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y que se materializaba en la política de no-alinea- miento. Actualmente tiene pretensiones de “poten- cia militar”, que Estados Unidos apuntala. Algunos indios llegaron a la conclusión de que ese vuelco po- dría hacer caer a Nueva Delhi en la “trampa de los ali- neamientos”. Lo cual mereció una respuesta bastan- te enérgica del primer ministro Manmohan Singh, quien lamentó “la falta de apreciación justa sobre la naturaleza del cambio que debemos operar en nues- tras relaciones con el mundo, particularmente entre los responsables políticos. A menudo adoptamos una posición política basada en el pasado” (4).
El acuerdo nuclear con Washington abre a India la posibilidad de “desarrollar sus propios programas de materiales fisibles” como lamentan algunos sena- dores estadounidenses (5) pero tiene su contrapar- tida política. Estados Unidos anunció que se opon- dría al proyecto de gasoducto con Irán, que podría garantizar una parte no despreciable de las necesi- dades energéticas nacionales, y que tendría un alcan- ce diplomático importante, obligando a India a ne- gociar con su principal enemigo, Pakistán, por cuyo territorio pasaría el gasoducto. “Sería un poderoso incentivo para mantener la estabilidad entre India y Pakistán” (6) estimó Edward Luce, ex colaborador del equipo Clinton, actualmente comentarista de Fi-
nancial Times. Por el momento, para evitar definirse, Singh utiliza como pretexto las exigencias de precio demasiado elevadas por parte de Irán. Pero un pedi- do de embargo en el Consejo de Seguridad de las Na- ciones Unidas lo pondrá en una situación incómoda, todavía más que el voto en la Organización Interna- cional de Energía Atómica (OIEA) junto a los esta- dounidenses, muy criticado por la izquierda. Distensión con Pekín
India debe además contemporizar con su poderoso vecino, China. Queda por saber si estos dos gigantes emergentes llegarán a un acuerdo regional para in- fluir sobre los temas asiáticos y mundiales, o si se lan- zarán a una batalla por el primer lugar. Esta segunda hipótesis parece la más verosímil. Pero por ahora na- da está dicho. En efecto, la partida no será entre dos, sino entre tres (con Estados Unidos) y quizás entre cuatro (con Japón).
Si los estadounidenses se arriesgaron a no apli- car al pie de la letra las reglas del Tratado de No Pro- liferación Nuclear, fue para propulsar a India como contrapeso de China, cuyo ascenso económico, mi- litar y también diplomático amenaza su hegemonía en la región. Más aun en la medida en que algunos de sus pilares tradicionales parecen más frágiles, como Corea del Sur, que se negó a mostrarse comba- tiva ante Corea del Norte. Estados Unidos tenía en India un interlocutor receptivo, pues Nueva Delhi desconfiaba de su vecino.
Sin embargo, con un formidable sentido de la historia, [en ese entonces] el primer ministro chi- no, Wen Jiabao, de visita en Nueva Delhi en abril de zados. Y Nueva Delhi pone de relieve que recibe el
40% de las IED en tecnologías de la información que van a los países en vías de desarrollo, mientras que China sólo capta el 11%. No obstante, la diferencia en- tre ambos países sigue siendo abismal.
Así que el gobierno de Manmohan Singh concedió cada vez más ventajas de todo tipo, copiando las re- cetas chinas (zonas económicas especiales práctica- mente libres de impuestos, suspensión de las protec- ciones administrativas, reducción de los derechos de aduana...). Y la fórmula da resultado. Además de las inversiones en servicios informáticos y en la indus- tria automotriz (en noviembre de 2006 la firma Ren- ault anunció la construcción de una planta de arma- do de vehículos), las grandes cadenas de distribución (Walmart, Tesco, Carrefour) ya anunciaron su llega- da con bombos y platillos. Qué importa si los super- mercados, que no existen todavía en India (3), pueden acabar con muchos comercios locales y transformar por completo el paisaje, que hasta ahora había esca- pado en gran medida a la urbanización uniformizada occidental. La “modernización” está en marcha, y a la cabeza de los inversores se encuentra Estados Uni- dos, seguido de la Isla Mauricio (un paraíso fiscal), el Reino Unido, Japón y Corea del Sur.
Pero más aun que las ambiciones económicas, son las preocupaciones políticas las que animan a las au- toridades: India quiere ser reconocida como una su- perpotencia asiática y mundial. De allí la importancia del acuerdo nuclear firmado con Estados Unidos. Ese tratado, ratificado en el Congreso de ese país por los demócratas y los republicanos a fines de 2006, es efec- tivo desde comienzos de 2007, y cae justo antes de la visita de George W. Bush a Nueva Delhi [en marzo del mismo año]. Así, el embargo que afectaba a India des- de sus pruebas nucleares salvajes de 1998, queda sin efecto, y ello a pesar de no haber firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear y de negarse –en nombre de su independencia– a aceptar inspecciones interna- cionales sobre más de un tercio de sus instalaciones (exigencias que Estados Unidos y Occidente imponen a Pakistán, a Corea del Norte y a Irán).
