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METODOLÓGICO.

Día 7. Martes 23 de Septiembre.

“Nos levantamos a las 6:00 a.m. y nos arreglamos para a las 7:00 a.m. llegar a desayunar a Restaurante Tropical. De allí salimos a encontrarnos con Regis para devolverle el plan de vida y su reglamento interno que nos habían prestado el in de semana para sacarle copia.

natural en el lado peruano, por seguridad para evitar picaduras de culebra y porque por el invierno había mucho pantano.

A las nueve de la mañana llegamos al muelle donde nos embarcamos en un pequeño bote con cuatro turistas más que provenían de Medellín. A cinco minutos de navegación, paramos en un bote militar peruano para que nos sellaran el papel de navegación peruano. Cuarenta minutos después llegamos a la entrada a Marasha, no había muelle, simplemente anclamos en la orilla del río y subimos unas escaleras en guadua. Un kiosco arriba alojaba unos turistas que ya iban de salida pues habían pasado la noche allí. Había una indígena con un oso perezoso con el cual se podían tomar fotos. Elvis, el guía de Decamerón nos presentó el otro guía que nos acompañaría, Roberto, guía propio de la reserva. Nos entregaron una botella de agua y nos dieron explicaciones como que debíamos caminar en ila india, tener cuidado los arboles donde pusiéramos las manos, no coger ninguna mata, no sobrepasar al guía que iba adelante ni quedar detrás del que iba en la cola, por otro lado nos explicaron que en caso de cualquier emergencia, Roberto llevaba en su maletín un botiquín de primeros auxilios muy completo.

A las diez de la mañana iniciamos la caminata hacia la reserva que duraría dos horas. Nos adentramos en una selva primaria donde pudimos apreciar gran variedad de árboles, plantas y animales como cien pies, hormigas tangarana, lagartijas, mariposas y unas pocas aves. Los guías nos comentaban acerca de los árboles y especies más representativas que allí veíamos.

Llegamos a la reserva cerca de las doce del medio día, una preciosa arquitectura en madera en el borde del lago Marasha. Esta reserva tenía varios módulos: 2 de baños, dos malocas con capacidad para 45 personas, una cocina, una sala de descanso con hamacas y un comedor. Las instalaciones son muy bonitas y cómodas, además de que en ellas encontramos dos paujiles, garzas, un chigüiro, dos tucanes y guacamayas. Tuvimos un rato para descansar y luego pasar a almorzar sancocho, ensalada, patacones, carne de res con verduras, pescado frito, pollo frito y limonada. Conversamos un poco con el resto de los turistas y tomamos café para luego cerca de las dos de la tarde iniciar otra caminata por la selva.

A tan solo veinte minutos de la reserva, llegamos a una imponente ceiba que se estima que tiene más de 500 años, pues tiene una altura de más de 50 metros y una circunferencia de 20 metros. Allí junto a la ceiba, bajamos al lago donde el otro guía nos esperaba en una chalupa en la cual nos montamos para poder apreciar la vegetación que rodeaba el lago. Nos acercamos a una orilla para ver de cerca la victoria regia y la lor de loto, además vimos en un árbol la pava hedionda, ave ancestral según los indígenas y una boa que dormía en un árbol y que el guía bajo con cuidado para verla de cerca. Luego nos acercamos a otra orilla donde de un árbol bajaron varios micos a comer banano. De regreso a la reserva, vimos como un gran pirarucú saltó en el lago.

Llegamos a la reserva y de inmediato emprendimos la caminada de regreso al río donde nos esperaba el bote. De regreso la caminada fue por el mismo sendero y de tan solo una hora pues ya no paramos. Al llegar al kiosco de la orilla conocimos a Juan, un tigrillo que pudimos cargar y tomarnos fotos con él, para luego abordar el bote que nos llevaría de nuevo a Leticia.

Llegamos directo al Decamerón a devolver las botas y fuimos al hotel a bañarnos y cambiarnos donde nos recogió Diana y su hermana Aura para ir a comer a A-MEKTIAR y luego ir a Caguana a tomarnos algo. Regresamos al hotel a las dos de la mañana y nos pusimos a empacar la maleta”.

137 Día 8. Miércoles 24 de Septiembre.

Nos levantamos a las 8:00 a.m., nos arreglamos y terminamos de hacer maleta. Fuimos a desayunar para luego ir a la oicina de Corpoamazonía a recoger información, sin embargo el encargado de proyectos no estaba y nadie más nos pudo brindar información. De allí nos fuimos para la oicina de Parque Nacionales pero desafortunadamente estaba cerrada. Luego nos fuimos para Tabatinga a hacer unas compras en la Casa del Chocolate y en un almacén de chanclas, para regresar al hotel a realizar el check out y pagar la cuenta.

Diana y Aura nos invitaron a almorzar a Tierras Amazónicas, un restaurante donde comimos una picada con alimentos tradicionales de la región como el pescado frito, los chicharrones de pirarucú y la calabresa. Almorzamos con un poco de afán pues llegaríamos tarde al aeropuerto.

Aura y Diana nos llevaron en su moto al hotel a recoger las maletas y nos llevaron al aeropuerto. Felipe iba con aura en la moto y faltando dos cuadras para llegar la moto se varó por gasolina y le tocó seguir a pie hasta el aeropuerto en pleno sol de medio día. Cuando llegamos, la señora de la aerolínea nos informó que el vuelo se había retrasado, por lo que no nos quedó más remedio que sentarnos a esperar hasta las cinco y cuarto que salió el avión para Bogotá. Hubo poca turbulencia en el vuelo y pudimos ver el atardecer en el avión para inalmente aterrizar a las siete de la noche.