apariciones del
resucitado. Unas
mujeres buscan un
cadáver. Llevan
aromas. Quieren
embalsamarlo.
Reconocen que no
podrán quitar la losa
que da acceso al
sepulcro. No será
necesario que nadie
lo haga. El lugar de la
muerte está abierto.
¡Y vacío!
María y los
hermanos del
Galileo
estuvieron en
desacuerdo con
su dislocada
actuación.
Ninguno de ellos
se adhirió a su
proyecto. Nunca
en los evangelios
aparecen con él.
Apariciones… · Salvador Santos Apariciones… · Salvador Santos
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familiares: La constitución formal de una sociedad alternativa:LOS DOCE (Mc 3,13-19).
Los familiares sabían del carácter y los arranques del Galileo. Además de no haberse casado, de salir
arrebatadamente de la aldea atraído por el mensaje del Bautista, de organizar una pandilla de individuos con mala pinta, de juntarse y comer con gente de mala fama y acoger entre los suyos a mujeres de la calle, se ha atrevido a desafiar a los responsables de la nación, a los líderes religiosos y hasta a las divinas promesas del AT. Los Doce significaban un ataque sin antecedentes al orden establecido.
Representaban la ruptura con la institución y el poder. Su madre
y hermanos, como es natural, consideraron que la cordura consistía en estar de parte del sistema político-religioso. El Galileo, por el contrario, incluso descartó por inútil la vía
reformista. Había situado su proyecto al margen de ese marco: ¡UNA LOCURA!
María y los hermanos del Galileo estuvieron en
desacuerdo con su dislocada actuación. Ninguno de ellos se adhirió a su proyecto. Nunca en los evangelios aparecen con él.
13. Familia y gerifaltes coinciden
Tras correr las noticias del disparate efectuado por el Galileo, sus familiares más cercanos no tuvieron más remedio que coincidir con reconocidos e ilustres
personajes salidos de la capital. Tipos de cuidado que no se andaban con miramientos. Marcos los menciona a
continuación del movimiento de los suyos para recogerlo y devolverlo a la cordura. No van
de tapadillo. Buscan, como siempre, influir en la opinión pública. Y lanzan al aire sus juicios sobre la enajenación del Galileo. Son sentencias que sirven de consignas para la gente:
“Los letrados que habían bajado de Jerusalén iban diciendo: –
Tiene dentro a Belcebú.
Y También: – Expulsa a los demonios con poder del jefe de los demonios” (Mc 3,22).
14. Intentona fallida
Los datos que nos aportan los textos indican que los familiares del Galileo no consiguieron sus propósitos. Su lanzado
desplazamiento con el objetivo de reintegrarlo al orden
establecido quedó, pues, en una simple intentona. El Galileo sabía lo que hacía. No iba de farol. Se mantuvo firme en sus convicciones, rechazó
acompañar a su madre y hermanos y declaró cuál era su auténtica familia (Mc 3,33-35). María ya no aparecerá más de forma real en los evangelios.
Aunque esa ausencia abrirá nuevos interrogantes y suscitará ciertas dudas a considerar.
15. El Galileo se deja ver
Algunas de esas preguntas e incertidumbres están
relacionadas con otras
apariciones. Las del Galileo una vez ajusticiado. Las narraciones que las cuentan destacan por sus notables diferencias. Salvo detalles muy específicos (el sepulcro vacío y las mujeres), no hay concordancia entre los evangelistas.
En Marcos nada se dice sobre apariciones del resucitado. Unas mujeres buscan un cadáver. Llevan aromas. Quieren embalsamarlo. Reconocen que no podrán quitar la losa que da acceso al sepulcro. No será necesario que nadie lo haga. El lugar de la muerte está abierto. ¡Y vacío! Un joven con vestiduras blancas les anuncia que el Galileo está vivo. Deben informar a Pedro y a los discípulos. Él les verá en Galilea. Las mujeres se espantan. Callarán. Tienen miedo. Ahí termina Marcos. El
apéndice posterior (Mc 16,9-20) no pertenece al texto original. Se escribió mucho más tarde a base de mezclar datos
extraídos de los textos de Mateo, Lucas y Juan. Con tal revoltijo pretendieron arreglar el duro y cortante final del primer evangelio escrito.
En Mateo aparece un
mensajero celestial: “el ángel del Señor”. Sin nombre específico, se trata del mismo emisario que visitó a María a comienzos del evangelio. Él corre la losa del sepulcro. Se dirige a las mujeres. Les pide que no tengan miedo. Y les señala el lugar vacío. No hay cadáver. Anuncia que está vivo. Va delante hacia Galilea. Deben informar a los discípulos. El miedo de las mujeres se transforma en alegría. Por el camino se les aparece el Galileo. Más tarde pone fin a sus apariciones presentándose ante los Once.
Lucas amplia los hechos. No habla del mensajero. Serán dos hombres quienes anuncian a las mujeres que el sepulcro está
vacío. Por propia iniciativa, las mujeres informarán a los Once y al resto de discípulos. El Galileo se aparecerá a dos de ellos que iban de camino. Luego al grupo. En Juan, solo María Magdalena acude al sepulcro. Está abierto. Avisa a Pedro y al discípulo predilecto (personaje figurado). Ellos confirman el hecho. El Galileo se aparece primero a María Magdalena. Conversa con ella. Los discípulos se muestran temerosos. El Galileo se les aparece. Uno de ellos, Tomás, está ausente. No reconoce la experiencia de los otros. El Galileo se le aparecerá también. Por último se dejará ver por siete de ellos, con los que llegará incluso a comer.
16. Nada de apariciones a María
Pero, ¿y María? De aparecerse a María, nada de nada. Se ha
En Marcos nada se
dice sobre
apariciones del
resucitado. Unas
mujeres buscan un
cadáver. Llevan
aromas. Quieren
embalsamarlo.
Reconocen que no
podrán quitar la losa
que da acceso al
sepulcro. No será
necesario que nadie
lo haga. El lugar de la
muerte está abierto.
¡Y vacío!
María y los
hermanos del
Galileo
estuvieron en
desacuerdo con
su dislocada
actuación.
Ninguno de ellos
se adhirió a su
proyecto. Nunca
en los evangelios
aparecen con él.
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PorVINCENT AYEL
C I E N C I A S B Í B L I C A S Y A P O L O G Í A C I E N C I A S B Í B L I C A S Y A P O L O G Í A8.-Ni separación ni confusión entre esperanzas humanas y salvación en Jesucristo. Hacerse creyente –como hacerse adulto– es un itinerario siempre
inacabado. Decir que consiste en repetir por cuenta propia el movimiento de la Escritura, es aún demasiado poco, pues se trata también de hacer suya la Tradición de la Iglesia, de renacer constantemente el difícil camino por el que ella intentó y sigue intentando todavía, tomar mejor conciencia de su fe y expresarla. Pienso en la etapa de ese camino que fue el Concilio de Calcedonia, en el año 451, en el que se quiso definir solemnemente la fe cristiana acerca de las dos naturalezas de Cristo y de la unión de ambas en una sola Persona. La fórmula adoptada entonces para señalizar el movimiento de la fe en Cristo, plenamente hombre y
plenamente Dios, decía que ambas naturalezas habían de