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El medio social

In document Noviazgo y felicidad (página 96-98)

VII. C ÓMO TRATARSE DURANTE LAS RELACIONES

4. El medio social

¿Quiere todo esto decir que se aislarán los novios del resto del mundo? Evidentemente no. Pues así como el medio familiar tiene su importancia, de igual modo el medio social tiene la suya. Cada cual evoluciona en un ambiente dado, al que le impulsan sus tendencias natu- rales, sus lazos de amistad o las exigencias de su trabajo. Aunque quisiera, no podría el in- dividuo sustraerse del todo a ese marco. Se puede reducir su influencia, pero no eliminarlo. Por eso importa que cada uno de los novios sepa calar ese medio en que habrá forzosamente de entrar. «Los hombres no son islas», ha escrito Thomas Merton. Nadie es una isla, es decir que el que se casa no ingresa en un universo cerrado. Por el contrario, se encuentra ante un universo nuevo en el cual toda clase de figuras ocuparán su lugar; ese mundo en el cual evo- luciona el otro. O tiene que aceptar ese universo e integrarse en él, o tiene que rechazarlo. En el primer caso, tiene derecho a saber a qué se compromete; en el segundo caso, el otro tiene derecho a que le prevengan de la recusación.

En esto también hay que evitar el replegarse sobre sí. La pareja debe aprovechar sus sa- lidas para entrar en comunicación con ese pequeño mundo constituido por los amigos. Está en el deber de penetrar en ese mundo, no imaginando que podrá apartarse de él más adelan-

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te, sino pensando, por el contrario, que los amigos de hoy serán los amigos de mañana. Que, por una parte, se les juzgue, pues, con esta perspectiva; y por otra parte, que el novio y la novia hagan su elección del otro teniendo en cuenta la necesidad en que se encontrarán más adelante de vivir en el medio de ese otro. El hombre que al día siguiente de su casamiento, no pueda llevar consigo a su mujer a su círculo de amigos, o la mujer que no pueda invitar a sus amigas a su hogar, se hallarían en una situación de las más complicadas. Y esta compli- cación es la que se trata de prevenir en la época del noviazgo no apartándose del medio fu- turo.

Permítaseme subrayar aquí que, sobre todo para la mujer, existe el peligro de imaginar- se que por la sola fuerza de su amor o por su sola habilidad, podrá, más tarde, separar al hombre de ese medio Sería una grave ilusión. Puede suceder así, ciertamente, pero repre- senta la excepción, la rarísima excepción. En la mayoría de los casos el joven esposo sigue tratando a sus amigos de antes. No debe, pues, la novia confiar demasiado en sí misma y creer que podrá eliminar a aquellos a quienes se niega a aceptar, Esta eliminación debe hacerse antes, y de mutuo acuerdo, o si no es de creer que no se hará nunca. Se ha dicho de la mujer que ella alimenta la ilusión de triunfar allí donde todos habían fracasado antes de ella 1. Si hay en ello algún elemento de verdad, es aquí donde puede aplicarse.

Es difícil arrancarse al medio en donde se ha vivido y, quiérase o no, se conservan siem- pre amistades cultivadas en el tiempo de la juventud. No hay, pues, que pensar que una vez casados puedan los novios apartarse de golpe de todas aquellas personas que les rodeaban. En modo alguno. Al regreso del viaje de novios, las invitaciones, de una parte y de otra, se encargarán de reanudar bajo un ángulo nuevo, las relaciones de otro tiempo. Cada uno de los cónyuges heredará un nuevo círculo de amistades: el del otro. Si el joven esposo se mues- tra reacio a las amigas de su esposa, o si la muchacha no puede soportar los amigos de su marido, ¡cuántos conflictos surgirán! Por eso hay que poner cuidado en conocer esos futuros amigos antes de casarse.

Además, por regla general, se obtendrá de este modo una preciada indicación, porque el proverbio ha quedado con frecuencia comprobado: «Dime con quién andas y te diré quién

eres». Es posible juzgar a alguien por sus amigos. Que pueda haber en ello una probabilidad

de error, es indiscutible; pero en la mayoría de los casos es realmente revelador. Por eso, lo que podría llamarse el «test» de las amistades debe efectuarse en el período de las relaciones. Ahí se encontrará el reflejo de las ideas que sustenta el futuro cónyuge, así como el de sus preocupaciones. La ventaja que hay en conocer y observar ese medio es que se entrega sin reservas ni rodeos. Los amigos se muestran habitualmente tal como son y si, quizá por in- consciencia, el novio o la novia disimulasen, los amigos los revelarán a plena luz. A este res- pecto, valen, pues, su peso en oro, porque permitirán saber cuál es la mentalidad general del joven y de la muchacha.

He aquí por qué no hay que separar al futuro cónyuge de su medio social. De igual modo que el medio familiar le revelaba, así el medio social le revelará también. Además, así como al casarse se adopta la familia del cónyuge, se adopta igualmente su circula de amistades. En ambos casos, es preciso saber lo que es, desde antes del matrimonio. Lo mismo que no había que olvidar la familia, tampoco hay que olvidar el medio social.

1 «Nuestras amigas, en efecto, tienen de común con Bonaparte que creen siempre triunfar allí donde todo el mundo ha

Las relaciones deben, pues, conducir la pareja a descubrir el medio de vida en el cual uno y otro evolucionan, a fin de adaptarse a él. Ya se trate del medio familiar o del medio social, la regla es la misma: el mayor peligro está en aislarse. Se esforzarán, por tanto, en tratarse en las mismas circunstancias en que tendrán que vivir en un futuro próximo, para familiarizarse con todo lo que ese modo de vida implica. En otros términos, hay que entrar a formar parte del círculo que rodea el otro cónyuge.

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