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OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

1. METODOLOGÍA UTILIZADA

Exponemos en primer lugar la metodología seguida para el estudio de los dos factores esenciales del conocimiento del uso monetario, los que requieren una metodología específica para su correcta interpretación: los hallazgos sin contexto, principales testimonios del volumen de aprovisionamiento, y los hallazgos contextualizados y tesoros, informadores principales de la composición de la masa monetaria en los diferentes períodos.

a) Interpretación de los hallazgos esporádicos sin contexto como indicadores del volumen de aprovisionamiento

Realizar una valoración del aprovisionamiento de moneda de una ciudad o período a partir de sus hallazgos esporádicos sin contexto, necesaria para el conocimiento de su uso monetario, es complejo y, en ocasiones, impracticable. Aunque partimos del principio general de que el volumen de pérdidas monetarias está en relación directamente proporcional al volumen con el que las monedas se emitieron y circularon9, a él se superponen una serie de factores arqueológicos y numismáticos, de los que una parte importante influyen anulando o disminuyendo fuertemente la aparición de los hallazgos, dificultando así la extracción de conclusiones; asimismo, los factores arqueológicos afectan a los distintos períodos y yacimientos con diferente intensidad y, a veces, con diferente signo (pueden infrarrepresentar o sobrerrepresentar los hallazgos esporádicos), lo que impide en muchas ocasiones observar la evolución monetaria de una ciudad a través de sus diferentes etapas y comparar la realidad numismática entre diferentes ciudades10.

Queremos hacer notar que es necesaria la aplicación de una metodología cuidadosa para no interpretar incorrectamente el volumen de aprovisionamiento de un yacimiento a partir de los hallazgos sin contexto recuperados en él.

9 Reece (1996) p. 341.

10 Es Duncan-Jones uno de los pocos autores que advierte explícitamente de la dificultad de extraer

conclusiones sobre la circulación monetaria a partir de los hallazgos sin contexto, subrayando la variabilidad del conocimiento arqueológico de cada yacimiento (Duncan-Jones (1999) p. 63); también Howgego advierte que la extensión y calidad de la excavación de un yacimiento condiciona la obtención de hallazgos, por lo que es complejo realizar comparaciones entre ellos en términos absolutos (Hawgego (1992) pp. 3-4).

Objetivos y Metodología La metodología utilizada se sustenta en una serie de principios que debemos aplicar a la máxima general de que el volumen de hallazgos recuperados está en relación directa al volumen de monedas en circulación, ya comentada:

1- El volumen de hallazgos recuperados en un yacimiento no puede considerarse nunca como el volumen total de circulación.

Aunque este postulado es obvio, es necesario señalarlo y establecer alguna valoración sobre la relación entre número de hallazgos recuperados y volumen de aprovisionamiento real. Los hallazgos recuperados en un yacimiento suponen una minúscula parte de la moneda circulante. En palabras de R. Reece, coinage is always lost from an enormous pool of circulating issues11. Recordemos la estimación indicativa realizada por J. Casey para los yacimientos ingleses de Corbridge y Caerleon. El primero es un campamento militar ocupado durante unos 120 años en época altoimperial; en él se recuperaron 1387 monedas de los siglos I y II, que representaban un valor de 26 áureos, ó 2600 HS; el autor toma como base la presencia de una cohorte de 500 hombres; aceptando como salario medio anual para un soldado cuatro áureos al año, concluye que el volumen potencial de moneda llegada al campamento por este concepto habría sido de 240.000 áureos o 24.000.000 de sestercios12; en Caerleon, se calcula que los sueldos pagados durante su ocupación ascenderían a 374.012.500 denarios o 14.880.500 áureos. Del yacimiento proceden 611 monedas, con valor de 12 áureos y medio, por lo que las monedas recuperadas representan únicamente el 0,000000334 del valor del circulante real13. Sabemos que no todo el sueldo se pagaba en moneda, pero no obstante, aunque haya que reducir las cifras obtenidas, la enorme diferencia entre lo que debió de circular y lo recuperado continúa siendo patente.

