GÉNESIS DE COLOMBIA, LEYENDAS DE NUESTRO ROCK NACIONAL
16. Que estoy metido entre la tierra
Hasta la época en que se realizó este trabajo, inicios del año 2012, han muerto 5 ex integrantes de Génesis. El primero en irse fue ‘Sibius’, asesinado por grupos paramilitares en Granada, Meta, el 31 de agosto de 1989. El poeta de Génesis, del hippismo y de la paz, nunca dejó de expresar su malestar ante las atrocidades que se vivían en el país y que aún persisten. ‘Sibius’ por esa época tenía a su cargo la casa de la cultura de Granada, con la que se animó a montar una obra de teatro llamada ‘Mi Colombia’, que fue presentada en las calles del pueblo, a la vista de todo el mundo. La obra no era más que la metáfora del funeral del país, en un desfile en el que políticos, narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares se encargaban de cargar el ataúd de Colombia camino a su entierro. Por supuesto, la representación de ‘Sibius’ alebrestó a las fuerzas de extrema derecha de la región y esa misma noche mataron a uno de los actores de la obra. Al poeta la hora le llegó poco tiempo después, cuando en una tarde dos sicarios paramilitares le dispararon 13 veces. Insólitamente, a ‘Sibius’ lo fueron a recoger en el mismo ataúd que había utilizado en el montaje de su obra teatral (Ponte, 2011). En uno de sus últimos escritos, el gran poeta del hippismo escribió:
Clamor bastardo No te digo país lo que me pasa porque eso que te importa. Se nos putió La madre patria Violada por su padres Y ni el putas
La detiene Porque explota. Atte: un hijueputa.
La muerte de ‘Sibius’ marcó profundamente a Monroy, quien fue de los más acongojados con el asesinato de su amigo de toda la vida. Pero tres años después ‘Humo’ siguió el mismo
57Fragmento de la canción “Cuando me muera” del disco
127 rumbo y murió de un infarto en un hospital de Zipaquirá el 24 de marzo de 1992. Ese día Monroy empezó a sentirse mal desde por la mañana, con un fuerte dolor en el pecho y vómito constante, pero como el músico se negaba a los tratamientos médicos convencionales, demoró su traslado a un centro de salud. Ya que Monroy vivía con su familia en una finca a las fueras de Tocancipá, su esposa Ángela Patricia Guerrero tuvo que llevarlo caminando hasta el pueblo. Del hospital de Tocancipá lo remitieron a Zipaquirá, en donde tenía que esperar hasta el día siguiente para ser trasladado a la Clínica Shaio de Bogotá y poder recibir la atención adecuada. Monroy agonizaba y la única manera de ser trasladado inmediatamente a un mejor hospital era con una grande suma de dinero, pero tristemente un músico de su trayectoria no contaba ni con un seguro médico.
Antes de morir llegó un sacerdote a la habitación de Monroy para confesarlo y darle la unción de los enfermos. El músico se negó y le dijo al cura que no tenía nada por qué pedir perdón, que creía en Dios y Cristo pero no era católico, y solo tenía disculpas para su mujer, a la que dejaba sola con sus tres hijos. Ante el dolor que lo acongojaba antes de morir, los médicos le inyectaron morfina para calmar su agonía. ‘Humo’ se reía porque estaba ‘viajando’, porque veía cosas divinas que nadie podía imaginar. Finalmente, a las 11 de la noche, ‘Humo’, a sus 45 años, se fue dentro de un sueño y murió como había vivido, en paz y tranquilidad (Guerrero, 2011).
Humberto Monroy / Fotografía publicada en la Revista Cromos del 6 de abril de 1992.
128 Al parecer, Monroy había presentido su muerte tiempo antes de que sucediera. La noche anterior a su deceso, ‘Humo’ reunió a sus tres hijos y les contó toda su historia como músico, pasando por la fama del ‘go-go’ y la humildad del hippismo: la época que más lo marcó en toda su vida (Guerrero, 2011). En un documental que se grabó poco antes de su muerte, Monroy así lo reafirmó:
“Las personas que hemos venido desarrollando ese trabajo musical sin parar, durante estos 30 años, estuvimos, estamos y estaremos siempre en esta vocación musical que fue, en ese momento de los años sesenta, un alumbramiento, una gestación de nuestra propia vida, un cambio radical en nuestros espíritus, en nuestros mismos cuerpos. Y hoy en día, mirando hacia atrás como una referencia solamente, porque estamos mirando permanentemente hacia el futuro, hacia adelante, si tuviéramos que volver a comenzar y a vivir todos esos momentos maravillosos, lo volveríamos hacer. No habría momento para la duda, porque para muchos de nosotros fue un encuentro con en el otro ser humano, con la persona cercana; fue un encuentro con el amor, con la naturaleza, con la esperanza. Fue un encuentro con la vida y un encuentro con la vida no sucede todos los días así”58.
