El autor es miembro del grupo de investigación “Movimientos sociales y sistemas políticos en la Argentina moderna”.
MACKINNON, Moira: Los años formativos del Partido Peronista (1946-1950) , Buenos Aires,
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Instituto Di Tella-Siglo XXI, 2002.
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asta hace unos pocos años el Partido Peronista había recibido una escasa atención en la literatura especializada sobre peronismo. Los pocos estudios sobre el tema interpretaban al Partido Peronista, o bien como un partido “inexistente” frente al liderazgo carismático y autoritario de Perón o bien como una agencia o brazo de la burocracia estatal subordinado a las necesidades del régimen y que asumía previsiblemente características monolíticas y verticalistas. Por el contrario, trabajos recientes se han ocupado de revitalizar los estudios sobre las estructuras partidarias peronistas enfatizando las dimensiones internas del conflicto y los debates generados durante el encuadramiento de los diversos grupos peronistas en un partido político unificado. Es nuestra intención continuar en esta senda1interpretativa indagando en torno al proceso de constitución del Partido Peronista en Avellaneda, los conflictos de intereses entre los diversos grupos peronistas y la tensión que se percibe entre la ocupación de espacios dentro de la naciente coalición peronista por los grupos locales y las presiones desde el centro a favor de una unificación de las fuerzas peronistas. La discusión sobre el período formativo del Partido Peronista en Avellaneda y de su impacto en la inclusión de nuevos actores sociales en el sistema político local y nac iona l pod ría co nsid era rse a p rim era vist a com o una prob lem átic a sob re la cual sería posible arribar, quizás desaprensivamente, a conclusiones rápidas y, apar ent em ent e, plau sib les . Un pro ces o sign ado por la part icip ació n de sectores amplios de la clase obrera en la conformación del partido peronista a nivel local (evidente capacidad de movilización callejera, creciente influencia “peronista” en los conflictos sindicales) podría llevarnos rápida- mente a interpretar la institucionalización de las estructuras partidarias y el control del aparato estatal local (a nivel de la burocracia estatal pero también en el control peronista de las autoridades municipales, intendencia y mayoría en el concejo deliberante) como signos evidentes de la irrupción de cambios profundos y disruptivos en la política local. La participación de representantes obreros en el cuerpo legislativo municipal electo en 1948 contribuiría, por otra parte, a reforzar esta conclusión. Sin embargo, el proceso político que se abre hacia finales de 1945 y tiene una primera conclusión a nivel del sistema político municipal en la constitución de los poderes ejecutivo y legislativo locales en 1948, y a nivel partidario en el triunfo en las elecciones internas de una lista única en 1949, refleja la presencia de nuevos actores políticos y una activa vida partidaria representada por la formación de un universo de
facciones que respondían a lógicas diversas, pero también la participación activa en el período constitutivo del “peronismo” a nivel local de actores que fundamentaban esa participación en su “notabilidad” y su pertenencia a instituciones de relevancia local con raíces en el período pre-peronista. Por otra parte, la particular historia política de Avellaneda de la primera década del siglo XX (predominio de partidos y facciones “conservadoras” que sobreviven a los cambios introducidos a nivel nacional y provincial, y se constituyen en buena medida en torno a un fuerte liderazgo de carácter personal, el de Alberto Barceló) constituye un marco de referencia a nivel local que parece teñir parte de las estrategias de los actores políticos del nuevo período y se concretiza en la presencia de ciertas continuidades a nivel de los actores y prácticas políticas que parecen traducir el entramado construido entre la clase política local y la sociedad civil de Avellaneda.
