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I V REFLEXIONES FINALES

Vimos en el primer capítulo cómo la competencia de la indus- tria inglesa desplazó poco a poco la producción nacional de Las supuestas ventajas de la “protección resultaban

ilusas frente al arrollador progreso de la productividad de la industria, unida al abaratamiento del transporte transatlánti- co debido’ a la navegación a vapor. Como lo observaba Miguel Samper en 1898: “El obrero Inglés que vigila el movimiento de 500 husos habrá hecho en un rato la obra de dos semanas que ha empleado nuestra hilandera y el salario de una y ótra la misma proporción”

Lógicamente, el producto resultaba mucho más barato tam- bién. Sigue Miguel Samper:’ “Teniendo en cuenta la de los anchos y de los precios, el lienzo extranjero costaría al consu- midor casi el 50% menos que el Esta brecha 16gica fue ahondando cada vez más. Luego, la industria nacio- nal moderna vino a hacerle competencia a la producción casera. En esta decadencia de la producción de tejidos, se debe tomar en cuenta que las bases de las que se partió no eran las mejores. Ya en el siglo XV, la técnica española en el ramo de los textiles estaba atrasada en relación con el resto de Europa, y fue justamente esta técnica la que se transplantó a América. En esta época, otras regiones de Europa habían logrado gran prospe- ridad y ciertos avances en este campo. Contribuyó mucho este atraso en España la expulsión en 1609 del elemento morisco

Miguel Samper Op. Cit. 258 (2) Miguel Samper, id.

sulmanes que superficialmente habían adoptado la fe católica), muy involucrad? con la industria textil, como la crea- ción de Manufacturas Reales con cierto monopolio en las cuales se degeneraron las técnicas sin permitir tampoco el desarrollo de la iniciativa privada. De ahí que el secretario de hacienda José

de Márquez haya afirmado ante la en 1831: “Las artes están bien atrasadas entre nosotros, por una consecuen- cia del bárbaro sistema colonial” (3).

esto mismo se pudo observar a lo largo de este es- tudio. Los elementos más del atraso y degenera- ción son:

El molino de despepar no el engranaje. El torno de hilar no tiene aleta.

El casilla1 es incómodo: sería más práctico con bobinas girando sobre ejes en vez de ovillos sueltos.

-- El telar se quedó en su estado medieval.

Un caso que merece especial mención es el de que el primer adelanto de la revolución industrial en el hilado, la Spinning Jenny que se ‘manejaba manualmente fue un elemento utilizable a nivel de producción casera. Pero aquí justamente se puede ubi- car la diferencia central entre el proceso inglés de desarrollo eco- nómico y la situación de estancamiento que se vivía en Colombia: los textileros ingleses fabricaban las Spinning Jenny y las arrenda- ban a artesanos rurales. Se trataba de casos de manufactura dis- persa, dé una sumisión directa o indirecta del trabajo de las unida- des domésticas al capital manufacturero. En el caso santanderea- no el artesano estaba a un de capital: el capital comercial, que aquí ni se motivó para modificar las con- diciones la producción artesanal, ni para invertir un desarro-

llo industrial. Peor aún: este tipo de capital no tiene ningún

en invertir Socorro (para. . .) cam- biarlos por . tejidos en como lo

ba . . buena capital comercial

tó ser antioqueno, cl cual en costa arte-

sano santandereano, invertido el desarrollo de la in-

dustria textil o en cl éxito industrial que

(3) Citado por Miguel Op. 249 (4) Op. p. 92

naría por ahogar la industria casera como el mayor intento de industrialización textil de Santander (o sea la fábrica de San Jose de Suaita).

Tampoco los pensadores de la época quienes trazaban las ticas del estado’ tenían una visión clara de lo que podía hacerse para enfrentar una crisis tan notoria, y menos aún se pudo lograr una política coherente de protección y de fomento.

Todos estos factores, junto a los efectos destructivos de las ‘guerras civiles, contribuyeron a que Santander, a tener una sólida base artesanal, no hubiera ser un medio que generara una superación industrial.

Más bien, el artesano santandereano se casi a todo lo largo de su historia, enfrentado a la miseria. Ni siquiera dispuso del tiempo para hacer de sus herramientas algo estéticamente agradable, al contrario de los artesanos europeos que muchas ve- ces sus instrumentos de trabajo en verdaderas obras de arte. Generalmente, el jefe del hogar de una familia que se dedica a la artesanía es un campesino desposeído, o un aparcero que bus- ca un complemento a su exiguo ingreso. En la economía domésti- ca de uno de hogares las actividades del hilado y tejido están a cargo de las mujeres al lado de los demás quehaceres campesi- nos. Estas condiciones explican el porqué de tan bajo nivel de re- muneración, que se vió aún más envilecido por una productividad cada vez menor frente a la industria.

Acordémonos de la cita de Miguel Samper que en 1898 con- trastaba las remuneraciones del obrero inglés con SUS y de la hilandera colombiana. Y sólo la aceptación de la re- muneración y del carácter de “complementario” del trabajo do- méstico de la mujer han permitido que esta haya podido sobrevivir, aunque marginalmente, hasta hoy en la región donde se desarrolló este estudio Una parte de los que se dedicaban a este oficio se pasaron al fique. Hoy como ayer el huso, el torno y el telar siguen siendo herramientas pobres en un-medio igualmen- te pobre.

