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Capítulo 3: El trabajo sexual desde sus actores

3.1 Marco de análisis

Al tratar el tema de las percepciones de los actores envueltos en una determinada dinámica social, se entrecruzan tanto las normas impuestas por la estructura de mercado como sus subjetividades. En particular, el mercado sexual alberga un conjunto de relaciones laborales diferentes al comportamiento en otros mercados, y que ya han sido descritas en el capítulo anterior; empero, dadas tales particularidades, es fundamental conocer la perspectiva de quien ejerce el trabajo, ya que la realidad observada desde este punto resulta un poco diferente. En la realización de las entrevistas, recolectando sus historias de vida, es posible percibir dos condiciones del entorno: por un lado, la emoción de vergüenza que atraviesa el ejercicio de esta actividad, es un factor determinante a la hora de establecer sus relaciones tanto personales como sociales; y por otro lado, la fuerte presencia de todo tipo de violencia en tales relaciones. Por esta razón, presento a continuación un marco teórico desde el que se manejarán estos dos conceptos, justificados en aquel vínculo necesario del que habla Kemper (1981), entre la

subjetividad afectiva y la situación social objetiva, lo que en último término permite aplicar la teoría sociológica de las emociones.

La vergüenza

Es importante señalar que las emociones no son tomadas como construcciones meramente biológicas, sino que forman parte del proceso de interiorización del fenómeno social en el que se encuentran, y están sujetas a las normas sociales que las condicionan71. Tales emociones estarán determinadas por el cruce de relaciones, que en términos de Kemper (1981), se dan entre el poder y/o el estatus de los actores en juego. Bajo esta idea, el exceso o la falta de poder y/o estatus son situaciones de desequilibrio en los vínculos sociales, que conllevan emociones negativas tales como la culpa y la vergüenza. Tal como mencioné, la emoción de vergüenza juega un papel radical en los determinantes de las relaciones que establecen las trabajadoras sexuales, y ésta es creada por una desvalorización de su imagen frente a la perspectiva de quienes las rodean. Es decir, existe una fuerte construcción social que degrada la auto-imagen de la mujer que se dedica a este tipo de actividades, al posicionarla ante la sociedad como una “transgresora perversa” de la sexualidad; lo que las distancia del resto de mujeres al punto de ser rechazadas.

Como comenta Bericat (2000), la emoción de vergüenza rememora sentimientos dolorosos, autocreados, por la devaluación del trabajo sexual en la sociedad; este hecho se evidencia en la forma como estas mujeres se posicionan ante su trabajo y la manera en que se relacionan con su pareja y familia, llegando al punto de buscar salir de la actividad en un futuro. Para Scheff (1990), este tipo de emociones determinan la naturaleza de los vínculos sociales que se crean con el entorno, y que para esta población, será el de una clara subordinación al poder que sobre ellas ejercen terceras personas, beneficiarias de retener a estas mujeres en el trabajo sexual. El estigma social que carga la trabajadora sexual, materializado en comportamiento y lenguaje peyorativo hacia ellas, se convierte en una tensión interna que se hace palpable en el surgimiento de este tipo de emociones; justificando la separación, en la mayoría de los casos, de su trabajo y sus redes sociales. Este punto da cuenta de la tercera hipótesis que se construyó en esta investigación, en el que efectivamente se espera observar un

71 Bericat Alastuey, Eduardo. La sociología de la emoción y la emoción en la sociología. Universidad de

Málaga. Departamento de Sociología, Campus El Ejido, Málaga. España, 2000 (DE: http://ddd.uab.es/pub/papers/02102862n62p145.pdf).

comportamiento ambiguo alrededor de la actividad, implicando que en muchos espacios sociales las mujeres no se reconozcan a sí mismas como trabajadoras sexuales.