2- En base al punto anterior, los hallazgos recuperados serán considerados como indicadores relativos del aprovisionamiento real, y serán medidos a partir de dos magnitudes: el volumen absoluto de hallazgos y el índice de monedas por año de cada período, obtenido a partir de la división del número total de hallazgos por los años de duración de dicho período, lo que permite comparar el ritmo de aprovisionamiento de cada uno.

Hemos considerado la utilización del índice de hallazgos por mil propuesto y utilizado por la bibliografía inglesa, pero ha sido descartado por ser inadecuado para el estudio de nuestros datos por las razones que expondremos más adelante. El índice fue establecido por A. Ravetz14, y fue defendido posteriormente por J. Casey15; resulta de

11 Reece (1987) p. 15; en términos parecidos lo expresa Casey (1974) p. 38. 12 Casey (1974) p. 38.

13 Casey (1986) pp. 84-85). 14 Ravetz (1963).

Objetivos y Metodología

multiplicar el cociente obtenido al dividir el número de hallazgos de un período entre el número de años del período por el cociente obtenido al dividir el índice 1000 entre el número de hallazgos total del yacimiento16:

nº de hallazgos del período x 1000

nº de años del período nº de hallazgos total del yacimiento

En este índice, pues, el valor obtenido para cada período está en función de su representación con respecto al número total de hallazgos del yacimiento. Ello lo hace inadecuado para nuestro estudio porque las diferencias entre los yacimientos quedan anuladas, pudiéndose comparar únicamente la diferencia de las aportaciones relativas de cada período dentro dl mismo yacimiento; en nuestro trabajo, la comparación entre el volumen de hallazgos de cada yacimiento es esencial, por lo que este índice no resulta válido.

3- No puede interpretarse nunca a priori un bajo nivel de hallazgos monetarios como un bajo nivel de aprovisionamiento y un mal funcionamiento económico. Aunque la probabilidad de pérdida de una moneda está en relación directamente proporcional al volumen en que se emitió y circuló, como ya hemos visto, a este condicionante se unen numerosos factores arqueológicos y numismáticos que influyen en dicha pérdida y posterior recuperación de la pieza. La metodología que hemos utilizado para la interpretación de los hallazgos sin contexto consta, pues, de dos fases: la identificación a priori de dichos factores a nivel general, que realizaremos a continuación en este mismo punto, y el estudio de la forma en que cada uno afecta a los yacimientos y períodos estudiados, realizado cuando nos ocupemos de los mismos.

La bibliografía inglesa es la única que ha tratado sistemáticamente la metodología de interpretación de los hallazgos sin contexto de un yacimiento y la que insiste en la necesidad de realizar un cuidadoso análisis de los factores que condicionan

15 Una exposición clara del mismo la encontramos en Casey (1986) p. 89.

16 Casey (1986) p. 89; éste último cociente invierte sus factores (convirtiéndose en el del número total de

hallazgos de un yacimiento dividido entre mil) en el caso de que el volumen total de hallazgos del yacimiento sea inferior a mil (ibid.). R. Reece utiliza una variable del mismo, eliminando el factor de la duración del período (vid. la aplicación de esta metodología, por ejemplo, en Reece (1991) -vid. especialmente pp. 11-13 para la explicación metodológica-.

Objetivos y Metodología su pérdida y posterior hallazgo17. Destacan entre ellos los estudios de J. Collins, de P. J. Casey y de R. Reece.

J. Collins define diversos factores condicionantes en los distintos niveles de circulación, pérdida y recuperación arqueológica de la moneda; entre los datos no observables en la excavación (circulación real y pérdida), este autor diferencia cuatro niveles con sus respectivos factores: el primer nivel, el número de monedas acuñadas, depende de la política monetaria imperial, de la cantidad de metal disponible y de la realidad económica de cada período; un segundo nivel es el de la circulación en una provincia, que dependerá de la política imperial, de la situación de las cecas y del comercio del área; considera como un tercer nivel la circulación en un enclave, que depende del tipo de yacimiento (militar, urbano, complejo religioso, etc.) y su cronología; el cuarto nivel sería el total de monedas extraviadas en el yacimiento, cuyos condicionantes son la actividad del yacimiento y el valor de la moneda (inversamente proporcional al volumen de pérdida); entre los datos observables destaca un quinto nivel, conformado por el total de monedas descubiertas en un yacimiento, condicionado por la intensidad de la excavación y el método de recogida de los hallazgos, así como por el azar, en una cierta proporción; un sexto nivel, el del total de monedas descubiertas en parte de un yacimiento, que dependería de la naturaleza de la actividad del área y su cronología de ocupación; el último nivel es del total de monedas recuperadas en un solo elemento de la excavación, en cuyo hallazgo influyen también la cronología y función de dicho elemento18.

