TA L L E R Y L A B O R AT O R I O
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uestro proyecto surgió a propósito de un curso de astronomía en el pequeño pueblo finlandés de Rantsila, cerca de Oulu. Disponíamos de unos prismáticos y de un reflector Vixen de 4,5 pulgadas (11,5 cm) con los que lo- gramos ver el Sol (gracias a un filtro im- provisado con una manta isotérmica), la Luna y algunos planetas. Sin embargo, deseábamos utilizar aparatos propios, por lo que acordamos construir un peque- ño telescopio de precisión para cada uno y a buen precio.En primer lugar, había que decidir qué tipo de telescopio se ajustaba mejor a nuestras necesidades y a las particulari- dades del clima finlandés. Durante el in- vierno, en el centro del país reinan lar- gas y frías noches de 14 o 16 horas de oscuridad y, en Laponia, más allá del círculo polar, noches polares (de más de 24 horas). Las temperaturas descienden por debajo los 35oC bajo cero; en oca-
siones, llegan a rozar los –50oC, circuns-
tancias poco aptas tanto para el hombre como para los aparatos técnicos: nume- rosos dispositivos se congelan y, con fre- cuencia, los componentes electrónicos de- jan de operar a temperaturas de –20oC.
Así pues, nuestro telescopio debía ser de fácil manejo para un observador em- butido en pesada ropa de invierno. En la medida de lo posible evitaríamos los componentes electrónicos; la mecánica del aparato tampoco debía verse alterada por las bajas temperaturas. Naturalmen- te, el instrumento habría de contar con buenas prestaciones ópticas en relación con su tamaño. Y dado que montar un telescopio en la oscuridad y bajo un frío glacial raramente resulta agradable, el nuestro debía poder transportarse con fa- cilidad. Por todo ello, nos decidimos por la construcción de un mini Dobson.
La duración del curso de astronomía (un total de 24 horas) debía bastar para la fabricación del telescopio de 6 pulga- das (15,25 cm) que teníamos en mente.
1. El autor junto a uno de los mini Dobson ya concluidos. Este telescopio resulta particularmente apropiado para observaciones en invierno o en climas fríos, carece de componentes electrónicos y puede manejarse con suma facilidad.
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En Internet existe un gran número de páginas en las que pueden consultarse las instrucciones para la construcción de un telescopio Dobson. En realidad, sólo se necesitan los espejos, algo de madera, un tubo de ventilación, algunos torni- llos, clavos y herramientas comunes.
Aunque es posible tallar los espejos, en nuestro caso ello hubiera requerido largo tiempo, ya que nadie contaba con la experiencia necesaria. En Finlandia, el precio de unos espejos ya acabados (con un espejo principal de 15 cm y una re- lación focal de f/8) ascendía a más de 200 euros. La cantidad resultaba excesi- va para la mayoría de los participantes del curso, por lo que consultamos con varias empresas astronómicas de otros países. Muchas prometieron enviar sus ofertas a Finlandia; sin embargo, nunca recibimos nada. Pero el Sr. Birkmaier, de la empresa Intercon Spacetec, mostró desde el comienzo una actitud muy po- sitiva hacia nuestro proyecto. De él ad- quirimos las partes ópticas por sólo 100 euros por equipo. La misma firma nos proporcionó también portaoculares de 2 pulgadas (5,08 cm) y oculares de 1,25 pulgadas (3,18 cm).
Describimos a continuación la cons- trucción de los elementos principales de nuestro mini Dobson.
Tubo del telescopio: La construcción del tubo de un telescopio Dobson ad- mite numerosas variantes. El propio John Dobson recomienda emplear cartón duro, ya que resulta manejable y muy robusto una vez barnizado. En nuestro caso, dado que debíamos observar en condiciones de intemperie adversas, el
tubo había de ser muy resistente. Nos decidimos por utilizar tubos metálicos de ventilación, pues son baratos, muy resistentes y aún más fáciles de trabajar. Para versiones más ligeras de telescopios Dobson quizá se prefiera un tubo de re- jilla o un simple dispositivo de suspen- sión para el espejo y el portaocular, si bien tales instrumentos no son tan se- guros como el tubo de cartón duro o el tubo de ventilación.
El diámetro del tubo ha de ser unos 5 centímetros mayor que el del espejo principal. Así, para un espejo principal de 15,24 centímetros necesitábamos un tubo de unos 20 centímetros de diáme- tro. El interior de la mitad superior del tubo (en la que se encuentra el espejo secundario) ha de pintarse de negro mate. En cualquier caso, es aconsejable pintar completamente el interior del tubo para evitar reflexiones molestas.