En este artículo se indaga en torno a los orígenes del partido ‘peronista’ en Avellaneda desde una perspectiva que prioriza el análisis de los actores que participaron del proceso de constitución de las estructuras partidarias peronistas a partir de un estudio de la formación, interacción y conflicto de los diversos grupos internos en e l período que va de las jornadas de octubre de 1945 a las elecciones internas de 1948. Hemos creído válido, en esta primera aproximación al período formativo del peronismo local, explorar lo que interpretamos como las etapas distintivas de este proceso definidas teniendo en cuenta la participación del peronismo en e l escenario electoral y el impacto de acontecimientos internos y externos sobre el proceso de institucionalización partidaria: una primera etapa entre la movilización obrera de octubre de 1945 y la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 1946; una segunda etapa marcada por la formación del Partido Único de la Revolución Nacional y las elecciones internas de 1947, y, finalmente, una tercera e tapa dominada por el proceso de selección de los candidatos peronistas a las elecciones municipales de marzo de 1948 y la intervención del partido en el nivel local. Se intenta, por otra parte, ponderar los márgenes de autonomía con los cuales contaron los actores políticos involucrados en las luchas internas partidarias a nivel local en este período en su relación con instancias provinciales o nacionales de toma de decisión, e indagar en torno a la articulación existente entre la naciente elite partidaria y el universo asociativo de la sociedad local. Es importante señalar aquí que la atención prestada a la constitución de los liderazgos personales y al estudio de las trayectorias de los políticos locales tradicionales o de participación reciente en la arena política, busca reconstruir la inserción de esos políticos locales en redes y configuraciones de carácter recíproco a partir de las cuales aquellos reclutaban apoyo para cuestionar o
Sobre el impacto o influencia de las acciones de personajes situados en puntos estratégicos de
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la estructura social y política y su vinculación con otros actores y marco estratégico en el que actúan y se sitúan véase el prefacio de Charles Tilly a BLOK, Anton: The Mafia of a Sicilian Village, 1860-1960 . Illinois, Waveland Press, 1988, y GUERRA, François-Xavier, “El renacer de la historia política: razones y propuestas.” en GALLEGO, José Andrés (ed.), New History, Nouvelle histoire. Hacia una nueva historia. Madrid, Actas, 1993, p. 244.
Véase DARNTON, Robert: “Introduction” en DARNTON, Robert y ROCHE, Daniel (eds.):
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Revolution in the Print: The Press in France, 1775-1800 . Berkeley, California, 1989, p. XIII.
desafiar a los grupos rivales en un contexto marcado por intentos desde el centro de reducción a la unidad partidaria y de estímulos centrífugos expresados en la pluralidad de actores que asumían una identidad “peronis- ta”. Por otra parte, y dado que, con la excepción de algunas referencias a la2
participación de sectores obreros en las jornadas de octubre de 1945, los estudios sobre los orígenes del peronismo y las etapas formativas del partido peronista han prestado escasa atención a las características propias del proceso en Avellaneda, este artículo intentará cubrir tal análisis incompleto recurriendo por momentos a un enfoque narrativo (sin renunciar a una perspectiva analítica) con la intención de ocuparse de aquellos acontecimien- tos que permanecen poco conocidos. Finalmente, para el estudio de las tensiones, conflictos y construcción del consenso en el interior de la naciente estructura partidaria hemos recu rrido principalmente al análisis de la prensa local, especialmente a partir del relevamiento de dos diarios locales influyen- tes en la política de Avellaneda, La Opinión y La Libertad , ambos originados en la década del diez del siglo pasado y con adscripciones partidarias conocidas para los actores políticos locales. En este sentido, como quedará sugerido en las páginas siguientes, se considera a la prensa no sólo como una fuente o registro de los conflictos facciosos y de la constitución de las configuraciones internas partidarias del período formativo del peronismo en Avellaneda, sino también como actores políticos que contribuyeron de alguna manera a dar forma a los sucesos por aquella registrados.3
La protesta de masas, lucha por el poder local y las elecciones presiden- ciales en Avellaneda.
Se ha señalado la participación de los obreros de Avellaneda en la movilización de masas del 17 y 18 de octubre de 1945 cuando columnas de manifestantes provenientes de frigoríficos e industrias me talúrgicas de la zona
se dirigieron al centro de la C apital Federal para reclamar por la liberación de JAM ES, Dan iel: “17 y 18 de Octu bre de 1 945: El p eron ism o, la prote sta de m asas y l a c lase 4
obrera argentina”, en TORRE, Juan C arlos (comp..), El 17 de Octubre de 1945. Buenos Aires, Ariel, 1995.
