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Y LAS RESPUESTAS DE FEUERBACH

3. MAX STJRNER

La respuesta a las críticas avanzadas por Max Stir- ner en su «Der Einzige und sein Eigentum» (1844) tiene un estilo y empeño completamente diferente, como se puede deducir de la nota inicial14: «Observo con este título que yo aquí, como en otras partes, no considero ni defiendo mi escrito como escrito. Respecto a mi es­ crito yo estoy en relación extremamente crítica; tengo siempre que ver solamente con su objeto, con su esen­ cia y su espíritu. En cuanto a ocuparse de su letra, lo dejo a los hijos de Dios o del diablo» (Lange, 171).

Stimer había elegido como lema de su obra las dos fórmulas de Feuerbach y Bauer: «El hombre es para el hombre el ser supremo, dice Feuerbach. El hombre se ha encontrado ahora por primera vez, dice Bruno Bauer. Consideremos entonces con mayor atención este ser supremo y este descubrimiento». Feuerbach, en su respuesta, no ataca directamente a Stimer, sino que pro* cede por aforismos; da explicaciones en lugar de refor­ mular sus principios; no procede por tesis y antítesis, sino más bien por tesis y explicaciones. Es una señal de que para Feuerbach el adversario había entendido el tema de La esencia del cristianismo. Esto se ve también por el hecho de que las objeciones de Stimer giran

13 Sobre los caracteres d e la obra teológica de J. Müller, ver el breve escrito d e K. Ba r t h, Die protestantische Theologie im 19. Jahrhundert, § 22, Zurich, 1947, pp. 535 y ss. (Se analiza

la obra principal de MOu jer, Die christliche Lehre von der

Siinde, 2 vols., 1838-44, 3.* ed., Breslau, 1849).

14 Ober das «Wesen des Christentums» (*) in Beziehung auf

den «Einzigen und sein Eigentum» (1845): la llamada de nota (*)

está colocada después del titulo de La esencia del cristianismo. Lang pone en su edición una sobria nota critica (pp. 173 y ss.).

todas alrededor de la idea fundamental del Das Wesen

des Christentums.

a) «Feuerbach, dice "El Unico” (es decir, Stimer),

nos da solamente una liberación teológica de la teología y de la religión; quita sólo a Dios, el sujeto, pero deja lo divino, deja subsistir, en efecto, los predicados de Dios... Así, también él pertenece a los "ateos piadosos"»

(fromme Atheisten). Respuesta: sin embargo tales pre­

dicados no se han dejado subsistir como predicados de Dios, sino como predicados de la naturaleza y de la humanidad, como propiedades naturales y humanas (cfr. Lange, p. 179).

b) «El mismo Feuerbach dice, sin embargo, que

se trata (en La esencia del cristianismo) sólo de la des­ trucción de una ilusión». Cierto, responde Feuerbach, pero de una ilusión con la que vienen a caer todas las ilusiones, todos los prejuicios, todos los límites innatu­ rales, aunque no en el primer momento; en efecto, la ilusión fundamental, el prejuicio fundamental, el límite fundamental del hombre es Dios como sujeto». Por esto concluye que la proposición de La esencia del cristia­

nismo que había llamado la atención de S tim eru: «El

hombre es el Dios del hombre, el Ser supremo del hom­ bre» es idéntica con la proposición: «no existe ningún Dios, ningún ser supremo en el sentido de la teología». Pero mientras esta última proposición es sólo atea, es decir, negativa, aquélla es práctica y religiosa, es decir, positiva» (Lange, p. 192).

c) «La "perspectiva teológica" de Feuerbach con­

siste en que él divide el Yo en dos, uno esencial y otro

inesencial y coloca el género, el hombre, un abstracto,

una idea, como nuestro verdadero ser a diferencia del yo individual real (considerado) como inesencial». Tam­ poco esta objeción carecía de fundamento, pero Feuer- 15

bach responde sin dudar: «(Singular (Stimer)!, ¿has leído entera (ganz) La esencia del cristianismo? Es im­ posible. En efecto ¿cuál es el tema, el núcleo de este escrito? Sólo y únicamente la supresión de la separa­ ción del Yo en uno esencial y otro inesencialM; la apoteosis, la posición, el reconocimiento del hombre

entero desde la cabeza a los pies. Es la concreción del

ser humano el objetivo primario de La esencia del cris­

tianismo».