Un aspecto que reviste gran impor- tancia es la longitud del tubo. Esta vie- ne dada por la distancia focal del espe- jo principal. John Dobson recomienda relaciones focales f/D de 6 o 7. Nosotros nos decidimos finalmente por una rela- ción focal de 8. La longitud del tubo ha de ser igual a la distancia focal del espe- jo principal (longitud del tubo = diáme- tro del espejo principal × relación focal); así, nuestro espejo de 15 cm requería un tubo de 120 cm. En lo tocante a las di- mensiones de los espejos, el que desee comparar sus cálculos con los del comer- ciante debe tener en cuenta la siguiente fórmula. El diámetro d del espejo secun- dario viene dado por:
d = df + L(D – df)/f,
donde D es el diámetro del espejo prin- cipal, f designa la distancia focal y L la distancia entre el espejo secundario y el punto focal del ocular. El parámetro df
se calcula según:
df = fx/57,3,
donde x es el valor en grados del cam- po de visión cuando éste se halla com- pletamente iluminado (pueden elegirse valores entre 0,25° y 0,5°; el primero ofrece mayor contraste en cuerpos celes- tes como los planetas). El factor de 57,3 se incluye para transformar los grados
MIC H A EL D A NIE LIDES /S TE RNE UND W EL TR AUM X3. El portaocular de 2 pulgadas se fija al tubo mediante cuatro tornillos. Por motivos de presupuesto, decidimos construir a mano el anillo de adaptación de 2 a 1,5 pulgadas. El portaocular se regula mediante una rosca; un pequeño tornillo permite fijar su posición.
W2. Para construir el tubo del teles- copio puede emplearse un tubo de ventilación. Su interior ha de recubrirse con una capa de color negro mate para evitar reflexiones molestas.
T4. Una mirada a través del portaocular (sin ocular ni anillo de adaptación) ilustra el ajuste del espejo principal. Se percibe cla- ramente la imagen de la araña centrada en el espejo principal, con el espejo secundario situado también en el centro. Los puntos se deben a una tapa situada en el extremo del tubo, ya que, con el fin de evitar daños en la vista, es absolutamente necesario evitar cualquier iluminación directa del espejo.
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en radianes. La distancia L entre el es- pejo secundario y el punto focal del ocu- lar se calcula como la suma del radio del tubo y la altura del portaocular.
Portaocular: El portaocular puede fa- bricarse con un pequeño rollo de papel duro, el cual se sujeta al tubo del teles- copio para proporcionar al ocular un soporte adecuado. Con todo, nosotros decidimos adquirir uno de 2 pulgadas (2,54 cm) ya acabado (los precios osci- lan entre los 50 y los 100 euros), aun- que sin el anillo de adaptación de 2 a 1,25 pulgadas (el tamaño del ocular). En su lugar, empleamos un anillo de plás- tico duro fabricado por nosotros mismos con ayuda de un torno.
Soporte para el espejo principal: La construcción del soporte para el es- pejo principal y la araña de sujeción del espejo secundario es muy sencilla y se encuentra ampliamente documenta- da en la Red. Es fundamental mencio- nar que, al trabajar con el espejo prin- cipal, ha de evitarse la reflexión de la luz solar o la de cualquier lámpara po- tente, ya que podría ocasionar lesiones permanentes en la vista. Una vez fina- lizado el montaje del tubo y los espe-
jos habremos superado la parte más di- fícil del proyecto.
Montura de madera: La montura de madera se construye con láminas de ma- dera prensada. En la Red pueden encon- trarse plantillas listas para este fin. Es importante emplear placas de teflón para las ruedas laterales y la placa base, ya que este material presenta un coeficiente de rozamiento mínimo. Desafortunada- mente, no siempre resulta fácil de con- seguir.
Tareas de ajuste: Tras finalizar la montura, el tubo debe colocarse de tal manera que se halle en equilibrio cual- quiera que sea su posición. Si no se con- sigue por completo, suele ayudar ajus- tar las ruedas contra el dispositivo de sujeción.
Alineación del espejo principal: Se trata del último paso. Esta tarea entra- ña bastante dificultad para una sola per- sona, por lo que es muy recomendable contar con ayuda. (Aquí, como en toda manipulación con los espejos, para evi- tar lesiones en la vista es muy importan- te no orientar el tubo hacia una fuente luminosa potente.) Sin ocular, una per-
sona observa a través del portaocular la imagen de la araña de sujeción del es- pejo secundario. Una segunda persona mueve el tornillo de ajuste situado en el soporte del espejo principal hasta que la imagen de la araña quede exactamente centrada en dicho espejo. Una vez con- seguido, ya podemos prepararnos para disfrutar de lo que los astrónomos lla- man “la primera luz”.
Con entusiasmo, no hacen falta co- nocimientos previos para construir un mini Dobson e introducirse con él en el fascinante mundo de la astronomía. No existen alternativas comerciales a un mini Dobson. Sólo a partir de un diámetro del espejo superior a las diez pulgadas (25,4 cm) comienza a ser cuestionable lo económico del proyecto en compara- ción con el precio de un instrumento ya acabado.
W5. Dos participantes del curso termi- nan de pulir los brazos de la araña de sujeción del espejo secundario.
