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1. SEMBLANZA HISTÓRICA DEL PERSONAJE: UN GUIPUZCOANO EN LA CORTE DE FELIPE III.

1.3. La formación de un humanista filológico, intérprete de lenguas orientales.

1.3.1. Sus maestros de lenguas orientales 1 Diego de Urrea.

1.3.1.2. Marcos Dobelio.

Su verdadero nombre era Murkus ad-Du‘abilī al-Kurdī. Era, como su propio nombre indica, un cristiano oriental de origen kurdo, conocido en italiano como Marco Dobel(i)o; aparece en las fuentes españolas como Marcos Dobelio o Dovel o Dobelo. Había llegado a Roma a finales del siglo XVI, donde se abrió camino en un primer momento como traductor de los Papas Clemente VIII y Paulo V; por sus manos pasaron numerosos manuscritos árabes y siríacos de la Bilioteca Vaticana y su reputación como experto traductor y erudito en lenguas orientales le valió su nombramiento como profesor de árabe de La Sapienza97. Como hemos visto, los

defensores de las láminas atribuyen el mérito de su venida a España al éxito de las gestiones realizadas por el arzobispo Castro ante la Santa Sede98, en un

intento de atraer nuevos traductores de árabe que le ayudasen en su labor de traducción de las láminas; pero Morocho Gayo pone en duda las afirmaciones de Medina Conde en tal sentido, sugiriendo que tal vez Dobelio aceptó trasladarse a nuestro país por indicación expresa de Paulo V, quien deseaba «conocer de una vez y por persona autorizada la doctrina de las láminas»99. El caso es que, por un

motivo o por otro, viene Dobelio a España y se pone al servicio de Castro, quien por entonces había sido promovido a la sede arzobispal de Sevilla, lugar al que se había trasladado con los originales de los plúmbeos. No debieron de agradar

96 BNM, ms. 1271, fol. 34v.

97 Según afirma G. Levi Della Vida, Ricerche sulla formazione del più antico fondo dei manoscritti

orientali della Biblioteca Vaticana, Città Vaticano, 1939 [Studi e testi, 92]. Reed. Anastatica, 1976,

pp. 280-281.

98 Acerca de dichas gestiones, véase el artículo de M. García-Arenal y F. Rodríguez Mediano, «De Diego de Urrea a Marcos Dobelio...», pp.328-332

99

demasiado al arzobispo las traducciones de Dobelio, pues al poco tiempo lo despide de malos modos, dejándole a deber el sueldo entero, por más que los agentes del arzobispo se empeñen en pregonar lo contrario100. Así concluía,

aparentemente, la intervención de Marcos Dobelio en el asunto de los plomos de Granada, aunque su tenacidad y su convicción absoluta de que los libros no eran sino una falsificación plagada de herejías mahometanas, lo llevaron a escribir años más tarde su Libro intitulado nuevo descubrimiento de la falsedad del metal101, piedra de toque decisiva para la promulgación del fulminante decreto suspensivo de Urbano VIII, por el que se condenaba las láminas en cuanto portadoras de doctrinas heréticas de inspiración islámica y se prohibía cualquier intento de difusión y reproducción de las mismas.

Tras abandonar la traducción de las láminas, Marcos Dobelio se instaló en Madrid, donde tendría la oportunidad de asistir como espectador privilegiado a la evolución de los acontecimientos relativos al asunto de los plúmbeos. Dado que del arzobispo no había recibido compensación económica alguna, se decidió a impartir clases de árabe. Es entonces cuando, presumiblemente, traba conocimiento con Gurmendi, como afirma en otro lugar de su relación el propio Medina Conde:

100

Así lo confirma el testimonio del Padre Aliaga, confesor del Rey, quien reprochaba al arzobispo: «[…] la historia de Marcos Dobelli, cómo vino de Roma, y pedía a su Majestad le pagase, porque V.S.Y. no le havía dado nada». Carta de D. Francisco Barahona a D. Pedro de Castro y Quiñones

a 15 de mayo de 1618 sobre su entrevista con Fray Luis de Aliaga; apud Morocho Gayo, G., Pedro de Valencia, apéndice, II, p.12.