Sobre el papel de los rematadores de tierra (como los hermanos Fiorito) en la venta de lotes
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en zonas inundables, véase Entrevista a Esteban Habiague, Proyecto de Historia Oral, Instituto Torc uato Di T ella (en a dela nte PHO-ITDT ), pp. 19-20.
Véase FERNÁNDEZ LARRAÍN, Federico: Historia del Partido de Avellaneda. Reseña y análisis,
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1580-1981, Avellaneda, La Ciudad, 1986. p. 165; FOLINO, Norberto: Barceló, Ruggierito y el populismo oligárquico , Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1983, p. 26.
JAMES, Daniel: Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-
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1976, Buenos Aires, Sudamericana, 1990, p. 21. Aunque no aclarado en el texto de James en estas cifras parece incluirse a Lanús que había conformado un nuevo partido (4 de Junio) en 1944. Véase también GERMANI, Gino: Política y sociedad en una época en transición, Buenos Aires, Piados, 1962.
Perón. En efecto, el distrito de Avellaneda se había definido tradicionalmente4
por ser un centro suburbano, separado de la capital federal por el Riachuelo y e se ncia lme nte indu str ial. La r adic ació n d e s alad ero s, d epó sito s de lana s y cueros, graserías, y, posteriormente, frigoríficos junto con el establecimiento de una extendida estructura portuaria en el último tercio del siglo XIX habían dejado su fuerte impronta en el desarrollo de los asentamientos urbanos al sur del Riachuelo, conocidos primero como Barracas al Sur y, desde 1904, como Avellaneda. En las primeras décadas del siglo XX el funcionamiento de cuatro frigoríficos y la radicación de establecimientos industriales (estableci- mientos textiles, barracas, curtiembres) que no respetaban un corpus determinado de reglamentaciones que regularan la ocupación urbana, dejaron su huella en una traza caracterizada por la fragmentación del ejido urbano y el levantamiento de barrios y villas que seguían los criterios de la especulación inmobiliaria. El proceso de expansión industrial se reflejaba, de5
acuerdo con el Padrón Municipal de 1947, en la radicación de 1309 establecimientos industriales, entre ellos 4 frigoríficos, 2 molinos harineros, industrias metalúrgicas, industrias químicas y 105 curtiembres. Hacia 1940 la población del partido de Avellaneda había experimentado un marcado crecimiento, pasando de los 78.637 habitantes de 1927, a 372.882 en 1931 y a a prox ima dam ent e 400. 000 en 1940 . El cre cim ien to pobl acio nal de la6
zona (Avellaneda, Lanús, etc.) se inserta en el contexto más amplio de la inmigración rural masiva hacia los suburbios del área metropolitana provocada por el crecimiento industrial y la instalación de nuevas industrias en la zona. Específicamente en Avellaneda, sobre un total de 518.000 habitantes en 1947, más de 173.000 habían nacido fu era de la ciudad o la provincia de Buenos Aires. La expansión industrial y el escaso control estatal7
La Libertad (en adelante LL ), 12/06/1943; véase también El Día (en adelante ED ), 29/01/1946
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y La Opinión (en adelante LO ), 06/02/1946. LL , 27/07/1943.