7. La montura azimutal de madera consta de una tabla sobre la que una caja cuadrada (montada sobre placas de teflón y un disco) puede girar alrededor de un eje vertical fijo (no visible aquí). El tubo puede girar en torno a un eje horizontal gracias a un soporte que, con dos ruedas, se apoya sobre la caja. Las ruedas descan- san sobre pequeñas placas de teflón.
Más información
Puede encontrar información y enlaces sobre la construcción de un telescopio Dobson en la página de la asociación Sidewalk Astrono- mers, fundada por el propio John Dobson:
http://www.sfsidewalkastronomers.org/
X6. A la izquierda apreciamos el soporte del espejo según las instruc- ciones originales de John Dobson. A la derecha, la araña de madera con el espejo secundario. Todas las partes de madera se han pintado de negro para evitar reflexiones molestas.
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L I B R O S
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ubo un tiempo en que las ciencias sociales, sobre todo la historia, aban- donaron el lenguaje narrativo para adop- tar el lenguaje de las ciencias experimen- tales. Predominaron entonces la historia socioeconómica de los métodos cuanti- tativos y estadísticos, el estructuralismo braudeliano fundamentado en la geogra- fía y geología “de larga duración”, y la his- toria marxista-economicista. Cualquier investigación debía estar aprisionada en tres coordenadas (un lugar, un período y una materia) para constituirse en una mo- nografía de carácter científico.Este paradigma de las ciencias sociales, siguiendo la terminología que generalizó Thomas Kuhn en su estudio sobre la estructura de las revoluciones científi- cas, se fue transformando paulatinamente durante los años setenta y ochenta. Los estudios culturales, más inclinados a la antropología, la lingüística y la etnogra- fía que a la sociología y la economía, empezaron a ser hegemónicos. Los es- tudios transversales fueron sustituyendo a los monográficos, y se tendió a buscar temas universales y globales, verificados a lo largo de toda la historia, más que unitarios y locales.
Esta tendencia se avenía perfectamente a la demanda de una sociedad que había superado la guerra fría y sus contiendas ideológicas, y había entrado en el tor- bellino de las desavenencias religiosas, étnicas y culturales. Y también se ade- cuaba a un mundo globalizado donde
las fronteras regionales, nacionales y estatales eran más borrosas.
El fascinante libro de Boyd sobre la evolución histórica de la idea de las an- típodas responde perfectamente a estas coordenadas. La aproximación cultural que el autor realiza de las antípodas su- pera ampliamente, sin renunciar a ella, la definición estrictamente geográfica del concepto. La clave de la argumentación de Boyd es que la idea de las antípodas ha ido variando a lo largo de la historia, y refleja adecuadamente la articulación “centro-periferia”, que antropólogos y so- ciólogos como Edward Shils y Clifford Geertz nos han enseñado a modo de cla- ve para entender las convergencias de la cultura, la sociedad y la política.
Aunque a veces lastrado por su lenguaje algo farragoso, Boyd realiza un seductor recorrido por la historia del concepto, utilizando la teoría crítica para trazar las múltiples visiones que ha habido sobre la idea de las antípodas. El mundo clásico fue el primero en descubrir el sentido relativo del concepto de antípodas, no estrictamente restringido a la idea de los opuestos geográficos. El mundo medieval tendió a mitificar el concepto, contando historias de travesías a lugares opuestos en el globo, que incluían viajes intra- terrenos a través de túneles imaginarios. La modernidad empezó a construir una visión de las antípodas centrada en la idea del Centro constituido por “Occidente” y “Norte”, y una periferia “colonizable”,
asociada a las categorías de “Oriente” y “Sur”. Boyd dedica sus conclusiones a analizar el presente y el futuro de la idea de las antípodas, muy condicionada lógicamente por la globalización actual y la posibilidad de las comunicaciones instantáneas y los mestizajes culturales. En este recorrido histórico, Boyd utiliza las más diversas fuentes, aparte de las estric- tamente literarias, acudiendo a improntas iconográficas, cartográficas y científicas.
Es una magnífica noticia que un profe- sor de literatura acometa un tema de tanta repercusión científica, sin perder por ello el método propio de las ciencias huma- nas. Paradójicamente, los acercamientos culturales y transversales de la realidad pueden relacionar las ciencias humanas y las experimentales con mayor eficacia que aquellos que buscaron unos maridajes artificiales entre los respectivos lenguajes (narrativos y científicos), que es preferible respetar en sus correspondientes ámbitos. En este sentido, sería deseable que la “his- toria de la ciencia” —una subdisciplina clave, desgraciadamente con todavía es- casa repercusión académica en nuestro país— dejara de ser un campo acotado y cuarteado a los respectivos departamen- tos científicos, y se asentara también en los humanísticos y sociales. El itinerario escogido por Boyd, tanto en la elección de su tema como en su procedimiento y resolución, traza un camino audaz pero tremendamente eficaz en esta dirección.
Jaume Aurell Cardona
THE IDEA OF THE ANTIPODES. PLACE, PEOPLE, AND VOICES,
por Matthew Boyd Goldie. Routledge Research in Postcolonial Literatures; Nueva York y Londres, 2010.