Luego de Monroy, el siguiente en la lista de ex Génesis muertos fue Édgar Restrepo. El 30 de abril de 1995, el hombre de la radio y el rock murió atropellado por una camioneta de mariachis, que curiosamente era la música que menos le gustaba (García, 2011). Justo antes de morir Restrepo, estaba la idea de revivir la agrupación junto con su hijo César Augusto, Juan Fernando Echavarría, Betty Vargas y Mario García, todos alguna vez integrantes de Génesis.
Después de Édgar Restrepo, el siguiente en la lista de fallecidos fue Juan Fernando Echavarría que murió por razones desconocidas el 22 de agosto de 2002, luego de haber estado desaparecido durante un mes. Seis años después, un cáncer se llevó a Betty Vargas, su amor y compañera de viaje. Por tanto, esta historia no pudo contar con el testimonio de 5 personas que fueron determinantes en la trayectoria de Génesis.
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CONCLUSIONES
Este trabajo buscaba determinar la importancia cultural e histórica de Génesis en el desarrollo del rock colombiano. Pues bien, su pertinencia es tan grande que es la banda más recordada y con mayor trascendencia de los primeros 20 años del rock nacional. Primero por su innovación en lo lírico y musical, pues fue una de las primeras bandas en hacer una música que respondía a un sentir colombiano de sus integrantes que se cansaron de estar copiando todo lo que se hacía con el rock en otras partes. Génesis hizo un rock con sello colombiano propio, fue una banda auténtica y original, que en determinados momentos fue muy reconocida por su gran labor de hacer un producto híbrido que logró reunir a diversos públicos, entre ellos a una juventud que fortaleció su sentido de pertenencia por el país gracias a agrupaciones como esta. Y, en lo histórico, todas las página escritas dan fe de que Génesis pasó por muchos hitos del desarrollo del rock en Colombia y en muchos casos fue el mejor ejemplo de situaciones particulares que vivieron muchas otras bandas en general. No hubo otra banda de rock colombiano en los setenta que, como lo hizo Génesis, haya podido recibir el reconocimiento de los medios de comunicación, de las disqueras, de sitios distintos a Bogotá y de un público roquero que se había caracterizado por preferir las propuestas más fieles al rock anglosajón. Génesis fue tal vez la primera banda de rock que gozó de fama y prestigio por todo el país mediante una propuesta novedosa, coherente con su realidad y sus raíces culturales. Lo triste fue que subió muy rápido y bajó de la misma manera, porque en últimas era el destino al que todo grupo de rock en Colombia está condenado. No obstante, en especial por la valiente vocación de su líder Humberto Monroy, Génesis también fue la banda más persistente de la primera etapa del rock nacional, que con 20 años de carrera logró una labor de titanes que se testifica con 7 discos de larga duración. Cuando las canciones de Génesis que sonaron en la radio dejaron de hacerlo, porque así sucede en las dinámicas de las emisoras comerciales, el grupo dejó de aparecer en el centro de atención de la música popular. Para más colmo, las emisoras solo se encargaron de difundir los temas más románticos y cursis del grupo, que no son malos pero que tal vez no representan de la mejor manera la esencia de su propuesta. Y ahí también se puede observar el gran poder de un medio como la radio, que tiene la facultad de imponer el imaginario y el recuerdo que se tiene de un artista en su sociedad. Entonces, Génesis solo tuvo éxito cuando a las emisoras y a las disqueras les convenía, cuando tenía canciones que podían ser muy bien vendidas en el mercado musical.
130 El apoyo de las disqueras y de los medios de comunicación son aspectos vitales en el sostenimiento de un grupo musical. Génesis lo tuvo en determinados puntos de su carrera. Desgraciadamente, en nuestro país, nunca ha existido de manera persistente dicho apoyo y el público roquero tampoco fue capaz de consolidar una escena que fuese constante y coherente con su evolución. Claro está que en los inicios también ocurrieron muchos otros factores que en pocas palabras se encargaron de censurar el rock, cuando pasaba por una de sus etapas más llamativas en la época del hippismo. En general, la historia del rock en el país es más la historia de una expresión marginal, que cuando ha llegado a tener puntos altos en su desarrollo, vuelve y se reduce un movimiento minoritario de personas necias que se niegan a abandonar una manifestación que está en contravía de la idiosincrasia de su país, predominantemente rumbera. Por esto también, ha habido tantas agrupaciones que se acaban al poco tiempo de haber creído que de rock iban a vivir.
