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Capítulo III: Ruptura de la espiral del silencio con los documentales Tóxico

3.1.1 La minería, el nacimiento de una idea ambigua en Ecuador

La actividad minera en Ecuador se remonta al período pre-incásico, por eso, después de muchos años, cuando los españoles se apoderaron de América, se sorprendieron por la cantidad de oro y otras piedras preciosas que habían en el nuevo continente. Desde ahí se identifica una idea de poder a partir de la cantidad de oro y demás minerales que se pueden substraer del subsuelo.

Con el paso de los años, la actividad minera significó riqueza y poder para los españoles que, motivados por el oro, emprendían el viaje desde Europa hacia el continente americano. Cuando llegaban, con sus „ínfulas‟ de conquistadores, adquirían esclavos que les servían como peones en sus búsquedas de minas. De esa época, la historia condena la matanza de millones de indios dentro de las minas, trabajando como esclavos para enriquecer a quienes se creían sus dueños. De esta actividad inhumana quedan dos ideas para la reflexión en torno al extractivismo minero: la primera, relacionada con el poder que adquirían quienes se beneficiaban del oro extraído de las minas, es decir los españoles; y la segunda, relacionada con la miserable vida de los indígenas destinados a extraer el mineral.

Dos ideas que pronto se consolidaron en los sectores opuestos desde los que se generaron. Por un lado los españoles que festejaban el enriquecimiento en tierras americanas, y por otro el desdén con que veían los indígenas el hecho de trabajar en las minas. Para ellos no era un trabajo, sino una condena de muerte. De ahí que muchos historiadores relatan que las indígenas madres, esclavizadas y viendo el daño que el trabajo en las minas significaba, preferían matar a sus hijos antes que los críen para ser mitayos.

Esas ideas totalmente opuestas, la una de poder y la otra de sufrimiento, fueron las que perduraron en torno a las minas. Y perduran hasta el siglo XXI, con las variantes que el tiempo y la modernización que seis siglos de diferencia suponen. Es que si alguien estudia detenidamente el desarrollo económico del país, se dará cuenta que los gobernantes siempre se preocuparon por la extracción minera y, desde el siglo

XX, petrolera. Por eso, luego de la independencia de América, Simón Bolívar gastó esfuerzos para validar un decreto que declaraba exentos del servicio militar a todo aquel que quisiera dedicarse a la minería. El „libertador‟ estaba consciente de lo importante que era la minería para la economía de la región, pero también se daba cuenta que en el imaginario de las personas estaba ya consolidada la idea del trabajo en las minas como condena de muerte.

Quizá por eso, la mayoría de indígenas y algunos negros seguían trabajando sin remuneración alguna, más bien como ilotas. Fue recién en el gobierno de Urbina que se liberó a los esclavos bajo manumisión, esclavos que para entonces estaban dedicados a la producción agrícola en la Sierra, aunque también había quienes estaban destinados a las minas. Para entonces ya se sabía de la importancia de la minería en la economía nacional; por eso, el general Flores, después de asumir el mando como presidente Constitucional del Ecuador, el 22 de septiembre de 1830, impuso una ley para Promover el fomento de las minas. Es decir, se tenía claro la importancia económica que la actividad que la actividad minera le podía significar al país, pero era necesario incentivarla, pues el temor al trabajo en las minas era general.

Con el pasar del tiempo, las minas quedaron en segundo plano, aunque del imaginario colectivo de la gente nunca se pudo sacar esa imagen del indio esclavizado y destinado a la muerte. La actividad agrícola con los “Gran cacao” y luego el “Boom bananero” significarían un mayor aporte económico para el país. Aunque hay que dejar claro que ese aporte económico casi nunca se vio reflejado en el desarrollo social de la gente común, sino en las elites de poder, casi siempre hacendados, quienes manejaron al país en las diferentes épocas.

Por eso, en 1896, con Eloy Alfaro como Presidente, se empezó a concesionar hectáreas de terreno para que empresas mineras privadas puedan extraer oro y otros minerales. Para entonces ya se sabía de la existencia de minas en el sur del Ecuador, pues en 1837, el presidente Vicente Rocafuerte creó un juzgado de minas en Azogues e inició la exploración en el cerro Pillzhum. Con prontitud toda la zona sur fue explorada descubriendo otros sectores mineros como Zaruma y Portovelo.

Otro de los logros de Alfaro fue modificar el “Código de minería de 1886” expedido en la presidencia de Plácido Caamaño. Ahora se disminuían las ventajas a las empresas privadas que se legitimaron en 1886. Por ejemplo, se estableció un período de 50 años como máximo para que una empresa privada pueda explotar cierta zona. Sin embargo, las ganancias en el ámbito nacional nunca fueron lo suficiente

como para generar riqueza en gran medida, más bien la actividad minera siguió generando riqueza para grupos determinados y miseria para los obreros, quienes gastaban su vida trabajando en las minas.

La minería para mediados del siglo XX no significaba un aporte significativo en la economía nacional, sí en las empresas privadas que continuaban explotando diferentes zonas del país. Pero ya entrada la década del setenta, hubo un interés descomunal en la población de zonas aledañas a las minas del sur del país: Zaruma, Ponce Enríquez, Portovelo, Nambija, etc. Mucha gente se empezó a dedicar a la minería informal, olvidando el miedo que por años se mantuvo en el imaginario colectivo por los riesgos que, desde siempre, supusieron las minas.

Pero qué argumento pudo ser lo suficiente determinante como para cambiar la mentalidad de las personas, ¿Cuál fue el elemento que incentivó a la gente al trabajo minero? La respuesta puede estar en el boom petrolero iniciado en el año de 1972. Fue en este tiempo en el que la primera idea de minería determinada en el siglo XV, aquella relacionada con el poder, se masifica de tal forma que la segunda, la relacionada con la miseria, queda casi olvidada por completo.

Aquella idea de poder ahora estaba configurada y ya no se lo veía como un fin personal –del colonizador español del siglo XV-, sino como un bien comunal. O por lo menos así lo vendieron los gobernantes de la época, quienes encontraban en el petróleo a su principal aliado para mantener la popularidad necesaria como para seguir manejando la riendas políticas del país.