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Capítulo 1: Antecedentes y Fundamentación

3.1. Los Mbya: Pueblo de la Selva

En la act ualidad los Mbya, los Kayova45 y los Ñandeva46 son las et nias o parcialidades que represent an la mayor población Guarani de América del Sur, hablant es de lenguas pert enecient es a la f amilia lingüíst ica Tupí-Guaraní. La llamada “ t radición guarani” ref iere a grupos que en los que se reconoce similit udes import ant es en su lengua y práct icas cult urales, a part ir de lo cual se propone una f iliación común pese a los procesos de dif erenciación ocurridos a t ravés del t iempo.

En las f uent es escrit as sobre los Mbya a las que hicimos ref erencia en el capít ulo 1 aparecen ot ras denominaciones para est e grupo: Ka’ygua o Caingua, Monteses, Baticolas, Apytere y Ava, ent re las más f recuent es. En el siglo XVIII a los guaraníes no hispanizados ni int egrados como pueblos misionales se los denominaba baj o el apelat ivo genérico Caingua o Ka’yguaa pesar de la exist encia de múlt iples grupos con caract eríst icas part iculares -Tobat ines, Guayraes, Guaramabenses, It at ines, ent re ot ros- (Susnik, 1969). En est e sent ido, est a denominación present a algunas dif icult ades ya que corresponde a un calif icat ivo (“ los del mont e” ) y no a una denominación ét nica. Por lo t ant o, incluiría a ot ras parcialidades guaraníes y no exclusivament e a los Mbya (Bart olomé, 1969; Garlet , 1997) aunque muchos aut ores hayan est ablecido esa correspondencia.

45También ref eridos como Pai-Tavytera (Melia, Grumberg y Grumberg, 1976), Kayova (Schaden, 1954) o Kaiowa (Assis y Garlet , 2004)

46 Ident if icados t ambién como

Chiripa o Xiripa (Schaden, 1954, Cadogan, 1959), Ava Katu Ete

(Bart olomé, 1991) o Ava o Ava Chiripa (Assis y Garlet , 2004). Los Apapokuva con los que t rabaj o Kart Nimuendaj u Unkel (1914) pert enecen a est a parcialidad (Schaden, 1954).

Según Cadogan (1946, 1948) los Mbya de la región del Guaira (Paraguay) con los que t rabaj ó a mediados del siglo XX se aut odenominaban Jeguakava Tenonde Poranguei, que se t raduciría como “ los primeros verdaderos adornados bellament e” . Jeguakava refiere, además, a la “ verdadera humanidad” . Est os “ verdaderos hombres” est án marcados por el sello de la divinidad, son los “ adornados” (Clast res, 1993: 9). La expresión alude a la corona de plumas que lucen algunos chamanes aún hoy en diversas ceremonias y que const it uye un significat ivo marcador ident it ario f rent e a ot ros grupos Guarani. En est e sent ido, si bien los miembros de cada una de las t res parcialidades se ident ifican y reconocen a los ot ros como “ Guarani” , t ambién apelan a ciert as part icularidades en sus práct icas cult urales para dif erenciarse. Con relación a ello Schaden (1998) describe caract eríst icas comunes –en las act ividades de subsist encia, el aprovechamient o de los recursos de la selva, el parent esco y la organización social, la concept ualización del ciclo de vida y las ceremonias religiosas- que lo llevan a proponer “ aspect os f undament ales de la cult ura guarani” . Sin embargo, plant ea que “entre los Guarani contemporáneos, la conciencia de unidad tribal no llegó a prevalecer. Cada uno de los subgrupos trata de acentuar y exagerar las diferencias existentes, a punto de criticarse y ridiculizarse unos a otros. La diversidad de los dialectos, de las creencias y prácticas religiosas… y aún de la apariencia física, sirve de motivo para que cada grupo quiera afirmar en todo momento su pretendida superioridad sobre los demás.”(Schaden, 1998: 16)47.