101 En esta obra, Marcos Dobelio puso de manifiesto, entre otros aspectos, la filiación islámica de algunos de los textos que componen las láminas y que, a su juicio, procederían de códices árabes muy antiguos que había en España, algunos de los cuales él mismo había tenido ocasión de consultar. Sobre este particular, véase Morocho Gayo, Pedro de Valencia, p.310. Actualmente, el texto de Dobelio está siendo estudiado por Maylene Cotto Andino. Mercedes García-Arenal y Fernando Rodríguez Mediano lo relacionan con el descubrimiento de ciertos libros de los moriscos que estaban ocultos en la localidad de Pastrana, véase García-Arenal, M. y Rodríguez Mediano, F., «Los libros de los moriscos y los eruditos orientales», Al-qantara: Revista de estudios árabes, Vol. 31, Fasc. 2, 2010, págs. 611-646.

Entretúvose después en Granada y en la corte en enseñar el árabe. Un su discípulo fue Francisco de Gurmendi, vizcaíno, de que se dirá luego102.

Otro de los laminarios refiere, a su vez, de este encuentro entre Gurmendi y Dobelio, poniendo el acento en el interés de ambos, maestro y alumno, por demostrar la falsedad de las láminas:

Pero [Marcos Dobelio] dexó un discípulo, que le siguió en perseguir los plomos, el vizcaíno… Francisco Grumendi (sic), de la provincia de Guipúzcoa, que movió ahora la guerra contra las láminas. Éste hizo una versión de los dos libros: De la

esencia de Dios y fundamento de la fee. La hizo no por los originales, sino por

unas copias, que le dixeron estaban fielmente ajustadas a las que el venerable Arzobispo avía enviado al Sr. Dn. Phelipe II103

Mientras estaba a las órdenes del arzobispo en Sevilla, Dobelio había llevado a cabo su propia versión de los libros De essentia Dei y Fundamentum

Ecclesiae, los mismos que años más tarde traducirá Gurmendi. Dobelio era ya

profesor de árabe del guipuzcoano desde que abandonó Sevilla tras sus desacuerdos con el arzobispo hacia 1611. No he encontrado testimonios que avalen la hipótesis de cuánto pudieron influir el magisterio y las convicciones antilaminarias de Dobelio en el ánimo de Gurmendi a la hora de concebir y realizar su traducción de los dos libros plúmbeos antes mencionados, pero la estrecha relación existente entre ambos durante la fecha de confección de la traducción de Gurmendi nos permiten suponer que así fuera.

Además de su refutación de la autenticidad de los plomos, Marcos Dobelio, en cuanto traductor y arabista, es el autor de otras obras cuyo propósito parece ser, como en el caso de Urrea y del propio Gurmendi, el de divulgar determinados aspectos y cuestiones de la herencia cultural árabe a un público erudito que, sin embargo, carecía de la herramienta indispensable para acceder a dicho conocimiento, esto es, el manejo del idioma. Una de estas obras es la ya

102 BNM, ms. 1271, fol. 34v. 103

mencionada Suma que trata del tiempo cuando los mahometanos ganaron a

África, y cómo después pasaron a España…vuelta de arábigo en romance., obra

que, a juicio de Fernando Rodríguez Mediano, vendría a ser una traducción parcial del Mujtasar Ta‟rij al-bašar de Abū l-Fidā104, una de las obras de referencia del

orientalismo europeo del XVIII, de la que existe copia en El Escorial105. Otra obra

que Fernando Rodríguez Mediano atribuye a Dobelio es la que se halla en el manuscrito 2021 de la BNM y que se titula Libro yntitulado las Margaritas cogida [sic] donde se trata de los remedios experimentados curiosos y fáçiles de gran

provecho y poca costa con todos los remedios del començando desde la planta de la caveça hasta llegar a las plantas de los pies. Compuesto por el Doctorisimo Philosopho y Phisico y singular hombre unico en su tiempo Abbuferquer Mahomed. Derixido = Al muy poderoso señor amigo de los savios y de la sabiduría el Rey David hijo del Rey Almodfer señor de Amano. Nos dice Rodríguez Mediano

que el libro se presenta en su introducción como ―traducido de Aravigo en lengua castellana por Marcos Aurelio Citeron hombre muy doctto y experimentado en los secrettos de natura grande Istorio e interprete de la lengua araviga del Rey Don Feliphe [sic] quarto nro Señor que Dios guarde largos y felices años y a todos sus fieles vasallos‖106. La similitud fonética y ortográfica entre el nombre ―Marcos

Aurelio Citeron‖ y Marco Dobelio Citeron resulta innegable; además se nos dice del autor que era istorio e interprete de la lengua araviga del Rey, lo que encaja con el perfil que conocemos del personaje.