Tamhién se modificó la situación de la en la economía ca: dejó de tener una producción específica, que ella misma vendía en el mercado. De cierta manera, perdió alguna autonomía. Tuvo enton- ces que participar en algunas actividades de los hombres, en las la- branzas, desyerbando, sembrando, cosechando, aunque con un marca- do toque de inferioridad.

En la mayoría de los casos, se extinguió esta industria sin nin- gún reemplazo en las zonas rurales: la actividad textilera se trasla- dó a las grandes fábricas de los centros urbanos. Tampoco logro sobrevivir la fábrica rural de San José de Suaita. Entonces la quie- bra de esta artesanía vino a fortalecer el traslado de población del campo a la ciudad, este éxodo rural es particularmente marcado en Santander.

la desaparición de ésta, antaño tan importante actividad, y el hundimiento definitivo de la fábrica de San José de San- tander perdió una gran oportunidad industrializarse. A pesar de que: “las faldas las cordilleras hacia las tierras calientes don- de el algodón se produce, abundan en magníficas corrientes de agua, que con pequeñísimo costo pueden producir enor- mes para el movimiento de las máquinas; esto es, que en medio de una población educada en las labores de esta industria, se ha- llan reunidas la materia prima y el motor, y los mejores les de construcción, y aún la atmósfera que facilita la más delicada preparación de los

Así también se acabó una producción artesanal que, si bien ter- minó produciendo toscas, tuvo antes una época en la cual fabricaba las más finas mantas que se lucían en las

a la Virgen de Chiquinquirá. La vida tiene sus trampas Porque la vida es así Las viejitas tejedoras no se deberían morir Los criollos ya no tenemos A quién un mandil.

, Doña me hizo uno pa’ mi

las de abril que el paisano se pueda lucir Lindo el mejor el mandil

Doña lo pa’ mi. Atahualpa Yupanqui

A P E N D I C E

RENACIMIENTODELATELADEALGODONEN

PRODUCTODEUNTRABAJOCOMUNITARIO

Nos parece importante anexar a este estudio una comunicación que recibimos de un grupo charaleño que está reviviendo en la

la tradición del hilado y tejido del algodón.

‘Este proyecto tanto cultural como económico se desarrolló con la asesoría proyecto ERA (Educación Rural Apropiada) de la Obra Colombo Belga de la Infancia. Estuvo asesorado por Paul-Emile Dupret, luego contó con la asesoría de Beatriz en los aspectos de técnica de estampados, colores, Gracias a la cooperación de CENTRAP (Centro de Estudios de Apoyo Po- pular), recibe también la asesoría de Eeatriz Granados, en cuanto a técnica del tejido, mercadeo, y organización.

JOSE LUIS: Queremos nuestra experiencia con to- das las personas como buscan colectivamen- te las condiciones de esta existencia. .

Yo crecí en una familia campesina en la vereda de Los Mddios, sin imaginarme nunca que algún día me dedicaría a trabajar con una tela que tan sólo había conocido de nombre por boca de mis padres.

Ellos decían que era una tela muy durable, de mucho valor, y también de mucho trabajo y sacrificio, con la que anteriormente la gente se vestía. Hace unos cuatro años yo participaba del pro- yecto de Educación Rural Apropiada que se desarrollaba ‘en el Hogar Juvenil Campesino de Hacíamos numerosas salidas para practicar en las veredas y para las diferentes activida- des económicas del municipio: curtiembre, chircales, fincas sobre-

salientes, empresas de confección. .

Un asesor del proyecto compró unas varas de lienzo, y se man- dó hacer una Nos gustó bastante la cosa y decidimos aña- dir esta actividad a la lista de nuestras investigaciones de

PAUL-EMILE: Frente a la opinión dominante en que la cultura no llega al “hombre de cotizas”, vimos en una serie de actividades del campesino la oportunidad de crear la conciencia de que ahí es donde se genera en gran parte la cultura propia y frenar un poco la visión de la cultura.

Es así como hicimos el estudio sistemático de las excelentes prácticas de asociación y de rotación de cultivo que los charaleños heredaron en su saber popular, y que algunos extensionistas tildan todavía despectivamente de “altares de San Isidro”.

En esos días, el equipo del Departamento de Economía Rural de la Universidad Javeriana terminaba un trabajo de investigación de campo muy completo sobre el cultivo de la caña en resaltando la riqueza extraordinaria de las prácticas de cultivo, y habían conocido la vereda de Ocamonte, y sus tejedoras de lien- zo.

Vimos en la elaboración del lienzo una actividad que puede de- sarrollar la creatividad en todas las etapas de su elaboración. No pretendimos volver a dar al lienzo la importancia económi- ca que tenía en la provincia. pero tampoco despreciar una fuente de trabajo posible para algunos y sabemos lo difícil que es para’ una mujer tener una actividad económica autónoma y no quedar reducida a ser el obrero del hombre en la labranza.

