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2. Postura conceptual frente a la categoría nación

2.5 Mecanismos de afirmación de la idea oficial de nación

Noción espacial (territorio), noción temporal (pasado-presente- futuro), noción moral: valores (religión cívica)

La inscripción de la idea oficial de nación en la población necesariamente opera a través de mecanismos o dispositivos institucionales que materializan y actualizan el contenido que unifica la población en torno al Estado.

Estos mecanismos operan en torno a tres nociones centrales en la diferenciación de lo natural y antinatural que se adjudica a la unidad nacional, a través de la labor ideológica del Estado. Son tres nociones fundamentales para esta investigación en cuanto, de manera general, contienen los órdenes

principales que constituyen la realidad civil a la que apunta la ideología nacional oficial.

En cuanto al la fijación de una noción espacial estatalizada, es a partir de las formas modernas de vigilancia y control, del Estado hacia su población, que se activa la homogenización y racionalización del espacio. La transformación del espacio en territorio es central al discurso oficial de nación, se fundamenta en una conceptualización de la población que vive en un marco espacial único y compartido

Una de las formas como se genera una identidad entre la población y el territorio/Estado se construye y naturaliza a través del dispositivo visual del mapa, que representa la partición espacial del mundo de naciones. Cada nación es soberana y limitada en su membresía.

Así, el espacio se convierte en propiedad nacional, un patrimonio soberano que fusiona lugar, propiedad y herencia y cuya perpetuación es asegurada por el Estado (Alonzo, 1994: 391)

En cuanto a la fijación de una noción temporal estatalizada, es la narración del pasado de la nación la que asegura su vigencia y su perdurabilidad como estructura de referenciación y pertenencia social. “Nación sin pasado es un término en sí contradictorio. Lo que justifica una nación ante las otras es su pasado” (Hobsbawm, 2000: 173).

La construcción de la historia nacional es, por lo tanto, un espejo de la disposición que los nacionales imaginan como propia; y, además, es el instructivo de los valores que se exaltan para la afiliación social en que se fundamenta la comunidad nacional. El modelo que se proyecta del pasado de la nación, con sus olvidos y relevancias, es el reflejo de lo que se imagina que fue y de lo que se espera que sea la nación.

De esta forma “…no hay indicador más importante del carácter de una sociedad que el tipo de historia que escribe o deja de escribir” (Carr, 1961: 57). No sólo son contundentes las representaciones de la idea de nación, sino también los aspectos que no se incluyen en las versiones particulares que se corroboran en diversos espacios.

Así, la narrativa del pasado debe ser observada como una construcción particular de hechos sociales, personajes, y actores históricos seleccionados como representativos del orden nacional que se imagina común para la ciudadanía. Esto supone que la construcción de la Nación implique al mismo tiempo una rearticulación de su pasado. Y esta trascendencia histórica común que se atribuye a la población de la nación involucra, no sólo una producción de narrativas específicas que evocan una historia “representativa” de la nación, sino también supone una sustentación directa del orden social actual. En este sentido “las concepciones de tiempo y conciencia nacionales influyen en la idea que nos hacemos de orden político. El evento del pasado es sacado de su contexto histórico y transformado en un mito atemporal que legitima las metas políticas del presente” (Lechner, 1986: 69).

Ahora, la fijación estatal de una noción moral, implica la definición de un marco de virtudes, modelos e ideales de sujeto/ciudadano, orienta comportamientos que se inscriben en el proceso de perpetuación del sistema estatal.

Las imágenes del guerrero, del abogado, del orador y polemista, del periodista y escritor, del estadista y diplomático, son las imágenes arquetípicas del hombre de la guerra, del hombre de las leyes, del político y del escritor. Constituyen el primer paso en la construcción de la memoria que debía hacer parte del naciente imaginario nacional, imaginario al cual habría de integrarse, como elementos fundamentales, las imágenes y cultos de los héroes (Tovar, 1997: 126).

El papel pedagógico de la nación oficial tiene mucho que ver con la manera de presentar los hechos de la historia nacional. A través de modelos, el personaje,

el héroe que mueve los niveles de filiación, construye opinión socialmente compartida.

2.6. El pasado nacional como dispositivo de fijación y actualización de la idea oficial de nación. Escenarios de fijación de la versión oficial de pasado nacional

Uno de los elementos constitutivos en la consolidación de una imagen estatal de nación es la manera particular como se registra el pasado nacional. De esta forma, la manera como se configura la imagen del pasado nacional testifica la construcción de relevancias y subordinaciones que regularizan los modos de vivir y referir la nación.

La historia oficial, por definición es la que elaboran las instituciones del Estado o sus ideólogos. Siendo todo estado, también por definición, una forma de dominación, el para que de esa historia es la justificación y prolongación de esa dominación... en este sentido, las historias nacionales oficiales suelen colaborar a mantener el sistema de poder establecido y manejarse como instrumentos ideológicos que justifican la estructura de dominación imperante(Villoro, 2000: 56 ).

Entre las funciones que cumple la historia oficial se destacan: 1. proporcionar un instrumento cognitivo para concebir la nación 2. realzar la identidad grupal

3. fomentar lealtad en los ciudadanos

La historia se concibe como la única forma de percibir el espíritu de una comunidad; es la forma principal de aprender el idioma de una sociedad determinada. La ideología derivada de este tipo de historicismo supone la identificación de figuras del pasado nacional en términos de conflictos políticos actuales. Así el último y más importante ingrediente ideológico de la nación, es la forma en que se vincula el concepto historicista de comunidad con las exigencias políticas.

La idea de un regreso al espíritu del pasado se acompañó con frecuencia de una perspectiva histórica que sólo percibía en los acontecimientos aquellas tendencias que le parecían apropiadas. Las figuras del pasado se convirtieron en instrumentos del destino nacional, o en obstáculos interpuestos en su camino (Breuilly, 1990: 357)

La simplificación que implica la construcción ideológica nacional, configura estereotipos en términos de historia o de características raciales, de prácticas culturales e incluso de enemigos. La repetición por medio de discurso, programas educativos, canciones, juramentos, es una parte esencial de la tarea estatal de fijar su ideología. La transformación de estos temas simplificados y repetidos en una forma concreta, se consigue sobretodo por medio del simbolismo ceremonial. El simbolismo ceremonial de la ideología nacional se distingue de otras ideologías políticas, por su característica autorreferenciación.

Las ceremonias comúnmente implican la representación de un momento de la historia nacional. La historia proporciona identidad dentro de un marco de referencia historicista. Los acontecimientos más resaltados son aquellos en los que se ofreció una resistencia heroica a los extranjeros.

La importancia de esta práctica está en su efectividad contemporánea. El mensaje no puede ser más claro:

Los héroes del pasado están unidos a los hombres del presente por lazos de sangre y lengua. Ese vínculo es una especie de garantía de que los hombres del presente serán capaces de afrontar sus desafíos como lo hicieron sus antepasados. El propio ceremonial manifiesta esta posibilidad en miniatura, y ofrece la promesa de que se podrá conseguir mucho más. Este logro aparece escrito en el destino de la nación. (Breuilly, 1990: 368)

La cualidad de autorreferencia de la difusión ideológica nacional, y el tema de la restauración de un pasado glorioso en un futuro transformado poseen un poder especial, difícil de igualar por parte de otros movimientos ideológicos.

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