Dentro de su aporte cultural, Génesis fue la primera banda del país en fusionar melodías andinas con ritmos roqueros. Su sonido logró mayor identidad por el uso de instrumentos autóctonos de Colombia y del territorio latinoamericano, que jamás se creyó que podían ser tocados por jóvenes melenudos y roqueros. Ese fue su triunfo. Así mismo, la banda desempolvó y le dio nueva vida a varias canciones tradicionales del folclor del país y del continente, que se reinterpretaron con un estilo más juvenil y fresco. Génesis puso a bailar a miles de hippies “La cumbia cienaguera” o a cantar fuertemente “La vasija de barro”, canciones tan folclóricas que increíblemente también hacen parte del repertorio del rock colombiano gracias a la labor de rescate cultural de bandas como Génesis. Y otra consecuencia más del olvido y la marginalidad del rock en nuestro país, es que no se le ha dado el reconocimiento de pioneros en la fusión de ritmos a grupos que se atrevieron a hacerlo, y lo hicieron bien, 40 años atrás; en cambio, se cree que muchos grupos actuales son los únicos abanderados de este tipo de propuestas musicales, todo por unos medios de comunicación y un público amnésicos.
Por tanto, otra importancia de esta investigación fue que rescató una memoria en continuo debilitamiento. En 1992, la agrupación cumplió 20 años de existencia y Humberto Monroy llevaba 30 años de carrera, tiempos suficientes para que se hubiera hecho algún documento de registro histórico, pero nada superó los recuentos generales. 20 años después de 1992 hice este trabajo tal vez con ese principal propósito de construir la historia olvidada y relegada del rock colombiano, por medio de una agrupación que es un hito dentro de un proceso que ha sido intermitente a lo largo del tiempo y la mayoría de veces excluido de las producciones culturales de mayor importancia en el país. Entonces, por más que mi historia no haya sido fiel en un 100% por la ausencia obligada de algunas fuentes, sí logré plasmar una serie de
131 experiencias, hechos y personajes que a mi parecer tuvieron relevancia en la cultura y sociedad colombiana, por más que el imaginario y la historia oficial digan lo contrario. Génesis no fue una banda pequeña, no se quedó en el garaje o en el disco único, claro que no; hizo mucho más que eso y con su obra aportó desde lo lírico y lo musical.
En las letras, el profundo amor al campo por parte de su compositor principal es un aspecto que permite inferir que el marcado componente campesino de este país es tan profundo que puede determinar toda la vida de un artista. Monroy amaba la vida en el campo, desde ahí prácticamente compuso casi todas sus canciones, y en ese sentido también hubo un compromiso con el medio ambiente y las bondades naturales de nuestro país. Por otro lado, la influencia hippie dentro de los integrantes de Génesis fue otro aspecto que los motivó a tratar letras con un sentido social, con una mirada crítica de la realidad y una fuerte preocupación por los grupos minoritarios del país. Por más que hubo muchas letras de amor en Génesis, sí fue una banda que tenía un mensaje para dar a conocer, aunque con la característica que en ningún momento se convirtió en un tema reiterativo.
A pesar de que la importancia de Génesis es muy grande en el desarrollo del rock colombiano, a decir verdad es un aspecto que solo puede ser valorado si se conoce con cierta propiedad todo lo que sucedió muchos años atrás con la llegada del rock a nuestro país y la evolución de todas las bandas pioneras. Es decir, mientras el rock colombiano siga siendo un tema irrelevante para la inmensa mayoría del país o, peor aún, continúe siendo un tema de poco interés y recordación para los seguidores del género en Colombia, pues entonces una banda como Génesis pasa al terreno de la ‘importancia invisible’, como consecuencia de un movimiento roquero que nunca ha sido estable, fuerte y consolidado, y mucho menos coherente con su historia.