P. Casey establece que las pérdidas de monedas son proporcionales al volumen de emisiones inicialmente acuñadas, a su valor intrínseco, a los factores políticos y económicos dominantes durante la vida de las monedas y, normalmente, a su tamaño físico dentro de la población monetaria original19. Reece destaca también como condicionantes de la recuperación de hallazgos una parte de estos factores, los intrínsecamente numismáticos: las monedas de las diferentes emisiones eran más susceptibles de perderse cuanto mayor volumen presentara la emisión y cuanto más

17Vid. Casey (1974), especialmente p. 402; Collins (1974); Greene (1986) pp. 52-56; Harris y Reece

(1979), pp. 30-34; Reece (1996) y, en general toda la obra de este autor; la bibliografía española ha producido pocas reflexiones teóricas sobre la metodología a seguir en la interpretación de los hallazgos numismáticos procedentes de excavación; no obstante existen algunas publicaciones de conjuntos monetarios provenientes de excavaciones arqueológicas de diferentes yacimientos que subrayan la necesidad de tener en cuenta los factores de los que dependen las pérdidas monetarias; el estudio numismático de los yacimientos de Clunia, Belo y Conimbriga incluyen, por ejemplo, diferentes valoraciones sobre su evolución arqueológica e histórica como condicionantes de los hallazgos (vid. respectivamente para cada yacimiento Gurt (1985), especialmente pp. 20ss; Bost et al. (1987) p. 39; Pereira et al. (1974) pp. V-IX).

18Vid. la exposición de estos niveles y factores en Collins (1974) p. 174. 19 Casey (1986) pp. 69-74.

Objetivos y Metodología

circulara, pero señala que las pérdidas y hallazgos también estaban en relación inversamente proporcional al valor y tamaño de las piezas20.

Todos estos niveles y factores se entrelazan como condicionantes de la circulación, pérdida y hallazgo arqueológico de las monedas que circularon en un yacimiento o área. Nosotros hemos sistematizado los factores condicionantes del volumen de pérdida y posterior hallazgo de monedas en un yacimiento en seis puntos generales21:

a. la política monetaria del Imperio en cada etapa;

b. la situación económica de la ciudad a lo largo de su trayectoria histórica;

c. el tamaño y valor de la moneda que, como hemos visto, están en relación inversamente proporcional a la probabilidad de pérdida22;

d. la extensión del yacimiento excavada y el grado de su estudio numismático, que condiciona directamente el número de hallazgos recogidos23;

e. la función de las zonas excavadas: en las áreas de foro, mercado, etc., los hallazgos son más abundantes, pues es donde se llevaron a cabo la mayor parte de las transacciones;

f. la naturaleza de los estratos excavados. Este elemento nunca ha sido considerado y es, en nuestra opinión, uno de los que más condicionan el volumen de recuperación de hallazgos. En los niveles de destrucción, abandono, colmatación y relleno, las pérdidas y consiguientes hallazgos numismáticos son abundantes, mientras que en los estratos de uso, las pérdidas definitivas son muy escasas y, por tanto, los hallazgos monetarios aparecen muy infrarrepresentados con respecto a la circulación real y con respecto al número de hallazgos que aparecen en los niveles anteriormente citados.

20 Reece (1996) p. 341.

21 Partiendo siempre del principio general de que cuanto más se emitió y circuló un tipo monetario más

susceptible fue de perderse.