Según est imaciones recient es (Assis y Garlet , 2004)48 el número t ot al de personas que reúnen est as t res parcialidades en Brasil, Paraguay y Argent ina ascendería a 65. 000. De ellos, 29. 900 es la población est imada para los Kayova, 15. 560 para los Ñandeva y 19. 200 para los Mbya. En relación a la dist ribución espacial de los Mbya en la act ualidad, además de los t res países mencionados, se ha regist rado su presencia en Uruguay, donde en 1997 había cerca de 40 individuos y en 1999 se reduj o a un número de 20 personas (Basini, 1999 en: Assis y Garlet , 2004). En Brasil, los asent amient os Mbya se localizan principalment e en los est ados de Parana, Sant a Cat arina, y Rio Grande do Sul, y en menor numero

47 Al respect o, nuest ros inf ormant es han señalado las dif erencias en el vocabulario y la práct ica

común en las ot ras et nias de f abricar bebidas f erment adas (“kangui” o chicha de maíz) y emborracharse con ellas, como los aspect os cent rales para dif erenciarse de los Chiripa y Kayova

de Paraguay.

48 Los dat os present ados por est os aut ores provienen del cruce de las inf ormaciones demográf icas exist ent es en publicaciones et nográf icas recient es sobre est os grupos (1980 en adelant e) y las of recidas por los organismos gubernament ales y ONG’ s de cada uno de los países mencionados.

en San Pablo, Rio de Janeiro y Espírit u Sant o49 (Schaden, 1954; Garlet , 1997; Ciccarone, 2001; Assis y Garlet , 2004). En ese país, la población Mbya ascendería a 4. 377 individuos, en t ant o que en Paraguay -t errit orio originario y cent ro de dispersión- suman alrededor de 11. 500 individuos y se hallan dist ribuidos en 7 depart ament os: Caaguazu, Guaira, Caazapa, San Pedro, Concepción, Alt o Parana e It apua (Assis y Garlet , 2004).

La población Mbya en nuest ro t errit orio es menor a la exist ent e en Brasil y Paraguay. De acuerdo con f uent es oficiales, exist en en la Provincia de Misiones 54 comunidades a lo largo de las rut as nacionales 12 y 14 y la rut a provincial 7 (Amable, et al, 1996), las cuales suman alrededor de 3.975 personas (ECPI 2004- 2005)50. Est as cifras pueden suf rir modif icaciones en los últ imos años debido, por un lado, al const ant e desplazamient o de los grupos f amiliares a t ravés de dif erent es emplazamient os como part e de sus est rat egias de vida51, lo que dif icult a la t area de realizar est imaciones precisas. Por ot ro, a la ausencia desde 1969 hast a 2005 de censos de población indígena52.

Finalment e, algunas fuent es (Brighent i, 1999 en Assis y Garlet , 2004) mencionan la exist encia de f amilias Ñandeva o Chiripa en al menos 5 aldeas de Misiones (unas 350 personas aproximadament e) que se encont rarían int egradas en asent amient os con una población mayorit ariament e Mbya. Est a referencia result a int eresant e porque hast a hace unos años se afirmaba generalment e que la población aborigen de la provincia de Misiones est aba conformada exclusivament e por grupos Mbya. En cambio, en el últ imo censo (ECPI) se menciona la exist encia de individuos que se aut oident ifican como Chiripa. A

49 Según Assis y Garlet , recient ement e se ha regist rado la presencia de aldeas Mbya en los est ados de Para y Tocant ins, pero no hay inf ormación precisa sobre el numero de habit ant es.

50 Encuest a Complement aria de Pueblos Indígenas, 2004-2005. (Complement aria del censo de Población y Vivienda 2001). INDEC. Minist erio de Economía y Producción de la Nación. Según los result ados provisionales publicados en 2005 el t ot al de población que se reconoce perteneciente y/ o descendiente en primera generación del pueblo mbya guaraní en Misiones es 4. 083. De est a población: 3. 975 personas (97,4 por cient o) declaran que se reconocen pert enecient es al pueblo mbya guaraní, en t ant o 108 personas (2,6 por cient o) no se reconocen pert enecient es al pueblo mbya guaraní si bien descienden del pueblo mbya guaraní en primera generación.

Por su part e, ot ros aut ores han publicado cif ras dif erent es basándose en est udios de campo y no únicament e en censos de población. Por ej emplo, Fogel (1997) est ima en 3. 646 personas y Brighent i (1999) un t ot al de 3. 800 Mbya (Assis y Garlet , 2004).

