Es cierto que Mary Anning nunca descubrió un dinosaurio. También es cierto que nunca describió ninguna especie fósil, pero sin su labor de fosilista las investigaciones de los primeros paleontólogos hubieron sido mucho más arduas y, por qué no decirlo, casi imposibles. Mary Anning nació en Lyme Regis (Dorset) en 1799 en el seno de una familia humilde, hija de un carpintero.
Mary Anning
La verdad es que hubo dos Mary Anning en la familia. Una murió a la tierna edad de cuatro años, víctima de un accidente casero, resultante de un incendio. La madre estaba embarazada de la que sería la segunda Mary. Aunque no pasó por los mismos percances de su malograda hermana, Mary casi muere a consecuencia de un rayo que le alcanzó junto a su niñera que
Su padre recogía fósiles para ayudar en el presupuesto domestico. Sin embargo, un desgraciado accidente le debilitó tanto que murió poco tiempo después, dejando absolutamente desprotegida a su amplia familia. Mary Anning siguió recolectando fósiles para ayudar en casa. Un buen día, su hermano Joseph encontró un cráneo de un Ichtiosaurus, un reptil marino. Poco después fue el turno de Mary que encontró también un Ichtiosaurus que fue vendido y servió como un buen alivio económico para la familia. Mary no era más que una niña de unos doce años de edad en esta época. Sir Everard intentó hacer una descripción del fósil pero no fue capaz dado que no era un buen anatomista. Conybeare y De La Beche ofrecieron una descripción más clara y concienzuda advirtiendo que el ciclo de sustitución de los dientes era típico de los reptiles. El animal presentaba también algunas características de un pez lo que explicaba en parte la dificultad con que se encontraron los primeros paleontólogos en dilucidar su naturaleza. Incluso Charles Dickens da fe de estas dificultades.
Cráneo de Ichtiosaurus descubierto por Joseph Anning
Los méritos de Mary Anning, sin embargo, no fueron reconocidos. Ni siquiera figura su nombre en las publicaciones. Como en el caso de Mantell (siguiente ensayo), uno de los escollos para este tipo de reconocimiento era su baja clase social. Ella seguía escudriñando la playa y los acantilados con riesgo de su propia vida con la esperanza de encontrar un buen ejemplar con que mitigar las dificultades económicas de su familia. En 1820, Mary desenterró un ejemplar del Ichtiosaurus platyodon, con ¡seis metros de longitud! Encontró algunos ejemplares más pero el negocio de la búsqueda de fósiles era muy errático y la competencia empezaba a ser también un problema. Tres años después del descubrimiento del Ichtiosaurus
atmosféricas adversas (frío y lluvia). Si el Ichtiosaurus era un animal extraño, el nuevo espécimen lo era todavía más. Solo la columna tenía cerca de noventa huesos y el animal medía casi tres metros.
Ejemplar de Plesiosaurus
Pero a pesar de la belleza y del estado de conservación del ejemplar, este trajo no pocos problemas a Mary Anning. Conybeare tenía algunas evidencias de la existencia de un otro lagarto marino, diferente del
Ichtiosaurus. Sin embargo, el todopoderoso Barón de Cuvier puso en tela de
juicio la veracidad del fósil encontrado por Anning y sugirió que ésta lo había falsificado. Este tipo de engaños no son, sin embargo, tan infrecuentes. De hecho, no hace mucho la prestigiosa revista National Geographic se vio involucrada en un fraude de enormes dimensiones. La falsificación era tan buena que engañó a prestigiosos paleontólogos. Pero éste no era el caso. La Geological Society convocó una reunión especial para examinar el fósil y dictaminar su veracidad o no. Obviamente, consonante con la pedantería de tal institución, Mary Anning no pudo estar presente. El veredicto fue que el fósil era verdadero; por primera vez Cuvier tuvo que inclinarse delante de una simple fosilista (y no sería la última vez que el paleontólogo francés tuviera que hacerlo).
Algunos meses después, Conybeare presentó un documento describiendo el animal que fue denominado Plesiosaurus giganteus. Según las palabras del reverendo: la cabeza del lagarto poseía los dientes de cocodrilo, el
cuello enorme que se asemeja a una serpiente; el tronco y la cola se parecen a las de un cuadrúpedo, las costillas como las de un camaleón y las aletas de una ballena. La cabeza era pequeña comparada con la
longitud del cuerpo y el cuello era comparativamente muy largo. La verdad que la combinación de caracteres era simplemente desconcertante.
Otro de los descubrimientos de Mary Anning se relaciona con los coprolitos (heces fósiles) ya que algunos de los ejemplares de Ichtiosaurus mostraban en su interior, cerca del abdomen, este tipo de fósiles. Hay una anécdota que cuenta que, debido a la estricta moral vigente, Mary solo enseñaba los coprolitos en ausencia de mujeres y éstos eran presentados en una bandeja cubierta con un trapo.
Mary seguía a lo suyo. Si el Icthiosaurus y el Plesiosaurus fueron considerados animales muy raros, lo que encontraría nuestra heroína en 1828 sería simplemente lo más extraño de los reptiles. Era medio murciélago, medio reptil, con huesos finos y huecos y además era relativamente pequeño. Era casi un mini dragón. Cuvier había advertido años antes el carácter reptiliano de un fósil parecido y pronosticó que sería un reptil volador al que denominó Pterodactylus. Mary Anning descubrió el primer pterosaurio en Inglaterra lo que una vez más ayudó a la subsistencia de su familia. El ejemplar fue adquirido por Buckland que lo describió utilizando palabras poco frecuentes (comprensiblemente) en la jerga paleontológica.
Mary no era una simple fosilista; se dedicaba a estudiar Astronomía y copiaba de puño y letra los versos de Byron o los artículos aparecidos en la prensa sobre los fósiles que ella descubría pero que apenas la citaban. Una amiga íntima, Anna Pinney, escribe que Mary le había confesado que el
mundo (científico) me ha utilizado de mala manera. Creo que dadas estas circunstancias, desconfío de todos. Buckland, quizá movido por lo mucho
que se aprovechó del trabajo de la fosilista, consiguió que le dieran una especie de pensión.
Esta ayuda llegó quizá un poco tarde. Mary sufría de un cáncer de pecho y aliviaba su dolor con el sedante más barato a su alcance: el alcohol. Murió en el 1847 con apenas 47 años de edad. Probablemente el mejor homenaje que recibió del mundo de la paleontología vino de la pluma del mayor
Dimorphodon macronyx, un pterosaurio
encontrado en Lyme Regis.
deben más a la primera recolectora de su época (o de cualquier otra), Mary Anning, de Lyme Regis, que a Buckland, o Conybeare, o Hawkins, u Owen o a cualquiera de los hombres que después escribieron sobre los ictiosaurios y plesiosaurios que ella encontró.