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matsu-mushi (Calyptotryphus marmoratus), el «insecto del pino», suspira y aguarda a su amigo

De todos éstos, la mariposa es el insecto más popular, y frecuen­ temente se ejecuta en la festividades una música instrumental y una danza característica que representa a tan frágil insecto. La mariposa también aparece en el teatro No. Ésta es la historia:

Un monje itinerante visita Miyako y pasa una noche en un pa­ lacio abandonado. Es una sosegada noche primaveral, el aire es sua­ ve y tranquilo, y la luna ilumina la escena. Aparece una mujer y le habla al monje de las glorias del pasado, cuando las flores se abrían en los jardines y la música y las fiestas daban felicidad al lugar. Después, le confiesa que ella es en realidad el espíritu de la mariposa, que disfruta con la compañía de todas las flores, excepto la del ciruelo (en japonés,

ume),

que florece muy pronto en primavera, y le pide al monje que le imbuya los conocimientos budistas para que pueda

21 CE el capítulo sobre «Los vuelos del Dragón» en A Japanese Misce/tan} de L. Hearn, Londres, 190 lo

22 La palabra matsu significa a la vez «pino» y «aguardan,. El relato trata de dos amigos a quienes gustaba escuchar el susurro de los insectos en el campo de Abe-no. Uno de ellos muere allí, y desde entonces canta plañideramente en armonía con los insectos, mientras espera a que su amigo se reúna con él.

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vivir en comunión con todos los seres. A continuación se transforma en mariposa, de color rosado y una guirnalda verde en la cabeza, y un par de alas de colores muy variados. El monje recita la escritura Hokke-kyo, (<<El loto de la verdad»), y mientras él recita la mariposa canta y baila. La última parte del drama se compone de la canción del hada y el coro, como sigue:

Las flores florecen según las estaciones,

su corazón vaga entre los troncos de los drboles.

Aqui, cerca de los jardines imperiales, en el palacio abandonado, las flores silvestres se bañan a la suave brisa de la primavera, los pdjaros amarillos [ruiseñores japoneses] cantan entre las ramas. Ved a la mariposa danzando entre las nubes de flores,

entre los pétalos que vuelan como copos de nieve, agitando sus mangas y barriendo a un lado los pétalos. ¡Oh, qué visión tan encantadora!

Cuando haya pasado la primavera y se haya ido el verano, y el otoño esté presente, y todas las flores se agosten, sólo quedard la blanca escarcha de los crisantemos.

Dando vueltas en torno a las ramitas que aún contienen flores, la mariposa baila como una peonza,

girando y girando se vuelve hacia la Iluminación. Ved al hada bailando la danza del Bodhisattva, la danza y el canto celestiales.

Su figura poco a poco se aparta de nosotros, hacia el cielo que amanece de la noche primaveral.

Ved sus alas moviéndose entre los circulos arremolinados de la niebla, ¡ved cómo su figura gradualmente desaparece en la bruma matinal! A modo de transición de las historias de plantas y flores, añadi­ remos otro cuento de mariposas, en el que una aparece como la en­ carnación del alma humana rondando entre las flores que había amado en su vida anterior.

Érase una vez un joven llamado Sakuni. Pasaba la existencia 146

plantando y cuidando flores. Luego se casó con una joven que tenía la misma afición. La pareja únicamente se ocupaba de las flores que crecían en sus espaciosos jardines. Nació un hijo que también here­

dó este amor por las flores. Al cabo de muchos años de esta vida idílica, marido y mujer murieron. El hijo siguió cultivando sus plantas y hierbas con más amor que nunca, como si fuesen los es­ píritus de sus difuntos padres. Al llegar la primavera, el muchacho

observó que dos mariposas aparecían día tras día y revoloteaban juntas entre las flores. Como el joven también amaba a las mariposas, procuró que no recayese sobre ellas ningún mal. Una noche soñó que sus difuntos padres volvían al jardín y veían conmovidos y admirados a las flores, y finalmente se convertían en mariposas. A la mañana siguiente, el muchacho corrió al jardín y encontró a las mismas mariposas revoloteando entre las flores, tal como las había visto en su sueño. Así supo que las queridas mariposas eran realmente las almas de sus padres, por lo que empezó a alimentarlas con miel y las cuidó con toda ternura y solicitud.

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Capítulo VIII

HISTORIAS DE PLANTAS

Y

FLORES

Ya tuvimos ocasión de hablar de los árboles y las flores, y de contar algunas historias respecto a los mismos. Tales historias son muy numerosas y todas se basan en la creencia popular de que las plantas están dotadas de almas semejantes a las humanas. No hay ni la menor insinuación de maldad en la naturaleza, pues se cree que los árboles y las flores son bellas hadas o seres similares, siempre amables y modestos. Hablan entre sí o con los humanos, se aman entre sí o se casan con los seres humanos, igual que el sauce que, como vimos, se transformó en una mujer. Acuden a los monjes budistas en deman­ da de las enseñanzas de su doctrina y hasta alcanzan cierto grado de iluminación religiosa. Cuando pelean, como hacen ocasionalmente, nunca lo hacen con ferocidad. En algunos casos la planta manifies­ ta gratitud, como los rábanos que aparecen en un cuento como hombres armados para defender al hombre que era extremadamente amante de esos vegetales. 1

Las plantas y las flores, como los insectos, son figuras más pre­ ponderantes en el arte y la poesía que en el folclore, y así a menudo se hallan personificados en la poesía, y algunos de esos poemas dan lugar a historias sumamente interesantes; además, las flores están frecuentemente pintadas en cuadros, habiendo llegado a asumir

Tsuré-zuré-gusa, tr. de G. B. Sansom, TAS], xxxix, 49-50. 148

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personalidades bien definidas en la imaginación popular. Finalmente, el sitio que las plantas y las flores ocupan en las fiestas estacionales se hallan estrechamente asociados con las personas míticas celebradas en tales festividades. Ya vimos que ciertas plantas están siempre asocia­ das con los Sennin, y sabremos más de ellas cuando lleguemos al «Calendario Floral».

1. ÁRBOLES MÍTICOS

Muchos viejos árboles se consideran como semidivinos, siendo numerosos, famosos en todo el Japón. También hay árboles míticos, como creaciones puras de la imaginación. Aparte del árbol celestial del budismo, el folclore japonés tiene un árbol celestial que es el

katsura (Cercidiphyllum japonicum),

una especie de laurel que se cree