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trabajadores urbanos frente a los problemas sociales característicos de una rápida urbanización. Dos testimonios de actores locales sirven al propósito de describir rápidamente las condiciones de vida de las villas y barrios y sus necesidades “edilicias”. En junio de 1943, la sociedad de fomento de un barrio “netamente obrero” como Crucecita Este incluía en el listado de acciones consideradas prioritarias por la asociación el ensanchamiento de arroyos, los servicios de aguas corrientes, el levantam iento de las vías férreas, la apertura y pavimentación de calles y la condonación de deudas a los vec inos . Un m es m ás ta rde, l os Ce ntr os Soc ialis tas de A vell aned a ent reg aba n
un ‘memorial’ al comisionado en el cual abordaban los problemas que según aquellos debían ser atendidos por las nuevas autoridades municipales, entre los cuales se destacaban la mejora de la asistencia social, la inspección a los establecimientos industriales, las obras de saneamiento urbano y aguas corrientes y la “transitabilidad” de las calles. Significativamente, en lo que8
podía entenderse como una rápida descripción de los mecanismos que sustentaban a las adm inistraciones conservadoras de las décadas anteriores, los centros socialistas también instaban a las autoridades surgidas del movimiento militar de junio de 1943 a terminar con la “...práctica nefasta del favoritismo o del « acomodo», que ta nto imperio tomó en las reparticiones públicas y en las mentes de vecinos ingenuos o equivocados”.9
En efecto, a excepción de un breve período entre 1917 y 1922 en el cual radicales –gracias a la intervención provincial de 1917– y socialistas –gracias a los votos de los concejales conservadores– gobernaron Avellaneda, los conservadores controlaron los resortes de la administración municipal durante los primeros cuarenta años del siglo. Pero no es sólo el control conservador lo que definió a la política local hasta 1943 sino el dominio ejercido por los hermanos Barceló, en especial Alberto, sobre el aparato estatal municipal y las características específicas asumidas por aquél las que dieron forma en Avellaneda a lo que algunos han definido como una variante del “populismo oligárquico” o “conservadurismo popular”. Éste habría consistido en un conjunto de prácticas diversas tales como los intercambios desiguales recíprocos propios de las relaciones patrón-cliente, el fraude, la viol enc ia po lític a y la re pre sión p olic ial a fi n de co opta r a se cto res a mp lios d e
Véa se FO LINO , Nor bert o: Barceló, Ruggierito y el populismo oligárquico ; DI TELLA, Torcuato:
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Perón and the Unions: The Early Years , Londres, University of London- Institute of Latin American Studies, 2002, p. 23; DI TELLA, Torcuato: Perón y los sindicatos. El inicio de una relación conflic- tiva, Buenos Aires, Ariel, 2003, p. 102. Un trabajo reciente discute los alcances del fraude y el clientelismo político en el predominio barcelonista y argumenta que el liderazgo de Barceló también se basó en prácticas políticas más “modernas” y en la adopción del “...discurso demagógico propio de las democracias masivas”. Véase FERNÁNDEZ IRUSTA , Pablo: “La Ley Sáenz Peña en un bastión conservador. Avellaneda, 1912-1917.”, ponencia presentada en las Xª Jornadas Interescuelas de Historia, Rosario, 20 al 23 de setiembre de 2005.
Véase BÉJAR, María Dolores: El régimen fraudulento. La política en la provincia de B uenos Aires,
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1930-1943, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005, p. 41.
Carta de González Escarrá a R odolfo M oreno, 31/12/1939 citada en BÉJAR, María Dolores:
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El régimen fraudulento …, p. 179. Sobre la cam paña electoral de Barceló de “tono decididamente populista” de 1940 y la posterior intervención federal a la provincia, véase WALTER, Richard J.: La Provincia de Buen os Aires en la política argentina 1912-1943, Buenos Aires, Emecé, pp. 225 y ss.
Entrevista a Esteban H abiague, PHO-ITDT , pp. 13.
