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CAPÍTULO TERCERO: CONSTRUCCIÓN DE CULTURA DE PAZ, PROCESOS DE MEMORIA COLECTIVA COMO UN CAMPO DE POSIBILIDAD

3.3 Memoria y Construcción de Paz, elementos para la Cátedra de Paz.

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caminos y posibilidades al reflexionar sobre el abordaje que un espacio académico como la cátedra de paz puede tener, así como sus alcances en términos teórico-prácticos; en este caso la memoria colectiva emerge como uno de los caminos posibles e infinitos que se abren con la reglamentación de la cátedra, que si bien en su fundamentación y legislación tuvo serios vicios de participación y comunicación, es hoy una oportunidad para traer el conflicto a las discusiones escolares, generar conciencia sobre la realidad social, aportar a la construcción de una cultura de paz con dignidad y justicia social para las comunidades, cambiar los escenarios de violencia que se presentan al interior de la escuela y por tanto a partir de esta reflexión constante sobre el pasado y el presente, proyectar el futuro. Así, pensar el abordaje de la cátedra desde la memoria colectiva “involucra una acción transformadora en el corto, mediano y largo plazo, encaminada a crear escenarios democráticos de reflexión y encuentro entre diferentes actores y sectores sociales, a partir de actividades de diversa índole, lideradas y promovidas por los centros [educativos]” (Girón: 2009, 76), por lo cual el constante diálogo y discusión entre la comunidad educativa y diferentes sectores sociales que asumen la construcción de cultura de paz, desde sus diversos campos de acción, debe ser de carácter permanente y transversal, teniendo en cuenta además que la construcción de memoria colectiva es una disputa constante de diversos relatos; así, el tema de la comunicación se vislumbra como pilar para hacer de la cátedra de la paz un espacio verdaderamente significativo y con carácter práctico, ya que debe ser central también al interior de la institución educativa, permitiendo una construcción de la cátedra con enfoque diferencial, de acuerdo a las especificidades del contexto, razón por la cual la participación de toda la comunidad es de gran importancia.

Otro elemento importante para abordar la cátedra desde la memoria, tiene que ver con la centralidad que esta tiene hasta el momento en el área de ciencias sociales, por el contrario

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deben existir escenarios interdisciplinarios de reflexión, donde aun más áreas que las estipuladas en el decreto (ciencias sociales, ciencias naturales, ética) participen en la constante problematización alrededor de la paz y el conflicto, Esto desde el fomento de procesos de investigación escolar, como medio para que los procesos de construcción y reflexión alrededor de la memoria colectiva, trascienda a la construcción de conocimiento científico, académico y con gran impacto social. Es por esto que a continuación (Ver gráfico N° 6) se presenta una posibilidad de abordaje de la cátedra desde la memoria colectiva, dividido en tres ciclos, los cuales deben estar siempre en constante diálogo, debido a la importancia de su continuidad, en ellos también se busca abordar gran parte de los lineamientos del decreto, los cuales se complementan y dialogan desde diferentes áreas en la comprensión del conflicto en Colombia y sus repercusiones en la cotidianidad de los estudiantes; por otro lado a la hora de pensar sobre esta propuesta, es importante señalar que se toman en cuenta los marcos lejanos y los entornos cercanos en los cuales se desenvuelve el sujeto, ya que como señala Halbwachs (1968), nos encontramos inmersos en diferentes grupos sociales de formas variadas y complejas, por lo cual unos influyen más que otros en la perspectiva que se tiene sobre el conflicto, razón por la cual se señala como elemento importante que el estudiante haga un reconocimiento a priori sobre su identidad, que reconozca los grupos en que está inmerso y que le influyen y así decida de forma crítica y certera como leer esos relatos que desde allí se construyen.

Por último es importante señalar que la pedagogía social de la memoria que se busca, da un énfasis importante al testimonio (teniendo en cuenta que el primer testimonio al que recurrimos es a nosotros mismos, donde la experiencia personal cobra sentido en la reconstrucción de la memoria colectiva), que como señala Halbwachs (1968), sirve no solo para fortalecer o invalidar nuestro relato, sino también para completar el conocimiento de

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un hecho, sobre el que se está informado pero no se conoce a fondo, donde el ejercicio constante de memoria genere una memoria viva que permita reconstruir el recuerdo sobre una base común, el cual debe ir acompañado de una reflexión constante que genere en la comunidad educativa reflexiones y lleve a tener “una posición crítica ante los bienes culturales, consiste en desentrañar en ellos el legado que legítimamente pertenece a las víctimas, y que ha sido instrumentalizado como parte de la usurpación de sus derechos” (Girón: 2009, 74). Así, se debe evidenciar “las relaciones que existen entre la cotidianidad compartida, y la ausencia de prácticas institucionales que garanticen las libertades fundamentales y la protección de los derechos económicos, sociales y culturales de la población colombiana, en el marco de una cultura política basada en la intolerancia y la exclusión” (Girón; 1994, 78), ya que es en ese escenario que una cultura de paz tiene posibilidad dentro de los límites propios de las instituciones educativas, enfocada hacia la transformación social y a los cambios estructurales necesarios para superar todas las formas de violencia.

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