51 A las mot ivaciones “ t radicionales” para est os desplazamient os (ver más adelant e en est e capít ulo) hay que sumar cuest iones legales como el reconocimient o j urídico de la propiedad de las t ierras a part ir de reclamos de miembros de algunas aldeas de la provincia, lo que conduj o a que la población aborigen se desplace desde aquellos asent amient os en los que los reclamos de t ierras aún no han sido resuelt os.

52 En los censos nacionales la población aborigen era considerada como part e de la población rural sin at ender a su origen ét nico part icular, sit uación que int ent ó modif icarse con la Encuest a complement aria sobre pueblos indígenas (ECPI) realizada en 2004-2005.

dif erencia de los Ñandeva y Kayova, que suelen convivir en un mismo asent amient o, se había regist rado est a cost umbre ent re los Mbya en un limit ado número de casos (Ciccarone, 2001).

Las comunidades Mbya en las que hemos desarrollado est a invest igación -

Ka´aguy Poty (Flor de Mont e) e Yvy Pytã (Tierra Colorada) - se asient an en part e de las t ierras declaradas Reserva Privada "Valle del Arroyo Cuña-Pirú" de la Universidad Nacional de La Plat a (Decret o n. 841, 30/ Junio/ 2000), en el cent ro de la provincia de Misiones (54º55'09''W y 55º01'34''W; 27º08'54''S y 27º03'55''S). La Reserva t iene una superf icie de 6. 035 hect áreas, de las cuales 5. 405 corresponden al Depart ament o Cainguas, Municipio Arist óbulo del Valle y 630 al Depart ament o Libert ador General San Mart ín, Municipio de Garuhapé53 (ver Anexo 1). La Reserva es at ravesada en su part e nort e por la Rut a Provincial Nº 7 que conect a est os asent amient os con localidades vecinas (Arist óbulo del Valle, Jardín América, Ruiz de Mont oya) y con ot ras comunidades Mbya que se localizan en la cuenca del arroyo Cuña Piru I y II (Ka´a cupe, Virgen Maria, Ka´apii Poty, Takuapi, ent re ot ras)

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Los Guaranies, al igual que los rest ant es grupos Tupi, han sido t radicionalment e pueblos de la selva (ka´aguy). Como result ado de una serie de f act ores, las comunidades Mbya se han desplazado a t ravés de la selva desde t iempos prehispánicos hast a la act ualidad, ampliando su t errit orio significat ivament e en la búsqueda de espacios que proveyeran los recursos nat urales y condiciones ambient ales que hacen posible su subsist encia.

El área ocupada por las poblaciones Mbya act uales corresponde, desde el punt o de vist a f it ogeográf ico, a la Provincia Paranaense, caract erizada por selvas t ropicales y subt ropicales, bosques y sabanas. Ocupa t oda la cuenca amazónica, la mayor part e de la cuenca del Paraná, y las laderas orient ales de la cordillera Andina en la zona t ropical. En la República Argent ina, est a provincia f it ogeográf ica cubre t odo el t errit orio de Misiones, el ext remo nordest e de Corrient es, y se cont inua por el est e de Paraguay y por Brasil. El clima es cálido y húmedo con una t emperat ura media anual de 20ºC y precipit aciones de ent re

53Los Depart ament os de Cainguás y San Mart ín poseen una superf icie de 160. 800 ha y de 152. 400 ha respect ivament e. Su población, de acuerdo a censos del año 1991 asciende a 44. 137 habit ant es para el Depart ament o de Cainguás y 37. 722 habit ant es en el Depart ament o Libert ador General San Mart ín. (Censo Nacional de Población y Vivienda, 1991).

1. 500 y 2. 000mm anuales, sin marcada est acionalidad. Se regist ra una amplit ud t érmica diaria algo más alt a por efect o de la alt it ud y la t opograf ía, present ándose heladas invernales sólo en los valles (Cabrera, 1971).