22 Ello explica que la inmensa mayoría de los hallazgos numismáticos sean de piezas de ae (por lo que el

conocimiento monetario que proporcionan los hallazgos, especialmente los altoimperiales, se refiere casi exclusivamente a la circulación de este metal). Sabemos, sin embargo, que la proporción en que circulaban el oro, la plata y el bronce no era la que presentan en los hallazgos. Las monedas recuperadas en Pompeya arrojan alguna luz sobre la posible presencia de las piezas de cada metal en la circulación monetaria: cuando la ciudad fue sepultada por el Vesubio, su circulante estaba compuesto, aproximadamente por un 4% de piezas de oro (que concentraban los dos tercios del valor del circulante), un 48% de monedas de plata y otro 48% de bronce (vid. Breglia (1950).

23 Veremos a lo largo de nuestro trabajo que el desconocimiento arqueológico de diferentes períodos en

diferentes ciudades distorsiona fuertemente la visión que de su circulación monetaria ofrecen los hallazgos numismáticos.

Objetivos y Metodología Determinar la influencia de los tres primeros factores en cada ciudad no presenta gran dificultad, ya que poseemos datos suficientes sobre los mismos. Sin embargo, es complejo conocer los tres últimos, especialmente la naturaleza de los estratos excavados, lo que dificulta considerablemente la comparación entre el volumen de hallazgos recuperados en cada yacimiento. Es fundamental tener en cuenta todos estos factores para realizar una valoración correcta de la evolución del aprovisionamiento de las ciudades a partir de sus hallazgos sin contexto.

4- Los índices de hallazgos de un período no pueden identificarse con el índice de circulación de ese período.

En cada etapa permanecieron en circulación un gran número de piezas emitidas con anterioridad al mismo. La posible distorsión que supone considerar los hallazgos emitidos en un período como pérdidas del mismo ya ha sido advertida por la bibliografía, aunque en la práctica, los intentos por corregirla son escasos. Se ha señalado la dificultad de realizar consideraciones globales sobre el período en que una moneda podía permanecer en circulación24. Han sido realizadas pocas valoraciones cuantitativas sobre esta problemática. K. Greene estima que hay más de un 50% de probabilidad de que una moneda perdida lleve en circulación al menos 10 años25; el tiempo potencial de circulación de una moneda es prolongado26; K. W. Harl opina que las monedas circulaban durante 100 años27; P. P. Ripollès observa a partir de la composición de los tesoros que las monedas podían permanecer en circulación 75-100 años e incluso 150 años28. Por otro lado, las nuevas emisiones, las contemporáneas al período, tardaron un cierto tiempo en incorporarse plenamente a la circulación, por estas perduraciones y porque las monedas acuñadas en Roma tardaban posiblemente un cierto tiempo en llegar a las provincias29.

Dichas circunstancias, la existencia en el circulante de cada período de un elevado porcentaje de piezas emitidas con anterioridad y el tiempo con que las emisiones contemporáneas a él tardaban en incorporarse a su circulación, no impiden utilizar, aunque con reservas, los hallazgos sin contexto como muestra de la circulación del período en que fueron acuñados. Si bien es cierto que éstos pudieron perderse en una fecha alejada de su emisión, una parte no lo harían, y por otro lado, aunque se

24 Collins (1974) p. 173; Reece (1991) pp. 1-2. 25 Greene (1986) p. 54.

26 Casey (1974) p. 38; id. (1986) p. 90. 27 Harl (1996) pp. 1-2.

28 Ripollès (2002b) pp. 195-196; diversos estudios realizados sobre la península Ibérica señalan también

la necesidad de tener en cuenta la perduración del uso de la moneda, como los llevados a cabo sobre Belo (Bost et al. (1987) p. 38), Conimbriga (Pereira et al. (1974) p. 193), Clunia (Gurt (1985) pp. 20ss) y la villa de La Olmeda (Campo (1990) pp. 44, 49 y 51); vid. también Abascal (1995) p. 45; los datos finales obtenidos en nuestro estudio nos permitirán realizar algunas valoraciones a este respecto.

Objetivos y Metodología

extraviaran en un período posterior al de su acuñación, un cierto número de ellas debieron de estar en circulación en el área en que se recuperaron desde un momento más o menos próximo al de su emisión30.