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la población. A comienzos de los años veinte, Barceló se había constituido10
en la cabeza de la escisión conservadora (el denominado Partido Provincial formado en 1923) que competiría exitosamente contra el Partido Conserva- dor y los radicales en la sección tercera (especialmente en Avellaneda y Lomas de Zamora). En e fecto, durante los años veinte el caudillo conservador de Avellaneda se encontraba entre aque llos jefes locales que, gozando de un fuerte arraigo local, preferían construir una relación relativamente armoniosa con los gobiernos provinciales radicales y conservar así e l predominio en el ámbito local. De manera directa o indirecta, Barceló controló las riendas del11
gobierno municipal entre 1922 y 1943. Significativamente, en la primera mitad de la década del treinta, el caudillo local se encontró entre aquellos diputados nacionales conservadores que combinaron la participación en cargos legislativos nacionales con las tareas más pedestres del gobierno municipal o la presidencia de los comités de distrito. Cercano a Marcelo Sánchez Sorondo y a los sectores de tendencia autoritaria, en 1940 procuró sin éxito hacerse de la gobernación de Buenos Aires en elecciones que habían seguido “....el dilema de hierro” de toda la década del treinta: “o fraude o peludismo”. Aunque ciertamente no todos hubieran coincidido con12
Esteban Habiague, periodista e inspector de policía estrechamente conectado con el caudillo local, cuando afirmó que “el crecimiento de Avellaneda se debe todo a los Barceló”, la declinación física y posterior desaparición del jefe local en noviembre de 1946 daría lugar a especulaciones sobre la suerte política del municipio tan estrechamente ligada al liderazgo barcelonista en la primera mitad del siglo.13
H. de Kémmeter había sido concejal conservador en 1923, delegado del partido ante el
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Comité Central de la provincia y diputado provincial. José Garófalo, del sindicato del vidrio, en representación de la asociación de fomento de Villa Kémmeter, dio uno de los discursos durante el funeral de de Kémmeter. Véase LO , 27/08/1945. Sobre Barceló, véase Anuario La Opinión 1946, p. 19.
La Libertad , se presentaba en sus orígenes (1915) como “diario oficial de la UCR de
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Avellaneda”. Véase también Entrevista a Habiague, PHO- ITDT , p. 61. La lista de las publicaciones periódicas de Avellaneda a mediados de la década de 1940 es relativamente extensa: El Pueblo, Riachuelo, Tribuna Popular, La voz del Comercio, Nueva Época, Revista Roma. Véa se Anuario La Opinión 1946, p. 16.
Anuario La Opinión 1946, p. 5. F. L. Siciliano, concejal conservador, había sido presidente del
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concejo deliberante de Lomas de Zamora y diputado provincial entre 1936 y 1940. Pedro J. Molinari, político conservador y candidato a legislador provincial en 1946 era uno de los principales periodistas de La Opinión. Véase LO , 16/02/1946.
Cuarenta o más años de hegemonía conservadora había dejado sus huellas no sólo de prácticas clientelares y negociados turbios, sino también en la forma en que diversos actores sociales se articulaban con el aparato estatal municipal. Y en este sentido, los políticos conservadores asumían también los trajes propios de cierta notabilidad local a través de su participa- ción en las asociaciones locales, como se daba, por e jemplo, en los casos de Alberto Barceló (“benefactor” de la Sociedad Popular de Educación y socio del Avellaneda Automóvil Club) o de Héctor de Kémmeter, director del hospital Fiorito durante veinte años, presidente de la Sociedad de Fomento de Villa Kémmeter, del Rotary Club y del Club Regatas de Avellaneda. Las14
vinc ula cion es ent re part idos polí tic os y a soci acio nes loca les, esp ecia lme nte asociaciones étnicas y de fomento, no se agotaban en los notables conserva- dores y, tanto comisionados como concejales peronistas e intendentes no dejarán de prestar atención a organizaciones locales y juntas vecinales. Pero también se perciben estrechos vínculos entre periodismo y política, y en este sentido, los dos diarios considerados más importantes de Avellaneda (La Opinión y La Libertad , ambos fundados en 1915) estaban estrechamente relacionados con sectores conservadores el primero y con radicales el s eg un do . La Opinión había sido fundada por José A. Siciliano, corresponsal15
de La Nación en Avellaneda, miembro de la Sociedad Popular de Educación y c andi dato a e lec tor de pre side nte y vi cep res iden te en 1 946 por el Part ido Demócrata de la tercera sección electoral. Los Siciliano, que habían combinado política y periodismo por espacio de tres décadas, constituían una “…familia muy estimada en las esferas sociales…” de Lomas de Zamora y Avellaneda y cercana a Barceló. F. Luis Siciliano, hermano de José había fundado el diario La Unión de Lomas de Zamora. A comienzos de 1946 el16
periódico cambió de manos y los hermanos Arturi asumieron la dirección del diario, pese a lo cual La Opinión mantendría su cercanía con el Partido
LO , 01/01/1946. Sobre la línea editorial de La Opinión en los años treinta véase Di Tella, Perón