Las t ierras en que se asient an las comunidades Mbya en las que t rabaj amos se disponen sobre las laderas y f aldeos de la vert ient e occident al de la Sierra de Misiones, comprendiendo pequeños cerros, quebradas y valles que drenan hacia el cauce del arroyo Kuña Piru. El relieve del t errit orio es accident ado, con sierras de poca alt ura. Fisonómicament e est a área incluye varias unidades ambient ales, cuya veget ación y f auna present an diferent es caract eríst icas según las condiciones edáf icas, su ubicación en alt as o baj as pendient es, proximidad o inmediat ez respect o de los arroyos, así como t ambién dist int as hist orias de ut ilización. Con relación a est o últ imo, la selva paranaense ha sido modif icada por la int ervención humana en dist int o grado, rest ando solament e un mínimo porcent aj e de su ext ensión original. Est a sit uación es product o de múlt iples f act ores. Por un lado, el desarrollo de act ividades como la ext racción select iva de maderas, el reemplazo del bosque nat ivo por plant aciones f orest ales exót icas, la const rucción de represas hidroeléct ricas y la colonización agrícola (Crivos et al, 2002). Ello ha dado lugar a selvas secundarias (en aquellas zonas donde alcanzó a recuperarse), capueras (lugares desmont ados con veget ación ant rópica generalment e arbust iva) a los lados de los caminos, ant iguas f orest aciones indust riales semi abandonadas, así como a pequeñas zonas de roza y cult ivo y amplias superficies desmont adas donde se encuent ran asent amient os urbanos y explot aciones rurales de dist int as dimensiones y complej idad (Pochet t ino et al

2002).

Por ot ro lado, la ut ilización sost enida de los recursos nat urales de la selva,

-“monte” o ka´aguycomo lo denominan los Mbya-, es un component e cent ral de

sus est rat egias de subsist encia desde t iempos prehist óricos, lo cual ha cont ribuido a la t ransf ormación del paisaj e selvát ico. El largo t iempo de permanencia de est os grupos Mbya en el área nos muest ra una const ant e adapt ación a los cont inuos cambios del ambient e. Est o se t raduce en un cúmulo de experiencias que se ve reflej ado en su prof undo conocimient o del mont e, los recursos que ést e provee y la f orma en que deben ser ut ilizados para garant izar su disponibilidad y de est a manera, dar cont inuidad a ciert as práct icas consideradas cent rales al Mbya reko o modo de vida Mbya. En est e sent ido el

La amplia variedad de especies veget ales y animales reconocidas y ut ilizadas se corresponde con la diversidad de microambient es ident if icados y explorados por las comunidades aborígenes en sus act ividades cot idianas. A ést os se at ribuyen caract eríst icas part iculares según sean fuent es para la obt ención de aliment os, de mat erias primas, recursos medicinales, o espacios sagrados, peligrosos o prohibidos para los individuos en det erminadas circunst ancias de su vida (Remorini, C y Sy, A, 2003). El conocimient o sobre ciert os recursos nat urales alt ament e valorados se act ualiza en las práct icas cot idianas de crianza y cuidado de la salud, pues a ellos se at ribuyen propiedades posit ivas para el t rat amient o y prevención de numerosas dolencias y para la propiciación de ciert as caract eríst icas físicas y apt it udes en los individuos en crecimient o.

Al respect o, en la act ualidad los Mbya refieren a las dif icult ades que encuent ran para el desarrollo de algunas práct icas ancest rales de cuidado y crianza debido a la ret racción del mont e y la consecuent e escasez de ciert os veget ales y animales que décadas at rás est aban disponibles y accesibles. En est e sent ido, las t ransf ormaciones en est as práct icas en las primeras et apas del ciclo vit al, dan cuent a de procesos de cambio en el ecosist ema selvát ico que amenazan la disponibilidad de los recursos valorados por est os grupos. Asociado a ello, el conocimient o acerca de algunos de est os recursos no se halla ext endido ent re los más j óvenes, y en muchos casos, es sólo pat rimonio de los ancianos. Est a problemát ica aparece recurrent ement e en la narrat iva acerca del cuidado de la salud y de los procesos de aprendizaj e de los niños y j óvenes (Remorini, C y Sy, A, 2003). Así, el “monte” no sólo represent a para los Mbya una f uent e de recursos sino que const it uye t ambién un import ant e espacio para la t ransmisión de conocimient os y experiencias ent re individuos de diferent es generaciones.

