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“Cuando visité el museo de Auschwitz vi ante sus vitrinas imágenes de arte contemporáneo y eso me pareció absolutamente aterrador Delante de esas

LA MARCHA DE LAS ANTORCHAS:

El trece de mayo del año 2013 el Colectivo San Juan de Dios organizó la marcha de las antorchas. Dentro del proceso de su preparación observé la producción de los objetos realizados por los habitantes y empleados del Hospital, ya que, ahí emergía una serie de producciones simbólicas sobre el proceso de resistencia. La elección de los personajes que recrearon, los objetos y materiales para su elaboración narraban la vida sometida a un duro proceso de resistencia, ante la situación de abandono del Hospital.

Raúl hizo una muñeca con una cabeza de maniquí y una peluca; esos materiales los había traído Alicia, eran de sus cursos de belleza y peluquería. Sentó su muñeca a escala humana en una silla de ruedas, le acomodó una barriga con unas sábanas, la vistió con ropa quirúrgica y la llamó “La embarazada”.

Alicia también cogió la parte delantera de un cráneo y lo pegó sobre otra cabeza de icopor, luego le hizo el cuerpo con una licra enteriza negra y con vinilo blanco le ayudé a dibujar un esqueleto, le puso una peluca y la metió en un locker. Con láminas de icopor y pintura marrón, realizó un ataúd y la llamó “La muerte”. Alicia dijo que eso era lo único que había ganado la salud pública con la implementación de las EPS. En las demás actividades del Colectivo San Juan de Dios la muerte siempre estuvo presente, con un arreglo de cartuchos blancos que Alicia cortaba de su jardín.

Construcciones estéticas del Colectivo San Juan de Dios “La Muerte” realizada por Alicia, habitante del San Juan Fotografía: Luisa Fernanda Vela Castillo 2013

Construcciones estéticas del Colectivo San Juan de Dios “La Embarazada” realizada por Raúl habitante del Materno Infantil.

Construcciones estéticas del Colectivo San Juan de Dios, Alicia y “La Muerte” Fotografía: Luisa Fernanda Vela Castillo 2013

En la marcha, también se personificó a Karen Guarín. Por ese entonces, aún era la liquidadora de los bienes y obligaciones de la Fundación San Juan de Dios; a quien los empleados de los hospitales le guardaban resentimiento, por la manera en que, según sus testimonios, saqueó los hospitales y pasó por encima de los derechos laborales de los trabajadores, valiéndose de su figura de directora del proceso liquidatario. Los empleados cuentan que vendió el lote que quedaba atrás del Instituto Materno Infantil y ese dinero apareció. También les escuché decir que el Distrito de Bogotá, le pagaba un arriendo mensual de más de doscientos millones de pesos por el primer y segundo piso del Instituto Materno Infantil, donde funcionaba para ese entonces el Hospital la Victoria y aun así no hubo dinero para preservar las instalaciones de los hospitales ni para cancelar el pago de las acreencias laborales, entre otras cosas.

Alicia, Mario y Raúl, cogieron una cabeza de icopor, pintura y una peluca rubia para recrear la imagen de Karen Guarín, posteriormente la pusieron sobre una camilla, ya que, por haber acabado con la salud de los colombianos, Karen debía estar enferma, así lo afirmó Alicia.

Construcciones estéticas del Colectivo San Juan de Dios “Karen Guarín” realizada por Alicia, Raúl y Mario Fotografía: Luisa Fernanda Vela Castillo 2013

El día de la marcha, todos estuvimos desde tempranas horas en la ruina del Hospital. Un grupo de habitantes de ambos Hospitales consiguieron muchísimas latas en el Barrio Policarpa, Abel estuvo desde muy temprano pegándolas una por una a unos palos de madera con alambre, luego con el relleno de un colchón viejo; estampado con ositos, que fue traído del mismo Instituto Materno Infantil se llenaron las latas, a cambio de estopa. Esteban no acostumbraba asistir a las sesiones de los sábados, pero por los días de la preparación de la marcha estuvo con Gaspar muy presente en los preparativos de la marcha, ellos consiguieron el ACPM y se encargaron de prender las antorchas.

