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II. ANTECEDENTES ANTROPOLÓGICOS, ARQUEOLÓGICOS E HISTÓRICOS DE CRETA

5. Haplotipos extendidos presentes en la población cretense

1.2. Mediterráneos orientales

1.2.1. Cretenses, macedonios, libaneses y judíos

Teniendo en cuenta las distancias genéticas respecto a los cretenses, los macedonios y judíos

son los más cercanos y los libaneses se sitúan entre los mediterráneos occidentales (Tablas 15 y 16);

en definitiva, se observa un gradiente de distancias genéticas entre las poblaciones mediterráneas

orientales y occidentales que indica la relación genética entre ellos. Por otro lado, los griegos están

muy alejados de los mediterráneos, en especial de cretenses y macedonios (Tablas 15, 16 y 17); los

dendrogramas y los análisis de correspondencia muestran de forma más evidente estas relaciones

genéticas (Figuras 35-40).

Estos hallazgos genéticos y otros previamente publicados (Bonné-Tamir y col. 1978;

Brautbar y col. 1992; Martínez-Laso y col. 1996) se pueden contrastar con diferentes hechos

históricos postulados y quizá esclarecer la historia de estas poblaciones basado en su genómica:

1) Según el clásico griego Herodoto, los macedonios provenían de las montañas Pindo en la

actual Grecia (Herodotus 1989). Los griegos consideraban a los macedonios como bárbaros que

hablaban una lengua “diferente”. El antiguo macedonio se ha considerado como una lengua Usko-

mediterránea (Arnaiz-Villena y Alonso-García 2000) entre las que se encuentran el vasco, bereber,

íbero-tartésico y minoico (ver apdo. 3 de Discusión). Macedonios y griegos estuvieron enfrentados

hasta que Alejandro Magno, de origen macedonio, venció definitivamente a los griegos, extendiendo

su imperio hacia el este de Europa y Asia central. Los resultados genéticos obtenidos apoyan la teoría

de que los macedonios son uno de los pueblos más antiguos de la Península Balcánica, probablemente

muy anteriores a la llegada de los griegos micénicos (hacia 2000 a. C.). Otra posible teoría es que

macedonios, griegos y el resto de mediterráneos tuvieran un substrato genético muy similar antes de

que los griegos se diferenciaran debido a su mezcla con los sub-saharianos (ver apdo. 2 de

Discusión).

2) los judíos de Europa Central, Rusia, Marruecos y del Mediterráneo han permanecido

relativamente aislados, con poco flujo o intercambio genético de poblaciones vecinas, después de la

última Diáspora (anterior a 135 d. C.).

Antes del segundo milenio, los fenicios junto con los judíos fueron considerados como la

rama occidental de los antiguos nómadas semitas. Los fenicios, nombre que los griegos dieron a los

cananeos, se instauraron durante el III milenio a. C. en la franja Sirio-Palestina y fundaron numerosas

ciudades estado. Las difíciles condiciones climáticas de la zona les obligaron a dedicarse a la

navegación, el trueque y la industria. Mientras, en Palestina, el pueblo judío se hizo sedentario y

adoptó la monarquía como forma de gobierno. Con los reyes David y Salomón, Judea se convirtió en

un estado muy poderoso, pero tras la muerte de Salomón el país se dividió en dos estructuras muy

débiles: Israel y Judea (o Judá) (Figura 42).

La rama oriental semita la constituían los Acadios, Amorritas y Arameos que adoptaron la

cultura Sumeria (Sellier y Sellier 1993); los Arameos invadieron la baja Mesopotamia tomando

entonces el nombre de Caldeos. La lengua Aramea dominó y se extendió por los pueblos del Medio

Este, incluyendo Mesopotamia en los tiempos del Nuevo Testamento. El Arameo sólo fue sustituido

por el árabe en el siglo VI d. C.

3) En la actualidad, parte de los libaneses son una mezcla de las poblaciones antiguas

descritas en el Antiguo y Nuevo Testamento (Sellier y Sellier 1993); sin embargo, estas muestran una

relación genética estrecha con los judíos, macedonios, cretenses y otros mediterráneos orientales. Esto

sugiere que los pueblos semitas se distinguen principalmente por diferencias de lenguaje. Además, los

actuales libaneses de lengua árabe también están relacionados genéticamente con los mediterráneos

occidentales europeos y norteafricanos (italianos, argelinos, españoles, bereberes), como muestran los

dendrogramas (Figuras 35 y 37) construidos a partir de DRB1 de alta resolución y los

correspondientes análisis de correspondencia (Figuras 36 y 38).

