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INTRODUCCIÓN: MARCO TEÓRICO

1. LA CONVERSACIÓN Y SU ESTUDIO

1.2. EL ESTUDIO DE LA CONVERSACIÓN

1.2.1. MARCO HISTÓRICO

Si tratamos de situar los orígenes del estudio de la conversación en cuanto a

forma de comunicación, hemos de acudir a un término más general, la oralidad.

Abascal (2004) dedica varios capítulos de su investigación al origen y evolución histórica de la oralidad. La autora explica que su origen histórico plantea un interrogante aún no resuelto, aunque, de todas formas, sí haya consenso al afirmar que “en los primeros momentos la comunicación debió de ser tosca y debió de apoyarse fuertemente en el paralenguaje y en la gestualidad” (Abascal 2004: 26). Si continuamos con la evolución histórica que esta investigadora expone con detalle, encontraremos que en las sociedades clásicas, “el lenguaje se adaptó a la misión de conservar y transmitir el conocimiento acumulado por la sociedad” (Abascal 2004: 27). En aquel entonces era tal la importancia del dominio de la palabra, que se convirtió en una de las cualidades más valoradas en los héroes griegos de la época, como así atestiguan los largos discursos de

algunos personajes de La Iliada y La Odisea. Siguiendo a esta autora, la siguiente etapa

que marcaría una época concreta en la oralidad sería la Medieval, gracias a que la Iglesia asimila la retórica clásica como una excelente herramienta de poder que servirá para persuadir a los interlocutores menos adiestrados en esta materia. Más tarde, la invención de la imprenta y los avances del Renacimiento influyeron notablemente en la oralidad debido a que la cultura se hizo más accesible, convirtiendo, así, el texto escrito en la atracción del momento y relegando, consecuentemente, el texto oral a un segundo plano. A partir de entonces y hasta el día de hoy, la oralidad ha presentado un mayor o menor protagonismo según la época y el contexto en los que se sitúe.

Con respecto a los comienzos históricos del estudio formal de la lengua oral, podría decirse que la Filosofía trataba ya en la Antigüedad algunas cuestiones relacionadas con ello. Siguiendo a Abascal (2004) en este recorrido histórico, algunos de los primeros textos al respecto aluden a la utilización de la voz con fines dialécticos particulares, como en los escritos de Diógenes Laercio (1990: 135) sobre los filósofos estoicos, o en Platón (1986: 403-404) sobre la relación de la lengua oral y la escrita. Perece ser que el acercamiento de los filósofos griegos a la oralidad se produjo momentos después de la aparición de la escritura, dando lugar a “dos ámbitos técnicos

autónomos: la Retórica13 y la Gramática” (Abascal 2004: 114). Así pues, el origen de

los estudios sistemáticos sobre la oralidad se encuentra en la Retórica de aquellos siglos, donde ocupó un lugar privilegiado hasta el Renacimiento. Es entonces cuando el protagonismo de la escritura marca un cambio en el estudio de la oralidad. A partir de la invención de la imprenta y hasta la mitad del siglo XX, la oralidad pierde el interés que

le había precedido y pasa a ser tratada tangencialmente14.

Hasta el siglo XX, la oralidad y la conversación no presentaban diferencias conceptuales evidentes. Fue a partir de entonces cuando la conversación empieza a estudiarse como uno de los tipos de oralidad y, por lo tanto, adquirió cierta independencia dentro del mundo académico. El origen de los estudios actuales de la

conversación, según Gallardo (1996), se remonta a los años 30 en la Escuela de Palo

Alto. Su representante, el antropólogo Gregory Bateston, realiza sus investigaciones

sobre la interacción humana independientemente de la lingüística. En los años 50, se desarrollan paralelamente dos corrientes: por un lado, Z. S. Harris describe lo que él

denominó discurso y que “entraría hoy en día en el campo del análisis del texto como

unidad de significado completa por sí misma” (Nieto García 1995: 13); por otro lado,

apareció la corriente macro-sociolingüística, centrada en la utilización del lenguaje

“como vehículo de comunicación en un contexto determinado y las consecuencias que este hecho tiene para la forma en que se plantea dicha comunicación” (Nieto García 1995: 13). Hasta esta fecha, la conversación había sido tratada como un modo de       

13 Esta misma autora ofrece un pequeño listado de las obras consideradas como canónicas para la Retórica. Así, tenemos: Retórica (394-322 a.C.), de Aristóteles; Rethorica ad Herenium (85-86 a.C.), de autoría incierta; De inventhione rhetorica (86 a.C.), De oratore (55 a.C.) y Orator (46 a.C.), de Cicerón; e Institutio Oratoira (88? a.C.), de Quintiliano.