Los hallazgos sin contexto son pues, en buena medida, representativos de la circulación del período en que fueron acuñados, siempre que se interpreten considerando todos los factores condicionantes anteriormente expuestos y que sean contrastados con los hallazgos contextualizados y los tesoros31, que revelarán la composición monetaria de cada etapa. De la metodología utilizada en el estudio de ambos nos ocupamos a continuación.

b) Interpretación de los hallazgos esporádicos con contexto como indicadores de la composición de la masa monetaria en circulación.

La información proporcionada por los hallazgos contextualizados es valiosa -en la misma medida que difícil es obtenerlos y valorarlos adecuadamente-, porque nos acercan a la presencia porcentual de las diferentes emisiones en cada período. Hasta hace poco tiempo, la investigación arqueológica no ha tomado conciencia de la importancia de conocer la procedencia contextual de los hallazgos monetarios. Y tampoco esta necesidad ha sido subrayada apenas por los numismáticos. Nuevamente tenemos que acudir a la bibliografía inglesa para encontrar las referencias más importantes al valor de los hallazgos con contexto32. J. Collins, ya en los años 70, se refería al valor de lo que él llamó “asociaciones”, es decir, dos o más monedas encontradas en un contexto determinado, para dar información sobre la circulación monetaria de un período, y lamentaba la ausencia de realización de visiones globales que pudieran proporcionar la suma de varias asociaciones33. También nosotros consideramos que la información que ellas pueden aportar es importante. Tenemos

30 Como demuestran los hallazgos julio-claudios acuñados en cecas hispanas, circunstancia que

comentaremos al tratar los mismos.

31 Que nos muestran la moneda en uso, pero que hay que considerar también con precaución, porque están

sometidos a diferentes procesos de selección (Collins (1974) p. 182).

32 Destaca el monográfico llevado a cabo por Casey y Reece (ed.) (1994), y en general el resto de

estudios realizados por ambos autores; vid. asimismo los dos trabajos siguientes publicados en Oxford: Rotroff (1997) y Walker (1997). La investigación italiana también ha abordado recientemente el tema en una fecha relativamente reciente -vid. VV.AA. (1989)-. En la bibliografía española existen también referencias a la importancia del conocimiento del contexto de procedencia de las monedas (vid. por ejemplo Bost et al. (1979) p. 177; Marot (2000-2001) p. 134) y, aunque no de forma extensa, han empezado a producirse distintos trabajos que abordan el estudio de material numismático en su contexto - como el estudio de los contextos flavio-trajaneos de abandono de la Neápolis de Ampurias (Campo y Ruiz de Arbulo (1986-1989), el estudio de la composición monetaria de distintos niveles arqueológicos de Baetulo (Gurt y Padrós (1993) y Padrós (2001), la publicación de los hallazgos del área de una necrópolis de Valentia (Gozalbes ( 1997b) o los recuperados en el solar del Romeu en Sagunt (id. (1998)- y algún estudio recopilatorio de conjuntos numismáticos contextualizados en una determinada cronología, como el realizado por T. Marot para el período augusteo -Marot (1997b)-.

Objetivos y Metodología constancia, por otro lado, de la dificultad de interpretar correctamente el contexto de pérdida de los hallazgos. El propio Collins advierte de ello, señalando que para que una asociación de monedas pueda considerarse válida34 debe provenir de un contexto constituido con rapidez y estar acompañado de material arqueológico no amortizado, es decir, en uso cuando el estrato se formó o en un momento inmediatamente anterior35.

Es fundamental realizar una correcta valoración del momento de pérdida del hallazgo para elaborar una interpretación válida del circulante de cada período. Es necesario determinar, con respecto a cada moneda, si fue extraviada en el momento de formación del estrato y, por tanto, podemos atribuirle su misma cronología, o si procede de un conjunto ya amortizado en el momento de dicha formación, por lo que no resulta válida como testimonio de la circulación del período en que se cerró el estrato.

La metodología que hemos utilizado para ello consiste en el siguiente proceso: 1- Sometimiento de cada unidad estratigráfica (UE) de procedencia de los hallazgos contextualizados del área estudiada a una valoración de su grado de fiabilidad y a una selección en función de ésta. Entendemos por grado de