A partir de ahora India podrá importar materia- les sensibles para producir electricidad de origen nu- clear, en un momento en que sus necesidades energé- ticas registran un vertiginoso aumento. Pero eso no es lo esencial, como explica uno de los diplomáticos in- dios más notables, Shashi Tharoor, secretario general adjunto de Naciones Unidas [en 2007] –y candidato derrotado en la sucesión de Kofi Annan–: “Más im- portante que el aprovisionamiento energético, lo que cuenta en ese tratado es el reconocimiento de India como indiscutible potencia nuclear. Estados Unidos y las potencias nucleares reconocen la excepción india”. Porque resulta evidente, que “India no es un país como los otros”, una fórmula que deviene un leitmotiv.
En 1947 esa particularidad hacía de India una “po- tencia moral” que irradiaba su influencia sobre los países del Tercer Mundo en vías de descolonización, d
Motor del crecimiento
(promedio anual de la inversión extranjera directa en miles de millones de dólares) India China 10|11 232 29 06|09 146 31 92|05 44 3
Telas. El comercio textil con China acerca a ambas potencias.
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3 | INDIA HACIA AFUERA | La DIsputa pOr La hegemOnía
LE MONDE DIPLOMATIQUE | EXPLORADOR 51 2005, explicaba: “Durante los últimos 2.200 años o,
digamos, durante el 99,9% de ese tiempo mantuvi- mos cooperaciones de amistad entre nuestros dos países” (7). Ese 0,1% de la contabilidad china tie- ne nombre: la guerra de 1962 (8) que sigue viva en la mente de los indios. La derrota, inesperada, marcó el fin de la era Nehru, y duele todavía como una herida.
Como ocurrió en el inicio de las relaciones sino- indias que, según el economista Amartya Sen, nacie- ron “con el comercio, y no con el budismo” (9) fue por medio de la economía y de los intercambios comer- ciales que ambos países reanudaron sus vínculos. El flujo mercantil, que había sido poco significativo has- ta el año 2000 (3.000 millones de dólares), deberá lle- gar en 2006 a los 22.000 millones de dólares [en 2011 el comercio bilateral con China alcanzó los 73.900 millones de dólares]. China, que vende más de lo que compra, y que quiere aprovechar las sinergias entre ambas economías para compensar rápidamente su atraso tecnológico, milita en favor de un acuerdo de librecomercio, permanentemente postergado. India, con un Producto Interno Bruto (PIB) que representa un tercio del de su vecino, teme una invasión de pro- ductos chinos. Ante todo trata de consolidar su in- dustria, antigua y relativamente débil, consciente de que su especialización en los call centers, en la sub- contratación de servicios para empresas anglosajo- nas de todo el mundo y en informática, no alcanza para asentar el desarrollo nacional. A pesar de ello, Nueva Delhi firmó 13 acuerdos de cooperación (sobre finanzas, agricultura, informática, energía...) en oca- sión de la visita del [entonces] presidente chino Hu Jintao, del 20 al 23 de noviembre de 2006.
La distensión de las relaciones que se perfila po- dría alcanzar también el terreno energético, cuya demanda experimenta un fulgurante aumento. Por ahora se impone ampliamente la competencia para asegurarse las fuentes de aprovisionamiento, terre- no en el que Pekín ya lleva bastante ventaja, particu- larmente en África. No obstante, a fines de 2005 la China National Petroleum Corporation (CNPC) y la India’s Oil and Natural Gas Corporation (ONGC) se pusieron de acuerdo para invertir en la explotación de reservas petrolíferas sirias. El mismo año, los mi- nistros de Petróleo de ambos países habían planea- do crear una especie de cartel de compradores para influir sobre los precios, iniciativa novedosa que ja- más llegó a concretarse, pues entre tanto el ministro indio de ese entonces fue destituido. Sin embargo, el comunicado conjunto emitido al fin de la última visi- ta de Hu, precisa que es necesario “estimular la cola- boración entre las empresas de ambos países, inclu-
Sal. El campo de Sambhar Salt Lake es el más grande del país. Durante el dominio británico los indios no tenían derecho a explotarla. Gandhi reivindicó este derecho junto a la producción textil.
Grandes contaminantes En la Cumbre de Copenhague de 2009, India y China acordaron reducir las emisones de gas con efecto invernadero aunque sin controles externos. China es el primer emisor mundial e India, el tercero.
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