14 Véase Abascal (2004) para profundizar sobre el trato dispensado por la literatura oral y la actividad teatral. En esta época, que hemos señalado como marginal para el estudio de la comunicación oral, aún sigue tratándose con cierta formalidad en estos dos ámbitos. También en la Fonética del siglo XX aparecen importantes avances en el estudio de los sonidos del lenguaje, como así señala esta misma autora (2004: 169-173).

comunicación en abstracto. Es a partir de esta década cuando comienzan a aparecer los primeros estudios de la conversación centrados en los usos lingüísticos cotidianos (Tusón 2002: 134). Destacan de esta época Goffman (1959, 1964) o Garfinkel (1964, 1967) en Sociología, Gumperz & Hymes (1964, 1972) en Antropología y Austin (1962), Searle (1964, 1969) o Grice (1975) en Filosofía.

En los años 60, época considerada por Haves (1999: 6) como el verdadero comienzo de las investigaciones en conversación, Harold Garfinkel crea las bases de la Etnometodología. En 1967, el antropólogo y lingüista Kenneth Pike (Haves 1999: 36) introduce dos términos en las ciencias sociales que, según el mismo autor, resultan

fundamentales en el Análisis de la Conversación actual, los términos etic y emic15.

Es en los años 70 cuando aparece una gran cantidad de estudios sobre interacción verbal centrados en el uso real de lenguaje. Dichos estudios se relacionan estrechamente con la Sociología, la Antropología o la Psicología, pues ligan factores puramente lingüísticos con el contexto en el que se desarrollan. Así, según Gallardo (1996: 39), “las primeras preocupaciones por datos dialogados que van más allá del acto de habla aislado aparecen de manera sistemática en los primeros años 70” en el seno de

la Etnometodología, con orígenes de carácter sociológico, y con Harvey Sacks16 y

Emmanuel Schegloff, de la Universidad de California, en Los Ángeles, como impulsores de esta corriente. En esta época y dentro de la macro-sociolingüística, representada por W. Labov y D. Hymes, creador de la Etnografía de la Comunicación, la Escuela de Birmingham comienza con el estudio de datos dialogados en el llamado Análisis del Discurso, cuyos principales investigadores fueron J. Sinclair, J. Coulthard, W. Dressler, D. Brazil y M. Stubbs. Otros autores destacados en esta época son J. Searle y P. Grice, dentro de la Filosofía del Lenguaje, y S. Levinson y G. Leech, en la Pragmática (Nieto 1995: 13-14).

      

15 Ambos términos se refieren a dos formas distintas de enfocar la descripción e interpretación de los datos dentro de las ciencias sociales y del comportamiento. El término etic hace referencia a que los datos son obtenidos de la observación del investigador, con independencia de la interpretación que los sujetos observados den al fenómeno; en las investigaciones, suele utilizarse cuando los conceptos universales son formulados a priori para, posteriormente, aplicarse a los casos en particular. En contraposición, emic se refiere a que los datos son recogidos de la interpretación que el sujeto o sujetos objeto de investigación dan a determinados fenómenos; es un término que suele aplicarse a los datos definidos durante la investigación de algún aspecto concreto de una cultura. Para Haves (1999: 36), el interés del Análisis Conversacional debería dirigirse hacia los procesos internos desarrollados en una interacción de habla, un punto de vista emic (emic reality).

16 Haves (1999: 6) centra los modernos orígenes del análisis conversacional en las investigaciones que hizo Sacks sobre las conversaciones telefónicas que obtuvo en el Center for the Scientific Study of Suicide (1972).