3.2. Oguata.

Los Mbya: Pueblo del movimient o

“Si hiciéramos el ejercicio de superponer un mapa con la distribución espacial de los grupos Guarani actuales al de uno con la distribución en el periodo colonial, llegaríamos a la conclusión de que una parte significativa (aunque parcial) de ellos, continúan presentes en la misma región geográfica. Si por un lado, ocurrieron

supresiones de parte de sus antiguos espacios –como indiscutidamente ocurrió- por otro, es posible ver también que los Guarani expandieron las fronteras de este espacio a lo largo de la historia” (Assis y Garlet , 2004: 48)54.

Ahora bien, si t omáramos a los t res grupos separadament e, veríamos que los Kayova son quienes se han mant enido más concent rados en el espacio y los Mbya son los que present an una mayor dispersión geográf ica. Como se verá mas adelant e, una serie de f act ores socio-hist óricos han int ervenido acent uando su movilidad espacial (en lengua Mbya, oguata, es decir “ caminar” ), una caract eríst ica cent ral a su modo de vida y no consecuencia exclusiva de relaciones int erét nicas y coloniales conf lict ivas55.

La presencia Mbya en el t errit orio de la provincia de Misiones es relat ivament e recient e, dat a de fines del siglo XIX y principios del XX (Bart olomé, 1978; Gorosit o Kramer, 1982; Garlet , 1997). Previo a su expansión y asent amient o en est a región de nuest ro país exist ieron ot ros grupos, algunos de ellos t ambién de filiación guarani. Al respect o, el conocimient o del poblamient o prehispánico de nuest ro t errit orio por part e de grupos guarani, es desparej o y fragment ario y ello obedece, según Rodriguez (2001), a que hast a mediados del siglo XX no se realizaron est udios arqueológicos sist emát icos y exhaust ivos del área nordest e de nuest ro t errit orio. Como consecuencia de ello, hay unos pocos sit ios arqueológicos para los que se cuent a con información conf iable y por lo t ant o, el esquema del desarrollo cult ural prehispánico delineado hast a el moment o es t odavía provisorio e incomplet o.

Con relación a la dist ribución geográf ica de los grupos Mbya a part ir del siglo XVI hallamos ref erencias en los informes de misioneros y viaj eros, en part icular, el P. Ant onio Ruiz de Mont oya (1639) el P. Bert oni (1922), el P. Muller (1928), el P. Dobrizhof f er (1784), y el viaj ero-et nógraf o Juan B. Ambroset t i (1895), los cuales nos ilust ran acerca de la dispersión de los grupos guaraníes a lo largo del t iempo, aunque con especial énf asis en aquellos que se encont raban incorporados al sist ema reduccional.

54Mi t raducción del port ugues al español.

55 En algunos t rabaj os (Remorini, C, 2001; Crivos

et al; 2005) hemos enf ocado est e t ema y las dif erent es perspect ivas sost enidas por los ant ropólogos respect o de las caract eríst icas y mot ivaciones que subyacen a est os procesos de movilidad espacial. Al respect o las obras de Met raux, 1946; Grumberg, G y F. Grumberg, 1972; Susnik, 1969, 1989; Nimuendaj u, 1978; Melia, 1987; Clast res, H. 1993; Galet , 1997; Pereira de Queiroz, 1978 y Assis y Garlet 2004, const it uyen los ant ecedent es más signif icat ivos sobre el t ema.

Garlet (1997) plant ea que es Dobrizhoff er (1784) el que mej or def ine los límit es del t errit orio original de los Ka’ygua, sit uándolo en las regiones selvát icas mesopot ámicas de los ríos Monday y Acaray; fij ando la f ront era noroest e sobre el divisor de aguas que al oest e forma el Río Yeyuy y al est e los diversos t ribut arios de los Ríos Monday y Acaray. (Ver Anexo 1).

En cuant o a los et nógraf os, cont amos con las ref erencias de León Cadogan (1948, 1950, 1960, 1997) y Branislava Susnik (1969, 1983, 1989), quienes aport an inf ormación relevant e a la hist oria de est os grupos y acerca de sus relaciones con ot ros grupos aborígenes del Paraguay y del Gran Chaco.

Según t est imonios recogidos por Cadogan (1960), los Mbya se reconocen

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