d) Feuerbach se extiende en la defensa de su con­

cepto de individuo respecto al «género» y, en el género, de la relación de hombre a mujer y de yo a tú. —Pero Feuerbach, apremia Stimer, «¡huye de la fe en el amor)». —Es cierto, pero al amor pertenece también la inteligencia. —Pero ¿por qué Feuerbach acentúa tanto el amor? —Por la razón de que el amor es el ateísmo práctico, la negación de Dios en el corazón, en el modo de pensar, en la acción» (p. 193); también el Cristianismo se llama la religión del amor, pero en rea­ lidad es la religión del egoísmo sobrenatural.

e) «Feuerbach transforma la religión en ética y la

ética en religión». Feuerbach responde que en La esen­

cia del cristianismo el hombre es puesto por encima (über) de la moral: en él se hace el paso de la esencia

de la ley moral a la propia esencia del Cristianismo, es decir, a la esencia del hombre. Feuerbach no hace, por tanto, de la moral la medida del hombre, sino viceversa, pone el hombre como medida de la moral: bueno es lo que es conforme y corresponde al hombre; malo y re­ prochable, lo que le contradice. Y las relaciones morales 19

19 Feuerbach insiste: «El único escrito en el que el movi- mien’o de la edad moderna, la personalidad, la individualidad, ha dejado de ser una palabra vacía es justamente La esencia

del cristianismo, porque sólo la negación de Dios (del ser abs­

tracto infinito como ser verdadero) es la posición del individuo y sólo la sensibilidad es el sentido conveniente de la individua­ lidad» (p. 183).

son sagradas (heilig) «... porque y en cuanto (weil und

wiefern) son relaciones del hombre al hombre, en cuan­

to son autoafirmaciones y autosatisfacciones de la esen­ cia humana».

En conclusión, para Stimer, «... Feuerbach viste su materialismo con las propiedades del idealismo». ¡Una afirmación sin fundamento!, responde Feuerbach. Dios, el espíritu, el alma, el Yo, son para Feuerbach puras abstracciones, como igualmente son puras abstracciones de los cuerpos, el cuerpo y la materia. Verdad, esencia, realidad, son para él sólo sensibilidad. ¿Has visto y sentido alguna vez un cuerpo, una materia? ¿No has visto y sentido esta agua, este fuego, esta estrella, esta piedra, estos árboles, estos animales, estos hombres? Siempre y solamente cosas y esencias sensibles indivi­

duales absolutamente determinadas, pero nunca cuerpos

o almas, nunca espíritus. Y concluye: «Feuerbach no es ni materialista ni idealista, ni filósofo de la identidad. ¿Qué es entonces? Es en el pensamiento lo que es en la acción, en el espíritu lo que en la carne, en la esencia lo que es en los sentidos: hombre. O más bien, puesto que Feuerbach transfiere el ser del hombre solamente a la comunidad: Feuerbach es hombre común, comu­

nista» (p. 196).

A diferencia de las objeciones puestas por Bauer y Miiller, las objeciones de Stim er han dado casi todas en el blanco y Feuerbach implícitamente lo admite: sus respuestas son explicaciones, a veces algo forzadas, para salvar la instancia de la objeción y satisfacer la exigencia de la misma, que es sobre todo exigencia de concreción y de humanidad. Una concreción de sensi­ bilidad y una humanidad de «comunista»: de cualquier forma, las objeciones, especialmente las de Stimer, han contribuido ciertamente a la radicalización de la posi­ ción de Feuerbach, tal como se encontraba en La esen­

materialismo” . Este paso decisivo se coloca en tomo al 1845.

Mientras tanto Feuerbach trabajaba para esclarecer y consolidar los principios de la esencia del cristianis­ mo: a ellos se refieren, según la declaración del mismo Feuerbach, los «Principios fundamentales de la filosofía del futuro» del 1843. 17

17 «Die Kritik Stimers hat dazu bcigetragen, dass Feuer­ bach an seiner Konzeption unsicher wurde und immer weiter dem naturwissenschaftlich verbramten Positivismus entgegen- trifft» (G. Sc h m id t, Einleitung a la edición de «Grundsatze der Philosophie», Frankfurt, 1967, pp. 24 y s.).

LA DISOLUCION DE LA TRASCENDENCIA