En esta década de los 70, algunos investigadores como Sacks, Schegloff y Jefferson centraban su trabajo en la estructura de conversaciones cotidianas, desarrolladas cara a cara o por teléfono, entre amigos o conocidos y, más concretamente, se ocupaban de describir sus componentes: turnos, secuencias y mecanismos de corrección, etc. En estos años, también se llevaron a cabo importantes estudios sobre conversaciones cotidianas que incluían en su objeto de estudio, citando a Markee (2000: 24), la organización secuencial de algunos actos de habla (Pomerantz 1975, 1978a y 1978b; Schegloff 1972), la construcción de la sintaxis conversacional (Goodwin 1979; Schegloff 1979), la referencia (Sacks y Schegloff 1979) y la estructura de chistes y narraciones orales (Sacks 1974). El Análisis de la Conversación (AC) nació como un modo particular de estudiar la interacción verbal y fue iniciado también en los años 60 por Harvey Sacks. Este investigador, y más tarde sus alumnos Emmanuel Schegloff y Gail Jefferson, centraban sus estudios en el análisis de procedimiento del habla en interacción, en cómo los interlocutores organizan sistemáticamente esta interacción para resolver fenómenos como los turnos de habla, la producción de movimientos colaborativos o de entendimiento (Ten Have 2005).

Hoy en día, la mayor parte de las investigaciones siguen utilizando las conversaciones cotidianas como objeto de estudio. Sin embargo, a partir de finales de los años 70, el AC comenzó a tener en cuenta las conversaciones mantenidas en contextos institucionales, incluyendo así noticiarios, hospitales, juzgados, comisarías de policía y aulas de enseñanza, entre otros.

1.2.2. SITUACIÓN ACTUAL17

El análisis conversacional y el análisis de la conversación son términos que a

menudo se confunden entre sí, pues muchas son las obras que aparecen bajo este título y, sin embargo, responden a trayectorias de estudio diferentes18. En primer lugar, es       

17 Es enorme el desconcierto que reina en la clasificación de las corrientes que estudian la conversación. Sin embargo, hemos tratado de unificar criterios y expondremos a continuación aquellas corrientes con las que los autores consultados parecen estar de acuerdo. Como orientación, diremos que en este capítulo han sido citados los siguientes: Alonso-Cortés et al. (1989), Nieto (1995), Gallardo (1999), Cestero (2000a), Fuentes (2000), Álvarez (2001), Cortés y Camacho (2003) y Seedhouse (2004).

18 Debido a la gran variedad de puntos de vista desde los que afrontar el estudio de la conversación, aparecen muchas disciplinas y, consecuentemente, la comparación entre ellas. Por ejemplo, Wooffitt (2005) compara el Análisis de la Conversación con el Análisis del Discurso de la Escuela Británica (representada por Wooffitt, Edwards y Potter), el Análisis Crítico del Discurso (representado por

esencial distinguir el análisis conversacional, en minúsculas, del Análisis de la

Conversación, en mayúsculas. Para resolver esta cuestión podemos acudir al DRAE y

buscar dos entradas: análisis y conversación. De este modo, dejaríamos definido el

análisis conversacional, en minúsculas, como el estudio que sobre el hecho de hablar se

realiza dentro de algunas corrientes.

Dos son, a nuestro entender, las corrientes principales en el estudio del discurso hablado en la actualidad: el Análisis de la Conversación19 y el Análisis del Discurso (AD). La investigación que desarrollaremos toma aspectos de ambas. Por un lado, utilizaremos una parte importante de la metodología seguida por el AC y, por otro lado, coincidiendo con la línea del AD, los datos obtenidos del corpus justificarán algunos aspectos de carácter lingüístico con independencia del contexto social. A la justificación

de esta elección dedicaremos parte del Capítulo 2, Metodología de la investigación.

Estas dos escuelas nacen en diferentes contextos: el AC se identifica con la escuela americana y sienta sus bases en la sociología, que más tarde derivaría en la etnometodología, mientras que la escuela británica nace en el seno de la lingüística y es la impulsora del AD. Sin embargo, hoy en día, toman muchos aspectos la una de la otra, lo que en ocasiones resulta inconveniente, pues no es sencillo combinar la metodología empleada por los etnometodólogos con una interpretación lingüística de los resultados, como se hace en muchos casos (Seedhouse 2004).

