apartamento de soltera, disfrutando nuevamente de la existencia solitaria, una noche se sorprenderá al descubrir sus propias lágrimas, en medio del silencio que había creído que sería apacible pero que en cambio sólo contiene, al fin y al cabo, el tremendo dolor del vacío. Entonces comprenderá que añora los momentos en que estaba acurrucada en sus brazos... sus suaves ojos chispeantes de Cabra y su tímido humor... e incluso su hosquedad circunstancial, sus enfurruñamientos y sus accesos desconsiderados de egoísmo que ocultaban un corazón bondadoso, cariñoso y leal. Tan bondadoso, cariñoso y leal como el de ella.
¿Ése es el repicar del timbre? Sí, lo es. ¡Qué sorpresa! Es él. Ha encontrado una excusa perfecta para visitarla y preguntarle cómo se las apaña sin él. Cuando se fue, se llevó por error el cepillo de dientes de él. Le devuelve el de ella, para que puedan intercambiarlos. Ella lo mira atónita, por un instante, y después exclama: «¡Pero si no me di cuenta, y ya hace casi un mes que uso tu cepillo!» Él le contestará que tampoco lo notó enseguida, y que él ha estado usando el de ella. Entonces se arrojarán el uno en brazos del otro, porque comprenderán que ya de nada vale seguir riñendo. Se aman. ¿Cómo podrían haber usado cada uno el cepillo de dientes del otro, si no se amaran? No podrían haberlo hecho. Para Virgo y Capricornio éste es el colmo de la intimidad, la prueba definitiva de la fusión predestinada. De lo contrario, obviamente, ambos se habrían convertido en estatuas de piedra como castigo por semejante trasgresión indecorosa a las normas de la costumbre. ¡Inesperadamente los dos se sienten libres como pájaros! Él la lleva en auto de vuelta a casa, ese lugar tan dulcemente conocido, pero como aún se sienten libres, en lugar de entrar corren una carrera hasta el patio del fondo. Él se quita su corbata formal y la arroja sobre los brazos estirados del árbol más próximo... ella se quita sus remilgadas sandalias de Virgo... y bailan descalzos a la luz de la Luna, bajo las asombradas estrellas, con un delicioso cosquilleo de hierba en los dedos de los pies, embriagados por la espesa fragancia de las madreselvas. Finalmente, caen al pie del árbol, riendo y llorando al mismo tiempo... y de pronto, sin una advertencia previa, se hace el silencio entre los dos. Sólo se oye el chirrido de los grillos. Ambos saben lo que significa el silencio. A veces, la necesidad no espera. Al fin y al cabo, ése es su patio, está circundado por un alto muro, un empinado abeto y setos, y los vecinos duermen...
Ya es hora de que rompan las cadenas de la restricción, de que aprendan que el amor no se dejará aprisionar por reglas ajenas. Desde un lugar remoto, el verdadero planeta regente de Virgo, Vulcano, hace retumbar un trueno de aprobación... mientras que en el cielo Saturno llora con una extraña y desusada alegría. Al cabo de un rato empieza a caer una lluvia mansa, constante. Ni siquiera la notan. Seguramente su mejor corbata se estropeará. ¿Pero a quién le importa? Su Virgen le tejerá otra nueva, ahora que está de vuelta en casa, donde debe estar.
Manuki
Hombre VIRGO Mujer CAPRICORNIO
Pero sencillamente debes caer bien, y Peter te mide para tu árbol tan cuidadosamente como para un traje. La única diferencia consiste en que la ropa la confeccionan para que te caiga bien a ti, en tanto que a ti te confeccionan para que le caigas bien al árbol. Generalmente, esto es muy fácil de lograr, por ejemplo mediante el uso de demasiadas prendas, o de muy pocas. Pero si tienes protuberancias donde no debes, o si el único árbol disponible tiene una forma rara, Peter te introduce algunas modificaciones, y entonces caes bien. Una vez que caes bien, hay que tomar muchas precauciones para que sigas cayendo bien, y esto, como habría de descubrir Wendy para su mayor deleite, mantiene a toda una familia en perfecto estado.