De este modo, hemos trazado la semblanza de un Marcos Dobelio intérprete y conocedor de lenguas orientales, interesado, como Urrea y Gurmendi, en preservar del olvido la sabiduría contenida en los libros árabes y transmitirla a una España que empezaba a olvidar su pasado reciente. Hemos visto, además, el papel que Dobelio desempeñó en el asunto de los plúmbeos, verdadero eje

104

V. Abū l-Fida, Mujtasar Ta‟rij al-bašar, 4 vols.en 2 tomos, apud Rodríguez Mediano, F., «Fragmentos de Orientalismo español...», p.261.

105 Se trataría, según la clasificación de Lévi-Provençal, del Ms.árabe 1641, que formaba parte de la biblioteca sustraída al sultán marroquí Muley Zidán, apud Rodríguez Mediano, F., Ibíd. p.262. 106

gravitacional en torno al cual se posicionaba, a favor o en contra, la mayor parte de los intelectuales de la época; muy pocos lograron mantenerse al margen de estas cuestiones y los que lo intentaban, eran llamados en causa por alguno de los actores principales de esta trama, en muchos casos, con graves repercusiones para su reputación, su carrera y - como insinúan algunos autores, entre ellos Gaspar Morocho y Grace Magnier – incluso para sus vidas. De Dobelio afirma Morocho que en los años que permaneció en España «estuvo al servicio de la Inquisición, al igual que lo estuvieron puntualmente hombres como Francisco de Gurmendi, Pedro de Valencia, Juan o Luis de Malta y varios otros. Todos ellos fueron perseguidos, desacreditados, reputados por hombres ignorantes y de poca habilidad»107. El propio Dobelio se quejará amargamente de esta situación años

más tarde en su Introducción en el Libro intitulado nuevo descubrimiento de la

falsedad del metal108 :

[…] jamás han faltado trabajos graves (hasta el presente), insoportables molestias, extrema penuria y indisposiciones continuas del ánimo, como de cuerpo [..]. Todo esto se puede agradecer al libro que no se lee, a los sigilos y caracteres nigrománticos destos libros, y a las buenas lenguas de algunos laminarios109.

A pesar de todas estas calamidades, sufridas por defender ante todo aquel que quisiera escucharle la falsedad de las láminas, no abandonó Dobelio su propósito de esclarecer la verdad hasta el fin de sus días. Su pista se pierde hacia 1638, no sabemos si porque falleció o quizás porque, una vez logrado su objetivo, decidiera regresar a Roma. Los laminarios se empeñan en desacreditarle por todos los modos, afirmando que «murió en la Corte en un hospital, comido de gusanos; aviendo vuelto a abrazar el Mahometismo»110.

Como hemos visto, las respectivas trayectorias vitales e intelectuales de personas como Diego de Urrea y Marcos Dobelio coinciden entre sí y con la de

107 Morocho Gayo, G., Pedro de Valencia., p.311.

108 A.S.C.D.F., ms. R 7 c (1), apud Morocho Gayo, Pedro de Valencia, p.308. 109 Ibídem, 308, fol. 60v.

110

Gurmendi principalmente en su interés por rescatar del olvido el legado científico y humanístico árabe111, pero además todos ellos se vieron implicados, debido a su

condición de traductores de árabe, en el asunto de los Plomos, del que me ocuparé más adelante. Pero antes, me ocuparé de la más que supuesta pertenencia de Francisco de Gurmendi a círculos eruditos de carácter humanista cuya cabeza visible y mentor del resto de integrantes era sin duda Pedro de Valencia.

1.3.2. Gurmendi y el humanismo cristiano. Pedro de Valencia o la síntesis