1.2.2. Egipcios, turcos, armenios e iraníes

El estudio y comparación de estas poblaciones sólo fue posible utilizando datos de

frecuencias HLA-DRB1 y -DQB1 de baja resolución. Tomando a los cretenses como población de

referencia, las distancias genéticas de las poblaciones más cercanas a estos son los macedonios

(1.27x10

-2

), seguidos de los iraníes (1.46x10

-2

) y armenios (1.82x10

-2

) (Tabla 17). Los turcos

(3.88x10

-2

) y egipcios (4.08x10

-2

) se sitúan entremezclados con poblaciones mediterráneas

occidentales, pero más relacionados que los griegos (10.31x10

-2

). El dendrograma construido con las

distancias genéticas (Figura 39) relaciona en una rama a iraníes, macedonios cretenses, turcos,

armenios judíos y libaneses. El análisis de correspondencia (Figura 40), que muestra una visión

global entre las poblaciones, agrupa respectivamente los mediterráneos occidentales y los orientales:

egipcios, turcos, armenios, iraníes, cretenses, macedonios, judíos y libaneses. En definitiva, los

resultados obtenidos con este análisis indica que la composición genética HLA en estas poblaciones

es similar a la de cretenses y el resto de mediterráneos principalmente orientales, sobre todo cuando

se comparan con los griegos quienes siempre aparecen más alejados. Por otra parte, el estudio de

polimorfismos de proteínas también relaciona a los turcos con otros mediterráneos antiguos (Brega y

col. 1998).

Históricamente, hacia el año 1600 a. C. se conoce la existencia del reino hitita en Anatolia. En

1500 a. C. existen cuatro reinos importantes en la región: el babilónico, hitita, egipcio y mitani

(Figura 42). Hacia 1400 a. C., egipcios, hititas y mitani se disputan el territorio sirio, venciendo

finalmente los hititas. Los “Pueblos del Mar” son los que en el año 1300 a. C. terminan con el

dominio hitita (Arnaiz-Villena y Alonso-García 2001c).

Se ha postulado que alrededor del siglo X, tribus centroasiáticas comenzaron a migrar, desde

las montañas Altai y el lago Aral, hacia Anatolia, Irán y Azerbaiján. Comenzaron su expansión por

parte de Europa y el mediterráneo cuando el imperio bizantino sucumbió en 1453. Finalmente, los

turcos se asentaron en la actual Turquía después de la Primera Guerra Mundial.

Figura 42. Los cuatro reinos importantes en Oriente Medio y Próximo hacia

1500 a.C.

Los iraníes están considerados como una de las dos ramas de los pueblos indoeuropeos

(Sellier y Sellier 1993) procedentes de Asia central alrededor del primer milenio a. C.; la segunda

rama habría migrado a la India. Los iraníes siempre fueron considerados como extraños en la cultura

mediterránea, e históricamente no deberían compartir un sustrato mediterráneo antiguo. Sin embargo,

los datos HLA presentados se oponen a esta hipótesis. Además, estudios lingüísticos realizados sobre

antiguos textos iraníes (elamita) indican gran homología con otras antiguas lenguas mediterráneas

(Arnaiz-Villena y Alonso García 2000). Las constantes disputas y movimientos de población en estas

regiones geográficas conllevaron cierto flujo genético, que no ha eliminado con el tiempo un fuerte

substrato mediterráneo compartido por las poblaciones autóctonas de estas regiones.

Los armenios tienen la creencia de que provienen de los antiguos urartitas, relacionados con

los hurritas de lengua indoeuropea que se asentaron en el lago Van (Cotterel 1980). Muchos son los

conflictos mantenidos a lo largo de la historia; asirios, cimerios, medas, babilonios y escitas

debilitaron a Urartu dando paso a los armenios. Estos, entre los años 900 y 1400 d. C. fueron atacados

y deportados por los bizantinos, turcos y musulmanes. La Diaspora armenia podría haber extendido

por el mediterráneo su haplotipo característico A33-B14-DR1, incluyendo las poblaciones

mediterráneas más occidentales (íberos y norteafricanos).

Los resultados obtenidos de las comparaciones genéticas de los actuales turcos, iraníes y

armenios muestran un origen mediterráneo, predominantemente oriental. Este hecho sugiere que las

tribus que migraron de Asia central hacia Anatolia, Irán y regiones circundantes no aportaron un

substrato genético importante; es probable que las poblaciones autóctonas de la zona se dieran

invasiones de tipo “elite”, es decir, una imposición militar y cultural de reducidos grupos de

invasores. Además, la relación genética entre estos antiguos mediterráneos se ve apoyada por la

lingüística ya que investigaciones recientes han demostrado que sus lenguas actuales provienen de

una ancestral común llamada Usko-Mediterránea (Arnaiz-Villena y Alonso-García 2000).