Así que, un buen día resolvimos hacer la experiencia de traer del Tolima, unos bultos de algodón sin desmotar, y venderlos al menudeo en la plaza de

Cual no nuestra sorpresa cuando se acercaron de trein- ta hilanderas a comprarnos unas “libritas y pucho", calculando

rapidísimo las de arrobas a libras sobre los dos lados de la romana de macana y cacho.

“Es que me aburre tanto lavar y lavar ropa. . nos comentaron varias de ellas, en cambio uno hilando se siente más a gusto. .

Sc acercaron también buen número de cultivadores preguntan- do: “Y es que se vuelve a comprar lienzo en .

JOSE LUIS: Comenzamos. así a confeccionar, haciendo más que todo camisas, utilizando el lienzo fabricado por doña Encar-

nación, nos capacitamos durante 2 años para el trabajo la

ta, con estrechez económica, pero entreviendo buen futuro. Luego los participantes del programa resolvimos retirarnos en bloque del Hogar Juvenil Campesino porque la nueva dirección y el sacerdote del pueblo desviaron el programa del ambiente de participación y de responsabilidad compartida con los cuales em- pezamos en el hogar.

Varios resolvimos echar para la vereda y

con el trabajo del lienzo. Así mismo brindamos solidaridad a los compañeros que tenían un conflicto con SEPAS e INCORA, por no dejarlos libres de explotar la tierra según su voluntad y según sus prácticas. Allí volvimos a tener apoyo del de Educa- ción Rural Apropiada para montar el trabajo algodón.

Sc trajeron unas ruecas y unos telares más modernos, y ahora se recibe unas capacitaciones.

AQUILEO: En la vereda “Las hay varias personas que sembraron Junio y les ha ido bien. Yo también sembré. una parcela. Mi suegra todavía tenía un huso, lo sacó y ahora está hilando. Y ahora mi mujer también le jala a hacerlo bailar.

FLOR: La idea recuperar todo el trabajo, desde el cultivo del algodón hasta la venta de la prenda ya confeccionada. Sc culti- va, se coge, se asolea, se desmota, se hila, se teje, confecciona

primero se imprime. Imprimimos unos dibujos que retomarnos de las telas precolombinas que vimos en el musco dc

ga. Luego pensamos hacer los dibujos nosotros directamente. Más adelante queremos también teñir unas hebras con plantas-de la re- gión. .

BEATRIZ: Dentro proceso organirativo de los sectores po- pulares, la historia del grupo de Investigación-Acción del Salitre significa una valiosa experiencia cultural integral. “Integral” en la medida en que el colectivo busca recuperar un proceso artesanal que ha permitido derivar la subsistencia de la co- munidad. Por esta razón el trabajo contempla no sólo los aspectos técnicos sino organirativos, proyectándose para estimu- lar a los ancianos para que no duden en compartir sus conoci- mientos tradicionales al joven para que escuche, valore, y recree el saber tradicional.

ARCENIO: El grupo ha luchado mucho por la parcelación del Salitre y después para organizarse como quería. Se busca hacer la vida diaria más gustosa trabajando juntos en las labranzas.

Las mujeres han querido ayudarse para al tiempo facilitar el cuidado de los niños y las labores de la casa y poder trabajar en el taller de lienzo. El trabajo del grupo ha significado para mí en cuanto a educación y participación, transformar la forma de trabajo y convivencia con mis demás compañeros. Para un adulto es difícil entrar en una etapa totalmente diferente a la que cuando niños, que nos enseñaban a vivir sin compartir nada. Esta es la idea que yo tengo, enseñarles a los niños esta ex- periencia desde ahora.

El trabajo en grupo ha servido para que esposo me colabore en algunos trabajos y nos hemos aprendido a comprender mejor.

Ahora ya se distrae uno mucho, no sólo con el oficio co sino que hace uno otras cosas, otros trabajos, además

estamos más cercanos, dialogamos y así no nqs sentimos tan so- l o s .

BEATRIZ: El proceso de recuperación no se plantea como una vuelta romántica a los orígenes, sino como una recreación de re- cursos técnicos y organizativos; en esa medida el grupo ha

-do unos telares manuales que permiten un mayor rendimiento, ruecas para el algodón así como capacitación en tejidos, mo- distería y estampado.

Por otra parte, se ha venido difundiendo el trabajo para tivar a anciano’s para que vuelvan a hilar, a los jóvenes para que aprendan; y a la de en general para que apoye el trabajo y conozcan estas prendas.

El grupo se ha venido articulando con otros grupos de produc- ción para compartir con ellos los espacios de comer- cialización, capacitación e integración y así alimentar también su experiencia.

MARIELA: Finalmente invitamos a quienes estén o no estén trabajando a todos nuestros compañeros, cam- pesinos, artesanos, estudiantes, obreros, educadores, a revivir nuestra cultura, recuperando procesos de trabajo nuestros, a ve- ces inclusive precolombinos, como nos está gustando hacerlo con el tal lienzo dc la

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