Puesto que lasCabra prefieren encararse con la verdad sin flaquezas, a la mujer capricorniana que cree que podrá trocar al hombre Virgo amado en lo que ella considera la imagen correcta de un amante, esposo, padre y respetable proveedor de fondos, le advierto aquí mismo, desde el punto de vista astrológico, que no será un juego de niños alcanzar esa meta.
Aunque el planeta regente de ella, Saturno, sea tenaz y paciente e inflexible, el verdadero planeta regente de Virgo, el tonante Vulcano, también tendrá que decir algo muy categórico al respecto. Como Vulcano aún no ha sido descubierto e identificado (aunque el hecho es inminente: véase el capítulo Virgo- Virgo), el hombre Virgen aún continúa sometido a la influencia parcial de su regente adoptivo, Mercurio. Esto le confiere por añadidura, además de las lejanas pero obstinadas vibraciones de resistencia de Vulcano, el intelecto vivo y la ágil perspicacia de Mercurio, junto con la técnica de Mercurio para evadirse rápidamente, con pies alados, de las situaciones incómodas. Por consiguiente, a la larga, existe más o menos el mismo porcentaje de probabilidades de que él termine por ser quien la acomoda a ella a su criterio sobre la forma en que se deben medir las cosas, y no a la inversa. Y es posible que, por lo menos al principio, su criterio no incluya el matrimonio. Lo que lo ofusca no es sólo la idea de un compromiso de larga duración, sino la restricción de su libertad, la necesidad de acoplar sus hábitos personales a los hábitos personales extraños y desconocidos de otro ser, la falta de... bueno, la falta de intimidad que trae aparejado el matrimonio. ¿Y si ella resultara ser una de esas personas que llenan el botiquín del cuarto de baño con todos sus aderezos de belleza femenina, sus cosméticos y cosas parecidas, sin dejarle espacio a él para su leche de magnesia, sus múltiples antiácidos, su polen de abeja, sus vitaminas, sus apósitos, su yodo, sus vendas, su Alka Seltzer, sus analgésicos, sus alicates para las uñas de los pies y su dentífrico? No, no es una de esas personas. Pocas, poquísimas chicas Cabra son adictas a los afeites y los productos de belleza. Saturno dotó a la mayoría de ellas con un cutis impecable que sólo mejora con el transcurso de los años. Como todas las capricornianas parecen más jóvenes a medida que envejecen, no necesitan de esos artificios. Las aburren y además son costosos. La Cabra no alimenta la intención de financiar a Revlon, para que esta firma pueda comprar espa- cios publicitarios que la fastidian con interrupciones mientras mira la televisión.
Bueno, está bien, pero podría tener más o menos otra docena de hábitos capaces de ofuscarlo. Por ejemplo, a él le gusta que le sirvan sus huevos escalfados de determinada manera, y tardó años en adiestrar a determinado camarero de su restaurante favorito para que se los prepare en la forma correcta... ¿Cuánto tardará en adiestrarla a ella? Incluso podría ser una de esas mujeres que hablan incesantemente por teléfono, o peor aún, en la cama, costumbre que volverá a producirle jaquecas, o un nuevo ataque de transtornos intestinales. Él acaba de pagarle dos meses de su sueldo a un homeópata para que lo libre del asma y de la alergia a los jabones perfumados, de las jaquecas y de los transtornos intestinales (en realidad, un fuerte estreñimiento) y no está dispuesto a volver a pasar por ese suplicio, si puede evitarlo. Probablemente sus preocupaciones son injustificadas. Puesto que se trata de una capricorniana, no sería extraño que sepa preparar huevos escalfados, y ciertamente no es propensa a comportarse como una máquina parlante en el teléfono, en la cama... ni en ninguna otra parte.
Si él la ama realmente, deberá hacer un balance, controlarse, y comprender las ansiedades que genera en esta afable dama que es realmente una dama —tan competente, leal y atractiva— al encapricharse en no formalizar y legalizar su amor. Ella no nació para vivir un amorío interminable. El hecho de trasgredir las convenciones la hace sentir vagamente incómoda, no puede soportar la desaprobación de su familia... y tiene ambiciones definidas para el futuro. A su juicio, la vida y el amor deben tener una finalidad clara, una orientación y una meta concretas. Además, probablemente querrá ser madre algún día. No llenar la casa de críos, eso no. Pero quizás uno. O posiblemente dos. Y le gustaría que tengan otro apellido, además del de ella.