Hammersley, en un trabajo de 200320, busca reconocer el AC y el AD como

métodos o, más bien, paradigmas de investigación autosuficientes, como así hace la mayor parte de los investigadores relacionados con estas corrientes. Concretamente, Hammersley (2003: 751) dice que el AC “representa uno de los pocos ejemplos de

programas de investigación empírica acumulativos dentro de las ciencias sociales”21.

      

Fairclugh, Van Dijk y Wodak) y el Análisis Foucaultiano del Discurso (representado por Foucault y Derrida).

19 A lo largo de nuestro trabajo utilizaremos el término Análisis de la Conversación en mayúsculas para referirnos a esta disciplina, mientras que nos referiremos a análisis conversacional o análisis de la conversación en minúsculas para referirnos al estudio que un investigador puede realizar sobre esta forma concreta de interacción oral.

20 En este artículo se analiza con mucha profundidad el trasfondo psico-filosófico que hay en las investigaciones del AC y del AD; el primero por influencia de la etnometodología y, el segundo, desde el construccionismo.

• ANÁLISIS DE LA CONVERSACIÓN

Hall (2007: 512) define el Análisis de la Conversación (AC) de la siguiente

forma: “es el estudio de la organización social del habla en interacción”22, a lo que debe

añadirse que este estudio se emprende mediante una metodología de carácter sociológico que se pone en práctica de modo multidisciplinar (Seedhouse 2005: 165). El AC utiliza una metodología cualitativa, se centra en el uso de la lengua, es de carácter

emic y tiene una orientación conductual. Gracias a estas características, la influencia del

AC en otras disciplinas es cada vez mayor, tal como veremos en el apartado dedicado al estudio de la conversación en el marco de la enseñanza de segundas lenguas. Sin embargo, el AC apenas se ha visto influenciado por otras corrientes, debido a que sus seguidores defienden la solidez de los primeros descubrimientos de sus iniciadores (Ten Have 2005).

Tiene su origen en los Estados Unidos y, como hemos dicho, es de orientación sociológica. En sus comienzos, se ocupaba de la conversación desde un punto de vista etnometodológico. Es de carácter empírico y utiliza métodos esencialmente inductivos. Ocasionalmente, encontramos bajo la misma denominación la Etnometodología y el Análisis de la Conversación. Es cierto que este último surge a partir de la primera; sin embargo, es muy importante no confundirlas, pues, en la actualidad, son dos escuelas diferentes, como así manifiesta Seedhouse (2004), en el primer capítulo de su trabajo, que está dedicado a explicar las diferencias que existen entre la Etnometodología, de base sociológica y con una perspectiva antropológica, y el Análisis de la Conversación, de influencia también sociológica, pero con un carácter marcadamente lingüístico. Por otra parte, Markee (2000: 25) nos dice que la Etnometodología es una parte de la sociología que trabaja con los códigos y convenciones en los que se basan las interacciones y actividades sociales diarias. Es producto de la unión de dos perspectivas

intelectuales aparentemente incompatibles: la hermenéutica-dialéctica, o dialéctica-

hermenéutica, y la lógica-analítica. De la primera toma prestado el interés teórico en las

maneras populares de hacer juicios del mundo, mientras que de la segunda aprovecha su metodología empírica. La Etnometodología es caracterizada por Schiffrin (1990: 7) como un acercamiento al discurso basado en una perspectiva filosófica denominada Fenomenología, asociada a Schutz, la cual ha sido desarrollada por el sociólogo       

Garfinkel y aplicada a la conversación. Objetivo diferente guía el AC, cuyos estudios pueden ser de carácter lingüístico o sociolingüístico, dependiendo del investigador en particular23.

Hall (2007: 512) explica cuáles son las tres premisas en las que se apoyan los comienzos del AC:

1) El significado y la forma de un turno de habla se proyecta en el turno siguiente.

2) Las llamadas del turno en marcha que demandan una respuesta por parte del oyente

crean el contexto del turno siguiente.

3) Al producir una respuesta, el interlocutor expone su interpretación sobre el turno anterior y, por tanto, crea o mantiene con el primer hablante la comprensión de lo que ambos están haciendo juntos.

