por un tipo de audición pasiva, la cual nos llevará a liberarnos de presiones internas.

No importa el grado de pasividad o actividad con que estemos escuchando: siempre debemos escuchar tranquilos y relajados. El oyente experto oye la totalidad, no oye simplemente el contenido del relato , atiende el tono de voz, las palabras que elige, el uso de metáforas, los cambios de ritmo y tiempo, las pausas y vacilaciones, toma en cuenta todos los aspectos y características de la comunicación (Paul, 1973).

El psicólogo clínico sabrá que escucho correctamente si comprende y puede recordar lo que se dijo. Al escuchar de forma pasible, evitará ejercer control sobre lo que se nos comunica o por lo menos se reduce dicho control al mínimo (Paul, 1973).

7.3 Tacto, calidez, prudencia para devolverle el material sobre aspectos

Documento similar