Muestra de lo anterior es el mayor interés que desde otros países se le otorga a los precursores del rock nacional. Bandas como Los Yetis, Los Flippers y Génesis han recibido reediciones de sus trabajos por parte de sellos musicales extranjeros que tienen un fuerte poder en el mercado mundial de coleccionistas y cultores de los sonidos roqueros de épocas pasadas. Por ejemplo, el sello español Guerssen ya ha reeditado dos discos de Génesis en vinilo y en compact disc, que son Génesis de 1974 y Yakta Mama de 1975. Este es otro
aspecto que corrobora que en el país se ha hecho rock de calidad, que se puede mostrar en otras partes, pero que lastimosamente no cuenta con el reconocimiento y el apoyo necesario en la propia tierra en la que fue originado. Y lo más chistosos de todo es que las disquerías y los medios de comunicación en Colombia les siguen apostando mayoritariamente a los artistas foráneos.
132 Es frustrante para un roquero colombiano saber que en países latinoamericanos como Argentina, Chile o últimamente Perú, la escena musical nos supera en grandes magnitudes. En Argentina, sobre todo, el rock es casi una parte de su misma identidad cultural y ha logrado consolidar ídolos musicales que confirman el compromiso de su público con su propia historia. Esto no ha sucedido en Colombia y quizás tampoco sucederá. No porque tengamos bandas malas, sino porque simplemente en ningún momento se ratificó un movimiento estable que contara con los medios de difusión y sostenimiento más un público mayoritario que no hubiese dejado ‘morir’ a sus representantes.
Este trabajo está enfocado principalmente a los amantes del rock en Colombia. Así como en el país hay bandas que se limitan a hacer un típico rock anglosajón y hasta cantan en inglés, también existen agrupaciones que se la juegan por un sonido más coherente con su cultura por medio de dicha expresión cultural. Lo mismo sucede con los fans, y me atrevería a decir que en Colombia son más los roqueros que se preocupan por lo de afuera que por lo nuestro. Si esto sucede en la actualidad, mucho peor es la situación con la historia de nuestro rock. Yo creo que todo roquero en cualquier lugar del mundo tiene que estar al tanto de lo que se hace y se ha hecho en su propio territorio, por el solo hecho que así es más probable que se consolide una escena alrededor del movimiento y que a la vez permita integrarse de manera efectiva con lo que sucede en otros países, tal y como sucede en Argentina, en donde los grupos locales no le envidian nada a los extranjeros en asistencia a conciertos, difusión y consumo.
Ante tales circunstancias y creyendo que nunca es tarde para recordar, este trabajo es de gran interés para quienes desean saber sobre el movimiento del rock en Colombia desde sus primeros años, también para quitar cierto imaginario que todo empezó en los ochenta o en los noventa. Y no solo se trata de reivindicar una historia particular, pues sería más gratificante si un trabajo como este se convierte en un ejemplo para no repetir lo que se contó, es decir, que no vuelva a haber agrupaciones que tengan su cuarto de hora y luego sean olvidadas, que esto sirva para consolidar escenas musicales alternativas, aun así no sean de rock. Entonces, considero también que todas las personas interesadas en la música y la cultura colombiana, encontrarán en la historia de Génesis un buen ejemplo de las dinámicas y procesos de producción musical en el periodo desarrollado por la investigación.
Sin demeritar los otros géneros musicales que más se consumen y se viven el país, es muy injusto que la obra de personas como Humberto Monroy se encuentre más en el olvido que en el recuerdo. Por el solo hecho de no hacer música bailable, muchos artistas han quedado
133 relegados en su aporte por construir identidades desde distintos puntos de vista, en los que el rock puede aportar de manera determinante en las significaciones de la juventud. Génesis no tenía nada que envidiarles a otros artistas de larga trayectoria que han sonado y seguirán sonando por todas partes, de los que continuamente se hacen homenajes y hasta telenovelas. En resumen, no hay un buen equilibrio entre todas las manifestaciones musicales que se gestan en el país, puesto que prima un profundo interés cultural y económico por alumbrar todo aquello que va más acorde con los gustos del público y su tradición, o simplemente se responde a la mediocridad y el facilismo de lo que imponen las disqueras y los medios de comunicación.
En la historia de Génesis queda una enseñanza de vida por parte de Humberto Monroy y los demás compañeros que pudieron compartir ese espíritu de perseverancia y pasión por la música, que en ningún momento estaba regulado por aspectos económicos. Lo de Monroy es de aplaudir puesto que en ningún momento abandonó su vocación musical en un contexto en el que había pocas posibilidades de sostenerse, más aun viviendo difíciles situaciones de pobreza con su familia. Fuera de que su música guste o no, Humberto Monroy era un compositor nato, que sin exagerar podía escribir una letra e inventar una melodía en una sola tarde. Por eso también, muchas de sus canciones se quedaron en el papel sin otra oportunidad para ser escuchadas desde su distinguible canto. Monroy fue un trabajador