El AC examina la interacción oral que se produce en medios naturales. La mayoría de las primeras investigaciones del AC en los años 60 se centran en conversaciones coloquiales. A finales de los años 70, el estudio de la conversación se limita a determinados ambientes, dando lugar a los estudios sobre el habla institucional. Hay varios trabajos del AC que centran su atención en el campo de la medicina. Así, Beach y Anderson (2003: 1) citan algunos estudios enfocados en las conversaciones mantenidas en casa entre personas cuyos familiares tienen cáncer y cuyo tema gira en torno a esta enfermedad, y otros estudios en los que las conversaciones se desarrollan entre médicos y familiares en el hospital. Por su parte, Beach y Anderson (2003) también se ocupan de las conversaciones que se mantienen entre los médicos en el hospital, para así demostrar a los oncólogos la utilidad del AC. Otros contextos institucionales que marcaron los estudios del AC hasta los años 80 fueron los noticiarios (Heritage 1985; Greatbatch 1986a, 1986b y 1988; Harris 1986 y 1991; Clayman 1987 y 1988), las aulas educativas (McHoul 1978; Mehan 1979), los juzgados (Atkinson y Drew 1979; Maynard 1984; Drew 1985) o las estaciones de policía (Watson 1985), como apunta Rama (2000: 83) en su tesis doctoral.

      

23 Seedhouse (2004) dedica el apartado 1.9. de su trabajo a señalar el error que hoy en día se produce por no distinguir con claridad el AC en su concepción sociológica original, del AC únicamente lingüístico que actualmente se lleva a cabo en varias universidades de los Estados Unidos. Nosotros, por el contrario, seguimos a Markee (2004) cuando manifiesta que la introducción de datos sociales en los estudios conversacionales es una cuestión personal del investigador que, no obstante, debe aparecer explicada.

Algunos de los autores más destacados que pertenecen a esta corriente, incluyendo sus orígenes etnometodológicos, son: E. Goffman, H. Garfinkel. H. Sacks, E. Schegloff, G. Jefferson, P. Seedhouse, N. Markee y J. Heritage.

Markee (2000: 25) define el AC como una forma de análisis de datos conversacionales que considera la estructura secuencial de la interacción del habla en términos de orientaciones en tiempo real para la toma de turnos y las correcciones en diferentes sistemas de intercambio de habla. La secuenciación conversacional o la ordenación del discurso hablado de los hablantes es el concepto del que se parte para, posteriormente, centrarse en aspectos más puntuales del discurso hablado, agrupados en

torno a tres elementos conversacionales superiores: los turnos, los pares adyacentes y

las secuencias. De estos tres, el centro de máximo interés es la alternancia de turnos

(He 2004: 568). Basándose en la idea de que todos los hechos ordinarios y extraordinarios de la vida son llevados a cabo por medio de la conversación, el AC ha desarrollado una disciplina de carácter empírico enfocada en una conducta interaccional en la que se incluyen la toma de turno, la organización de secuencias conversacionales, la estructura interna de los turnos de habla y la aparición de acciones, la organización de las reparaciones, la narración, la prosodia y el lenguaje corporal (Drew y Heritage 2006). Esta disciplina también se ocupa de algunos elementos conversacionales como la negociación del significado, los apoyos, los pares adyacentes, etc., así como de las reglas que organizan el cambio de turno, la estructura de las secuencias de apertura, las estrategias de iniciación y cambio de turno o las estrategias de búsqueda de una réplica. Fueron los trabajos de Sacks los que marcaron el inicio de los estudios de la organización de algunos de estos elementos, tales como los turnos de habla, las superposiciones de habla, las reparaciones, los temas de apertura y cierre, los pares adyacentes, la interacción del habla con el lenguaje no verbal, etc. (Drew y Heritage 2006: xxiii).

Dados su objeto de estudio y su metodología, Nieto (1995) designa esta corriente

como microanálisis. Con respecto al nivel de detalle, nos recuerda Seedhouse (2004:

13) que “el desconocimiento común lleva a creer que el AC está obsesionado con el micro-detalle y no tiene nada que decir sobre la organización interaccional a mayor

escala”24. Sin embargo, el AC sí se ocupa de la organización estructural de la