La violencia

De vuelta a la idea de poder y estatus de Kemper (1981), y dado tal sentimiento de vergüenza de quienes practican el trabajo sexual, surge una pregunta: ¿por qué las mujeres hacen aquello que un tercero quiere que hagan?, ¿por qué se mantienen en la actividad si ellas preferirían no estar allí?, para lo que se presentan dos posibles explicaciones analíticamente diferentes: o las mujeres permanecen en la actividad porque son obligadas por un tercero, o bien lo hacen de forma voluntaria. Sin embargo, en cualquiera de los dos casos, los vínculos sociales que ellas establecen están mediados por diferentes actos de violencia, legitimizados con el consentimiento de las mismas mujeres. Cabe decir que, el sistema patriarcal estructura las relaciones de forma tal que los vínculos de poder estén mediados, casi siempre, por los roles de género; empero en el trabajo sexual incide también la posición de subordinación laboral de las mujeres delante de quien las explota, independientemente del sexo de esta persona.

Este marco de violencia en el que se desarrollan las relaciones, en su mayoría las personales, que construyen las trabajadoras sexuales es persistente no sólo en el discurso que ellas manejan sino también, en su lugar de trabajo. Existen múltiples formas de violencia observables en el trabajo sexual, utilizadas como forma de control social de la fuerza de trabajo. En el marco de esta investigación se identificaron dos tipos: física y simbólica. Por violencia física se entenderá cualquier comportamiento deliberado de un agente social que se visibiliza en un daño o lesión física del cuerpo de otro, buscando imponer coactivamente alguna acción o comportamiento. A pesar que en la realización de las entrevistas este tipo de violencia no fue visible explícitamente, en dos de ellas era notable que habían sido golpeadas en los brazos o tenían algún tipo de herida en sus manos; es por esta razón, que podría asegurar que el maltrato físico de las mujeres es una herramienta fiable de la que se valen sus lenones para mantener el control sobre la fuerza de trabajo que ellas constituyen. En algunos casos, tal como he mencionado, la misma llega a ser excesiva al punto de llevarlas a la muerte. Por otro lado, para analizar el fenómeno de la violencia simbólica presente en este trabajo, se retomará a Bourdieu (1990) quien la define del siguiente modo:

“La violencia simbólica es, para expresarme de la manera más sencilla posible, aquella forma de violencia que se ejerce sobre un agente social con la anuencia de éste. (...) En términos más estrictos, los agentes sociales son agentes conscientes que, aunque estén sometidos a determinismos, contribuyen a producir la eficacia de aquello de los determina, en la medida en que ellos estructuran lo que los determina”72

Este tipo de violencia se constituye como un mecanismo eficaz de control y manejo de la mano de obra, ya que al jugar con las emociones de miedo-ansiedad de las trabajadoras sexuales se crean vínculos de compromiso forzado con quien las explota. Este tipo de violencia tiene diferentes formas de presentarse: amenazas de muerte o secuestro (hijos o familiares), chantaje emocional, abandono temporal, maltrato psicológico, descrédito personal y laboral, etc. Dado que las huellas de este tipo de violencia son indelebles, mantener el control emocional en el uso de este tipo de técnicas resulta mucho más efectivo que cualquier otra, esto porque las trabajadoras sexuales se encuentran en una posición de relativa desventaja emocional respecto de quienes se benefician de ellas, sumado al aislamiento de sus núcleos familiares y de otros vínculos afectivos.

De esta forma, tras haber descrito a la vergüenza y la violencia como dos características presentes no sólo en el discurso, sino en general, en el ambiente de trabajo en el que se desenvuelven las mujeres, se presentarán a continuación la construcción de las percepciones que ellas sostienen de su actividad, de las relaciones con su entorno y el modo en que se visualizan de cara al futuro. Los testimonios de las trabajadoras sexuales y la información recabada en las entrevistas permiten identificar estos dos elementos tanto en las percepciones sobre el contexto laboral y social, como en la forma en que miran, se expresan, se relacionan y se comportan.