Durante el proceso de preparación de la marcha, los objetos que eran utilizados para sanar, cuando el Hospital funcionaba; una camilla, una silla de ruedas, un colchón, eran usados como material para elaborar metáforas de la crisis laboral y la crisis hospitalaria. Durante su realización Raúl, Alicia y Mario, contaban historias y sus apreciaciones sobre la manera en que los hospitales fueron clausurados. En toda esta serie de construcciones estéticas, hubo una transmutación de significado en el uso de los objetos que se convirtieron en medios para expresar de manera mimética una serie de emociones y pensamientos de los empleados y habitantes del San Juan. Ellos crearon su propia estética, usando los desechos y el desperdicio Estatal como elementos plásticos de expresión.

Si seguimos traduciendo mimesis por imitación es necesario entender todo lo contrario del calco de una realidad preexistente y hablar de imitación creadora. Y si la traducimos por representación, no se debe entender por esta palabra un redoblamiento presencial, como podría ocurrir con la mímesis platónica, sino el corte que abre el espacio de ficción. (Ricoeur, 1998 p.103)

Ese día hubo varias organizaciones de estudiantes de medicina presentes, también algunas entidades de partidos socialistas. Un grupo realizó un mural con algunos de los nombres de los empleados que ya habían fallecido y algunos retratos en homenaje a los mismos. Hacía las once del día estuve pintando con ellos, en ese momento llegó Casandra y se puso a pintar con nosotros. De pronto leyó el nombre de una mujer, nos contó que cuando les dejaron de pagar, en el año 1999 a esa mujer la cuenta del teléfono se le acumuló hasta llegar a ser un cobro insostenible. La empresa de teléfonos le mando una notificación a su domicilio avisándole que le iban a embargar la casa. Por ese motivo sufrió un paro cardiaco y falleció.

Acto seguido leyó otro nombre y habló de un compañero que era enfermero, se había retrasado en las cuotas de su apartamento y por eso lo había perdido, su esposa terminó por abandonarlo, había muerto de cáncer viviendo en la casa de una hermana donde tenía muchos problemas porque él no llevaba dinero y no ayudaba con los gastos. Con todas esas historias Casandra narraba el desastre desatado por la gran crisis laboral el desempleo y la forma como esta había modificado por completo la cotidianidad de unas vidas anónimas. Ese día conocí la historia de Rosa Helena, una auxiliar de enfermería que falleció de cáncer en el año 2003, habitando la ruina del Hospital; el

Casandra, Mural en Proceso. Colectivo San Juan de Dios Marcha de las antorchas.

día de su muerte, los demás habitantes y su familia salieron a la carrera décima y al barrio Policarpa a pedir dinero para su entierro. La velaron al frente del edificio principal, buscaron a un sacerdote del barrio las cruces para realizar la misa de exequias, que se desarrolló caminando por toda la ruina del Hospital, donde los habitantes cargaban el ataúd de Rosa Helena. Aún tengo presente, la tristeza y el detalle con que Casandra nos contó esta historia.

En varias ocasiones durante mi trabajo de inmersión, veía a Casandra salir y entrar del Hospital, se la pasaba como nómada; recorriendo la ciudad a pie, con una bolsa blanca de plástico, donde mantenía guardados unos documentos sobre su demanda y demás líos laborales; una de sus caminatas iniciaba en la carrera décima, desde el Hospital hasta la iglesia del 20 de julio, asistía a misa y se devolvía, ese era una de sus acciones en su eterno réquiem.

Ese día nos contó que tenía una misión, la virgen le había encomendado rezar dos mil padrenuestros y tres mil avemarías, los que estábamos escuchándola, lo sentimos como una tarea extenuante; un estudiante de los que se encontraba pintando le preguntó a Casandra por el número de oraciones que ya había rezado, a lo que ella contestó con absoluta inocencia:

-Ninguna, no me ha quedado tiempo.

Fueron varias las historias que escuché sobre el sacrificio y el ser elegido de Dios. Algunos habitantes se refugiaron en diversas posturas religiosas: algunos eran testigos de Jehová, otros cristianos, otros católicos, y compartía la concepción de que su Dios los estaba preparando para algo grande, pero antes debían purificarse a través del sufrimiento.

Gaspar, habitante del Pabellón San Lucas me comentó que un pastor cristiano de la iglesia donde asistía le había confirmado que la Hacienda Molinos de la Hortúa, donde estaba construido el Hospital, era una tierra maldita, porque años atrás esas tierras habían sido motivo de disputas entre familias, por eso el Hospital había caído en desgracia y sus habitantes habían sido llamados a purificar esa tierra mediante la oración y el sacrificio. No era fortuito que ellos estuvieran viviendo ahí, bajo esas condiciones, todo se trataba de un plan divino de salvación.

Hacia las cinco de la tarde Aron, Abel y unos estudiantes de medicina de la Universidad Nacional de Colombia, subieron a la terraza del Edificio principal y le pusieron las banderas de Colombia y de Bogotá al Hospital San Juan de Dios de la Hortúa, reconociéndolo como Patrimonio Nacional.

Alicia apareció en escena con su traje blanco inmaculado de enfermera, alistando el fogón para la olla comunitaria. Llegó también la Señora del French Poodle, las Dama Patrimoniales y otros empleados. Desde ese día comencé a percibir que estaban fragmentados. No eran un colectivo como lo había imaginado antes de entrar a la ruina del Hospital. Había un ambiente tenso, se sentía odio y rivalidad. Cuando llegaron las Dama Patrimoniales, Alicia dijo:

-Ya llegaron esos alacranes, ellas solo vienen a vigilar lo que estamos haciendo-.

Una de las Dama Patrimoniales comenzó a gritarle a Alicia:

- ¡Y usted desde cuándo es enfermera! Vean a esta igualada, vestida de enfermera ¡igualada, ignorante! - Alicia no respondió ni una sola palabra, solo se quedó mirándola y se fue acercando, esa mirada fue suficiente para que la Dama Patrimonial se callara, se diera la vuelta y se alejara a paso largo.

Integrantes del Colectivo San Juan de Dios reconociendo y declarando al Hospital Patrimonio Nacional como está estipulado en la Ley 735 del año 2002.

Cuando estuvo el chocolate intenté ofrecerle a la Señora del French Poodle con la intención de iniciar una conversación, era una de las líderes de la lucha laboral que siempre había oído mencionar en las entrevistas y textos sobre la crisis del Hospital; pero la Señora del French Poodle me dejó servido el chocolate con un -No, gracias-.No me quedó más remedio, que coger una mogolla, y sentarme a tomar el chocolate. Esteban comenzó a prender y a entregar las antorchas, Alicia alistó el megáfono; ella lideraba la marcha con Aron. Comenzamos a parar el tráfico sobre la décima al frente del Hospital; la gente comenzó a organizarse. Llegó un grupo de jóvenes vestidos con ropa quirúrgica, realizaron un performance: Una mujer simuló tener un parto acostada en la calle, en plena carrera décima con primera. Alicia comenzó a decir:

- ¡Si señores, véanlo, a parir en la calle, porque ya no tenemos salud!

Había cerca de 200 personas, entre estudiantes, integrantes de partidos, organizaciones sindicales y empleados. Todos con antorchas, 13 de mayo del año 2013, Marcha de las antorchas

gritar las típicas frases de la lucha laboral y sindical que la acompañaban durante los últimos años. Yo estaba como a dos metros detrás de ella grabando videos y tomando fotografías. A medida que se fue conformando la marcha yo empecé a repetir en coro como todos, lo que ella decía. A pesar de las notorias divisiones entre las Dama Patrimoniales, Alicia y La señora de French Poodle, hubo un momento en el que llegó la unión y se reflejó en la fuerza de las voces y el fuego de las antorchas. Momentos en los que todos gritamos con el corazón y reclamamos al Estado por la muerte del San Juan, por la muerte al derecho de tener un servicio de salud eficiente.

Cuando la marcha terminó, entramos a la ruina del Hospital, siguieron los gritos, las frases de la lucha. Los objetos construidos para la marcha, la embarazada, la muerte y Karen Guarín se ubicaron de manera organizada al frente del fogón de la olla comunitaria, donde se seguía repartiendo chocolate en agua.

De repente, Lucrecia cogió la cabeza de Karen Guarín; le enterró un palo para manipularla mejor, cogió el micrófono y mientras la quemó; en un acto de profunda catarsis, le dijo: - que eran 14 años en el abandono, que ella se había robado al Hospital. Le dijo una y otra vez toda clase de insultos, todas las groserías posibles, con una voz quebrada, trabada en los dientes, mientras se derretía la cabeza de icopor de Karen Guarín.